NOMBRES

Edward Snowden, el espía que se refugió en el frío

El ex analista de la CIA y consultor de la NSA publica en un libro su versión de la historia, mientras permanece exiliado en Rusia. Sin embargo el año que viene deberá definir su situación definitiva.

Snowden propició la mayor filtración en la historia de la comunidad de inteligencia.
Snowden propició la mayor filtración en la historia de la comunidad de inteligencia.

Héroe o traidor. Hay opiniones repartidas. Fue el responsable de la mayor filtración de información confidencial en la historia de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, y probablemente del mundo. Las revelaciones hechas por este ex agente de la CIA y analista de la también poderosa y ultrasecreta NSA dejaron en evidencia un hecho que muchos sospechaban y terminó por alimentar la paranoia más desenfrenada: millones y millones de personas, desde altos mandatarios a los más anónimos ciudadanos del mundo son espiados diariamente por las poderosas agencias norteamericanas. La idea que concibió el escritor George Orwell en su célebre distopía 1984, pero potenciada a niveles impensados. Como el mítico Prometeo el ex agente debió pagar el precio por haber entregado “el fuego” de la información al pueblo con un exilio indefinido, luego de convertirse en el prófugo más buscado por la Justicia estadounidense.

Edward Snowden (36) acaba de publicar un libro donde cuenta su historia y explica cómo decidió filtrar la documentación secreta y vedada para la gran mayoría de los mortales. Esta larga confesión se llama Vigilancia permanente y promete ser un best seller global. Su historia ya había sido llevada a la pantalla por el cineasta Oliver Stone en un film que lleva el nombre del ex espía, en una nueva pieza de cine testimonial y político en la extensa filmografía del director estadounidense. Lo cierto es que la azarosa vida de este joven experto en seguridad informática posee por sí misma los ribetes de una ficción. Particularmente del género en el que han brillado autores como el británico John Le Carré.

Raíces patrióticas

Edward Joseph Snowden nació en Elizabeth City (Carolina del Norte, Estados Unidos) en 1983. Según cuenta en su libro su familia desciende de los mismos “Padres Fundadores”, lo cual parece poner a salvo su patriotismo. Su padre fue oficial de la Guardia Costera y su madre empleada del Tribunal Federal del Distrito de Maryland, la familia se completa con una hermana mayor que es abogada.

Estudió informática en Maryland, donde se licenció en el Anne Arundel Community College. Poco después, en 2004, Edward se alistó en el Ejército con la ambición de prestar servicio en las fuerzas especiales. Pero durante un entrenamiento se rompió las piernas y debió ser licenciado. Luego de recibir el alta comenzó a trabajar como guardia de seguridad en unas instalaciones secretas en Maryland de la NSA (siglas en inglés de Agencia de Seguridad Nacional) y poco después ingresó formalmente a la CIA (siglas en inglés de Agencia Central de Inteligencia) como experto en informática. En 2007 la agencia lo destinó a Ginebra (Suiza) como agente de protección diplomática, y allí Snowden se convirtió en el agente responsable de seguridad de la red informática.

En 2009 abandonó la CIA, pero no el mundo de la inteligencia. Fue contratado por una consultora privada que, a su vez, prestaba servicios a la NSA en una base de Japón. Más adelante trabajará como consultor directamente para la NSA en un período que el propio Snowden describe como “una vida muy cómoda”: vivía con su novia en Hawai y tenía un salario de 200 mil dólares anuales.

Pero la chispa de la rebeldía le hizo abandonar súbitamente ese confort para propiciar la mayor filtración de la historia y revelar al mundo los planes más secretos de los servicios estadounidenses.

Un dilema moral

“Todos los días me atormentaba la misma batalla cuando intentaba conciliar sin éxito lo moral y lo legal, mis deberes y mis deseos”, escribe en su libro al rememorar las razones que lo llevaron a adoptar la decisión.

