Burel es publicista y periodista. Courtoisie dicta cursos a universitarios. Rosencof planea jubilarse. Y Berocay fue profesor de inglés y vendedor puerta a puerta.
CARLOS TAPIA
Todas las mañanas Jorge Luis Borges iba, a pie y con su vista cada vez más desgastada, desde su casa en la bonaerense calle Maipú, hasta la Biblioteca Nacional, donde ocupaba el cargo de Director. Al mediodía volvía a su hogar para almorzar y dormir una siesta corta. En la tarde dictaba clases en la universidad, daba conferencias o regresaba a su escritorio de empleado público. Repitió la misma rutina por 18 años. En 1973, cuando Juan Domingo Perón retornó al sillón presidencial de la Casa Rosada, el escritor consideró que no podía ser funcionario de un gobierno del que era opositor, renunció y se jubiló. No tuvo problemas económicos, pues en esos, sus últimos años, al fin pudo subsistir solo gracias a los derechos de autor que cobraba por sus libros.
Franz Kafka era abogado, Julio Cortázar fue profesor y traductor, y Ernest Hemingway hizo carrera como periodista. Poco importa el lugar y el momento histórico: vivir de la literatura, sin distinguir genialidades, siempre fue una utopía. Y es claro que los dueños de las plumas uruguayas no pueden escaparle a esta premisa. "Llenar la alacena solo escribiendo libros es un chiste", afirma Mauricio Rosencof. "Es muy difícil, casi imposible", sostiene, por su parte, Rafael Courtoisie.
Salvo raras excepciones, los escritores reciben el 10% del precio de tapa por cada ejemplar vendido. Entre un 40% y 45% queda en manos de las librerías, 10% en la empresa distribuidora y 35% es para las editoriales. De esta última cifra debe salir el dinero para el diseño de la tapa, la corrección del texto, la diagramación, el marketing y la publicidad. Según fuentes de algunas de estas empresas, el costo fijo de cada libro varía entre $ 60 y $ 70 para una tirada de 1.000 ejemplares -a mayor cantidad, menor es el precio unitario-. Si es una publicación para niños, se le agregan unos $ 10.000 por las ilustraciones.
Este es el porcentaje que se maneja a nivel mundial. "La diferencia está en que una cosa es el 10% de Dan Brown y otra el de cualquier escritor uruguayo", advierte el novelista Alberto Gallo. La razón que puede llevar a un creador a pasar de publicar en una editorial a otra, depende del adelanto que la empresa esté dispuesta a darle y, en raros casos, de que el escritor logre negociar una cuota mayor -como mucho el 15% del precio de tapa-.
"Dada la magnitud de los tirajes, más allá de éxitos relativos, uno no puede vivir de lo que escribe. Sucede que a veces los autores hacen otras actividades que de alguna manera complementan su trabajo de creación y les permiten tener un ingreso satisfactorio", señala Hugo Burel. Para su última novela, Diario de la arena (Alfaguara), se imprimieron unos 2.000 ejemplares, una cantidad considerable para lo que es el mercado. Pues, según estima el propio escritor, "hay solo entre 3.000 y 5.000 personas que hacen funcionar la industria cultural en Uruguay. Y son los mismos que van al cine, al teatro y compran libros".
Burel fue fundador de El Dedo y Guambia, director de El Observador Ilustrado, colaborador de los Cuadernos de Marcha, El País Cultural y El Estante. Hoy tiene una columna en la revista Galería, es publicista y profesor universitario. Y en el medio de todo esto ya escribió una veintena de libros. "Estas actividades en otro contexto significan mucho, en nuestro país apenas sirven para tener un ingreso relativamente decente", afirma.
Courtoisie es otro gran conocedor del pluriempleo. En medio de su carrera de poeta, escribe para medios de América Latina y Europa, realiza asesorías en comunicación en el exterior, dicta cursos en prestigiosos centros de estudios (entre ellos la Universidad de Florida y la de Birmingham) y hace tutorías de guiones cinematográficos. También fue profesor de matemáticas. "Son todas actividades en torno a la palabra, pero en disciplinas diversas", explica.
El Director de Cultura de la IMM, Rosencof, espera que asuma la nueva administración para convertirse en un jubilado. "Tengo una propuesta para hacer algo de periodismo, para así complementar mi pensión del liberado. Soy uno de los que mejor difusión tengo como escritor, pero ni soñar vivir de eso. Lo de Eduardo Galeano es una excepción, como era el caso de Mario (Benedetti)", señala.
