NOMBRES

Uno de los diez millenials más influyentes

Joe Gebbia, el séptimo hombre menor de 40 años más rico del mundo, es el fundador de la plataforma Airbnb que cambió las reglas del negocio a nivel global

Joe Gebbia con poco más de 30 años se convirtió en magnate del negocio inmobiliario en el mundo.
Joe Gebbia con poco más de 30 años se convirtió en magnate del negocio inmobiliario en el mundo.

Es uno de los diez hombres menores de 40 años con mayor fortuna en el mundo. En la misma lista del top ten -que encabeza Mark Zuckerberg y un exsocio suyo, Dustin Moskovitz- está el integrante principal en la plataforma inmobiliaria más exitosa del mundo, Brian Chesky. Cada uno tiene una fortuna estimada en los 4.200 millones de dólares, según la revista Forbes.

Joe Gebbia (38) no se había preparado para los negocios, en realidad. Su primera vocación fue el arte. De hecho, se formó en diseño gráfico e industrial, se graduó en la prestigiosa Escuela de Diseño de Rhode Island en 2005. Y fue con su compañero de estudios, Chesky, con quien tuvieron por primera vez la idea de crear una plataforma que facilitara la búsqueda para aquellos que pretendían alquilar por poco tiempo un lugar, ya fuera por trabajo, estudio o mero turismo.

La aventura comenzó, precisamente, mientras Gebbia y Chesky estudiaban diseño. Ambos habían alquilado un piso en San Francisco, pero sus escasos ingresos no le permitían costearse los estudios y sobrevivir al mismo tiempo, por lo que resolvieron alquilar parte del piso para aumentar sus fuentes de ingreso. La oferta era bastante modesta, ofrecían una cama y desayuno a quien quisiera alojarse en forma temporal. Pero de pronto tuvieron la idea, el “eureka” del asunto. Advirtieron que si ellos había tenido esa necesidad, otros tantos podrían estar en la misma situación. Tal vez miles. Ni siquiera sospechaban que serían millones.

Y así nació el portal Air Bed and Breakfast, lo que luego pasaría a llamarse simplemente Airbnb. Nathan Blecharczyk, un joven ingeniero de sistemas, fue el encargado de diseñar la página y se convertiría en el tercer socio de la plataforma.

El negocio parecía de lo más osado al principio, pues requería de personas que estuvieran dispuestas a darles la llave de la casa a un desconocido que buscara un lugar donde descansar mientras dedicaba el día a sus negocios o al recreo. Sin embargo la respuesta fue abrumadora.

Al principio las oficinas de Airbnb funcionaban en el modesto piso de San Francisco, pero pronto se vieron obligados a trasladarse a un sitio con más espacio y a contratar más personal. En esa primera etapa unas veinte personas trabajaban en la plataforma.

Sin embargo en los inicios las cosas no fueron tan sencillas. Los socios debieron poner sus propias tarjetas de crédito en juego para sustentar el negocio, pero Gebbia, Chesky y Blecharczyk estaban convencidos de lo adecuado de su idea. El concepto era sencillo, pero a la vez poderoso: la clave residía no solo en que los visitantes estuvieran contentos con el servicio sino que los anfitriones se sintieran fuertemente identificados con el novedoso sistema. Y lo lograron.

También hubo algún golpe de suerte, es cierto. Gebbia y sus socios tuvieron la visión de ofrecer los servicios de Airbnb en la Convención Demócrata de 2008 que nominaría a Barack Obama como su candidato a la presidencia. Y no se trataba de una cuestión de apegos políticos, sino de un avezado cálculo: Obama iba a reunir a más de 80.000 personas en una ciudad con capacidad hotelera para 27.000. La demanda sería gigantesca. Y lo fue.

Esto puso a Airbnb decididamente en el candelero, y durante la última década la compañía no ha hecho más que crecer a ritmo acelerado.

Con sus socios y cofundadores Brian Chesky y Nathan Blecharczyk.
Con sus socios y cofundadores Brian Chesky y Nathan Blecharczyk.

Un hombre sencillo

Gebbia nació en Atlanta, Georgia, y tiene una hermana, Kimberley. Una temprana vocación por las artes lo llevó a licenciarse primero en Bellas Artes y luego en diseño en la Escuela de Rhode Island. Pero también tomó algunos cursos en negocios en la Universidad de Brown y en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) que luego serían proverbiales.

De hecho, la idea original de la plataforma la tuvo Gebbia mientras estudiaba con su compañero Chesky. La oportunidad estaba, literalmente, ante sus ojos. Por entonces se organizaba en San Francisco una convención de la Sociedad de Diseño Industrial de Estados Unidos, vendrían representantes de todo el país lo cual suponía miles de personas y, sobre todo, una cantidad superior a la capacidad hotelera de la ciudad.

