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Dubái, ciudad de contrastes

Desafiando al desierto, esta ciudad apuesta a la modernidad a lo grande y a aumentar los turistas.

Dubái desafió al desierto y apuesta a la modernidad a lo grande. Foto: DTCM
Dubái desafió al desierto y apuesta a la modernidad a lo grande. Foto: DTCM
Una de las características de Dubái son sus altas edificaciones. Foto: Lucía Baldomir
Una de las características de Dubái son sus altas edificaciones. Foto: Lucía Baldomir
El barrio histórico Al Fahidi conserva las casas originarias de Dubái. Foto: DTCM
El barrio histórico Al Fahidi conserva las casas originarias de Dubái. Foto: DTCM
El Centro de Entendimiento muestra la cultura local. Foto: Lucía Baldomir
El Centro de Entendimiento muestra la cultura local. Foto: Lucía Baldomir
El Dubái Aquarium permite rodearse de tiburones y montarrayas. Foto: Lucía Baldomir
El Dubái Aquarium permite rodearse de tiburones y montarrayas. Foto: Lucía Baldomir
En la ciudad conviven el short y las musculosas con las túnicas. Foto: Lucía Baldomir
En la ciudad conviven el short y las musculosas con las túnicas. Foto: Lucía Baldomir
La ciudad le ha ganado al desierto, que aún conserva su atractivo. Foto: Lucía Baldomir
La ciudad le ha ganado al desierto, que aún conserva su atractivo. Foto: Lucía Baldomir

No hay un grano de arena ni un ínfimo papel ni contenedores. Tampoco se ven policías, pero se siente una de las ciudades más seguras del mundo, como definen los rankings. Casi no hay gente en la calle pese a que viven 2,5 millones de personas de 200 nacionalidades y se reciben 15 millones de turistas por año. Es pleno desierto, pero la ciudad es tan cosmopolita y moderna como Nueva York.

Todos hablan en inglés pese a que es el corazón del mundo árabe y, aunque hoy se ven señales de xenofobia, allí conviven el short y la musculosa con la abaia y el niqai de las musulmanas y la thawb o túnica blanca inmaculada de los hombres árabes. Es Dubái, la ciudad de contrastes que atravesó una importante crisis que la hizo dejar de vivir de la recolección de perlas naturales, la pesca y los dátiles, para ser hoy un centro de negocios y destino de turismo de lujo con lo que ellos mismos definen: lo mejor de occidente y oriente.

En Dubái no hay cosas a medias: está el edificio más alto del mundo —el Burj Khalifa (de 828 metros y para 2020 se proyecta uno un poco más alto)—, la construcción de residencias más alta hasta el año pasado —el Princess con 413 metros—, el único hotel 7 estrellas donde la habitación más cara sale unos US$ 20.000 —el Burj Al Arab—, el puerto artificial más amplio —el Jebel Ali—, el shopping con mayor superficie —el Dubái Mall—, las islas artificiales más extensas — Palm Islands y The World Islands—, el mayor parque temático cerrado —IMG Worlds of Adventure—, la estación artificial de esquí más grande del mundo Ski Dubái—, y la lista continúa bajo la marca "más del mundo".

En todo eso hay muestras de que lo que no falta en Dubái es dinero. Y lo primero que viene a la mente es el petróleo. Dubái descubrió petróleo y gas al borde de la década del 70 y eso implicó una inyección de fondos para el lugar, pero la realidad es que la economía del emirato, que junto a otros siete forman desde 1970 los Emiratos Árabes sobre el Golfo Pérsico, se basa en el comercio, la construcción y el turismo, y los ingresos del oro negro sólo representan el 4% de la economía.

Todos apuntan a que Sheik Rashid bin Saeed Al Maktoum es el responsable. Potenció el comercio exonerando impuestos y cuando se descubrió el petróleo, sabiendo que éste podía acabarse, marcó la impronta de Dubái de atraer inversión extranjera. Creó el puerto, zonas francas, un World Trade Center y la compañía de aluminio que alimenta gran parte de la economía (es una de las cinco más grandes del mundo en el sector).

"Mi abuelo montaba un pony, mi padre montaba un pony, yo manejo un Mercedes, mis hijos manejan un Land Rover, sus hijos manejarán Land Rover, pero los hijos de sus hijos montarán un camello". La famosa frase del Sheik alertando sobre los problemas de no invertir bien el dinero hizo mella en la sociedad. Hoy nadie monta camellos salvo como paseo turístico en los safaris que se organizan en el desierto, que incluyen cena en campamentos que recuerdan a los beduinos, baile de odalisca y atardecer entre dunas por mínimos de 1.900 pesos uruguayos.

En los 90, tras la muerte de Sheikh Rashid bin Saeed Al Maktoum asumió su tercer hijo, Sheikh Maktoum bin Rashid Al Maktoum, cuya foto se encuentra estampada por toda la ciudad. El emir es muy querido. Es quien ha dado el siguiente impulso a la ciudad para convertirla en lo que es hoy y parte de su pensamiento, con frases que rozan la autoayuda y la motivación, decoran paredes de varios recintos. "Imposible es una palabra que usan las personas que tienen miedo a soñar en grande" o "no te preocupes por los pequeños comienzos sino sueña con los grandes resultados", son algunas de las inspiraciones que Mohamed bin Rashid quiere inculcar en los lugareños.

