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Duff Goldman, el ídolo de lo más dulce

El chef pastelero Duff Goldman va por su segunda temporada en el programa donde compite contra un colega: Buddy vs. Duff.

Duff Goldman
Duff Goldman

Duff Goldman es uno de esos casos en los que la televisión lo convirtió en una celebridad por más que su oficio, el de pastelero, no solía asociarse al glamour o la fama. Nacido en la ciudad de Detroit hace 46 años, este calvo especialista en pasteles y otras delicias dulces es una de las estrellas de la señal Discovery actualmente.

Parte de su fama se debe a su talento. Otra parte viene de las interacciones con su actual coequiper televisivo, Buddy Valastro, contra quien ha “competido” por el título de Mejor Pastelero. Y otra parte, porque los programas en los que hay comida son muy populares, como bien sabemos acá cuando importaron el formato de Masterchef.

Dependiendo qué fuente se consulte, el primer programa de televisión sobre comida y con un cocinero conduciendo lo produjo y emitió BBC en el Reino Unido en 1937 (Cook’s Night Out) o 1946 (Cookery). En Estados Unidos, algunos estudiosos rastrearon la popularidad de los programas de cocina al año 1924, cuando la radio empezó a transmitir The Betty Crocker Show.

Sea como fuere, la popularidad de este tipo de programas viene desde comienzos del siglo pasado y no ha demostrado señales de agotamiento. Todo lo contrario.

Las razones para la repercusión de esos programas y sus protagonistas son varias. De acuerdo a un estudio liderado por la psicóloga Traci Mann de la Universidad de Minnesota, los programas sobre comida ofrecen, entre otras cosas, el placer de ver algo realizado. “Cuando uno mira esos programas, ve algo de principio a fin: cómo se va armando, desarrollando y concluyendo un proyecto. Eso puede ser muy gratificante”. Mann también señala que ese tipo de contenidos es inofensivo: “No intimidan ni estresan a nadie. En ese sentido, son muy cómodos para mirar”.

Otra que ha estudiado este tipo de programación es la neuróloga Rachel Herz, autora del libro Eres lo que comes, y que resalta el componente didáctico. “Aun cuando uno no vaya a hacer en su casa la receta que vio en el programa, puede incorporar un método de cocina o un ingrediente del cual no sabía nada antes”.

Goldman arrancó trabajando mientras iba a la universidad, para una jefa de la que aprendió los rudimentos. Cuando era adolescente quería ser artista callejero. Y músico de rock. Pero esas aspiraciones quedaron por el camino. Siguió estudiando para graduarse en la Universidad de Maryland, pero quería seguir otra carrera: la culinaria. Así que se fue a estudiar panadería y pastelería a California.

Con sus títulos y conocimientos, abrió su primera tienda Charm City Cakes en 2002 (que luego tuvo sucursales en otras ciudades). Hacía tortas a pedido y siempre trataba, no solo de complacer, sino también dejar su huella en la creación, aunque a veces recibía encargos que lo dejaban perplejo. “Se iba a realizar una convención de enfermeras en la ciudad y me pidieron una torta en forma de torso desnudo y con úlceras. Me trajeron una muñeca que ellas usaban como modelo así y me dijeron que querían que se viera tal cual. Un asco”.

Cuatro años después de fundar su emprendimiento, empezó en la televisión en el programa Ace Of Cakes (As de las tortas). Desde entonces, no ha parado. Tiene muchos créditos televisivos y, también, varias cocardas envidiables para cualquiera que haga lo mismo que él. Por ejemplo, fue el chef pastelero de la cena de la segunda inauguración de Barack Obama como presidente de Estados Unidos. Cuando Donald Trump sucedió a Obama, Goldman no fue contratado. Pero la torta que se exhibió en la gala de Trump fue denunciada por el propio Goldman como demasiado parecida a la que él había hecho en 2013.

