NOMBRES

El difícil e interminable viaje de Gloria Steinem

Es considerada la “madre” del feminismo norteamericano y sigue tan activa como a fines de los 60, cuando se hizo conocida en Estados Unidos. Ahora lanzó sus memorias, que muestran que varios problemas persisten.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Soy una emprendedora del cambio social", se define.

Hay días en que Gloria Steinem camina por Nueva York, donde vive, y detiene a las personas para decirles su edad, aunque no se la pregunten. Así trata de convencerse de que tiene 81 años, porque lo encuentra "bastante extraño".

Quizás sea, porque Gloria Steinem —la líder del movimiento feminista de fines de los 60 y comienzo de los 70, que sigue siendo un referente mundial en el feminismo— es una mujer llena de energía, que mantiene el mismo estilo de vida que siempre ha tenido: el de una viajera incansable y activista.

Determinada y hábil oradora, esta periodista y escritora, que comenzó su carrera en el New York Magazine y, desde ahí, creó la primera revista feminista de papel couché, Ms, lanzó su último libro autobiográfico, llamado My Life on the Road (algo así como Mi vida viajando). Un libro que se demoró cerca de dos décadas en escribir y que comenzó cuando se dio cuenta de lo que otros ya habían notado: que los viajes eran parte integral de su trayectoria.

"He pasado más tiempo viajando que no haciéndolo", comentó recientemente en The New Yorker. Ha sido la parte más importante de mi vida y un gran antídoto ante la idea de que existe "un" pueblo americano.

Rescatar la diversidad, conocer distintas realidades, cultivar su insaciable curiosidad y defender los derechos de las minorías, principalmente de las mujeres, es una misión que esta egresada del Smith College, originaria de la ciudad de Toledo en Ohio, se puso a temprana edad. Y en la que no ha claudicado. Joven de espíritu, interesada en compartir sus ideas y apoyar a las nuevas generaciones en su causa feminista, Gloria Steinem es una mujer poco convencional. Para celebrar sus 80 años, por ejemplo, no hizo una fiesta en su casa en el Upper East Side de Manhattan, sino que partió a Bostwana y anduvo en elefante. Nunca se ha ajustado a las normas sociales sobre lo que se supone que debe hacer una mujer: no tiene hijos y no se casó hasta pasado los 60 años, cuando la institución del matrimonio había cambiado lo suficiente como para que pudiera hacerlo sin perder su apellido y "muchos de sus derechos civiles". Ni siquiera encaja con el perfil de la mujer feminista agresiva, descuidada y poco atractiva que muchos tienen. Gloria Steinem, no se deja encasillar. Pero se autodefine.

"Soy una trabajadora mediática. Eso es lo que hago. Soy una emprendedora del cambio social. Recaudo dinero. Hablo. Escribo. Cuento historias. Quiero hacerles justicia a las mujeres con las que me encuentro", ha dicho. Y ha precisado: "La teoría (feminista) puede ser excluyente y ese no es mi camino. Mi camino es abrir la puerta de esta casa, salir del mundo que conozco y experimentar nuevos mundos, nuevas voces. Consiste en hacer conexiones y usarme a mí misma para escuchar, porque no puedes empoderar a las mujeres sin escuchar sus historias".

Una vida libre.

La historia es la siguiente y, en lo que va del tour de promoción de su nuevo libro, la ha contado en más de una oportunidad. Era el año 1957 y Gloria Steinem se dio cuenta de que estaba embarazada. Tenía 22 años y no planeaba ser madre. En ese momento, un médico londinense, el doctor John Sharpe, le realizó un aborto ilegal. Pero le exigió que cumpliera dos promesas: que no le dijera a nadie su nombre y que hiciera lo que quisiera con su vida.

Gloria Steinem le dedicó My Life On The Road a ese médico, que ya murió. "He hecho lo mejor que pude con mi vida. Este libro es para usted", escribe Steinem en las primeras páginas de sus memorias.

