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Esperando aluvión de buses

Esta semana empieza la “pretemporada” en Tres Cruces. Para Navidad y Año Nuevo se estima que la operativa aumentará 50%. La Torre de Control se prepara..

El eterno femenino de una imaginativa pintora
En un día común, la terminal recibe entre 40 y 45 mil viajeros; en breve habrá jornada de 65 mil e incluso más. (Foto: Fernando Ponzetto)

LEONEL GARCÍA

A unos cinco metros de altura, el puesto 1 de la torre de control de Tres Cruces irradia poder. No es la vista hacia Acevedo Díaz, Goes y la terminal. Tampoco es lo que tiene: dos monitores con llegadas y partidas programadas y las plataformas libres, un micrófono, un portero eléctrico, un teléfono, las imágenes de 13 cámaras de seguridad y el mando del semáforo. Se trata de lo que maneja: todo. Ese todo es la entrada, salida, demora y distribución de autobuses en la terminal. Es el núcleo del núcleo de pasajeros en todo el país. Y en estos días la cosa se pone buena.

"Me gusta estar en el puesto 1 cuando las papas queman. Es adrenalina", dice el operador Alejandro Barlocco, ubicado a un par de metros, en el 2, con una mayor visión de la playa de maniobra de diez mil metros cuadrados. El suyo, ahora, es un rol distinto: es la voz de las partidas y arribos a Tres Cruces —"Servicio Internacional Buquebús informa el arribo de Buenos Aires, combinación Colonia, plataforma 38"— y es el que monitorea las entradas y salidas, las plataformas disponibles y ocupadas. Azul, arribos; rojo, partidas. Si en el 2 no se está atento, todo puede tornarse difícil.

Es viernes, son las 16 horas, y todavía no llegó el aluvión, cuyo inicio está estimado para las 17.30. En el codiciado puesto 1 se sienta María Noel Lorenzo, que manda a un Gabard a una plataforma de espera y le asigna lugar a un Cynsa que busca pasaje. Es abogada y se recibió estando en la torre, pero prefirió quedarse ahí a trabajar. "¡El mundo del transporte atrapa!", sonríe. El puesto 3, básicamente un apoyo de los anteriores, por ahora está vacío. Cada operador cambia su lugar cada una hora, así todos tienen sus distintas dosis de adrenalina.

"Esta será una temporada corta, Carnaval está adentro, serán 60 días", estima Osvaldo Torres, jefe de la Torre de Control desde la inauguración de la terminal-shopping, el 15 de octubre de 1994. En su escritorio hay papeles, un teléfono, un banderín de Defensor y una computadora que dispara imágenes de vacaciones; estas son sinónimo de Tres Cruces para los viajantes y antónimo para los operadores de turno en las Fiestas y la primer quincena de enero. A partir de mañana, 21 de diciembre, y hasta el 31 se desarrollará la pretemporada; luego, movida corrida hasta que comiencen las clases. "Ahora la operativa va a aumentar un 50%", dice con el tono de quien se apronta a capear un temporal, capitaneando a un equipo de unas trece personas que influirán, noche y día, sobre el destino de hasta 75 mil viajeros en un día.

Si una jornada normal significa 1.000 servicios y entre 40 y 45 mil personas subiendo y bajando de autobuses que vienen y van, días como el 23 y el 24 de diciembre equivalen a 1.500 servicios y entre 60 y 65 mil turistas. A Fin de Año será aún más intenso, con picos de hasta 1.900 servicios.

Hormiguero.

Se nota que es viernes y que el verano está en la puerta. Son las 16.30 y casi no hay butacas vacías en la sala de espera de la terminal. Los mostradores de las líneas al Este están repletos y las filas llenas de pasajeros con mochilas que los asemejan a dromedarios. No comenzó la pretemporada, así que aún uno puede largarse a comprar pasajes en el momento.

Luego de Año Nuevo, dice Torres, todo el país parece concentrarse en una franja costera que comienza en el Puerto de Carmelo y termina en el Chuy, con eje en Montevideo. Pero por ahora el movimiento se ve parejo en todos los destinos. Carlos y Maia —él, lentes, remera y gorro, bermudas y chancletas; ella, un look Bellas Artes que no termina de combinar con la bolsa de McDonalds—, veinteañeros cortos, se van a pasar el fin de semana a Punta del Diablo. "Esto es para ir haciendo boca. En enero nos vamos a Santa Teresa", dice él. Casi todos los que viajan a Rocha van vestidos como para bajar del ómnibus a la playa, aunque lleguen de noche. Por el contrario, en la fila de los que van a Mercedes o Fray Bentos —variopinto grupo humano que incluye matrimonios añosos, estudiantes que parece que recién huyeron de facultad y teens sumergidos en sus celulares— todos tienen un buzo afuera del bolso de mano.

A medida que se acerca la hora pico, Tres Cruces comienza a avanzar en su grado hormiguero, en forma de colas, apuros, empujones y disculpas (o no). "Esto no es nada, esperá a la Navidad", dice una vendedora de una de las "islas" de comida, que no para de vender botellas de agua. En la torre, preparando el aluvión, ya aumentó el número de operadores.

Movimiento.

A las 18 ya hay cuatro, cinco y más coches haciendo colas para entrar. De los 41 andenes de la terminal, una decena libran y se ocupan constantemente. Desde las alturas, la salida al mismo tiempo de cuatro Marco Polo Super Ejecutivos de Turil parece la coreografía de cuatro transatlánticos. Alejandro sigue en el puesto 2, Felipe Menéndez está en el 1, Natalia Benavides en el ya necesario 3 y Claudia Mareco, supervisora, actualiza datos. Si las empresas no les dan información precisa (en rigor, ómnibus que surgen de la nada), la situación se puede complicar, más un viernes: un vehículo al que hay que averiguarle procedencia, destino y horario, es como un vehículo que se rompe en plena playa o se equivoque de plataforma, generando un efecto dominó complicado cuando se espera un 50% más de movimiento.