Gallo, en tanto, se define como "difusor del libro". Tiene una columna diaria en el programa Efecto Mariposa de Radio Uruguay, da talleres literarios, y antes hizo marketing editorial para Planeta y Alfaguara. "Vivo de los textos, trabajo en todo lo que tiene que ver con ellos, y con eso me alcanza para ser un agradecido".
Pero con tanto trabajo, ¿qué momento del día queda para responder al llamado de las musas? Courtoisie es un especialista en el arte de capitalizar el tiempo: "Se puede leer y escribir en los aeropuertos y a bordo de los aviones", sostiene. Burel, en tanto, es de lo que les roba horas al sueño. Prefiere utilizar los tempranos momentos de la mañana, antes que el engranaje de la rutina comience a funcionar, para darle vida a sus historias. "Tampoco hay que pensar en el arquetipo de autor que está enfrascado todo el día en la escritura y necesita de la inspiración. Esto es más una disciplina, una paciencia", asegura.
"Con la actividad política es tremendo -relata Rosencof-. Casi no tenés tiempo. Trato de pensar las ideas caminando o andando en bicicleta, y luego las llevo al papel. A eso de las siete, ensillo el mate y me pongo a pelear con la Olivetti".
Excepciones. Vendedor puerta por puerta, profesor de inglés y empleado en una imprenta. Estas fueron algunas de las tareas que desempeñó Roy Berocay antes de publicar su primer libro. Luego, debió dedicarse al periodismo durante mucho tiempo y dictar talleres para futuros escritores. Recién en 2010, después de 20 años como literato y músico, pudo "escapar de las ocho horas". Ruperto Rock and Roll (Alfaguara), su disco-libro, fue el texto de autor nacional preferido por los jóvenes en 2009, según la Cámara del Libro. Más de 6.000 ejemplares se vendieron hasta ahora.
"Sé que estos no son los números estándar. Las editoriales suelen largar unos 1.000 textos por publicación", reconoce Berocay. De todas formas, el creador del sapo más famoso del arroyo Solís Chico, debe editar entre dos o tres trabajos al año "para lograr un sueldo digno". El haber sido periodista le sirve mucho a la hora de cumplir con los cortos plazos. "Uno se acostumbra a laburar contra reloj", afirma.
Otro caso atípico es el de Mercedes Vigil. Su última novela histórica, Clara la loca (Planeta), que cuenta la vida de Clara García de Zúñiga, se editó en abril y ya vendió más de 3.500 ejemplares. "De todos modos, solo con lo de Uruguay no alcanza. Mis libros llegan a España, Colombia, México, Argentina y Chile", cuenta la escritora.
Cruzar la línea fronteriza parece ser la regla de oro de los artistas que aspiran a conseguir mejores ingresos. "Igual es difícil, hay mucha competencia. En España, por ejemplo, se editan unas 900 publicaciones por día", agrega Vigil.
Uno de los más llamativos casos es el de Rosencof. Hace pocas semanas el autor presentó Medio mundo (Alfaguara) en Argentina. Este mes se edita en Grecia Memorias del calabozo, que escribió junto a Eleuterio Fernández Huidobro. Las cartas que no llegaron se vende en Italia y Francia. Y en el país galo también preparan el lanzamiento de El Bataraz, que se intitulará: Lecoq. "Con las editoriales que estoy trabajando ahora no tengo problemas, pero cuando publicás en tantos sitios perdés un poco el control. Me pasó en España, hay unos tipos que siguen sacando libros pero no me pagan los derechos", se queja el escritor.
El otro canal para llegar con mayor eficacia al público es tener la suerte de que algún cineasta lea el libro y se le ocurra convertirlo en un guión cinematográfico. Le pasó al argentino Eduardo Sacheri, autor de La pregunta de sus ojos, que se transformó en la película ganadora del Oscar El secreto de tus ojos, dirigida por Juan José Campanella y protagonizada por Ricardo Darín.
La novela El corredor nocturno (Alfaguara), de Burel, se publicó hace cinco años en Uruguay, Argentina y España, y ya va por la cuarta edición. "No me puedo quejar -señala el autor-. Es un libro al que le fue bien". El texto gozó de una doble suerte, pues en 2009, cuando se estrenó su versión cinematográfica, las ventas volvieron a dispararse. "En España, incluso, le pusieron en la tapa el afiche de la película", cuenta el escritor.
