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Días de sol, arena y goles

El fútbol playa, un deporte espectacular y exigente, crece en Uruguay pese a que por ahora solo puede practicarse en verano.

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El fútbol playa exige técnica y estado físico.

LUIS PRATS

Atención todos aquellos que trazaron con una rama una cancha en la orilla y pusieron cuatro chancletas como arcos: no es ese deporte. Ustedes, que la rompen sobre el césped o en el parqué de un gimnasio, sepan que tendrán que aprender muchas cosas nuevas.

El fútbol playa, jugado de acuerdo con su reglamento, es un deporte espectacular pero difícil, que requiere especialización técnica y afinada preparación física. Se juega sobre arena blanda —un terreno exigente— y la pelota, parecida a la número 5 pero más "acolchada", está más tiempo en el aire que en el piso.

La especialidad crece en el país y en todo el mundo tras salir de las playas de Río de Janeiro y conquistar el mundo de la FIFA. Desde 2006 también está en Uruguay, amparado por la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), combinando la rica tradición futbolera con las dificultades de todo deporte amateur (antes había torneos que respondían a iniciativas privadas).

Los futbolistas uruguayos de playa encuentran su ambiente natural en la extensa cadena de playas que desde siempre fue reclamo del turismo en este país. También gozan de la facilidad que no pocos criollos mostraron siempre para manejar un objeto redondo con los pies. Pero chocan contra lo reducido de la temporada, constreñida por el almanaque (no antes de noviembre y no más allá de marzo), el muy reducido número de canchas oficiales y la escasez habitual de recursos.

El dirigente.

"El reglamento exige jugar sobre 40 o 50 centímetros de arena blanda. Se puede hacer una cancha en un gimnasio, pero para eso se necesitan 40 camiones de arena. Por eso no es fácil jugar todo el año", explica Kevork Kouyoumdjian, titular del departamento de Fútbol Playa de la AUF, a quien todos llaman por su nombre de pila.

"Estamos en conversaciones con el secretario nacional de Deportes, Fernando Cáceres, para concretar una cancha en un gimnasio, algo que nos permitiría competir todo el año", indica. También se busca construir canchas en el interior.

En 2006, Kevork integraba la directiva de Rampla Juniors cuando la AUF estaba presidida por José Luis Corbo, también ramplense. En aquel momento se instauró el fútbol playa en todas las federaciones de la FIFA, por lo cual Corbo le pidió que coordinara la actividad. Por entonces, también las competencias de playa estaban llenas de exfutbolistas, que contribuían a aumentar la popularidad de sus torneos que ya se difundían por televisión: Venancio Ramos, Gustavo Matosas, Diego Aguirre, Alberto Bica, Rodolfo Rodríguez. A ellos se sumaron futbolistas de sala, así como de las categorías de aficionados de cancha.

Está previsto que la actividad de clubes comience el 19 de enero. Falta confirmar a algunos equipos, con un mínimo de ocho y un máximo de 12, por la propia disponibilidad del estadio Arenas del Plata. La liga local ha contado con varios nombres de peso en la AUF, como Peñarol, Nacional, River Plate, Rampla, Basáñez y Juventud, aunque por lo general los equipos se formaron por iniciativa de los jugadores, que luego fueron a pedir autorización, apoyo e incluso las camisetas a los clubes. "Estamos invitando a todos los clubes de la AUF para que se sumen al fútbol playa", cuenta Kevork.

En el campo internacional, la agenda anuncia un Sudamericano en Vitoria (Brasil) y la Copa América con sede a designar este año, así como una Copa Libertadores de clubes. El próximo Mundial será en 2017 en Bahamas, aunque antes habrá que disputar sus eliminatorias. También para ese año habrá un torneo continental juvenil.

Un jugador.

Ricardo Martínez (33) es uno de los futbolistas de playa más destacados. En la temporada pasada defendió a Peñarol, que fue el campeón. Ahora está en conversaciones con Malvín. Además, juega al fútbol de cancha en Canelones y llegó a integrar la selección departamental.

"La adaptación a la arena lleva años, porque uno está acostumbrado a jugar sobre un piso duro y liso. Así, vemos que hay jugadores que marcan la diferencia en fútbol sala o de cancha y al llegar a la arena son jugadores comunes y corrientes", dice.