Para evitar eso, la operadora Verónica Curbelo baja a Acevedo Díaz, handy en mano, para acomodar los autobuses en la calle. Exinspectora municipal, es ducha en eso de lidiar con vehículos y choferes. La comunicación de los coches con la torre para entrar a la playa de maniobras es, caída ya en desuso la radio, un intercomunicador tipo portero eléctrico y —solo en algunos casos, los menos— antenas de radiofrecuencia y tag (al estilo del Telepeaje). El conductor de un servicio que llega de Punta del Este, concentrado en la música, no escucha el permiso de ingreso para fastidio de los operadores. En pocos instantes, la cola para entrar es de siete ómnibus y casi llega a Goes. Todo esto cuando en la playa las moles están a un paso de hacer competencia de finitos. La solución es avisarle a Curbelo que le golpee la ventanilla al distraído para que se decida avanzar. Por mucha tecnología que haya, no vale renunciar a lo más tradicional, sobre todo cuando hay conductores que no cooperan.

"Hay que tener cintura en estos casos. Los conductores vienen estresados luego de horas en la ruta. Lo ideal es que haya una cooperación mutua: ellos vienen agotados y la operativa tiene que ser rápida", dice Torres. Lo cortés no quita lo valiente: lo ideal es que un vehículo no venga con más de quince minutos de antelación de su servicio y hay algunos que lo hacen una hora antes. En la playa hay ocho plataformas (los operadores rechazan el término andenes) mixtas que suelen estar destinadas para espera, salvo en horas pico donde también son usadas para carga y descarga de pasaje. Si bien el movimiento este año ha sido 7% menor que en 2014 (unos 80 servicios menos por día), y aun menor que el momento estelar de 2012 (cuando se llegó al récord de 1.211 servicios, en promedio, diarios), el espacio sigue siendo el mismo y hay que optimizarlo. A los choferes madrugadores en exceso se los invita a que se vayan a dar una vuelta por ahí. Los problemáticos, por lo general, son los mismos.

Los ingresos y egresos seguirán a buen ritmo, entre colas, maniobras, choferes ágiles y no tanto, hasta las 19.30. El siguiente horario fuerte será entre 23.30 y 0.30 y luego, de 1 a 5, solo hará falta un funcionario monitoreando los puestos 1, 2 y 3. La pretemporada empieza mañana y viernes intensos como hoy permiten ir aceitando al personal. ¿Intensos? "Bueno... venite el 23 y ahí sí vas a ver movimiento", minimiza Torres, esperando lo que vendrá.

ESTADIO QUE FUE TERMINAL

Uno de los momentos más recordados en la torre de control, y en todo Tres Cruces, fue cuando el shopping-terminal se incendió en la madrugada del 25 de diciembre de 2010. El fuego se inició en la zona comercial (planta superior) y en la parte de transporte afectó especialmente a las oficinas de Turil, Cut y Agencia Central.

"Imaginate que vos sos un capitán y te llaman para decirte que tu barco ya naufragó... yo estaba en Durazno, eran las dos de la madrugada", recuerda Osvaldo Torres, jefe de la Torre de Control. Era el peor momento para que la mitad de la terminal quedara inhabilitada. Solo disponían de 24 plataformas para utilizar.

La solución esgrimida fue utilizar la terminal solo para las partidas y se implementó la llegada de los servicios frente a la Tribuna América del Estadio Centenario. Esta solución de emergencia se extendió hasta el 22 de enero, cuando la operativa volvió a concentrarse en un único lugar.

"El momento sublime fue que en la misma tarde de ese 25 de diciembre estaba todo funcionando", recuerda la supervisora Claudia Mareco, sin disimular el orgullo.

Aunque ahora pueden recordarlo entre risas, prefieren no tener que repetir la experiencia de improvisar una solución contrarreloj como hace casi cinco años.

TOQUES QUE SON INGRESOS

Todos los registros de movimientos de Tres Cruces, incluso los horarios de llegada y partidas de los servicios, son enviados al Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP), que a partir de ahí elabora los datos oficiales.

Entre esos datos, la terminal contabiliza lo que llama "toques de plataforma", que es cada ingreso de vehículos tanto para cargar como para descargar pasajeros. Las tarifas de cada toque, impuestas por el MTOP, están establecidas desde el 4 de setiembre en 82,50 pesos para corta distancia (hasta 120 kilómetros), $ 165,01 para media (de 121 a 240 km), $ 254,84 para larga (de 241 hasta un ficticio recorrido dentro del país de 1.000 km) y $ 311,68 para los viajes internacionales. A diferencia de lo que ocurre con la tasa de embarque, que es un recurso de las compañías, el toque de plataforma —que en el período 2014/2015 significó más de 65 millones de pesos constantes (sin tomar en cuenta la inflación)— es un ingreso de la terminal.

Los datos de la torre también son fuente de información para el Ministerio de Turismo. El ómnibus fue el vehículo utilizado por el 31,5% del turismo interno en el país durante todo 2014.

LAS CIFRAS

442

Cantidad de servicios que contabilizó Tres Cruces en 2012, el año de mayor operativa de la historia. El día que tuvo más actividad, llegó a los 1.900 autobuses que iban y venían.

10

Metros cuadrados tiene la playa de maniobra de la terminal. Hay 41 andenes y 44 empresas. La tarea de la torre de control, básicamente, es administrar el espacio físico.

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