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En diciembre las ideas locales están de zafra

La Feria Ideas+, un clásico del Parque Rodó, celebra sus 10 años ampliando el concepto de cultura. A los libros, las artesanías y las yemitas se sumaron food trucks, música y actividades para niños.

Se estima que cada año pasan por la feria Ideas+ unas 300 mil personas. Foto: Fernando Ponzetto.
Se estima que cada año pasan por la feria Ideas+ unas 300 mil personas. Foto: Fernando Ponzetto.
Óscar Gómez, de Yemas del Uruguay, es el puestero más antiguo de la feria. Foto: Darwin Borrelli.
Óscar Gómez, de Yemas del Uruguay, es el puestero más antiguo de la feria. Foto: Darwin Borrelli.
La gastronomía es un eje importante en esta décima edición de la feria. Foto: Darwin Borrelli.
La gastronomía es un eje importante en esta décima edición de la feria. Foto: Darwin Borrelli.
Cada noche hay un espectáculo musical distinto. El cierre estará a cargo de Mauricio Ubal. Foto: Fernando Ponzetto.
Cada noche hay un espectáculo musical distinto. El cierre estará a cargo de Mauricio Ubal. Foto: Fernando Ponzetto.

El domingo 11 Óscar Gómez se levantó a las seis de la mañana para cocinar. La noche anterior, su hija Lucía lo había llamado para avisarle que al cerrar el stand de la Feria Ideas+ las natillas de frutilla se habían acabado. No quedaba ni una y había que reponer el stock. Pero Óscar está acostumbrado y, además, lo disfruta. Será porque lo hace desde hace más de 30 años —empezó en el negocio en 1974—. O porque suma una historia más al abultado anecdotario que tiene al ser el vendedor más veterano de una feria que comenzó en la casona que fuera residencia del presidente Alfredo Baldomir, en Bulevar Artigas y Rivera, a impulso de la mítica Nancy Bacelo.

De aquellos primeros años, Óscar guarda muchos recuerdos y algunas fotos, que hoy exhibe alrededor de su stand, siempre en el mismo punto de la feria. Sin embargo, resulta difícil verlas por la cantidad de gente que se agolpa para comprar sus natillas, yemitas, trufas y aledaños a $ 70 los 100 gramos. Tan solo una hora después de la apertura, las bandejas ya están vacías y pidiendo reposición. Noches como la del domingo 11, dice Óscar, se venden unos 50 kilos de mercadería, o sea, mucho.

Aunque no siempre está detrás del mostrador, Óscar —también maestro, sindicalista y exsubsecretario de Educación—, va a la feria cada noche. La mayoría de las veces el puesto lo atiende uno de sus dos hijos o su yerno. Más allá del factor económico, para él la feria tiene, ante todo, un valor afectivo. "Hice toda la carrera de Magisterio con la plata que hacía vendiendo acá, porque me permitía comprar los libros", recuerda. En la foto de 1977 aparece con Silvia, entonces su novia y hoy su esposa. "Y mis hijos crecieron acá, o más bien nacieron acá. Leandro nació un 23 de diciembre y lo anunciaron por los parlantes. ¡Imaginate la emoción que fue eso! Hoy se agrandó la familia de la feria, nació Leandro Gómez, hijo del señor de las yemitas, dijeron".

Su empresa, Yemas del Uruguay, sigue siendo un emprendimiento pequeño y familiar. Lejos de frenarlo, el hecho de ser un clásico de la feria es un desafío constante: junto a los productos más pedidos, para esta décima edición innovó con la natilla de capuccino, que ya se está convirtiendo en éxito. Con estos productos, dice Óscar, los Gómez han "hecho feria" casi que por todo el continente. Pero su corazón, claro, está en Montevideo.

Es que para los artesanos que cada diciembre arman su stand en la proa de 21 de Setiembre y Julio Herrera y Reissig, la feria es una combinación poco perfectible de pasión y sustento. Herederos del espíritu emprendedor de Bacelo y su feria del Libro y el Grabado, el proyecto creció y se profesionalizó, logrando mantener su esencia. "Somos todos herederos de Nancy, pero hoy tenemos una dirección colectiva y asambleas mensuales en las que surgen muchas ideas. En vez de haber una gran cabeza, somos muchos proponiendo, moldeando y de esa forma es que nació una nueva forma de identidad", dice Aníbal Colonna, presidente de la Asociación Civil de la Plaza Florencio Sánchez, encargada de desarrollar la feria que concita unas 300 mil personas en cada edición.

Socios del arte.

Durante sus 24 noches, el trabajo arranca con la luz del día, cuando sobre las seis de la tarde las tablas de madera empiezan a cobrar vida. Y los toldos blancos, sinónimo de que el final del año está cerca, se llenan de color. En un recorrido rápido se suceden libros clásicos, alhajas en plata, piezas de cerámica, juguetes de madera, revistas de colección, cajitas de madera, muñecos de tela, instrumentos musicales, carteras de cuero, móviles de vidrio o papel. Más un largo etcétera para todos los gustos y bolsillos.