Y si algo demuestra el libro es que es verdad. Gloria Steinem ha vivido la vida plenamente para ella y para los demás. Pero su determinación a hacerlo surgió antes, mucho antes del encuentro con ese médico. Hija de una pareja de hijos de inmigrantes, de su infancia, Steinem recuerda los viajes permanentes en remolque desde Ohio a distintas partes del país, por el trabajo de su padre, Leo Steinem, un comerciante de antigüedades. También la separación de sus padres cuando ella tenía 10 años, y la enfermedad de su madre, quien fue varias veces internada por problemas de salud mental. En su entrevista con The New Yorker, Gloria Steinem reconoció que de niña pensaba que su madre estaba "loca".

"Fue solo mucho más tarde, cuando comencé a entender cuan injusta es la posición de las mujeres en este país, que supe que mi madre nunca había estado enferma como decían los médicos. Lo que pasó es que quebraron su espíritu. Hasta ese momento siempre me daba miedo la posibilidad de heredar algo de ella, de empezar a desaparecer en las calles en camisa de dormir, como ella lo había hecho", comentó.

De joven, Steinem soñaba con ser bailarina, pero terminó estudiando en el Smith College, una institución conocida por promover educación de calidad para las mujeres. Ahí se ganó una beca para ir a la India. De regreso a Nueva York, comenzó a trabajar como periodista independiente, tras tocar varias puertas y no encontrar un empleo fijo: "Necesitamos una reportera, no a una niña bonita", era la respuesta que le daban, y ha contado que al comienzo le asignaban reportajes poco inspiradores.

"Me mandaban a cubrir cosas como moda, cocina, maquillaje y bebés, o, y ese fue un punto bajo en mi vida, sobre medias con textura", ha dicho.

Gloria Steinem, sin embargo, encontró la manera de hacerse notar. Uno de sus artículos más recordados es el que escribió en 1963, tras trabajar como conejita Playboy para conocer su realidad y denunciar —no sin humor— el trato de los hombres hacia esas mujeres, así como los bajos sueldos y malas condiciones de trabajo que tenían.

Ese reportaje fue quizás su primera declaración de feminismo. Más tarde confirmó su compromiso con la causa de las mujeres con la publicación, en 1969, de un artículo en The New York Magazine, que se titulaba: "Después del poder negro, la liberación de las mujeres". En él exponía su punto de vista sobre la posición menoscabada que tenían las estadounidenses en la sociedad.

"Los castigos psicológicos más sutiles por salirse del rol tradicional de servicio de las mujeres son considerables. Ser llamada "poco femenina", "una mala madre" o una "mujer castradora", para nombrar solo algunos", escribió en el artículo, que más adelante decía: "Las oportunidades para las mujeres se expandieron de manera significativa durante unos 15 años después de que ganaran el derecho a voto en 1920 (...), pero se han ido limitando cada vez más desde entonces".

Algunas de las situaciones que Steinem denunciaba ahí —brecha salarial, el problema del cuidado de los hijos, entre otros— suenan sorprendentemente actuales. Y la última frase del reportaje es, en ese sentido, reveladora: "Porque la idea es, a largo plazo, que la liberación de las mujeres también sea la liberación de los hombres".

El hecho de que esa aspiración siga vigente quizás explica por qué, cerca de 50 años después, Gloria Steinem se mantiene tan activa.  

Es tan precursora como provocadora.

A raíz del su libro My Life on the Road, no hay medio estadounidense que no se haya detenido en revisar la trayectoria de Gloria Steinem. Y muchos llegan a la misma conclusión: mucho antes de que Sheryl Sandberg invitara a los hombres a ser proactivos en el hogar, mucho antes de que celebridades como Jennifer Lawrence lamentaran no haber negociado debidamente sus sueldos, Gloria Steinem ya entregaba esos mensajes.

Su padre, Leo Steinem, y la influencia que tuvo en ella (mostrándole que "él y ella —hombres y mujeres— no son para nada opuestos"); su madre adicta a un sedativo, que la "amaba, pero no podía cuidar(la)"; y las mujeres que la acompañaron en muchos de sus viajes son algunos de los personajes de su libro.

"Yo tenía anclada en la cabeza la idea de que uno solo construye un hogar para un marido y los hijos. No veía a muchas mujeres construir uno para ellas mismas. Así que viajaba, vivía siempre con maletas y cajas de cartón y, cuando estaba en mi casa se parecía más a una bodega que a un departamento, contó. Fue solo después de cumplir 50 que empecé a construirme un hogar, un nido, para mí.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados