Nombres del domingo

Dolce & Gabbana, un binomio cuestionado

Los diseñadores Dolce & Gabanna pasan por su peor momento a raíz de una campaña publicitaria que muestra a una modelo asiática en una situación embarazosa. Se ganaron a toda China de enemiga.

Domenico Dolce y Stefano Gabanna, la pareja top de diseñadores en graves problemas.
Domenico Dolce y Stefano Gabanna, la pareja top de diseñadores en graves problemas.

Lo sentimos muchísimo y queremos pedir disculpas a los chinos en todo el mundo”. Esto lo dicen mirando a cámara muy serios y compungidos los titulares de las dos firmas más célebres de la moda. Un corto publicitario que pretendía apelar al humor los terminó cubriendo de ignominia por racistas. Ahora ensayan por todos los medios una disculpa que poco parece servir.

Dolce & Gabanna han enfrentado desde entonces una verdadera tormenta perfecta que pone en jaque a una de las marcas más célebres. Como efecto inmediato se ha producido una catarata de renuncias por parte de representantes de la marca en la región de Asia Pacífico; se han suspendido desfiles de importancia estratégica como el programado para Shanghái, y las ventas han comenzado a caer estrepitosamente.

Un knock out terminal cuando empezaban a recuperarse de sus problemas derivados de la evasión fiscal de hace unos años. La lujosa marca italiana se ha visto comprometida.

Todo empezó por un corto que mostraba a una mujer asiática haciendo cómicos esfuerzos por comer comida italiana utilizando palitos. La publicidad fue de inmediato tachada de racista y sexista en partes iguales y el rechazo corrió como un reguero de pólvora por los países asiáticos, en particular por el gigante chino.

“Estos días hemos pensado muchísimo en lo que ha sucedido, con gran pesar, y en lo que hemos causado en vuestro país y nos disculpamos muchísimo”, dice Domenico Dolce muy serio a la cámara en el video de un minuto y medio que fue colgado en la red social china Weibo.

“Queremos pedir disculpas a todos los chinos del mundo, porque hay muchos, y nos tomamos muy en serio estas disculpas y este mensaje”, dice luego Stefano Gabanna, el otro miembro del binomio.

El tropiezo está marcando un hito en la carrera de estos dos creadores de la industria de la moda. La pareja de diseñadores fue una de las primeras en declarar su homosexualidad y en 2005 hicieron pública su ruptura como tal, aunque continuaron siendo socios en la firma.

Una historia de muchos años que para Domenico Dolce comenzó en su infancia y junto a su socio crearon un verdadero imperio que, además de la ropa, se extiende a alhajas tales como relojes, anillos, pero también perfumes y una marca de celulares.

Catarata de renuncias de los representantes en Extremo Oriente.
Catarata de renuncias de los representantes en Extremo Oriente.

Éxitos de a dos

Domenico Dolce nació el 13 de agosto de 1958 en Polizzi Generosa, Sicilia. Stefano Gabbana, en tanto, nació el 14 de noviembre de 1962 en Milán.
De niño, Dolce comenzó a mostrar su inclinación por la moda, con tan solo seis años ya hacía su propia ropa. Conoció a Gabanna años más tarde cuando llamó a la casa de modas para solicitar empleo. El joven Dolce fue contratado de inmediato y al mismo tiempo Gabbana, que ya llevaba cierto tiempo en la firma, lo tomó bajo su protección y le enseñó los secretos del mundo de la moda. Ese primer momento fue vital para la carrera del diseñador siciliano, ya que al poco tiempo Gabbana fue llamado a cumplir con el servicio militar durante 18 meses. Pero la relación ya se había establecido. A su regreso en 1982 Dolce y Gabanna crearon una firma consultora de diseño.

Durante su primera época de trabajo en conjunto Dolce y Gabanna facturaban por separado, pero finalmente el contador de la firma les recomendó hacerlo juntos para hacer más fácil la contabilidad y también más rentable. Y así nació la firma Dolce & Gabanna en los hechos.

En octubre de 1985 el dúo de diseñadores presentó en público su primera colección junto a otras cinco marcas en la Milan Fashion Week. Como ninguno de los dos tenía dinero para contratar modelos, le pidieron ayuda a unos amigos. La escasez de fondos llegaba a la falta de accesorios, por lo que los improvisados modelos debieron utilizar los propios para desfilar. El nivel de improvisación llegó al punto de que el telón de fondo fue una sábana que Dolce llevó desde su casa al escenario.

No les fue muy bien. Con un impulso económico de la familia Dolce, los diseñadores retomaron aire y se lanzaron a una segunda colección al año siguiente, cuando abrieron su propia casa de diseño. Poco a poco fueron haciéndose un espacio.

A principios de la década de 1990 el dueto consiguió su primer reconocimiento a nivel internacional. Ya iban por su cuarta colección, y en ella Domenico Dolce buscó inspiración en su Sicilia natal e hizo allí su campaña publicitaria con una colección de fotos en blanco y negro que parecían salidas del cine italiano de la década de 1940.

A partir de allí la firma no hizo más que expandir su influencia, hacia el Lejano Oriente primero. Dolce & Gabanna firmaron un acuerdo comercial con la firma Kashiyama que les permitió abrir su primera boutique en Japón. Hoy suena casi irónico, pero ese paso fue la confirmación del peso que adquirió la marca en el mundo.

Al inicio de los 2000 Dolce & Gabanna ya era una marca global. Sus trajes fueron la marca distintiva de grandes show musicales con estrellas como Madonna, Kylie Minogue, o Beyoncé vestidas con su original estilo. En esa primera década del siglo XXI Dolce & Gabanna se convirtieron en una marca tan potente como Prada o Giorgio Armani.

Contra la adopción por parejas gay

Domenico Dolce y Stefano Gabanna fueron pareja durante muchos años. En 2005 anunciaron su ruptura, pero continuaron trabajando juntos. Son polemistas naturales, hace unos tres años salieron a manifestarse en contra de la adopción por parte de parejas homosexuales. “La familia no es una moda pasajera. En ella hay un sentido de pertenencia sobrenatural”, decía por ejemplo Gabanna. Y Dolce iba más lejos aún: “No hemos inventado nosotros la familia. La ha convertido en un icono la Sagrada Familia. Y no es cuestión de religión o estado social, no hay vuelta de hoja: tú naces y hay un padre y una madre. O al menos debería ser así. Por eso no me convencen los que yo llamo hijos de la química, niños sintéticos. Úteros en alquiler, semen elegido de un catálogo. Y luego vete a explicar a estos niños quién es la madre. Procear debe ser un acto de amor. Hoy ni siquiera los psiquiatras están listos para afrontar los efectos de estas experimentaciones”.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)