Él mismo —al frente de una monarquía constitucional con el Islam como religión de Estado— es quien a veces realiza los controles de que todo funcione. Semanas atrás se viralizó su imagen recorriendo oficinas públicas sobre las ocho de la mañana. La visita tuvo como consecuencia el despido de funcionarios que no estaban en sus puestos de trabajo.

"Mientras te atengas a las reglas, Dubái es el mejor lugar para emprender, para estar, se experimenta lo mejor de todo", dice Giulia, una italiana que emigró para trabajar en un hotel cinco estrellas. El emirato es conocido porque los trabajadores no pagan impuestos sobre salarios ni IVA. Se estima que viven unos 170 uruguayos, según datos de la embajada de Uruguay en Abu Dhabi.

En el horizonte siempre se pueden contar más de cinco grúas y cada edificio tiene un diseño particular. Todo es color arena y cielo. Dicen que es para evitar que la pintura luzca desgastada por el efecto de la arena. Solo en la noche, cuando los edificios se iluminan, se puede ver la ciudad en varios colores; alguno hasta ofrece un show de imágenes en movimiento sobre su fachada. La tecnología abunda y es que en Dubái todo se desarrolló en menos de 50 años. Algunas de estas construcciones pertenecen a universidades, compañías tecnológicas, medios de comunicación y empresas de salud extranjeras que se han visto atraídas por complejos libres de impuestos.

Refugio.

Tanto para un turista como para un lugareño, la paz en Dubái suele encontrarse en las playas muy saladas, calientes y turquesas del Golfo Pérsico, los parques de agua o en el interior de los edificios, donde hay aire acondicionado. Afuera el termómetro marca 48 grados, que se sienten de verdad porque la humedad es alta.

Sobre la arena convive el bikini y el burkini, pero no se permiten gestos amorosos, como abrazos. Esperar un ómnibus en Dubái sería imposible si no existiesen hasta paradas cerradas y acondicionadas que cuentan con un botón para que la persona avise al transporte que quiere subirse. El metro sin chofer es otra opción para trasladarse, con boletos a $ 48 en una dirección. Allí hay vagones destinados a mujeres y niños y wifi gratis.

La mejor época para viajar es de noviembre a mayo, dicen, porque como bromean los lugareños, en Dubái hay dos estaciones: verano e infierno. En ese infierno no sorprende encontrar los shoppings atiborrados de gente hasta última hora. En el Dubái Mall hay pista de patinaje entre las 1.200 tiendas, 22 salas de cine y 160 restaurantes y en el Mall of the Emirates instalaron una pista de esquí que recrea los Alpes suizos. En los pasillos, las mujeres todas tapadas, pero con gran maquillaje, guiñan con bolsas en sus manos de las marcas más exclusivas como Hermes, Gucci o Bulgari a quien escotada y de short las mira. Hasta las niñas van envueltas en sus pañuelos. Allí también se ven grandes encuentros sociales en torno al café o la shisha. No hay alcohol salvo en los hoteles. Tampoco casinos.

En pleno desierto otra contraste se da con el Dubái Aquarium & Underwater Zoo. Ubicado en el Dubái Mall, permite, a partir de $ 800, caminar por un corredor con tiburones y mantarrayas nadando alrededor de uno. Y a dos pisos de allí se organiza el ingreso al Burj Kalifa.

Desde el piso 125 (al que se accede por unos $ 1.500) se ven más contrastes entre ese desierto, que parece limitar las posibilidades del hombre, y la ciudad próxima que muestra cómo la naturaleza fue desafiada. Desde el VIP del 148 (requiere invertir unos $ 3.700) se observa más claro cómo ese sentido de superación se sigue construyendo, ahora, con un gran canal que atravesará media ciudad para poder llevar agua y un panorama menos inhóspito a una zona que se pretende desarrollar. También los vuelos en hidroaviones de Seawings permiten apreciar cómo la ciudad le ha ganado a la arena y al mar con la construcción de sus islas artificiales.

Pasado.

La otra cara del Dubái moderno es el distrito de Al Fahidi, donde se encuentran conservadas algunas de las casas originarias del emirato en medio de peatonales. La percepción local es que el país avanzó en pocos años cerca de dos siglos.

Allí se encuentra el Centro de Entendimiento Cultural, lo que para un occidental representa un viaje a la cultura de oriente y al islam. El Centro organiza comidas típicas donde los anfitriones se muestran abiertos a contestar preguntas. "Los actos terroristas tienen un impacto negativo en los musulmanes, pero ellos no son musulmanes, son terroristas. Ninguna religión dice que hay que matar gente, por eso hoy se vuelve más importante tratar de explicar nuestras creencias", dice Najat, una mujer que se mudó de Yemen hace 14 años y hoy dirige la reunión.

