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¿Qué hacer con el deseo sexual en épocas de aislamiento y distancia social?

¿Cómo hacer para saciar el deseo sexual cuando tenemos que estar aislados? La cuarentena plantea varios desafíos a quienes quieren conectarse con su pareja o también con uno mismo.

sexo virtual
El sexo por fibra óptica. Foto: Shutterstock. 

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De una sesión de chat en un grupo de WhatsApp donde todos son hombres y heterosexuales: “¿Alguno de los que está en este grupo le entraría a (nombre de una figura televisiva)?”. Algunas de las respuestas: “¡La calentura que tenés es importante!” o “Cómo te ponés en cuarentena, ¿eh?”

En otro grupo de chat de WhatsApp, solo integrado por mujeres: “Te voy a confesar que C.M. últimamente me está generando algo de morbo. OBVIO QUE TE MATO SI DECÍS ALGO”.

Así, entre mensajes de texto, imágenes, audios y videos, la más o menos voluntaria cuarentena le está dando forma a una sexualidad distinta (o al menos novedosa) a los uruguayos y las uruguayas. No a todos, claro. Porque no siempre se puede cumplir con la cuarentena, y por lo que se ha visto, también se ha “aflojado” un poco al decir del secretario de Presidencia Álvaro Delgado.

Pero sí puede influir sobre la sexualidad de muchos que, alarmados por la diseminación de la COVID-19, se encerraron en sus hogares. Con el encierro vienen —además de una serie de desafíos cotidianos— también una nueva manera de relacionarse. O distanciarse.

En todas las conferencias de prensa y comunicaciones del gobierno, la sexualidad ha brillado por su ausencia. Parece impensable que desde el edificio de Presidencia se emitiera una recomendación como la que hizo hace unos días el médico infectólogo argentino José Barletta en un comunicado oficial del gobierno de Alberto Fernández: “Cuando hablamos de distanciamiento social hablamos de evitar el contacto cara a cara y eso incluye los encuentros sexuales con personas con las que no convivimos. Hay muchas apps para conocer personas, eso se puede utilizar pero, por el momento, es evitar conocer personas o encontrarnos con personas con las que no convivimos. Buenas alternativas a esto son las videollamadas, el sexo virtual y el sexting”.

¿Qué hacer con el deseo sexual en épocas de aislamiento y distancia social? No hay una respuesta única, por supuesto. Porque dependerá de la persona, de su situación particular en cuanto a si está en pareja, si convive o no con esa pareja, si está sin una pareja estable, si tiene o no trabajo y de muchos otros factores.

Pero un reciente estudio llevado a cabo por la Academia Internacional de Medicina Sexual en muchos países puede empezar a echar luz sobre las costumbres y preferencias sexuales de “les uruguayes”. El relevamiento, que aún no concluyó porque se están elaborando las conclusiones, abarcó a distintos países de varios continentes, y es uno de los más ambiciosos realizados por esa institución. El presidente de la Sociedad Uruguaya de Sexología Santiago Cedrés también es presidente de esa academia y participó en el estudio.

Santiago Cedrés
Santiago Cedrés

Cedrés aclara que aún faltan algunos días para la publicación oficial de la investigación, pero ya ha visto algunos datos y tendencias que le llamaron la atención. Antes, empero, destaca la importancia del estudio. “No había casi nada sobre sexualidad durante una cuarentena o confinamiento. Había algún estudio sobre sexualidad en población carcelaria. Pero así como este, en donde se relevó a muchas personas, en muchos países, en situación de cuarentena, no”.

Para el sexólogo y médico, los datos y las conclusiones de este estudio va a permitir mayor comprensión sobre la sexualidad en confinamiento, y servirá también para echar un vistazo hacia el futuro. Porque, como dice, “las consecuencias de esto se van a ver más adelante”. Cedrés menciona que está bien reactivar la economía, pero también señala que el encierro trae consecuencias psicológicas que influirán decisivamente sobre las actitudes y el comportamiento sexuales más adelante.

