COMPORTAMIENTO

Qué hacer para no estresarse ante el comienzo de las clases

Que nuevos horarios, que más gastos, que vuelta a las responsabilidades... La vuelta del año escolar puede generar estrés tanto en chicos como en grandes. ¿A qué se debe? ¿Y qué se puede hacer?

moña escolar
Foto: El País.

"Emoción por volver a las clases… pffff…”, masculla la niña en la cola para pagar en un supermercado, acompañada por su madre. “Nadie se emociona por volver a las clases”, remata ya con mejor dicción. La niña estaba reaccionando al enésimo cartel publicitario que promociona la vuelta a clases. Su madre no le responde, pero hay un gesto de resignación en su cara.

Es que el comienzo del año escolar y liceal es removedor no solo para los comercios que venden cuadernos y otros útiles. Hacia dentro del seno familiar, el comienzo de clases también es un momento muy importante en el año y en muchos hogares puede generar sensaciones de angustia.

En más de un sentido, el inicio del año lectivo marca el fin definitivo del verano y, con él, la sensación de vivir en “modo vacaciones”. Más allá de que los adultos ya hayan regresado a sus trabajos, los resabios del verano siguen presentes en muchos aspectos. El comienzo del Carnaval, por ejemplo, motiva escapadas hacia la costa por unos días, por ejemplo. La sensación de que Montevideo “está vacía”, es otro de esos indicioes de que el período vacacional todavía no desapareció del todo.

Es, entonces, un cambio importante. Y se sabe que estos —por más que hayamos racionalizado aquella reflexión de Heráclito de que lo único constante es el cambio— a menudo generan sensación de incertidumbre y, con ella, angustia y estrés.

Revista Domingo consultó al psicólogo y educador Daniel Trías, actualmente parte del equipo docente de la Universidad Católica, sobre esto.

—¿Es un fenómeno de esta época? Gente más veterana nos ha dicho que cuando ellos eran niños no se hablaba del estrés por el regreso a clases.

—En parte, eso puede deberse a que no había tantos estudios realizados sobre este tema. Pero la inquietud que genera el regreso a la escuela o liceo no es un “invento” de ahora. También entonces se podía llegar a experimentar la misma sensación de incertidumbre y angustia.

Para Trías también se trata de un cambio a nivel social en cuanto a la sensibilidad sobre estos temas: “Hoy nos preocupan otras cosas que antes no. Actualmente, no solo importa hacer las cosas, cumplir. Sino que eso sea saludable, que redunde en beneficios no solo personales, sino también colectivos”.

Como sea, las razones para experimentar el regreso a clases como un proceso estresante, agrega el experto, pueden ser múltiples. Desde haber tenido un mal año pasado en cuanto a las notas, como un eventual cambio de escuela o colegio.

Otra fuente consultada para esta nota, el psicoterapeuta especializado en orientación vocacional Juan Elizalde, dice que hay un cóctel de sensaciones encontradas en el regreso a las clases: “Por un lado, es volver a las obligaciones. Es el fin de todas esas actividades divertidas o interesantes que se hicieron durante las vacaciones. Es el término de la ‘paz’ del verano. Pero, por el otro es, también, reencontrarse con compañeros o conocer nuevos. En eso incide mucho no solo la situación familiar, sino también la situación lo individual de cada niño o niña. Si se trata de alguien con muchos hermanos y un grupo de amigos del barrio bastante grande, es una cosa. Si se trata de un hijo único y que por ahí tampoco tiene muchos amigos, la perspectiva de volver a la escuela puede ser experimentada como algo positivo, porque implica que vuelve a agrandarse el círculo social que estuvo reducido durante las vacaciones. A la inversa, si se trata de alguien con carácter introvertido o tímido, volver a un contexto en el cual tiene que interactuar con mucha gente puede ser un motivo de estrés. Todos esos factores son importantes, porque como solía decir José Ortega y Gasset, uno es su yo y sus circunstancias”, comenta.

Y ni que hablar de si el regreso a la escuela o liceo implica, además, volver a un contexto de bullying.

Para Trías, otro hecho relevante que hay que tener en cuenta cuando se habla de la vuelta a las clases es el cambio de escuela a liceo. Ese pasaje, de infancia a comienzo de la adolescencia es muy relevante y muchas veces se vive como un período de mucho estrés.

