SEXUALIDAD

Eros, tabúes y hombres

Existe una considerable distancia entre lo que muchos varones heterosexuales dicen que hacen en la cama, y lo que realmente sucede. Miradas a un tema sensible e íntimo.

tabú
Mejor no hablar de ciertas cosas. Foto: Shutterstock.

Bastó que se difundiera el fragmento de un supuesto chat privado que hacía referencia al interés por el sexo anal de un varón heterosexual para que las redes sociales se encendieran en una arcaica y violenta defensa de cierta visión de la sexualidad masculina.

Una defensa que, expresada a través de memes, burlas e insultos llanos y directos, condenaban la posibilidad de disfrutar de prácticas que se asumen excluidas de la esfera del macho.

La escena de histeria virtual protagonizada por un tuitero promedio ante la mera mención de un vibrador para uso masculino, lleva a preguntarse acerca de qué tan grande es la distancia que existe entre lo que los varones que se reconocen como heterosexuales dicen que hacen en la cama, y lo que realmente sucede en esas sábanas.

"Generalmente, los hombres cuentan una cosa, pero luego en su vida íntima eso no siempre es así", afirma en base a su experiencia clínica la psicóloga y sexóloga Andrea Gómez.

Sandra Lustgarten, psicóloga y sexóloga especialista en disfunciones sexuales, ofrece una explicación de por qué cada vez es más grande la brecha entre la sexualidad masculina y lo que el varón se atreve a contar al respecto: "Muchos hombres descubren, generalmente a partir de mujeres que se animan a estimularlos, que cuando prueban la penetración o el juego anal les gusta. Lo hacen con un poco de inhibición aunque con mayor deseo. Pero este disfrute sexual por vías no tradicionales les genera temor", dice Lustgarten sobre el peso cultural que tiene el temor de ser visto como un "trolo". "Si dicen que les gusta o que los seduce, puedan verse fuera de los conceptos aceptados por nuestra sociedad como permitidos, considerados no promiscuos, lo que puede llevarlos a sentirse avergonzados, ridiculizados, siendo tomados como homosexuales no declarados". De ahí a la exclusión puede haber un muy corto trecho.

"Es cierto que hay muchas cosas que no se cuentan por prejuicio", coincide Gómez. "Vivimos en una sociedad muy machista y hay muchas cosas que no están bien vistas desde lo masculino. Los varones sienten la exigencia, el mandato, de dar una imagen de hombre, masculina, de macho, frente a sus amigos, y por sostener esa imagen no cuentan lo que realmente les gusta o desean". Hacerlo tal vez implique dar lugar a facetas más identificadas con lo afeminado que lo que permite el estereotipo machista.

En todo caso, basta recorrer cualquier sexshop porteño para dar con una amplia variedad de juguetes sexuales de uso tanto femenino como masculino. Pero es significativo que ese tipo de artefactos suelen estar escondidos, ocultos a la mirada pública. En parte, porque hacen a cuestiones de la intimidad. Pero también hay una parte que tiene que ver con que, de explicitarse, dejaría al descubierto ciertas prácticas que no se condicen con la imagen del varón que el machismo promueve.

"Ningún varón va a hacer mención alguna en una consulta a que en una relación incluye el uso de juguetes sexuales, y si lo hace lo cuenta que lo usa para placer de la mujer", agrega Gómez. "Todavía da mucho pudor al varón heterosexual abrir esa posibilidad de poder jugar, de incluir dentro de la pareja juguetes. Y el resultado es que habitualmente el hombre no manifiesta ni desarrolla sus fantasías por miedos que no son reales".

Ese mismo temor a explorar la sexualidad en el "macho" es el que muchas veces levanta una pared ante las sensaciones que su propio cuerpo le devuelve. "Me sucede a menudo que pacientes varones consultan acerca de diversas sensaciones que tienen ante la estimulacion de sus pezones" cuenta Lustgarten.

La experta agrega, además, que vedarse esas posibles fuentes de goce es ignorar —y por extensión, desperdiciar— las potencialidades erógenas que ofrece el cuerpo del varón. "Entender que el hombre puede tener sensibilidad, y que puede ser en zonas eróticas semejantes a la mujer —como ser pezones y mamas— es aceptar que el cuerpo es maravilloso y rico en cuanto a posibilidades para el goce. Pero el problema es que la falta de educación sexual hoy hace que vivir ciertas cosas que se salen de la norma, se exhiban como groseras, perversas, transgresivas o prohibidas. Y todo eso lleva a que los varones desconozcan su cuerpo. Por el contrario, aceptar que hay cosas que no encasillan ni etiquetan, y tomar una actitud desafiante hacia el descubrimiento, abre nuevos parámetros".