Juana tiene 27 años, no tiene pareja y se acuarteló en su casa, trabajando desde ahí. Antes de todo esto, salía mucho y tenía una vida social intensa. Desde el mes pasado, todo eso se cortó. Y con eso también desaparecieron las oportunidades de conectar con alguien para una relación sexual. La respuesta a esa falta de contacto fue que empezó a masturbarse mucho más que antes. “Lo hago tantas veces que tengo miedo de quedarme embarazada de mí misma”, dice por WhatsApp. A veces consume pornografía y otras veces se mete en canales de cámaras web en vivo, en donde otros como ella están en la misma: buscando estímulos en internet para saciar el deseo sexual.

Sexualidad femenina
Foto: Shutterstock.

Y no está mal, dice la sexóloga Vivián Dufau. “En este momento, desde el punto de vista médico, no está bien recomendar encuentros, aunque eso solo implique un beso y nada más. Estás aumentando tu chance de contagio. Lo que les diría a todos es que hagan uso de todas las herramientas de redes sociales que tenemos para seguir en la búsqueda y el galanteo. Pero incorporarlas a la sexualidad virtual. No vayamos a lo físico, por lo menos por ahora”, agrega.

También ella está al tanto del estudio llevado a cabo por la Academia Internacional de Medicina Sexual y señala que la vida sexual depende, claro, de varios factores: si se está en pareja estable o no, si se convive con esa pareja, si se está soltero… “Si, por ejemplo, hay una relación estable y de convivencia, el relacionamiento durante el confinamiento va a depender bastante de cómo esa pareja se llevaba antes de que esto pasara. Si ese vínculo venía con problemas y si no hubo una intervención profesional, hay altas probabilidades de que la relación se termine”.

En el caso de que la pareja que convive haya llegado a la cuarentena con un vínculo fuerte y saludable, el factor hijos es decisivo. “Si hay hijos, influye mucho la situación edilicia. Si la pareja no tiene un espacio para sí, lo que se vio es que pueden aparecer problemas. El más frecuente en el caso de las mujeres es el trastorno del deseo sexual hipoactivo (o sea, una disminución importante del deseo sexual) y la disfunción eréctil en los hombres”, observa.

Pero no solo importa cómo se vive. También importa la edad. Según Dufau, cuanto más veterana la pareja, más probabilidad de que la cuarentena trastoque el deseo. “Cuando se está llegando a los 65 años, que todo el tiempo escuchamos que es un grupo de riesgo, empiezan a aparecer disfunciones. Pero no por la pareja en sí, sino por la incertidumbre y el riesgo a contagiarse. Eso en los jóvenes no se ve, porque se creen inmortales e invulnerables”, señala.

¿Qué pasa con aquellos a los que la pandemia agarró sin pareja estable? “Esta tal vez sea la situación más compleja”, explica Cedrés. “Precisamente, la cuarentena implica el aislamiento para evitar contactos entre personas y minimizar la probabilidad de contagio. ¿Qué hacer? “Una práctica saludable al respecto es utilizar las redes sociales y mantener erotismo ‘virtual’. Quien quiera conocer a alguien para mantener relaciones sexuales esta época que atravesamos lo deja en espera y puede afectar a la autoestima, ya que la práctica sexual y el vínculo afectivo con un otro actúa mejorando la salud. Afortunadamente, el autoerotismo también tiene beneficios similares a la práctica sexual compartida y puede ser una alternativa para estos momentos”.

Así las cosas, los solteros y solteras se encontraron de pronto en la misma situación de Juana: con ganas pero sin posibilidad de hacer mucho al respecto. Eso, claro, no significa que automáticamente podamos racionalizar el deseo y ponerlo en modo stand by hasta que volvamos a la normalidad, sea esta nueva o ya conocida. ¿La pornografía puede ser un complemento? Tanto Cedrés como Dufau evitan condenar moralmente el consumo de pornografía. “Si uno está solo y sin pareja lo mejor es no dejar de tener prácticas sexuales. El autoerotismo es una práctica con muchos beneficios, desde aflojar tensiones, favorecer el sueño hasta mejorar el autoestima. La utilización de la pornografía es favorable en casos donde la libido está muy descendida ya que puede actuar como activador de la misma”, afirma Cedrés. Pero también agrega que, en otros casos, la pornografía puede “empobrecer la vida erótica porque no deja que la persona evoque una fantasía y se coloque en un lugar activo frente a la sexualidad”.