Luego de ese primer impulso, la confirmación del negocio vendría durante el definitorio encuentro de los demócratas. Para Airbnb significó un aluvión de interesados en arrendar un sitio donde dormir y tomar el desayuno antes de partir para la jornada cívica.

Pronto la plataforma comenzó a rendir frutos alrededor del mundo. De hecho un uruguayo logró cimentar sus ingresos en un momento personal complicado gracias a Airbnb. La historia de Javier Artigas (ver Revista Domingo del pasado 8 de diciembre: Javier Artigas: “Por ser un Artigas siempre tuve que dar el ejemplo”) quedó profundamente ligada a la de Gebbia y él mismo lo recuerda como un hombre de costumbres sencillas.

Artigas había alquilado un espacio de su casona en el Prado por Airbnb y luego que el escritor argentino Hernán Casciari hiciera la devolución que se volvió viral, Gebbia se mostró personalmente interesado. Lo llamó a Artigas a fines de 2015 y unas horas después, avión mediante, estaba en el Prado para conocer de primera mano el servicio que ofrecía su plataforma.

Gebbia es un hombre de lo más sencillo y sin vueltas”, recordaba Artigas. Durante su estadía organizó un agasajo para muchos de sus allegados en la señorial residencia del Prado, luego de terminada la reunión y despedir al último invitado Gebbia se aproximó al dueño de casa y le dijo “ahora vamos a comer nosotros”. “Y se puso a comer las cosas que había traído el catering que él mismo había contratado, como si fuera un chico”, recordaba Artigas con una sonrisa.

Había llegado en forma sorpresiva a Montevideo y lo hizo solo. “Empecé a avisar a todas partes porque para mí era un compromiso, tenía en mi casa al séptimo hombre más adinerado del mundo”, recuerda el empresario uruguayo.

Llegó en aquel tórrido fin de año de 2015 con unas bermudas, una remera, zapatillas y una mochila. Nada en él permitía adivinar a un verdadero magnate, uno de los millennials más influyentes de Estados Unidos.

Durante la estadía montevideana Gebbia recorrió la ciudad, conoció Punta del Este y, por supuesto, testeó el potencial de sus negocios en estas latitudes.

También se convirtió en socio de Artigas en la plataforma médica que conecta a pacientes de hemodiálisis con clínicas alrededor del mundo, una iniciativa en la que Gebbia de inmediato advirtió como “hermana” de su proyecto inmobiliario.

La forma en que decidió invertir en el negocio de Artigas lo muestra con el temperamento visionario que lo define. Luego de hablar con Artigas e interesarse por su recién creada plataforma, Connectus Medical, en unas horas tomó su decisión. “Andá a mirar tu correo”, le dijo Gebbia a Artigas al día siguiente de la charla. Cuando el empresario uruguayo abrió su correo estaba el facsímil del contrato que le proponía Gebbia para invertir en el portal. En pocos días, la plataforma alcanzó niveles de globalidad inusitados.

Lo cierto es que Gebbia acostumbra a moverse por el mundo comprobando de primera mano el funcionamiento del portal. Convencido de que su modelo de negocios tiene futuro, los propios usuarios parecen confirmarlo al elegir el sistema de arrenamientos, una suerte de Uber inmobiliario que parece romper con los esquemas tradicionales del negocio.

“Gebbia vive ahora en un antiguo almacén reconvertido en San Francisco repleto de obras de arte contemporáneo. Dice que son referencias en su vida, como los tableros que usan los diseñadores de moda para empezar a dar forma a las colecciones que tienen en mente. Pero en lugar de con recortes de revista, forma el collage con muebles de los diseñadores Charles y Ray Eames, una de sus inspiraciones”, describe un informe sobre el magnate de El País de Madrid.

No ha cumplido los 40 aún y es considerado un “soltero de oro”. Aficionado al arte, filántropo, viajero, Gebbia parece representar un nuevo tipo de hombre de negocios, nacido en la generación de las startups, poco ceremonioso y audaz.

Los especialistas en el mercado inmobiliario apuntan a cómo Airbnb cambió las reglas en grandes ciudades como Berlín, Nueva York, Londres, Barcelona, o París donde la demanda no para de crecer día tras día.

El compromiso de dar

A finales de 2016, Chesky, Gebbia y Blecharczyk anunciaron que donarán la mayoría de su riqueza a la fundación de Warren Buffet y a la Fundación Bill y Melinda Gates a través de una iniciativa filontrópica, el “Compromiso de Dar”. Cuando los miembros hagan la promesa, ellos se comprometerán a donar más del 50% de su fortuna, ya sea durante el transcurso de toda su vida o como parte de sus últimos deseos. La mitad del patrimonio neto de los tres cofundadores de Airbnb es de unos 15.000 millones de dólares.

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