Las conexiones entre música y cocina

No pudo dedicarse a la música profesionalmente, aunque casi llega a un contrato discográfico. “Por suerte, no nos ficharon. Si no, no estaría haciendo lo que hago ahora”. Pero su fama lo ha llevado a compartir festivales con algunos de sus ídolos. Goldman es bajista en la banda Foigrock, y ha dicho que su sueño es ser el bajista de la banda Clutch, un grupo que no es muy conocido por estos lares pero que ya lleva 11 discos publicados en su país. “Con Foigrock tocamos en eventos de caridad y beneficencia, para recaudar fondos”, ha declarado sobre su hobby y también que hay conexiones entre ser músico y chef: “En muchas cocinas uno se topa con músicos. Hay como la misma suerte de onda, o como se la quiera llamar, en una cocina y en una banda musical. Porque para estar en un grupo, hay que convivir con otras personas que también son creativas, como en una cocina. Puede ser complicado, dado que la gente creativa es bastante cabeza dura, porque tienen una visión, una idea que quieren lograr”. Respecto de su elección de instrumento, el bajo, también ha encontrado conexiones con su oficio de chef. “El bajo es como la sal en cualquier plato. Es el instrumento que junta a todos los demás sonidos, y es el puente entre la armonía y el ritmo. La batería es la proteína, es sobre lo que todo lo demás se arma. Y la guitarra es la salsa. El bajo y la batería es lo que le da sustancia al plato, y la guitarra lo que le da el sabor”.

Una de las claves del éxito de Goldman es su vistosa (algunos dirían aparatosa) creatividad a la hora de diseñar sus postres. Puede hacer desde un caballo en tamaño natural o un dinosaurio que mueve sus extremidades. Todo para el show televisivo y para satisfacer sus impulsos. Esa veta de su ingenio la explicó así en una charla TED: “La gente que aprende a decorar tortas de un chef pastelero, decora las tortas como un pastelero. Eso puede ser un poco rígido, acartonado. ¿Qué hace uno con una torta? La mira y la come. Punto (…) ¿Y por qué miramos una torta? Porque transmite un mensaje. Como, por ejemplo, ‘Feliz cumpleaños’ o ‘Felicitaciones’. ¿Pero qué pasa si uno, por poner un caso, es un piloto de carreras que gana un torneo importante y quiere celebrarlo a lo grande? Una torta que diga ‘Felicitaciones’ es un poco decepcionante. ¿Pero qué tal si hago una torta en forma de auto, en tamaño natural? Ahí cambié la práctica, hice una innovación”.

Ese tipo de excentricidades es bastante común en Goldman. En una entrevista dijo que no le gustaba usar cubiertos. “Cuando puedo, como con las manos. Soy medio troglodita”.

A pesar de que tiene muchos programas como conductor (y jurado), su más reciente propuesta televisiva es hasta ahora una de sus más exitosas.

Hizo par con Buddy Valastro en Buddy vs. Duff y con esa premisa compite contra su colega en una propuesta que va por su segunda temporada.

Buddy es el más “clásico” de los dos y ha dicho de su adversario que es un competidor feroz y que trabaja muy rápido. Goldman no se reconoció a sí mismo en esa evaluación: “No soy tan competitivo. Lo que me gusta es traer al mundo algo que no existía antes y ser creativo”.

Pero no hay que tomarse demasiado en serio la rivalidad entre ambos. Se trata de televisión, no de la vida real. La primera temporada de ese programa dejó a algunos desilusionados, que pensaron que la victoria de Goldman era un arreglo. Más allá de cómo le vaya a la segunda temporada, ni uno ni el otro quedarán sin trabajo. Ambos tienen una larga trayectoria como pasteleros famosos.

Aunque a Goldman le gusta comer, en los últimos años ha ido y venido con sus aspiraciones para bajar de peso. “Eso es una de esas cosas que uno intenta y fracasa, intenta y fracasa. Al final, estaba harto y me decidí a no dejar de intentarlo. Cada vez que subía de peso, era porque había dejado de intentarlo. Es muy difícil y requiere más que fuerza de voluntad. Ahora me cuido mucho cuando no estoy frente a una cámara. Como muchas verduras y voy a menudo al gimnasio. Si tengo que viajar por un par de días me llevo mi comida hecha: pollo, pescado, brócoli hervido, ensaladas… Si suena aburrido comer eso es porque lo es. Pero no hay que engañar al cuerpo con dietas raras. Hay que comer sano y hacer ejercicios”.

Su éxito lo ha convertido en un ídolo para muchos, pero él dice que no hay que tratar de ser un ejemplo: “Mejor no tratar de ser cool. Lo mejor que uno puede hacer es estar contento con lo que uno hace, disfrutarlo”.

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