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La experiencia de ser hincha celeste en Rusia

Un enorme país que, por lo que cuentan algunos, recibió a los fanáticos de la selección de la mejor manera. Los futboleros uruguayos se encontraron con un pueblo amable y respetuoso.

Federico Moreira-Martín Cardozo
Federico Moreira y Martín Cardozo.

Son la expresión literal de la palabra "seguidor". Van de acá para allá tras el cuadro de sus amores. Y desde hace unos años, la selección es amada por muchos uruguayos. Todos esos hinchas desean ver —si es posible, varias veces—, la carrera triunfal de un jugador de camiseta celeste después de convertir un gol. Pero por lo que algunos de ellos le dicen a Domingo, el viaje en sí da suficientes satisfacciones como para que la experiencia no abarque únicamente el resultado de un partido de fútbol en el Mundial.

Seguir a la selección es, también, poder conocer algo de un país tan distante como Rusia, uno de los destinos menos probables para un viajero uruguayo. Varios de los consultados para esta nota admitieron que no hubiesen pensado en Rusia como sitio preferido de no ser porque ahí se desarrollaba el Mundial, con la selección uruguaya clasificada. Pero todos coinciden en que más allá de los resultados futbolísticos, la peripecia rusa fue muy gratificante. Martín Irigoyen, ingeniero agrónomo, dice por WhatsApp que no conocía ese país y que le recomendaría a cualquiera visitar Moscú, una ciudad que no tiene nada que envidiarle a París, Madrid, Amsterdam o Londres, capitales en las que ha estado.

Anfitriones

Además de poder costearse el viaje, los seguidores deben contar con un potente dispositivo para regular las emociones fuertes. Federico Moreira, músico y director del estudio de grabación y productora La Mayor, seguía en Rusia al cierre de esta nota, junto a varios amigos, entre ellos el también músico Yamandú Cardozo. Para él, que se define como un "enfermo apasionado", lo más emocionante de su viaje estuvo relacionado a dos partidos: "El partido contra Egipto, con un gol agónico. Ese triunfo fue fundamental. Y contra Portugal. Ese lo viví con más tensión porque era matar o morir", comenta.

Isabel Pallas regresó a Montevideo luego de ver los tres partidos de Uruguay en Ekaterimburgo, Rostov y Samara. Ya de vuelta en su oficina —es empresaria— Pallas cuenta que fue a Rusia con sus tres hijos. Para ella la gran sorpresa fue interactuar con los locales. "La calidez y la alegría con las que nos recibieron, fue lo que más me impactó. Luego del partido en el cual Rusia perdió 3 a 0 con Uruguay, ¡venían a felicitarnos! Ibas por la calle y si había música, se ponían a bailar en la calle. Yo tenía otra imagen de ellos, pensaba que eran más parcos y serios. Pero nos encontramos con otra cosa. En particular en Ekaterimburgo. Parecían muy entusiasmados con la idea de recibir gente de otros países, más que con el fútbol en sí. No me dio la impresión que fueran muy futboleros, pero sí vivían el Mundial como una fiesta".

Isabel Pallas con sus hijos
Isabel Pallas y sus tres hijos: Rodrigo, Federico y Fabián Cancela.

Moreira, en un arranque de pasión futbolera, se pintó la barba de celeste, y los rusos, acorde a ese espíritu festivo, le pedían para sacarse fotos: "Me deben haber pedido cinco millones de selfies. Eso fue lo más curioso que viví".

Para el músico Mikael Boudakian también fue sorprendente la recepción que sintió que los rusos le dieron a él y a su hijo. "Nunca me pasó de volver de otro país tan gratamente sorprendido por cómo nos trató la gente de ahí. Los dos primeros partidos, por ahí se podía comprender que hubiese buena onda, pero cuando Uruguay iba a jugar contra Rusia, pensé que tal vez eso cambiaría. Y no. Nos paraban por la calle para felicitarnos y decirnos good match. Tremenda onda. Y no es que no fueran futboleros, porque lo eran".

Él hizo el viaje junto a su hijo Bruno, y allá se encontraron no solo con otros uruguayos sino también con su tío, Avedis Badanian. Para Boudakian, la troupe uruguaya se portó en términos generales bastante bien. "Creo que les caímos bien a los rusos. Pero igual te voy a decir una cosa: con los egipcios y los saudíes también estuvo todo bien. No sé por qué, pero justo a mí me tocaron los tres partidos de Uruguay ¡en la tribuna de la hinchada contraria! (se ríe)". En su muro de Facebook, Boudakian publicó un video del tercer gol uruguayo en el partido contra Rusia. En el video se ven solo casacas rojas y blancas, como las de la selección rusa, y la publicación del video va acompañada por el texto: "Andá a gritar un tercer gol así en otro lado y rodeado de la hinchada contraria a ver qué te pasa.... cracks los rusos. Mejor trato del que nos están brindando imposible" (video acá).

