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Estrellas achacosas

Ya sea por haber tenido una vida al límite, porque la cabeza no los ayudó o por el inexorable paso de los años, hay estrellas de rock que debieron decirle adiós a los escenarios y a las giras.

Bret Michaels sufrió en 2010 una hemorragia cerebral.
Bret Michaels sufrió en 2010 una hemorragia cerebral.
Brian Wilson se pasó años lejos del escenario. En los últimos años volvió.
Brian Wilson se pasó años lejos del escenario. En los últimos años volvió.
Lemmy Kilminster se jactaba de tomar una botella de Jack Daniel's al día.
Lemmy Kilminster se jactaba de tomar una botella de Jack Daniel's al día.
Malcom Young fue diagnosticado el año pasado con demencia senil.
Malcom Young fue diagnosticado el año pasado con demencia senil.

"Estoy seguro de que moriré en la carretera", le dijo recientemente Lemmy Kilminster, cantante, bajista, alma de Motörhead a la revista Kerrang! Muchos de sus fans empiezan a temer que no sea apenas una buena frase para un título. Lemmy, que tiene 69 años (de los cuales ha pasado 40 al frente de esta mítica banda de heavy metal), diabetes y un marcapasos colocado en 2013, debió interrumpir o cancelar una serie de recitales en Estados Unidos, entre fines de agosto y principios de setiembre, debido a problemas de salud. Algo parecido había ocurrido en años anteriores, solo que en esta ocasión ocurrieron con preocupante frecuencia, empañando la presentación del disco Bad magic.

Las facturas por haber vivido una vida al límite, o lisa y llanamente la biología, están haciendo mella en varios rockeros veteranos. No todos tienen la vitalidad de un Mick Jagger (quien a los 72 años hacer rato que cambió los excesos por un preparador físico que le ha diseñado una rutina que incluye yoga, running, pilates y ballet). De hecho, ya hay varias estrellas veteranas que han debido abandonar los escenarios por cuestiones de salud, como Malcolm Young, el corazón de AC/DC. Bret Michaels, de Posion, va en ese mismo camino; paga 2,10 que Lemmy se unirá en breve a este listado.

Lemmy no puede más.

"No puedo hacerlo". Lemmy realmente estaba sufriendo en el escenario. Motörhead recién iba por la tercera canción del recital del 1° de setiembre, en Austin, Texas. El cantante no pudo culminar Metropolis, clásico del no menos clásico disco Overkill, de 1979. Algo parecido ya le había pasado apenas días atrás, en Salt Lake City. Otros conciertos, directamente, fueron cancelados de antemano. Lemmy, cuyo verdadero nombre es Ian Kilminster, se fue tras bambalinas y luego volvió para excusarse ante el público: "Este es uno de los mejores lugares para dar un show en Estados Unidos, y me encantaría tocar para ustedes, pero no puedo... Por favor, acepten mis disculpas. Será la próxima, ¿está bien?". Enseguida se retiró apoyado en un bastón y ayudado por un asistente, una imagen más acorde con alguien casi septuagenario al que desde hace dos años la salud lo tiene bastante preocupado, que con la de una bestia rockera que —entre otros hábitos un tanto peligrosos y caros— se tomaba una botella de Jack Daniels al día. Lejos de enojarse, el público lo aplaudió y ovacionó: Lemmy es Dios para sus fans haga lo que haga.

Su gran historia empezó en 1975 cuando fundó Motörhead. Esta es una banda metalera que, oh rareza, también era muy aceptada entre los seguidores del punk. A su vez, se la considera fundamental para la creación del speed metal y el trash metal. Una vez, un periodista de la revista Metal Hammer le preguntó cómo llevaba las resacas. Su respuesta: "Nene, las resacas son para los que dejan de beber".

Malcolm ya no recuerda.

"Malcolm era la persona que controlaba AC/DC sónica, visual y comercialmente", le dijo Jesse Fink, autor del libro Los Young, al diario argentino Página/12. Este biógrafo de la banda no duda en calificar al guitarrista rítmico de AC/DC, responsable de su característico sonido y de algunos de los riffs más reconocibles del universo rock, como el líder de este quinteto formado en Australia en 1973. Opacado en el escenario por el virtuosismo e histrionismo de su hermano menor Angus, la primera guitarra, y con los focos puestos en los cantantes Bon Scott primero y Brian Johnson después, este escocés de 62 años era en realidad el cerebro del grupo.