No solo por el mero hecho de todos los cambios fisiológicos que se experimentan, sino también porque implica un primer desarraigo. Se termina una época en la que, por lo general, todo era familiar y empieza otra donde nada lo es.

Trías explica que luego de seis años en la escuela, el alumno o alumna que llega a sexto adquiere la sensación de estar entre los mayores, aquellos que muchas veces son consultados. El liceo, en ese sentido, confirma esa pasaje a una etapa más adulta. Pero el cambio curricular es grande y se llega a otra instancia en la que, una vez más, se es el más “chico”.

Consejos para ayudar a los hijos

Daniel Trías, psicólogo especializado en estos temas, recomienda adoptar algunas actitudes para ayudar a los hijos.

“No dar por obvio que ‘ya se va a adaptar’. No hay que subestimar o minimizar una queja. Hay que escuchar con atención a lo que dice el niño o la niña”.

“Si uno va a tratar de ayudar, hay que hacerlo con conocimiento de causa. Pudo haber un cambio a tener en cuenta de un año al otro. Puede que se trate de un problema nuevo para el hijo o la hija. Hay que interiorizarse”.

“Tratar de ayudarlos a ver todo lo que se puede aprender y hacer en la escuela”.

“Acompañarlos en las rutinas”.

“Trabajar las habilidades socioemocionales como, por ejemplo, la resolución de conflictos”.

“Rescatar experiencias previas. Si el alumno tuvo un buen año antes, eso puede ser un buen punto de partida: ‘Esto ya lo viviste y lo pudiste superar’. También de las experiencias malas se puede aprender. Si el año pasado no fue muy bueno, no decir ‘¡Este año sí que te a ir bien!’”.

Los grandes también

Estos cambios, además, repercuten sobre los adultos. Y también para ellos el comienzo de clases puede representar momentos angustiantes. Hay que ordenarse aún más. Ya no se trata únicamente de cumplir con el trabajo. Ahora hay que empezar a pensar en nuevos horarios, en futuros deberes (“¿podré ayudar a mis hijos con las tareas de matemáticas? ¿Yo, que ni me acuerdo de cómo era la división con decimales?”), en posibles conflictos que puedan surgir con otros compañeros, grupos de WhatsApp de padres y madres con un constante goteo de mensajes (algunos de ellos preocupantes) y muchas cosas más.

A todo esto, además, se le agrega un tema no menor para aquellas familias con actitudes aspiracionales que envían a sus hijos a instituciones de educación privada: la económica. Y más si se pretende que todos los hermanos vayan a tal o cual colegio. Hay que comprar libros, útiles, uniformes, equipos deportivos... Los bolsillos —o las cuentas bancarias— tiemblan ante el comienzo de clases.

Eso, en un panorama económico de crecimiento y prosperidad como el que hubo en los últimos lustros en Uruguay no es tal vez motivo de mayores preocupaciones. Pero en un contexto en el cual parecen avecinarse algunos nubarrones, puede dar pie para angustias. Eso, probablemente sin querer, puede contribuir a las sensaciones negativas que pueden experimentar los escolares o liceales.

Elizalde matiza: “El tema económico pesa. Pero también es cierto que, en muchos casos, el padre o la madre siente alivio al saber que su hijo o hija está educándose en un lugar que inspira confianza. Y si se da el caso de que la institución educativa tiene jornadas de doble horario, los padres pueden dedicarse con mayor entrega a sus oficios y no están tan presionados por el reloj. Además, si existe un ambiente bueno en tal o cual colegio, eso puede darle tranquilidad a los padres de que sus hijos están generando vínculos sociales que serán importantes para sus vidas”.

Entonces, la vuelta a la escuela o el comienzo del liceo puede generar momentos angustiantes, pero ese regreso también puede ser fuente de, además de aprendizaje, amistades, desarrollo de habilidades socioemocionales, al decir de Daniel Trías y también la oportunidad de internalizar la importancia de las rutinas y la responsabilidad, así como el estímulo de la curiosidad.

El fin del ciclo escolar seguirá siendo un motivo de celebración para la gran mayoría de los alumnos, en particular si las vacaciones que se avecinan traen consigo nuevas aventuras como -por ejemplo- viajes a lugares con los que se soñó conocer.  Pero el comienzo no tiene que siempre ser una fuente de bajones e instancias estresantes.

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