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Los efectos de la luz azul

Desde hace varios años vienen siendo difundidos los efectos que tienen las radiaciones ultravioletas a nivel de la piel.

Los protectores solares primero se elaboraron para filtrar gran parte de las radiaciones de tipo B, que tienen una longitud de onda que va entre los 280 y los 320 nanómetros, responsables de las quemaduras solares y del daño a nivel del ADN de las células cutáneas, y por ende favorecedores del cáncer de piel.

De ahí proviene precisamente el conocido valor del factor de protección: 30, 40, 50… Más recientemente, estos productos también incorporaron la protección contra las radiaciones UV tipo A, que van entre los 320 y los 400 nanómetros, responsables del envejecimiento prematuro y también favorecedores del cáncer cutáneo.

Pero en estos últimos tiempos, se ha visto que dentro del espectro electromagnético, las radiaciones que están después de las ultravioletas, dentro de la luz visible, entre los 400 y un poco menos de 500 nanómetros, tienen efectos nocivos a nivel de los ojos y también en la superficie cutánea. Esto es conocido como luz azul o luz visible de alta energía (HEV según sus siglas en inglés).

Se encuentra en las radiaciones solares, pero también es emitida por pantallas de televisión, computadoras, celulares y tabletas, así como también por luces fluorescentes o LED.

Si bien el monto de radiación depende de la distancia y el tiempo de exposición, algunas estadísticas informan que una persona mira su celular en promedio unas 150 veces por día, a lo que habría que agregar la exposición a otras pantallas que también emiten HEV.

Estas radiaciones tienen sus efectos beneficiosos para el organismo en relación a la regulación natural del ciclo vigilia-sueño, la elevación el estado de ánimo y están relacionadas con la sensación de bienestar vinculada con la liberación de endorfinas.

Pero, por otra parte, tiene sus efectos dañinos a nivel ocular y cutáneo. En los ojos, son radiaciones que colaboran con la aparición precoz de degeneración de la mácula, alteración que puede desembocar en graves dificultades de visión y ceguera.

En la piel se ha estudiado que aumentan el estrés oxidativo y la producción de radicales libres, lo que se traduce en mayor envejecimiento cutáneo y aumento de las manchas o incremento del melasma, sobre todo en la cara.

Es por eso que las nuevas pantallas solares están incorporando en su formulación, además de la protección contra las radiaciones UVA y UVB, componentes contra este tipo de radiación de luz azul. Lo mismo sucede con los cristales de los lentes oscuros comercializados por ópticas legalmente establecidas.

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