El punto de quiebre llegó el día que descubrió dos de los programas de espionaje más ultrasecretos de la agencia más secreta del sistema estadounidense. Se trataba del Prism y xkeyscore que permitían una interceptación masiva de las comunicaciones privadas. Snowden vio en ello una clara violación a la Cuarta Enmienda de la Constitución a la que había jurado lealtad cuando ingresó al servicio.

En su libro Snowden explica en forma detallada (y algo árida, según algunas reseñas) la forma en que funcionaban ambos programas. Los aspectos más embarazosos de estas revelaciones tuvieron que ver con el espionaje que se practicaba sobre los líderes de algunos de las potencias aliadas, tal vez uno de los casos más sonados fue el de la canciller alemana Angela Merkel. De todas maneras, el alcance más estremecedor de estos programas de hipervigilancia es que recaían sobre miles, tal vez millones de ciudadanos comunes y anónimos que por algún motivo acicateaban el interés omnívoro de la agencia.

La peripecia por la que tuvo que pasar para llevar a cabo la primera filtración de documentos secretos es, sin dudas, la parte más interesante y compleja de su historia. A mediados de 2013, cuando Snowden ya había tomado una decisión, pidió una licencia extraordinaria por razones médicas. Debía recibir tratamiento médico para su epilepsia, por entonces prestaba servicio en la base de Hawai. Poco después voló a Hong Kong donde, desde la habitación de un hotel, inició la operación enviando los primeros documentos al periódico británico The Guardian. Antes de partir Snowden y su novia habían “limpiado” totalmente el apartamento en el que residían.

El analista de inteligencia también había borrado casi todas sus huellas en el mundo virtual. Sin embargo, cuando los diarios The Guardian y The Washington Post publicaron sus denuncias Snowden pidió que revelaran su identidad. “No tengo intención de esconder quién soy porque sé que no he hecho nada malo”, argumentó el ex agente.

Pero a partir de ese momento empezó el verdadero calvario para Edward Snowden, quien comenzó a pedir asilo en varios países. Una de sus primeras ideas era la de pedir el refugio en Ecuador, petición que fue confirmada por el canciller ecuatoriano. En ese mismo período el presidente venezolano Nicolás Maduro le ofreció asilo en su país. La búsqueda fue intensa y variada, incluyó un encuentro con la presidenta argentina Cristina Fernández, durante el último año de su agitado mandato.

Mientras Snowden barajaba distintas posibilidades su situación financiera comenzaba a volverse crítica. Se estaba quedando sin dinero siquiera para pagar la cuenta del hotel. Finalmente el 25 de junio de 2013 el presidente ruso Vladimir Putin confirmó que Snowden se hallaba en la “zona de tránsito” del aeropuerto de Moscú. Desde entonces el ex analista permanece en la capital rusa, donde Putin le ha asegurado su condición de asilado.

Miles de seguidores en el mundo lo califican de héroe.
Miles de seguidores en el mundo lo califican de héroe.

La situación del ex analista de la CIA

En 2014 Edward Snowden recibió un permiso de residencia por varios años del gobierno ruso. El año que viene este permiso vence y, según dijo su abogado ruso, a partir de entonces “tendrá que decidir si continúa viviendo en Rusia y se convierte en un ciudadano ruso o vuelve a los Estados Unidos”. De todas maneras su regreso parece imposible ya que se expone a la posibilidad de una condena que podría llegar a la reclusión perpetua. Este experto en seguridad informática tiene, empero, intereses variados como su gusto por la cultura japonesa, lo cual le llevó a estudiar el idioma. También posee conocimientos básicos de chino mandarín, y le interesan las artes marciales. En algún momento manifestó que su religión era el budismo, en concordancia con su atracción por lo oriental. Durante su exilio ruso Snowden ha permanecido activo, de hecho su principal (y aparentemente única) fuente de ingresos son las conferencias. A fines de 2017 presentó una aplicación para teléfonos celulares con programación Android, Haven, destinado a proteger la privacidad de los usuarios. “Este desarrollo aprovecha todos los sensores de nuestros smartphones para vigilar nuestro entorno cuando lo necesitamos y nos alerta de forma segura”, explicó.

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