Dufau, por su parte, agrega que la pornografía puede ayudar, pero que hay que ser consciente de que también puede condicionar la respuesta sexual, automotizarla. De tanto consumirla, puede que termine produciendo el efecto que el comediante Chris Rock narraba en el espectáculo Tambourine, disponible en Netflix: “Me hice adicto al porno. Pero cuando consumís mucho porno, te volvés sexualmente autista: nos cuesta el contacto visual, hablar, queremos que todo sea una rutina y se pierde sensibilidad. Además, al principio nos sirve cualquier cosa, pero luego hay que armar un cóctel porno perfecto. Si no, no me excitaba”.

Entre la incertidumbre por la situación de la salud, y la angustia por lo que pueda pasar respecto al trabajo y la situación económica, el deseo sexual y su realización pueden parecer temas de importancia secundaria. Pero como dice Cedrés: “El apetito sexual es una necesidad que cuando se satisface genera un equilibrio, regulando conductas de tipo frenéticas”.

Más allá de la herramienta a la que se recurra, tanto Cedrés como Dufau coinciden en que el confinamiento podría servir para conocerse mejor. Desde sus respectivos puntos de vista, lo mejor es explorar y aprender, para salir del encierro con mayor conocimiento sobre lo que gusta y lo que no en cuanto al deseo sexual.

Tal vez así, la pandemia deje al menos una enseñanza en clave optimista, y salgamos de ella con mayor confianza y más ganas de vincularnos sexualmente y con mayor pasión. También, con mayor comprensión tanto por los deseos propios como los del otro.

ogt

Un sexshop diferente

El sex shop ogt_sexindicato está dirigido por dos jóvenes de 25 años y su emprendimiento abarca más que juguetes sexuales y lencería. Gestionado por ellas mismas y con un espíritu colectivo y politizado, promueve una sexualidad que va más allá de lo más común y aceptado. Una de ellas dice que desde que empezó con el sex shop ha seguido explorando y descubrió que la excitan muchas más cosas que antes. En ese sentido, dice, su sexualidad ha ganado variedad y amplitud, pero tampoco quiere imponerle nada a nadie. Cada uno que haga su camino. Pero sí tienen opiniones definidas sobre los lugares que comercializan juguetes sexuales: “Los sex shops tradicionales son horribles y caros. Nosotras tratamos de que las imágenes que mostramos y los artículos que vendemos sean diferentes”. Eso no les da mucho margen para ganancias cuantiosas, pero todo bien. Ambas dicen que no están en esto para ganar dinero. Una de ellas dice que seguramente sea moza hasta los 80 años, pero que la satisfacción que le da invertir energía en este emprendimiento compensa la eventual falta de dinero. “Compramos los artículos lo más barato posible, y cuando son caros, tratamos de ganar lo mínimo posible sobre el precio, para que sea lo más accesible posible”. Venden en cuotas y también están implementado un sistema de cuponeras (a las que llaman “chuponeras solidarias”) para tratar de no cargar demasiado los bolsillos de sus clientes. Además, dan tips sobre sexting y otras prácticas sexuales virtuales. Tanto una como la otra están en cuarentena voluntaria y ambas recurren a la masturbación para sobrellevar la situación, aunque una de ellas tiene pareja estable. Y están convencidas de que el sexo por fibra óptica es una buena herramienta en estos días. “Una cosa que he descubierto”, dice una, “es que hay ciertos audios de WhatsApp que pueden estimularme”. Pero más allá del sexo virtual, los audios, las videollamadas y los juguetes, ambas dicen que lo que está pasando es una “mierda”. El sexo en sus distintas manifestaciones puede ser un alivio ante un panorama lúgubre e incierto, pero no hay que verlo como una exigencia o mero escapismo. 

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