Malcolm fue diagnosticado con demencia senil y desde el año pasado no participa en las giras del grupo. A fines de los años 80, había abandonado una peligrosa adicción al alcohol, lucha en la cual se ausentó de la banda durante la gira norteamericana de 1988. No era para menos: esa enfermedad ya le había costado la vida a Scott. En una entrevista con la Rolling Stone, Angus reveló que para 2008, año en que la banda grabó Black ice, su hermano mayor ya había comenzado a evidenciar pérdida de memoria y concentración. Incluso tuvo que reaprender para los recitales los riffs que él mismo había compuesto. Para el año pasado, al músico ya le era imposible acordarse de lo que había ocurrido apenas horas antes. Stevie Young, un sobrino que ya lo había sustituido durante los recitales de 1988, es su sucesor.

Bret acumula dolencias.

Allá por los años 80, cuando los músicos de glam rock en Estados Unidos parecían competir por quién era más autodestructivo, Bret Michaels, el cantante de Poison, era uno de los que llevaba la delantera. En esa década esta banda tuvo su cuarto de hora, en la siguiente la aparición del grunge la llevó a su ocaso, y en este siglo aparecieron los problemas de salud para el vocalista: una apendicitis que estuvo a un tris de transformarse en peritonitis, una hemorragia cerebral casi fatal y el agravamiento de su diabetes que lo llevó a cancelar innumerables recitales, ya sea en los reencuentros con su banda como en sus proyectos solistas. El año pasado debió ser operado de los riñones e internado seis veces en apenas dos semanas. Él es un hombre de 52 años cuya salud es notoriamente inferior a su aspecto, que sigue siendo tan atractivo como para ser figura en varios reality shows. Los años 80, tan maravillosamente kitsch, fueron mucho para algunos.

Brian se recuperó ya de viejo.

En rigor, este es uno que volvió hace pocos años luego de haber estado out de los escenarios por problemas mentales durante décadas. Brian Wilson (73) fue el responsable del éxito inicial de The Beach Boys, así como de su sonido. Era considerado un genio entre sus pares. Pero entre 1965 y 1988, las sucesivas crisis nerviosas que sufrió —en las que tuvo mucha influencia la gran presión que ejerció su padre, violento, hiperexigente y abusivo— lo terminaron haciendo colapsar. Depresivo, paranoico y con un desorden psicoafectivo, se convirtió en un adicto a las drogas que apenas salía del dormitorio de su mansión. Se hizo amigo de Charles Manson y paciente de un terapeuta famoso por la falta de ética, Eugene Landy, que incluso se quedó con partes de su derechos de autor. Recién en 2004, con la regrabación de Smile, un disco que dejó inconcluso en 1967, el apoyo de su segunda esposa y de los terapeutas adecuadas, logró ver la luz. Por una vez, un buen final.

EL ÚLTIMO TOUR DE TONY IOMMI.

El cáncer pone fin a giras de Black Sabbath.

"No puedo seguir con esto. Mi cuerpo no aguantará mucho". La confesión es de Tony Iommi, fundador y guitarrista de Black Sabbath, y la hizo hace dos semanas al Birmingham Mail.

En 2012, este músico que con su sonido, su guitarra Gibson SG negra y su presencia oscura ayudó a delinear los parámetros del heavy metal, subgénero del cual Black Sabbath es padre, fue diagnosticado con un linfoma. Al año siguiente, su terapia incluyó la edición de 13, el primer disco de la banda con Ozzy Osbourne en la voz en 35 años, y una gira mundial con 81 recitales en 28 países. Este tour se hizo más largo de lo que debería, ya que cada seis semanas Iommi (67) debía volver a su casa en Birmingham para seguir el tratamiento en el hospital. La quimioterapia lo dejaba tumbado en su casa por dos o tres semanas más. Cuando todo terminó, sus médicos le dijeron que se había esforzado demasiado.

Y ahora piensa redoblar el esfuerzo, aunque jura y perjura que va a ser el último. Black Sabbath piensa hacer una nueva gira con tres de sus cuatro miembros originales ya confirmados —el bajista Geezer Butler, Ozzy y él—, al mismo tiempo que el guitarrista se embarca en campañas de concientización sobre el cáncer.

"No quiero que eso vuelva. Y todos los viajes que llevan aparejados las giras acaban pasando factura. Por eso haremos una última gira, para despedirnos. Y luego será definitivamente el final", agregó el músico.

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