¿Uruguayos lectores? En Uruguay hay unas 100 librerías, y la mitad de ellas están en Montevideo. "Son bastantes. Y esto sin contar los otros lugares en que se venden textos: ferias, supermercados o redes de pago", señala el presidente de la Cámara del Libro, Álvaro Risso.
"Pese a la competencia del zapping y de los programas de televisión, que hay algunos muy buenos, los uruguayos leen mucho", sostiene Rosencof. Su colega Courtoisie, en tanto, marca una diferencia: "La literatura de testimonio y de ensayo social son más demandadas. Se venden los libros que son parte de una secuencia cultural multimediática, cuyos autores y temas vienen de otro lado: el espectáculo, la política, la divulgación científica, la historia o la sociología. Pero los lectores de literatura pura y dura están agazapados, esperando".
Pese a todo, el libro sigue en pie, y los literatos no se dejan amedrentar por las condiciones del mercado. Señala Gallo: "Bill Gates escribió Una sociedad sin papel, donde pronostica que el libro va a desaparecer de la faz de la tierra. Pero, curiosamente, ese texto lo publicó en papel. Entonces uno dice, `flaco, porqué no se lo mandaste a todo el mundo por mail`. Pasó siempre lo mismo: cuando apareció la tele dijeron que se hundía la radio, con el video que se terminaba el cine, y resulta que nunca, jamás, sucede lo que dicen los apocalípticos".
De Ibarbourou vs. Brown
Al encuentro de las Tres Marías (Alfaguara), la novela histórica de Diego Fischer que relata la vida de Juana de Ibarbourou, fue el texto de ficción nacional más exitoso de 2009, según la Cámara del Libro. Se editó en agosto de 2008 y hasta mayo de 2010 se vendieron unos 16.000 ejemplares.
En tanto, El símbolo perdido (Planeta), la última novela del creador de best-sellers Dan Brown, lleva vendidos en Uruguay 18.000 ejemplares. La diferencia es poca si se considera, entre otras cosas, la operación de marketing mundial que se realizó con lo nuevo del autor de El código Da Vinci.
"Aunque no me puedo quejar, lamentablemente todavía no puedo vivir solo de escribir libros. Soy columnista de El País y trabajo como asesor de empresas en temas de comunicación", cuenta Fischer.
Sobre esta masividad que logran algunos autores internacionales, su colega Hugo Burel señala: "Los grandes sellos editoriales, paradójicamente, trabajan y producen para la gente que no lee. Uno va a un aeropuerto y siempre ve los mismos textos. Y bueno, es el mercado. No hay que desesperarse. Hay gente que escribe ya pensando en que le hagan una película".
Entre plumas y gritos de gol
Daniel Baldi es jugador de Bella Vista, pero el fútbol no es su única pasión. "No podría vivir sin el deporte, pero tampoco sin la literatura", sostiene. El delantero acaba de publicar su séptimo libro para niños, Mi Mundial (Alfaguara), donde combina ambas disciplinas.
"Es evidente que vivo del fútbol. En estos países ser artista es pura vocación. Y recién este es el libro en el que salieron más ejemplares: 2.500. Antes publicaba mucho menos: 750 o 1.500", señala.
Sobre las diferencias que suelen haber entre los sueldos de un escritor y un jugador de fútbol, Baldi reconoce que "no es justo". Pero aclara que es algo obvio, ya que "el deporte es algo más comercial".
"A un jugador que ande bien lo va a ver todo el mundo. Su imagen va a recorrer el planeta. Hay que aceptarlo, es así. A los escritores tampoco creo que les interese ser como el "Loco" Abreu, y estar en los envases de las afeitadoras. Sería raro que con tres tapitas de refresco te llevaras la foto de Hugo Burel. Y un álbum de figuritas con escritores puede llegar a ser aburridísimo", bromea. Baldi sueña con un día dedicarse solo a escribir, pero sostiene que "es todo un tema económico, tengo que vivir".
Alberto Gallo
Lanza en septiembre su nueva novela, "Nunca acaricies a un perro en llamas". Lo hará de la mano de la editorial Norma, de Colombia.
Hugo Burel
"Escribo por la necesidad de hacerlo. Sin tener en cuenta en ningún momento el ingreso", señala el escritor de Diario de la Arena.
Rafael Courtoisie
Es un poeta de gran trayectoria, su obra ya se tradujo al inglés, francés, italiano, portugués, rumano, uzbeco, bosnio y turco.