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Desearlo y conseguirlo: la vida de Inma Cuesta

Inma Cuesta dice tener un don para atraer las cosas que quiere que ocurran; tanto lo quiso que protagoniza El desorden que dejas.

Inma Cuesta
Inma Cuesta. Foto: EFE

Hace cuatro años que Inma Cuesta tuvo un flechazo con Raquel Valero, la protagonista de El desorden que dejas y, quizás de desearlo tanto, obtuvo el personaje. Dice que a los que la conocen no les extraña que le pasen estas cosas. En una entrevista con La Voz de Galicia dijo que cree que la fuerza del querer es muy grande.

Inmaculada Cuesta Martínez nació en Valencia, en 1980, aunque haya conseguido un acento gallego para la exitosa serie de Netflix basada en la novela de Carlos Montero que practicaba hasta en los viajes en taxis.

Recuerda los veranos en casa de su tía Carmen donde realizó sus primeros shows a los 4 años para su familia. Es la mayor de tres hermanos y le siguen llamando cariñosamente Bruja. A los 6 se muda a un pueblo de Jaén y, a pesar de que siempre fue conocida como “la hija del tapicero”, que cosía bolsos y los vendía para financiar sus estudios, fue cultivando su pasión por interpretar y cantar hasta que consiguió que sus padres le permitieran estudiar arte dramático. Porque lo deseó tanto que lo consiguió.

Tocaba el tambor en la banda municipal y en la adolescencia se encerraba en su habitación para memorizar textos de William Shakespeare. Y hasta aprendió a tocar la guitarra por su cuenta.

Su madre es ama de casa. Su abuelo paterno fue un comandante republicano que se salvó el cuello gracias a un sacerdote. Pero se vio obligado a abandonar su tierra.

De ahí que Inma naciera junto al Mediterráneo, donde sufrió de alergias y asma, hasta que dejaron el clima húmedo. Según Diego Cuesta, su padre, ella era una niña “callejera, guasona y burlona; pero muy inteligente y muy hormiguita”.

Contra los retoques del photoshop

En 2015 denunció los retoques que le habían hecho a una foto en la portada de revista: “Verte y no reconocerte, descubrir que tu imagen está en manos de personas que tienen un sentido de la belleza absolutamente irreal (...) No entiendo la necesidad de retocar mi cuerpo , alisar mi piel y alargar mi cuello hasta convertirme casi en una muñeca sin expresión”.

Un día decidió irse a Córdoba a probar suerte y más tarde lo hizo en Madrid, donde ingresó en el Conservatorio y Escuela de Danza Centro de Artes Escénicas, siguiendo los consejos de un profesor de Literatura del liceo. Lo típico: en la capital primero trabajó en un bar y luego en una tienda de la firma Cortefiel donde doblaba ropa. Fue ahí donde sucedió lo que siempre afirma: si lo deseás mucho, lo vas a conseguir.

La llamaron para un casting para Hoy no me puedo levantar, el musical de Mecano, el primero de muchos trabajos que luego vendrían en una carrera reconocida por el público y la industria. Cuando contó a sus compañeros que necesitaba un día libre para la prueba, la mayoría la miró con displicencia. Uno de sus amigos cercanos llama a esto su “momento Pretty Woman”. Nunca ha vuelto a ese comercio.

Nacho Cano, creador de Hoy no no me puedo levantar, y con la última palabra en el casting, recordó el flechazo en una entrevista en el diario El País de España: “No me costó elegirla. Poseía tres cosas importantes: corazón, belleza y magia. Y cantaba muy bonito”. Cuesta fue con su guitarra y tocó una canción propia. “Era un diamante en bruto. Con esa mirada pura, como la de Penélope Cruz. Las dos miran muy bien. Me alegro de haberle dado la primera oportunidad. Aunque todos me decían que me iba a equivocar con Inma porque era pequeñita”. No se refería a su edad sino a su estatura. La actriz mide 1,59 metros.

“Inma tiene duende, magia”, comentó Marga Ariza, una de sus compañeras de la Escuela de Arte Dramático de Córdoba (la misma que años más tarde la avisaría del casting de Mecano al que se presentaron más de 1.300 personas para su papel) a El País. “Si no fue la mejor nota en las pruebas de acceso, fue de las mejores. Siempre le decía: ‘Vas a llegar muy lejos”.

Su primer gran año fue 2011. Estrenó tres cintas. Dos de ellas, Primos, de Daniel Sánchez Arévalo, y Águila Roja. La película, de José Ramón Ayerra, se colaron entre las 10 producciones españolas más vistas. Por la tercera, La voz dormida, fue nominada al Goya como mejor actriz. En 2012 participó en Blancanieves, de Pablo Berger; Grupo 7, de Alberto Rodríguez, e Invasor, de Daniel Calparsoro. En ninguna era la protagonista, pero fue un talismán. Entre las tres películas acapararon 39 candidaturas a los Goya (se llevaron 12). “Es una actriz orquesta”, define el prestigioso director de casting Luis San Narciso. “Domina el drama, la comedia, canta, baila. Tiene el primer plano más importante del cine español”.

Con la película de 2015 La Novia, de Paula Ortíz, ganó el Premio Feroz a mejor actriz.​ La película es una adaptación de Bodas de sangre que le permitió explorar su vertiente más teatral y musical.​Este papel le abrió las puertas para trabajar con Pedro Almodóvar en Julieta en 2016. En 2019 recibió otro Premio Feroz por la serie de televisión Arde Madrid, que narra la vida de Ava Gardner durante su residencia en la ciudad en los años 60. Y este año llegó El desorden que dejas donde interpreta a Raquel, una profesora de literatura que ha aceptado trabajar en el pueblo de su esposo con la intención de dar una segunda oportunidad a su matrimonio pero que pronto se ve arrastrada en una trama de misterio. “A veces soy un poco bruja, he tenido intuiciones. Deseé fuerte este papel y me ocurrió, hay que tener cuidado con lo que deseas”, le ha dicho al conductor Pablo Motos en plena entrevista.


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