NOMBRES

El engima revelado de Elena Ferrante

La identidad de la autora fue un misterio muy bien guardado por mucho tiempo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La traductora italiana Anita Raja era el verdadero nombre de Ferrante.

La deslumbrante sencillez de la saga Dos amigas, su narración ágil y sugerente convirtieron a este cuarteto de novelas de la napolitana Elena Ferrante en un sólido éxito literario. Pero por mucho tiempo la identidad de esta autora que se ocultaba tras ese seudónimo fue objeto de las más diversas especulaciones. Muchos, incluso, llegaron a manejar que era un hombre, un escritor exitoso incluso, quien se ocultaba en ese nombre femenino.

La porfía de un periodista italiano llevó por fin a conocer la verdadera identidad de la autora que en Italia revolucionó las letras y fue convertida en una suerte de clásico del siglo XXI. Pero aún quebrado este misterio pervive la obra de la escritora y en las librerías los lectores continúan pidiendo los libros de Elena Ferrante, ignorando el nombre verdadero.

Anita Raja, una traductora napolitana de 60 años y esposa del también escritor Domenico Starmone, es Elena Ferrante. Hace poco más de dos meses la escritora se vio obligada a salir a luz y darse a conocer en una conferencia de prensa, luego que el periodista Claudio Gatti revelara los resultados de su investigación y diera su nombre en la edición del periódico Il Sole 24 Ore.

El interés por su obra no ha disminuido desde entonces, aunque la autora había defendido desde su anonimato la idea de que aspiraba a que los lectores repararan más en su obra que en su propia persona. Un gesto que parecía conllevar una velada crítica al papel de rockstar que han asumido algunas grandes figuras de las letras contemporáneas, merced a provocativas declaraciones y regulares apariciones en los medios.

"No me arrepiento de mi anonimato. Descubrir la personalidad de quien escribe a través de las historias que propone, de sus personajes, de los objetos y paisajes que describe, del tono de su escritura, no es ni más ni menos que un buen modo de leer", sostenía la autora en una entrevista concedida por correo electrónico a Il Corriere della Sera, cuando aún su identidad era una incógnita.

Esta postura tenía (y más allá de la divulgación de su identidad, aún tiene) una categoría ética directamente vinculada a su obra, a la filosofía que la mueve. La historia de las dos amigas que va desgranando a lo largo de la saga apuesta al recuento de un juego de emociones y cómo estas se transmiten al lector de un modo tan vívido que parecen provenir de seres de carne y hueso, no de personajes de ficción. En ese sentido, las amigas encarnan el ideal de toda buena literatura.

Esta apuesta era la que Anita Raja había puesto en marcha como un proyecto literario cuando se lanzó a escribir este grupo de relatos que la convirtieron en una enigmática celebridad, primero en su país natal y luego en el mundo.

Investigación polémica.

"Creo que los lectores adquieren un derecho a saber algo sobre la persona que ha creado estos libros", sostuvo Claudio Gatti, el periodista que durante mucho tiempo investigó la identidad de Elena Ferrante y finalmente la reveló.

El periodista italiano se basó en los movimientos financieros de las cuentas a nombre de Anita Raja, la traductora del alemán al italiano sobre la que él, y a decir verdad varios más, sospechaban que era la autora.

Pero tanto las revelaciones como la forma en que Gatti investigó levantaron la polvareda de la polémica que perdura hasta la fecha. "Disgusta ver a una gran autora italiana, amada y celebrada en nuestro país y en el mundo, tratada de la misma forma que una criminal. ¿De qué crimen es culpable para justificar una invasión tal de su vida? ¿A qué interés público superior respondería?", expresaron los directores de Edizioni e/o, la editorial italiana que ha publicado todos los títulos de Ferrante.

Anita Raja, una mujer nacida en 1953 y residente en Roma es hija de una judía polaca sobreviviente del Holocausto, que tras la guerra se fue a vivir a Nápoles donde la escritora ambientaría sus novelas.

Está casada con Domenico Starnone, también escritor, y trabaja desde hace años como traductora para la editorial que ahora publica sus libros.

El éxito de sus novelas fue, finalmente, la pista principal para develar la identidad al investigador. Gatti comprobó que en 2014 los ingresos de la modesta traductora se habían incrementado 65% y en 2015 llegó a ganar más de siete millones y medio de euros.

"¿Pero a quién le puede importar quién es realmente Elena Ferrante? A mí, como lector, de un autor no me interesa la identidad sino la obra, leerla", opinó el célebre escritor italiano Erri de Luca. "Este tipo de investigaciones patrimoniales estaría bien que se utilizaran para perseguir a los evasores, no a los autores", añadió.