En sus más de diez años de actividad, defendió la Celeste en muchos torneos internacionales y viajó por el mundo, desde todo Brasil hasta Francia, Portugal o Dubai. Pero, como deportista amateur, incluso el honor de representar al país se vuelve un problema. "Es una lucha continua con el laburo, pese a que a través de la AUF o el Comité Olímpico se consiguen certificados para obtener una licencia. Pero a veces uso mi propia licencia o voy sin goce de sueldo. Tendría que haber más apoyo por parte de las empresas", sostiene.

El técnico

Desde octubre pasado, Miguel Aguirrezabala (45) es el técnico de la Selección uruguaya de fútbol playa. Supo defender la Celeste sobre la arena hasta 2010 y todavía practica fútbol sala. Hasta marzo tiene contrato con la AUF.

"Si bien la Selección es estable, entrena solamente en los meses de verano", explica. "Ahora estamos trabajando en el recambio para el seleccionado. Cuando el fútbol playa se organizó como deporte oficial, ya existía un grupo de jugadores que lo practicaba, lo cual nos dio ventaja. Ahora hay que unir esa generación con los más jóvenes. El recambio tenemos que hacerlo con ellos, para aprovechar su experiencia".

Como la escasa competencia interna no da oportunidad de ver jugadores, se hizo un llamado a los interesados y entre los que se presentaron fue elegido un primer grupo para entrenar todos los días, de ocho a diez y media de la mañana, en el estadio de Pocitos. También se está realizando un llamado para menores de 18 años, con vistas al futuro seleccionado sub 20.

"Es un deporte muy exigente, por el piso donde se practica e incluso porque muchas veces se juega con altas temperaturas. Por eso se permiten muchos cambios. A veces, luego de un par de piques, hay que cambiar a un jugador", comenta Aguirrezabala.

El entrenador señala que la ventaja inicial de los futbolistas de playa uruguayos se fue neutralizando ante las inversiones que realizan otros países. En Argentina, como solo había canchas naturales en las playas del Sur, se instalaron dos artificiales en el complejo del seleccionado mayor en Ezeiza.

El estadio de Pocitos, casa central y casi única

El estadio Arenas del Plata, que se arma cada verano en el sector Este de la playa Pocitos, es el principal escenario del fútbol playa del país. Casi es el único, aunque alguna playa de Montevideo y Atlántida han tenido sus canchas durante algún tiempo. Ahora también hay terrenos con medidas oficiales en Trinidad, Treinta y Tres y Lascano, y se hará otro en una plaza de Florida. El problema de Arenas del Plata es que debe compartirse con otras actividades que se realizan sobre la arena, como beach voley, rugby de playa o handbol.

¡Uruguayos campeones...!

Uno de los últimos grandes títulos del fútbol playa celeste fue la Copa Latina de 2011, conquistada en Rio Quente (Goiás, Brasil). En la foto, jugadores, técnicos y dirigentes celebran la inusual victoria en la tierra de los brasileños, inventores de este juego. Uruguay tuvo destacadas actuaciones en los primeros mundiales organizados por la FIFA: subcampeón en 2006, tercero en 2007 y cuarto en 2009 (los diplomas correspondientes, firmados por el propio Joseph Blatter, están en las oficinas de la AUF). La oficialización del deporte por parte de la FIFA hizo que muchos países comenzaran a invertir, con lo cual la competencia se niveló. "Hoy se juega fútbol playa en los cinco continentes. Y en algunos países, como Brasil, España, Italia o Rusia, ya hay actividad profesional", comenta Kevork Kouyoumdjian.

El peligro de la pelota quieta

Una particularidad del fútbol playa es que puede resultar peligroso pegarle a la pelota cuando está quieta. "Cuando queda en un lugar seguramente es porque ahí hay un pozo. Y se pueden sufrir lesiones, como el esguince de dedo gordo, un problema común en nuestro deporte", comenta Ricardo Martínez. Por eso, los jugadores desarrollan una técnica especial, por la cual levantan la pelota y enseguida le pegan de aire. De hecho, en el fútbol playa la pelota debe andar más tiempo en el aire que en el suelo. No alcanza con jugar bien en el fútbol de cancha o sala: si se pasa a la playa, es necesario un período de adaptación. "Primero hay que aprender a correr sin pelota sobre la arena, luego aprender a correr con la pelota y finalmente aprender a jugar", explica el técnico Miguel Aguirrezabala.

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