DE PORTADA

Los deportes que traen los inmigrantes

Los inmigrantes no solo traen nuevos sabores. También llegan con pasiones por deportes como el béisbol, softbol y cricket son algunos de los deportes 

Softbol Parque Rivera
Jugando softbol en Parque Rivera. Foto: Leonardo Mainé. 

Que pitchers, wickets, innings, linebackers y shortstops. Los deportes que traen muchos migrantes consigo para practicar en su nueva tierra están llenos de terminología foránea. No como las muy criollas palabras “corner”, “óbol”, “orsay” y “faul” ¿verdad? Bromas aparte, el actual gerente nacional de la Secretaría Nacional de Deportes, Daniel Daners, les recuerda a los desmemoriados que —por ejemplo— el cricket llegó a Uruguay antes que el fútbol.

Pero el fútbol —y luego el básquetbol— se hicieron tan populares que todo lo demás fuera de esa masividad pasó a ser “chico”. O insignificante. Y si varios de los deportes que ya se practican desde hace años en Uruguay son chicos, aquellos que los migrantes traen consigo (o que llegan por otras vías) son directamente minúsculos. A veces, no hay ni siquiera para comprar los equipos o atuendos indispensables y hay que hacerlos traer desde otro país. O depender de donaciones de empresas que quieren hacer un aporte.

Como sea, venezolanos, cubanos, dominicanos, indios e incluso uruguayos con la vista puesta en otros horizontes que los que traza el fútbol, están desde hace tiempo sembrando las semillas del béisbol (y su variante softbol), el cricket y el “fútbol americano”, ese deporte que muchos en su ignorancia solían confundir con el rugby.

Se verá si esas semillas harán que florezcan nuevas tradiciones deportivas en el país del “fúlbo”. Parece poco probable. Pero, por otra parte, muchos de los consultados para esta nota ven a estos deportes como una manera de mantener el contacto con la cultura que dejaron atrás cuando decidieron radicarse en Uruguay.

Béisbol-softbol

Guante de béisbol
El guante y la pelota, inseparables. Foto: Leonardo Mainé.

Lurmary Coronel (28) llegó hace un par de años a Uruguay, sola. Ahora ya está acompañada por su núcleo familiar. Tiene novio uruguayo, y desde que se enteró que la señal ABC transmite los partidos de la Liga Venezolana Profesional de Béisbol, repite el ritual familiar de su infancia: ver el partido de “beisból” (así lo acentúa) en familia. El novio uruguayo, por ahora, sigue como puede los vaivenes del juego y su máximo logro: el jonrón (para nosotros, sería algo así como un gol de media cancha).

Ella, fanática del equipo Los Leones del Caracas (los archirrivales son Los Navegantes de Magallanes), le va explicando por qué el jugador que está en primera base no corrió hacia la segunda en esa oportunidad. O por qué el catcher eligió hacer tal o cual jugada. No es, dice Lurmary, un deporte sencillo de entender desde el principio. Pero el ritual de los fines de semana va paulatinamente ayudando a ese novio que, hasta la relación con ella, ignoraba las básicas y ahora disfruta de los partidos.

Para ella, el deporte no solo es una manera de seguir vinculada con su cultura, sino también con su profesión. Licenciada en Comunicación, Lurmary era periodista especializada en deportes en su país. Eso sí, no cubría partidos de béisbol: “No podía. Era fanática. No era capaz de tener la distancia necesaria. Podía escribir sobre béisbol en general, pero ¿cubrir un partido? Imposible”.

Si la dejan, puede hablar horas del deporte y sus jugadores, de quiénes integran el Salón de la Fama, de lo que se necesita para triunfar en ese mundo y mucho más. Estaba tan involucrada en el ambiente del béisbol en su país que tiene varios amigos y conocidos que se hicieron profesionales, tanto en Venezuela como en Estados Unidos. Y no cree que el deporte cale en su nuevo país, aún si su novio se convirtiera en un experto. Falta cultura beisbolera en Uruguay y no ve que el deporte pueda desarrollarse sin ella. “Acá es todo fútbol. Ni siquiera le prestan atención a otros deportes que tienen”, comenta en referencia al monocultivo deportivo que se practica en Uruguay.

¿No le hubiese gustado ser jugadora de béisbol? “Era más común para las mujeres jugar al softbol pero yo jugaba a otro deporte, al kickingbol”, cuenta. Al parecer, el deporte madre (béisbol) da para mucho.

Aprender a batear

Ray Pinto (43) es cubano, llegó a Uruguay hace un par de años y es uno de quienes llevan adelante la Escuela de Softbol y Béisbol, bautizada con el nombre Nelson Mazzella Magallanes, en honor a un inmigrante venezolano ya fallecido que según Pinto hizo mucho por el béisbol y el softbol en Uruguay .

jugadores softbol
Los futuros beisbolistas. Foto: Marcelo Bonjour. 

En la escuela, Pinto enseña los fundamentos a todo el que le interese, además de que también juega en la pequeña liga que ya existe. Ahora se arrepiente de haber dejado todo lo que tenía relacionado al deporte en Cuba. Era hincha de Los Industriales, uno de los equipos más importantes de ese país y, como tantos otros, jugaba para divertirse. “Cuando me vine, regalé todo: guante, bates, pelotas, casco. Pensaba que acá no habría oportunidad de jugar. Y bueno, ahora hacemos lo posible por hacernos traer equipamiento e indumentaria desde otros países, porque acá es muy difícil de conseguir todavía”, dice.