Hoy, existen dos modalidades para participar en la feria. Los socios, que son unos 65 libreros y artesanos, y los "invitados", otros 70, admitidos por concurso previa presentación de un objeto y tres fotos. "Este año hubo un llamado a nuevos socios y se integraron cinco nuevos emprendimientos", cuenta Adriana Ruzo, con una sonrisa, detrás de sus móviles de papel y alambre. Ella es una de las elegidas, tras ocho años de "hacer feria" como invitada. "En esa decisión se valoraron muchas cosas, entre ellas la permanencia", explica. "Es que no todo sirve, si es un producto muy volado o muy caro acá no funciona".

Ruzo tiene un emprendimiento gastronómico en la Ciudad Vieja que se llama Juana y que, literalmente, le da de comer. Pero sus móviles con simpáticos personajes (la técnica se llama cartapesta, prima hermana del papel maché) son su verdadera pasión. "Si me preguntás qué querés hacer en la vida... es esto, me fascina". Artesana autodidacta y vocacional, solo produce para la feria. Hace entre 800 y 900 piezas. Y casi nunca le queda "resto". Los personajes más simples valen $ 180 y los más complejos alrededor de $ 420. "En general los móviles son algo estático, que cambian por factores externos, como el viento. Acá los podés poner de distintas maneras y cambian, igual que ocurre con uno... o con la vida", dice.

Sobre las nueve de la noche, alrededor de la fuente de Venus y el escenario Nancy Bacelo casi no se puede caminar. En los corredores laterales tampoco. El público pasea, se detiene, mira, pregunta, compra. Las sillas de lata, que al atardecer sirven para hacer una pausa, ahora están llenas del público que espera el show musical. Por allí pasaron desde Christian Cary —que la noche de apertura convocó 15 mil personas— hasta Mario Carrero u Horacio Di Yorio. Los lunes están destinados a los "más bajitos": el 12 fue la presentación de Hoy cocinamos nosotros, de Diego Ruete, quien preparó su clásica tortilla voladora ante el público. Las actividades cierran el viernes 23, con la actuación del músico Mauricio Ubal.

A uno de los lados del escenario, Denisse Arigón toma distancia de su stand y aprovecha para sacar alguna foto. Lo mira con orgullo y satisfacción. Es su primera vez en Ideas+ y lo está disfrutando, no solo por la venta —que superó sus expectativas— sino por la posibilidad de llegar a más gente. Egresada de la Escuela de Artes y Artesanías Pedro Figari, hace diez años que trabaja en el rubro. Sus piezas, en plata 925, gustan sobre todo a las mujeres en un rango etario amplio, de 30 a 60 años, dice. "No hay tantas instancias para mostrar nuestro trabajo".

Para Colonna, uno de los principales cambios que tuvo la feria fue, además de una búsqueda estética, la de apostar a una "concepción amplia" de lo que se entiende por cultura. "No es solo un libro o una persona cantando, acá se valora toda expresión que surja de la gente que hace cosas", dice. Por eso, esta décima edición incluye tres plazas de comidas, incorporando el concepto de food trucks, además de un ómnibus de Onda que vende crpes y donde el público también se puede sentar a cenar. El menú es amplio, del chorizo a la paella, pasando por los chivitos y las pizzetas.

En el callejón que separa la feria del Defensor Sporting, donde se mezcla el olor de las tortas fritas y el incienso, tres turistas hablan en inglés y miran un mapa. Marcan un punto de partida y planean el después. En la puerta del club, un puñado de artesanos extiende sus alfombras con pulseras, tobilleras, caravanas y collares; otros venden aguayos; y otros, gorros Panamá. Los domingos, dice Colonna, en el Rincón por 21 de setiembre, la organización Avalancha Tanguera presenta un espectáculo de tango y milonga. Pero, sobre todo, animan al público a salir a bailar.

"Para los artesanos la feria es importante porque lo que vendés acá te ayuda para el resto del año", dice Silvana, a quien le tocó atender el puesto de su padre, Cono Pérez, otro de los históricos e integrante de la comisión directiva. En el taller Jugart, Pérez talla sus cajas secretas en madera, entre las más vendidas como regalo para llevar al exterior. Noel, que atiende el stand del taller de cerámica Escondida, coincide: "Esta es una de las ferias más cuidadas. Y funciona porque la gente compra pero también pregunta dónde te encuentra el resto del año".

Por ahora, resta una semana intensa para quienes disfrutan haciendo feria. Después de cobrar el aguinaldo, coinciden artesanos y libreros, las ventas —y la ansiedad— aumenta. Y cuando el viernes 23 los toldos vuelvan a cerrarse y los banderines verdes y negros dejen de ondear, todavía quedarán ideas a futuro. Una de ellas, adelanta Colonna, es que Ideas+ se integre al circuito del bus turístico de Montevideo. Habrá que ver. Hasta la próxima edición.

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