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Un eco de Egipto en el corazón de México

Además de ser Patrimonio de la Humanidad, la ciudad mexicana de Guanajuato es conocida por una singular atracción: más de 50 cuerpos preservados por causas naturales y exhibidos en vitrinas.

vista Guanajuato
Foto: Difusión

Probablemente, Remigio Leroy, un francés que llegó a México en 1841 tras una discusión con su padre, jamás imaginó que su nombre se haría famoso y menos por las causas que lo es. Cuando Leroy arribó a México y se instaló en ese país, se recibió de doctor en medicina, se casó con María Dolores Madariaga, ejerció su profesión y a los 50 años murió -alejado de todo glamour- de disentería, una grave infección que afecta al sistema digestivo.

Museo de Momias de Guanajato
Museo de Momias de Guanajato

¿Cómo fue su vida? No hay gran registro de su cotidianidad, pero es presumible que haya sido con más pena que gloria. A los cinco años de su deceso, sin familiares ni amigos que pagaran por la mantención de la morada final, su cadáver tuvo que abandonar la cripta Nº 214.

Durante el desalojo, los sepultureros se sorprendieron por el buen estado de conservación del difunto médico. Solo unos jirones en los pantalones a rayas finas que dejaban ver el forro mostraban su deterioro, mientras que la camisa blanca, su chaqueta azul y el abrigo sobre esta se mantenían -sucios pero íntegros- sobre un cuerpo deshidratado pero con todas sus partes completamente cubiertas de piel.

El cuerpo fue dejado en unas catacumbas bajo el Panteón de Santa Paula. Se corrió la voz y creció la curiosidad. De modo clandestino, los funcionarios comenzaron a cobrar por la entrada al recinto, mientras seguía aumentando la cantidad de cuerpos almacenados. Fue así que Remigio Leroy inauguró, varios ños después de haber muerto, lo que es hoy el Museo de Momias de Guanajuato, uno de los más populares de México.

Difuntos morosos

“En un principio, las momias descubiertas fueron almacenadas en las catacumbas del cementerio a las que se entraba por una escalera de caracol que aún existe”, explica Ricardo Rodríguez Ojeda, director del Museo de las Momias de Guanajuato.

Estas corresponden a personas comunes y corrientes que fueron enterradas allí y que cuyas familias no pagaron lo que correspondía a una tasa por entierro perpetuo. Tal como le sucedió a Don Remi. Esto dio origen a esta singular colección que en 1969 se abrió formalmente como museo. Hoy cuenta con un patrimonio total de 117 momias, de las cuales 59 están en exhibición y otras 39 pertenecen a la colección de Momias Viajeras del Museo Parador Sangre de Cristo Comunidad Guanajuatense.

El proceso de momificación fue natural. De acuerdo con Rodríguez Ojeda, las criptas están hechas de ladrillos y losa, y ubicadas a un nivel medio que las preserva de la humedad. También, “la sequedad del medio ambiente producto de los minerales que están presentes en ese entorno ayuda a la momificación natural que se encuentra en Guanajuato. Los nitratos y otros minerales crean un medio ambiente especial alrededor de la tumba y, por ende, en el desecamiento del cuerpo, minimizando la actividad bacteriana (descomposición) y produciéndose una momificación de forma natural”, explica el doctor Bernardo Arriaza, director del Laboratorio de Bioarqueología del Instituto de Alta Investigación de la Universidad de Tarapacá, experto en momias.

Momias en el séptimo arte

Guanajuato, una de las ciudades que son consideradas Patrimonio de la Humanidad, está ubicada en el centro de México. Es una localidad minera emplazada sobre cerros, con calles angostas, curvas y unidas por escaleras. En cierta manera, el diseño y las particularidades de Guajanato recuerdan a la ciudad chilena Valparaíso, con la salvedad de que la arquitectura es predominantemente colonial. Es en uno de los cerros de Guajanato —denominado El Trozado— que se encuentra el Panteón de Santa Paula y su museo.