Mikael Boudakian e hijo Bruno
Mikael Boudakian con su hijo, Bruno

"Los rusos —y esto lo he hablado con otros uruguayos y turistas latinos—, al principio pueden parecer muy serios, de gesto adusto. Difícilmente esbocen una sonrisa. Pero cuando los vas conociendo, te van cayendo cada vez más simpáticos", comenta Irigoyen. "Además, son extremadamente colaboradores. Estoy hablando de la mayoría de la gente con la que nos cruzamos, no de todos, claro. Pero nos pasaron cosas increíbles. Una vez, siendo nosotros un grupo de todos hombres, se nos acercó una mujer con su hija para explicarnos dónde quedaba el hotel que estábamos buscando. Y nos acompañó a todos nosotros durante unas diez, doce cuadras. En nuestra cultura, una mujer difícilmente se animaría a hacer eso, aunque quisiera. Pero ellos colaboraban en todo", opina.

Misak Derderian sí tenía una imagen previa de los rusos, que estos se encargaron de desmentir con hechos. Actualmente en Armenia en una experencia laboral, Derderian se trasladó hasta Rusia para seguir a la selección. "Me habían dicho que podían ser mala gente, pero nada que ver. Son impresionantes, muy buena gente. Te ayudan, si no entendías ruso hasta buscaban a alguien que supiera inglés. Este es el primer Mundial al que voy y desde que llegué hasta que me tuve que ir, fue muy emocionante. Escuchar Cielo de un solo color antes de los partidos me hacía demasiado feliz".

Misak Derderian
Misak Derderian, alentando.

Seguros

En la máxima celebración futbolística del planeta, tener en un equipo a estrellas del renombre de Luis Suárez o Edinson Cavani facilita la comunicación. Esos apellidos funcionan a menudo como amuletos que pueden iniciar un diálogo y, además, están entre aquellas pocas cosas que un ruso puede llegar a conocer de Uruguay. Para Irigoyen, "en términos generales, saben algo de Uruguay. Y me dio la impresión que lo sabían más allá de los futbolistas más famosos, por un tema de educación, de que por ahí lo habían aprendido en la escuela. A veces tenían algún problema en ubicarlo geográficamente, pero si lo comparo con cómo fue cuando estuve en Estados Unidos, diría que los rusos sabían más que los estadounidenses sobre Uruguay".

Eso sí: la simpatía rusa puede terminarse abruptamente, y de la manera más dura, si la Policía de ese país detecta alguna infracción. "Vimos algún caso de alguno que se pasó con la bebida, y la actuación de la seguridad del estadio fue inmediata y brutal. Se lo llevaron arrastrando, literalmente. Y eso ocurría sobre todo si el infractor era ruso. Si era extranjero, lo dejaban irse caminando".

"Me sentí muy tranquila caminando por las calles. Cero problema en cuanto a sentirse segura. Pero también es cierto que la organización tuvo mucho cuidado en ese aspecto, porque había mucha presencia policial en todos los lugares que estuve", acota Pallas sobre el clima que vivió en la sociedad rusa.

Como viajar a menudo también es comer, Rusia además les ofreció buenas experiencias a los hinchas de la Celeste: "He llegado a elegir destinos de viaje por la comida. Soy medio enfermito en ese sentido, y me encanta probar la comida típica del lugar al que voy. Ellos tienen una sopa, la borsch, que está muy buena. Y una especie de capelettis que se llaman pelmeni, también muy ricos", relata Boudakian y Pallas menciona el mismo plato: los pelmeni causaron muy buena impresión.

Que la selección de fútbol es capaz de unir a muchos es algo que no ocurre solo cuando se juega de locatario. Tal vez sea más pronunciada la sensación de comunidad con otros uruguayos cuando estos se encuentran en otro país acompañando al equipo comandado desde hace más de una década por Oscar Tabárez.

Martín Irigoyen-hijo Ignacio
Martín Irigoyen con su hijo Ignacio.

Irigoyen, quien a veces debate políticamente desde su cuenta de Twitter, publicó esto en esa misma red social, cuando ya había visto el primer encuentro de la selección: "Ayer en el partido se me acerco el crack de @rentagro, me preguntó si yo era Martín y me dijo que él era Ignacio, de Twitter. Casi siempre discrepamos, pero ayer nos unía un solo color y nos dimos un fraterno y democrático abrazo. ¡Que bueno!".

Los celestes, al menos durante el Mundial, estamos todos unidos.

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