SALUD

¿Desayunar es lo más importante?

Después de considerar por décadas a la primera comida del día como indispensable, ahora varios estudios científicos relativizan esa máxima. Aquí algunas explicaciones.

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Algunos expertos dicen que salterar el desayuno predispone al "picoteo".

Desayuna como un rey, almuerza como un príncipe y cena como un mendigo." El refrán le otorga a la primera comida del día un valor supremo, y también existen estudios científicos que asocian la influencia que un buen desayuno puede tener como factor predictor de la obesidad, la salud cardíaca y el desempeño académico.

Sin embargo, y como reconocen los expertos en nutrición, muchas de las asociaciones establecidas en esas investigaciones —como en el caso del desayuno y la pérdida de peso— no implican una causalidad, y también hay estudios que llegan a distintas conclusiones sobre una misma cuestión.

En este sentido, se expresó hace algunas semanas el pediatra Aaron Carroll en su artículo Sorry, theres nothing magical about breakfast (Lo lamento, no hay nada mágico sobre el desayuno, por su traducción del inglés) publicado en The New York Times. En la nota, menciona: "Al igual que con muchos otros consejos nutricionales, nuestra creencia en el poder del desayuno se basa en investigaciones malinterpretadas y estudios sesgados, porque una buena parte de ellos ha sido financiado por la industria alimenticia".

Especialistas consultados también debaten sobre las bondades de esa primera comida del día. Algunos aseguran que saltearla predispone al "picoteo" durante la mañana. Otros, en cambio, insisten en que comer sin hambre "no es una buena práctica". Y sobre la supuesta necesidad de desayunar para bajar de peso, las teorías son múltiples.

El desayuno, ¿en el trono o en el banquillo? Uno de los puntos más centrales del debate es si es la comida más importante del día.

"Intuitivamente, no parece que comer por la mañana después de dormir tenga mejores efectos que esa misma comida practicada en otro momento, ni existe literatura científica seria que lo respalde", dispara Julio Montero, médico argentino especializado en nutrición y docente. "La comida debería ingerirse en respuesta al hambre. Comer sin hambre no es una buena práctica: fomenta la formación de grasa, expone a excesos alimentarios, a comestibles de mala calidad nutricional e interrumpe el periodo de ayuno. Éste pone en marcha mecanismos que optimizan el efecto de lo comido y el uso de las reservas del organismo. Esto que se llama flexibilidad metabólica es altamente deseable y que precozmente pierden los que comen con frecuencia. La hora de la comida es la del hambre, no la que marca el reloj, salvo que haya indicaciones médicas".

Coincide con Montero su colega español, Juan Revenga, divulgador científico en materia de nutrición y autor del sitio El nutricionista de la General, que considera: "La clave está en decidir si es recomendable comenzar nuestra jornada comiendo algo más tarde o más temprano, y lo cierto es que no hay un respuesta clara. Así lo expresa la muy reciente revisión sobre la materia publicada en mayo pasado Los efectos del desayuno sobre los procesos cognitivos en adultos que evaluó las diferencias de memoria, nivel de atención, coordinación y lenguaje de dos colectivos: aquellos que desayunaban antes de empezar su jornada y los que no. Los resultados proyectan una gran sombra de incertidumbre. La única ventaja clara entre los que sí desayunaban frente a los que no quedó establecida para la capacidad de recordar elementos de la memoria a largo plazo y, en cualquier caso, con una mínima ventaja sobre los que no desayunaban".

Pero las aguas están divididas, y tanto los doctores Alberto Cormillot, coordinador del Programa de Alimentación Saludable (PAS) del Ministerio de Salud de Argentina, y Mónica Katz, autora del libro Más que un cuerpo (Aguilar), consideran al desayuno como una comida clave. "En principio, pasaste al menos ocho horas sin comer y el cerebro necesita combustible para tareas cognitivas, de coordinación. En lo posible, debe consumirse antes de las 11. Por ejemplo, los primeros síntomas de falta de glucosa en cerebro son: malhumor, irritabilidad y cefalea". Cormillot agrega: "Uno puede tomar un mate con una feta de queso o un huevo antes de salir y después un desayuno más fuerte. El asunto es largar comiendo algo durante la mañana". 

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