CULTURA

Entrenarse para ver arte

En el Museo Nacional de Artes Visuales se puede ver Trilogía: Colombia, México, Uruguay, con nombres como Frida Kahlo. ¿Cómo recorrerla y observar una pintura?

Enrique Aguerre, director del Museo Nacional

La primera es La señora Beteta. Está solitaria, en una pared blanca y uno se la encuentra de frente ni bien ingresa al Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV). Enfrentarse a Diego Rivera es, primero, una experiencia perturbadora. Y sorprendente. Ese cuadro, pintado por el mexicano en 1946, pareciera tener una fuerza propia. Uno tiende a acercarse, a querer mirarlo de cerca, a querer apreciar los detalles de las pinceladas. Sin embargo, ¿a qué distancia conviene observarlo?, ¿es necesario acercarse?, ¿se pierde la composición si se está tan cerca?, ¿se puede ver igual a un cuadro de Diego Rivera y a uno de Fernando Botero o de Juan Manuel Blanes o de Débora Arango?

El Museo Nacional inauguró el pasado 22 de marzo la exposición Trilogía: Colombia, México, Uruguay, que incluye 82 piezas de 48 artistas de esos tres países. La muestra, de carácter colectivo, tiene por supuesto, una forma, una intención y un diálogo entre las obras. Por eso, para recorrerla y entenderla hay ciertas pautas, así como también hay algunos criterios para poder apreciar cualquier pintura. Porque, como sostiene Enrique Aguerre, director del MNAV y curador de la parte uruguaya de la exposición, no es lo mismo mirar que ver. "Mirar es un acto reflejo, es parte de los cinco sentidos con los que aprehendemos la realidad. Ver arte ya implica un proceso intelectual más complejo porque hay símbolos, colores, formas, un contexto personal, social e histórico. Es bastante más profundo, pero después de que aprendés a ver una pintura, podes disfrutar mucho más".

La Señora Beteta, de Diego Rivera, en el MNAV
La Señora Beteta, de Diego Rivera, en el MNAV. Foto: MNVA

Y, justamente, de eso se trata este texto: de ir más allá de la mirada superficial, de recorrer una exposición que incluye a grandes nombres del arte, y entenderla o al menos, intentar encontrarle otro sentido. "La gente a veces dice que el arte es muy difícil de entender, pero todo es difícil, el fútbol es difícil de entender si no lo conocés, las reglas de la NBA. Esto es lo mismo, pero para entender tenés que acercarte. No hay que tenerle miedo a los museos", explica Aguerre.

Cómo enfrentarla.

En primer lugar, hay que tener algo en cuenta: el museo está abierto de martes a domingo para todo aquel que quiera acercarse a él (y de forma gratuita). Por lo tanto, la primera premisa es tener ganas de ir, de ver una exposición, de conocer a un artista o de profundizar en otro. Es por eso que la visita tiene que ser libre y de acuerdo a los gustos de cada uno (aunque también está la opción de recorridos guiados, tanto para adultos como para niños).

Sin embargo, eso no quita que existan ciertas "normas" que se recomiendan para recorrerlo y poder apreciar mejor una exposición. Y, en el caso de Trilogía, al ser una muestra colectiva, aún más. Porque, por algo las obras fueron dispuestas así y no de otra forma. Porque, en primera y última instancia, forman parte de un todo que tiene un sentido particular. "La manera de recorrer esta exposición es en forma horaria, empezando por el núcleo central y luego por la sala", sostiene Aguerre. "Nosotros sugerimos que se vea de la manera en la que fue montada", agrega.

Así, la muestra que repasa todo el siglo XX a través de la pintura (y algunos gravados y cerámicas), está organizada de forma tal que se constituyen bloques que dialogan entre sí y que tienen que ser vistos como tales. Algunas de las series son, por ejemplo, la niñez, con pinturas de Frida Kahlo, Diego Rivera o María Izquierdo, los oficios, entre los que se incluyen cuadros de Juan Manuel Blanes o de Ernesto Icaza, o una más mística, con obras de Leonilda González, Débora Arango o Rafael Barradas. Teniendo esto en cuenta, si bien se puede observar y adentrarse en cada pintura en particular y en cada artista, lo ideal es "tener la visión del todo".