En el consultorio

El "deber ser" en lo que refiere a la vida sexual del varón llega en muchos casos a generar una distancia poco saludable —usando el término saludable en sentido estricto— que lo separa del médico al que acude por problemas como la disfunción eréctil.

"Existe una importante disparidad en el relato de los pacientes con disfunciones sexuales frente al médico urólogo especialista en medicina sexual que frente a un médico sexólogo que no usa guardapolvo blanco", dice a modo de introducción Adolfo Casabé, médico urólogo y director médico del Instituto Médico Especializado (IME).

"Cuando del interrogatorio surgen dudas acerca del origen orgánico de la disfunción y los enviamos al terapeuta, muchos de estos pacientes le manifiestan al sexólogo sus inclinaciones sexuales, las mismas que callaron antes porque les avergüenza contarlas frente al médico vestido de guardapolvo", se lamenta el especialista.

Casabé especifica: "Por ejemplo, el fetichismo. O sea, pacientes que sólo pueden erectar o eyacular frente a objetos que les disparen una gran excitación, como zapatos femeninos de taco alto, vestirse con ropas femeninas, jugueteos perianales o anales que ellos no se animan a contar ni a pedir a sus parejas".

El hecho de ocultar y no compartir aquello que realmente lo estimula sexualmente, tiene como consecuencia a que el hombre muchas veces pierde interés en las relaciones sexuales. Incluso se puede llegar a la falta de excitación durante las mismas, lo que a menudo desemboca en problemas de disfunción eréctil, problemas que no tienen una raíz biológica. Más bien, esas disfunciones se originan en la ausencia de una estimulación real, obtenida durante el encuentro sexual.

Algunas de estas personas con problemas de disfunción sexual, completa Adolfo Casabé, "si pudiesen cumplir con sus fantasías sexuales libremente no estarían en un consultorio pensando que con la ayuda médica de fármacos van a poder lograr ese nivel de excitación a veces reprimido por su formación, educación y tabúes". 

El hombre y su impulso sexual

En una columna publicada en The New York Times, el escritor Stephen Merche cuestiona lo que él entiende como "la monstruosa naturaleza sexual de los hombres": "Durante la mayor parte de la historia hemos dado por sentada la brutalidad implícita de la sexualidad masculina", comenta a raíz de los escándolos de Harvey Weinstein y otros. "La existencia sexual sana requiere una educación continua; en el caso de los hombres sucede lo opuesto. Existe la educación sexual para los niños, pero una vez que uno sale de la escuela, regresan las exigencias tradicionales de la masculinidad: no te muestres vulnerable y resuelve tus problemas. Los hombres lidian con su naturaleza solos y aparte (...) Así es como llegamos al lugar donde estamos hoy: teniendo una conversación pública sobre la mala conducta masculina sin discutir también la naturaleza de los hombres y el sexo".

Mitos de la sexualidad masculina

" Ser un buen amante no reside en la anatomía y sí en el aprendizaje, la sutileza, el buen gusto y el interés por el otro", afirma el sexólogo argentino Juan Carlos Kusnetzoff, en una nota publicada en Clarín, en donde demuele otros mitos, como el que dice que un hombre "de verdad" nunca falla a la hora de satisfacer a una mujer. O a un hombre, claro. "El hombre adulto normal suele tener una insuficiencia eréctil cada 5 o 6 intentos de coito. Quien dice que nunca ha fallado, miente". Otro mito: que la potencia sexual disminuye luego de los 40.

Representaciones de lo varonil

Gran parte de lo que despierta el deseo tiene que ver con las imágenes y representaciones que circulan en los medios masivos de comunicación. En cuanto a los varones, el espectro va de "el metrosexual musculoso" al dadbod ("papá sexy con pancita"), o el nerd como Paul Rust (el protagonista de la serie Love). "Ser sexy es una construcción de la sociedad de consumo (...) Cine, revistas, TV y ahora Internet siguen interviniendo en la construcción de ese imaginario. Estamos presionados a parecernos a la explosión de imágenes", le dijo la socióloga Ana Wortman a La Nación.

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