Muchas voces como la de De Luca se sumaron a la lluvia de críticas. El escritor napolitano de novelas policiales Maurizio di Giovanni, fue bastante duro. "Uno puede tener muchos motivos para no escribir novelas firmadas con el propio nombre. Es un derecho sacrosanto ir por cuenta propia, sin tener que rendir cuentas de la belleza o la suciedad de las propias historias y personajes. Toda esta ansia periodística por remover en los ingresos, finanzas, balances y catastros me parece digna de objetivos mucho mejores e interesantes, como los grandes evasores o los criminales habituales. Dejen en paz a Elena Ferrante. Lean los libros, disfrútenla, y basta", dijo en declaraciones recogidas por El Periódico de España.

Dos amigas.

La trayectoria de dos amigas de toda la vida se desarrolla en la tetralogía de novelas que lleva ese subtítulo.

El disparador de la historia se cuenta en el primer volumen, La amiga estupenda, cuando Lenú se entera de que su amiga Lila ha desaparecido. Lenú recuerda que la idea de desaparecer sin dejar rastros ha sido recurrente en los más de 60 años que se conocen. Y como forma de no permitir que el mundo no guarde un solo rastro de su amiga comienza a escribir sus recuerdos desde la infancia. En concreto desde el día en que se conocieron.

Y así comienza la saga que completarán Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida. La ciudad de Nápoles, a mediados de la década de 1950, es el escenario de la historia. Los personajes provienen de las clases populares: zapateros, carpinteros, tenderos, el verdulero. Asediados por la pobreza, son sobrevivientes de una Italia que ha salido de la guerra y se recupera.

"No siento nostalgia de nuestra niñez, está llena de violencia. Nos pasaba de todo, en casa y fuera, a diario, pero no recuerdo haber pensado nunca que la vida que nos había tocado en suerte fuese especialmente fea", escribe Lenú cuando comienza a desgranar sus recuerdos.

Un estilo directo que privilegia la historia por encima de todo. Ello es, tal vez, uno de los secretos de esta narradora que ha conquistado a millones de lectores en todo el mundo y que muchos ya señalan como un clásico de las letras universales en el siglo XXI. Un valor que, develado el misterio del nombre verdadero, permanece intacto.

LOS ESCRITORES Y SUS MÁSCARAS.

Esconderse, un ritual a lo largo de la historia.

El caso de Elena Ferrante dista de ser único. Muchos autores han recurrido al más absoluto misterio en torno a su identidad o su vida privada mediante múltiples subterfugios. Algunos de esos enigmas perduran hasta hoy.

Bruno Traven, el autor de la mítica novela El Tesoro de la Sierra Madre (llevada al cine por John Houston). De hecho, el misterio fue revelado no hace mucho cuando se supo que aquél era el seudónimo del alemán Otto Feige, un aventurero de principios de siglo XX que fue a dar con sus huesos a México y escribió en alemán con varios seudónimos, el más conocido fue B. Traven. De su longeva vida es poco lo que se conoce y todavía existen varias versiones. Sin embargo, hay una teoría que apunta a otro nombre que nunca fue confirmada.

El escritor estadounidense Thomas Pynchon es el otro enigma viviente, al punto que ni siquiera es seguro que ese sea su verdadero nombre. La única fotografía que se conoce del autor pertenece a su juventud, y el borrado de huellas de su pasado ha sido tan sistemático que incluso alcanza a los archivos de la empresa Boeing donde trabajó en sus primeros años. El autor cuya obra más celebrada es El Arco Iris de Gravedad fue objeto de una broma consentida en el show de Los Simpsons donde en un capítulo apareció representado con la cabeza cubierta por una bolsa de papel con agujeros para los ojos. La voz pertenecía efectivamente al escritor.

Jerome David Salinger, conocido por las iniciales de su nombre de pila, pasó su vida huyendo de las cámaras. Autor de una obra breve, la más importante es la novela El guardián entre el centeno, Salinger murió a los 91 años sin volver a publicar. En todo ese tiempo nunca concedió una entrevista y se limitó a mantener algunos intercambios epistolares.

Samuel Langhorme Clemens firmó toda su obra como Mark Twain. Además de ser uno de los mejores cuentistas, Clemens tuvo una prolífica obra como periodista. El autor de Las aventuras de Tom Sawyer había tomado su nombre de la jerga de los navegantes del río Misisipi; quería decir "dos brazas de profundidad".

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