Eso sí: para visitar al museo durante un fin de semana hay que armarse de paciencia. Cientos de turistas hacen fila para entrar a este recinto de pasillos estrechos y con poca luz. Las cifras lo corroboran. Con 798.000 visitantes el año pasado, el de las momias es el tercer museo más popular de México, superado solo por el Museo de Antropología y por el Papalote, museo de ciencia y tecnología para niños.

Si bien el museo siempre fue un imán para curiosos y morbosos, el verdadero salto a la fama de sus residentes fue en 1972 gracias a la película El Santo contra las Momias de Guanajuato. Ese largometraje fue dirigido por el prolífico Federico Curiel, nacido en 1973, fallecido en 1985 y con más de 70 películas como director en su curriculum, muchas de ellas de temática sobrenatural, terrorífica o fantástica.

En la película, el mítico personaje de lucha libre mexicana —El Santo— se enfrenta a Satán, quien no es el Diablo, sino el fantasma de otro luchador que fue vencido por un ancestro del protagonita y que llega del Más Allá a vengarse a través de las momias, esparciendo el terror en el lugar.

Las momias de Guajanato también aparecen en una secuencia al inicio de Nosferatu, del mucho más conocido director alemán Werner Herzog, una película de 1979 y con Klaus Kinski e Isabelle Adjani como protagonistas. Además, también fueron figuras centrales de una película animada de 2014 llamada La leyenda de las Momias de Guanajuato, dirigida por Alberto Rodríguez y producida con una audiencia principalmente infantil en mente.

Enterrada viva

 La mayoría de las momias del museo están identificadas. Se saben cómo se llamaron en vida, quiénes fueron sus familiares e incluso a qué se dedicaban. Si bien hay pasillos en que no es posible distinguir a simple vista una de otra, hay otros en que sus protagonistas concentran las miradas y los visitantes hacen turnos para tomarse fotos con ellas.

Una de las favoritas de los turistas es conocida como “La mujer que fue enterrada viva”. Su nombre era Ignacia Aguilar de Chirilo, y su certificado de defunción dice que la causa del deceso fue una infección intestinal, pero la leyenda cuenta que tenía catalepsia y, en medio de uno de esos ataques, fue sepultada y murió de asfixia.

También está “La China”, una mujer que se pensaba de origen asiático, pero que luego se descubrió que era mexicana de nombre Antonia Campoverde de Castañón. La China murió a los 36 años de tifus. Además, también está la “momia más pequeña del mundo”, otra favorita del público que acude al museo. Se trata del cadáver de una bebé de ocho meses de gestación que fue encontrado junto al de su madre, a la que se le puede ver la cicatriz de la cesárea.

Muerta de un infarto

Además de ser un lugar de por sí curioso, existen historias que lo hacen aún más singular y le agregan un color macabro (y taquillero) al museo y sus momias. Antiguamente, las momias estaban expuestas en las salas sin vitrinas y con escasa iluminación. Una de las historias que sobreviven a través de los relatos orales y populares es la de una mujer que entró al museo y enredó su rebozo (un manto de colores que usan algunas mujeres de los pueblos para cubrirse la cabeza, los hombros, el pecho y la espalda) en una de las momias. Al pensar que esta la perseguía, la mujer murió de un infarto en la sala. “Es una historia que se cuenta, pero no existe el dato real”, contó el director del museo en uno de los recorridos.

Más allá de eso, el jerarca del museo también explicó que la institución que dirige siempre tiene algo preparado para celebrar la muy mexicana tradición del Día de los Muertos. De acuerdo a Rodríguez Ojeda, se coloca un altar de ofrenda por el Día de Muertos. “El Panteón de Santa Paula es concurrido las 24 horas por visitantes; es muy bello de noche ver todas las flores y ofrendas”, dice, porque como indica la página del museo, “aquí, honrar a la muerte es darle sentido a la propia vida”. 

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