¿Por qué usan la abaia? ¿Es cierto que los maridos tienen varias mujeres? Las preguntas se lanzan en medio de un almuerzo típico sin zapatos y sentados en almohadones. La mezcla de especias en los diferentes tipos de arroz y guisos y el jugo de menta y limón marcan también la cultura gastronómica en un emirato en el que hay 168 tipos de cocina y donde un combo de McDonalds cuesta unos $ 180.

La bienvenida, allí como en cualquier otro lugar, se inicia con un café (20% café y 80% cardamomo) y un dátil. El café, servido por la mitad en una pequeña taza sin asa indica que uno puede volver a pedir. Si la entregan llena, implica que tras tomarlo es necesario irse.

A las preguntas que surgen del encuentro las respuestas son ilustradoras: la abaia es negra para significar la modestia y porque era la tela más barata. Dentro de la casa no hay necesidad de usarla y bromean con cierta ironía de la "sorpresa" de lo que visten debajo. La clave del blanco más blanco de la túnica de los hombres la adjudican a que las van cambiando en el día. La poligamia, si bien es admitida, tampoco es fácil ya que el marido debería proveer a sus otras mujeres del mismo nivel de vida que a la primera. El problema pasa porque, al nacional de Dubái, el gobierno le entrega para su primera familia una casa de unos 400 metros cuadrados al cumplir los 21 años. Con eso el Estado se asegura que todas las familias se inicien con las mismas oportunidades.

Ya fuera, en ese viejo Dubái, en medio de laberintos con techo de celosías de madera, están los llamados souqs o mercados de especias y oro, donde sugieren pedir rebajas de hasta un 40%. El mercado del oro es uno de los más importantes del emirato. Allí se luce el anillo más grande del mundo con 58.686 kilos de oro, según el Guinness y llegan interesados a comprar para entregar como parte de la dote. Una alianza sin detalles es improbable de ver. Lo mínimo es trabajado, grueso y con alguna piedra encastrada y no baja de los US$ 250. En Dubái el oro es importante al punto que hay máquinas expendedoras por la ciudad.

Uno de los atractivos de ir a los mercados es tomar el barco taxi que cruza uno de los canales por $ 150 y ofrece otra vista. De fondo, mientras, se escucha una voz por diferentes parlantes. Aquí no hace falta tener reloj. El llamado al rezo se concreta cinco veces al día. Nadie se paraliza en la calle o los comercios.

Las autoridades quieren mostrar a Dubái como "un caso de éxito" y apelan a que esa imagen de destino de turismo "de lujo" se amplíe a un turismo de "valor por dinero", donde se puede acceder a hoteles de tres y cuatro estrellas con servicio de cinco estrellas. "Pocos lugares en el mundo pueden darte en 10 minutos el desierto, la playa, la vida nocturna, la gastronomía y el cielo como Dubái; siempre tuvimos la necesidad de ser los mejores, si no, no lo hacemos", sostienen los representantes del ministerio de Turismo. El Sheikh Maktoum bin Rashid Al Maktoum lo resume de otra forma en uno de sus libros con frases compiladas: "Ellos dicen que el cielo es el límite para la ambición, nosotros decimos: El cielo es solo el principio". *Invitada por el Departamento de Turismo, Comercio y Marketing de Dubái (DTCM).

Los caballos, pasión local con aporte desde Uruguay.

Una de las presencias uruguayas más destacadas en Dubái recientemente está asociada a una de las pasiones del emirato: los caballos.

Sir Fever, el mejor caballo que dio Uruguay en los últimos años, viajó en 2014 a Meydan, en Dubái, luego de que llegó una oferta por 1.500.000 dólares. Si bien las exportaciones uruguayas a Emiratos Árabes están lideradas por productos primarios como la carne, 21% de lo que se vende está vinculado a caballos, asnos y mulas vivas, utilizados en el primer caso para carreras.

La pasión de los jeques de Dubái por el turf se ve reflejada en la ciudad. En el Palacio Real una arcada con caballos da la bienvenida y el hotel de la familia real deslumbra con una decena de caballos a escala real bañados en oro, que "corretean" por un campo de pasto que lleva a la entrada principal.

Una carrera en obras para la vidriera mundial que será 2020.

Dubái tiene una nueva zanahoria por delante en el 2020. Allí se presentará la Expo Mundial que sumará a 180 países y se espera que atraiga a 25 millones de visitantes. Para esto se prevé crear un área de 4,3 kilómetros cuadrados de feria y potenciar servicios e infraestructura en toda la ciudad como parques de aventura, shoppings —entre ellos uno en la isla artificial The Palm, donde supo vivir Diego Maradona—, más parques de agua (hoy hay varios en la ciudad y en hoteles a los que se accede por unos $ 2.000 el día), barrios enteros —uno de ellos con techo para poder bajar la temperatura—, y más campos de golf y carreteras.

Precisamente en 2021 se cumplirán 50 años de que los Emiratos Árabes se unieron, por lo que se ha marcado como meta lograr una región innovadora, con investigación, ciencia y tecnología de avanzada, una economía basada en la productividad y competitividad. Dubái pretende aprovechar la instancia para mostrar todo este potencial y así dar un nuevo salto como referente en el Medio Oriente y punto de conexión del Este y el Oeste.

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