Por otro lado, si bien es cierto que el contexto en el que fue concebida una obra y la biografía y circunstancias de un artista ayudan a entenderla ("pero nunca la explican", aclara el director del Museo), lo recomendable es ir a una exposición completamente abiertos y sin prejuicios para encontrarse con las pinturas sin estar previamente condicionados. De esa forma, se puede establecer una relación con la obra más genuina a cada uno. Porque, en definitiva, un cuadro adquiere su sentido último cuando es observado por alguien y el sentido va a ser distinto para cada espectador. Además, no solo influyen las condiciones de producción, sino también las de recepción, es decir, las circunstancias de la persona que observa.

Frida Kahlo forma parte de la exposición Trilogía.
Frida Kahlo forma parte de la exposición Trilogía. Foto: F. Ponzetto

Por eso, Aguerre recomienda volver a ver la exposición más de una vez. "Especialmente esta, porque son muchas obras. Yo hace 20 años que trabajo en el museo y hace 40 que vengo al museo y sigo viendo pinturas como si fuera la primera vez". Y, de eso está seguro Aguerre: quien visite esta muestra, seguro regresa.

Otro factor que condiciona la manera de ver es el nombre de la obra. "Va en los gustos de cada uno mirarlo antes o después de observar la pintura. Pero el título hace a la mirada. A veces la obra es muy irónica y el título es serio, entonces refuerza la ironía. Eso en esta muestra sucede, por ejemplo, con Entrega de juguetes, de David Alfaro Siqueiros, que es un cuadro muy irónico pero además el nombre refuerza la crítica social. Pero lleva tiempo asimilar todo esto, por eso digo que es bueno venir más de una vez".

Pero también, una de las mejores fórmulas para aprender a ver arte es, justamente, "viendo arte, leyendo arte y hablando con los artistas", como cuenta Aguerre. Por eso, el director recomienda que después sí se profundice sobre los aspectos que interesaron. "Hay que venir, ver, disfrutar y a partir de ahí ver cuáles son los intereses. Capaz terminás comprándote un libro".

La muestra también tiene esculturas
La muestra también tiene esculturas. Foto: F. Ponzetto.

Otra de las sugerencias de Aguerre, además de volver más de una vez, es recorrer Trilogía por bloques y de tanto en tanto, tomarse un descanso. "Nosotros tenemos un parque fantástico y yo creo que es lindo para tomar un respiro y después volver". Es que, hay algunas personas que cuando visitan el museo miran las seis muestras que hay en todas las salas. "Y eso es muchísimo".

Por otra parte, si bien es cierto que la exposición tiene a grandes nombres, también hay algunos artistas por descubrir y otros tantos que nunca habían estado en Uruguay, como la obra de Alejandro Obregón o la de María Izquierdo.

Aunque en el fondo hay alguna impronta que todos los artistas comparten, cada uno tiene sus temáticas, sus obsesiones y sus técnicas. Por eso, para observar los diferentes cuadros no hay un único criterio. Y, especialmente en una exposición en la que participan 48 nombres distintos. Por eso, dice Aguerre, hay algunas pinturas a las que es necesario aproximarse, hasta estar casi en la intimidad y poder apreciar todos los detalles. Eso sucede con, por ejemplo, las domas pintadas por Juan Manuel Blanes o las escenas que representa Ernesto Icaza, en las que el realismo es esencial. Sin embargo, para observar las pinturas de Andrés de Santa María, es necesario alejarse para poder apreciar las figuras y acercarse si se quiere prestar atención a la técnica.

"No hay misterios profundos e indescifrables en el arte", dice Aguerre, luego de recorrer la exposición. Solo se trata de acercarse sin miedo ni prejuicios y empezar a aprender. "No se trata de explicar el arte, sino de dar herramientas para abordar el arte".

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