Él y otros ya tienen varios puntos en la ciudad donde se dan cita para jugar y compartir vivencias y experiencias en el nuevo país. El más importantes es el Parque Rivera, donde cada domingo se juegan tres partidos de la liga uruguaya de softbol (jugar al béisbol por ahora es una quimera porque no existe infraestructura edilicia apropiada). Los encuentros están lejos de la prolijidad y el profesionalismo que, por ejemplo, se ven en decenas de películas estadounidenses sobre el deporte. Lo más importante es poder juntarse y divertirse un rato.

Y no se trata únicamente de un gueto de caribeños. “No, hay uruguayos que se acercan por curiosidad. Y también uruguayos que, por diferentes circunstancias, crecieron en países como Venezuela o Estados Unidos, y ahí le tomaron el gusto al deporte”, cuenta el cubano.

Eso sí, a la hora de armar los equipos prevalece la preferencia por rodearse de compatriotas. Así, explica Pinto, los dominicanos se juntaron todos en el equipo Pa’ Gozá’, los cubanos juegan en Los Amigos De Cuba y los venezolanos compiten en Los Cerveceros de Venezuela. ¿Y los uruguayos? “Ellos están en el equipo Celestes”, responde Pinto. También hay un equipo de softbol, llamado Repecho.

En total, diez equipos masculinos conforman la liga uruguaya de softbol y hay tres equipos femeninos 

Los equipos

La lliga uruguaya de softbol tiene diez equipos en su versión masculina: Los Amigos de Cuba, Pa’ Gozá, Cerveceros de Venezuela, Celestes, Cuba Libre, Los De Siempre, Arepa Power, Fantasmas del Caribe, Astros del Caribe y Repecho. En la femenina, en tanto, solo hay tres equipos por ahora: Las de Siempre, Celestes y Repecho.

La escuela en la que trabaja Pinto tiene unos 40 socios y la idea, obviamente, es que se acerquen más. Para eso trabajan, cultivando contactos en otros países para que les envíen artículos y equipos, y difundir las reglas del deporte que parece, hasta ahora, una pasión caribeña y estadounidense.

Como cubano, Pinto recuerda que el bate, el guante y la pelota eran parte constante de su infancia y la de tantos otros niños en su país. La expresión “¿Vamos a jugar a la pelota?” nos resulta tan familiar a los uruguayos que ni se nos pasa por la cabeza otra cosa que el fútbol. Pero para los cubanos, jugar a la pelota era jugar, a como diera lugar, al béisbol: en la calle, en las plazas, en los parques, donde fuera. La tradición y la cultura cubana en torno al deporte han sido tan fuertes, que el país fue durante muchos años uno de los mejores del mundo. Pero desde hace unos años, escasean los logros cubanos en béisbol.

Fernando Sánchez (30), también es cubano y aunque no es fanático de esta disciplina, aporta otro localismo en torno al deporte: “También se decía ‘Vamos a jugar al taquito’. Ya no soy seguidor de un equipo, ni soy hincha, pero no recuerdo casos de niños que no jugaran a la pelota”. En Cuba, se respira béisbol y softbol, y eso dio lugar a una rica tradición deportiva. Los éxitos de los equipos de ese país en el béisbol eran motivo de orgullo para casi todos, más allá de preferencias particulares. “Cuba ganó medallas olímpicas, series mundiales... Hace varios años se jugó una serie de encuentros entre las mejores selecciones del mundo, en Estados Unidos. Y Cuba perdió la final, quedó segunda. Se sufrió mucho esa derrota, pero también era la prueba de que Cuba estaba entre las mejores naciones de béisbol en el mundo. Y hoy ya no es así. Hace ya varios años que estamos en declive”, cuenta Sánchez.

Él atribuye ese bajón a varios factores. Uno es que los mejores jugadores, cuando pueden, se van a jugar a principalmente Estados Unidos. Para peor, no se logró acordar entre las autoridades cubanas y los grandes clubes estadounidenses para que los jugadores pudieran representar a su país luego de jugar en sus clubes. “Como pasa acá, con los jugadores de fútbol, que juegan en sus respectivos clubes y luego van a jugar a la selección”, comenta Sánchez.

La venezolana Lurmary Coronel tiene otra visión sobre la importancia del béisbol como deporte nacional. “Para mí, y para muchos venezolanos, importan más los equipos que las selecciones nacionales”, dice.

Sea como fuere, el béisbol y el softbol viven una segunda primavera en Uruguay gracias los miles de inmigrantes caribeños que se radicaron en el país. Tal vez, dentro de no mucho tiempo, habrá que preguntar a qué deporte se refieren cuando se escuche “¿Vamos a jugar a la pelota?”.

El cricket, una pasión india

jugadores de cricket
Otro deporte con bate, el cricket. 

Por más que haya sido uno de los primeros deportes introducidos en el país por inmigrantes, el cricket hoy es prácticamente tan indescifrable como el fútbol australiano. Al menos para el espectador o espectadora promedio. Aún así, el cricket en Uruguay ha avanzado varios casilleros en comparación con, por ejemplo, el béisbol. Entre otras cosas, ya hay una selección uruguaya que compite internacionalmente.

En Uruguay, el deporte tiene bastante que agradecerle a gente como Rajendra Rathod (35), radicado en el país desde hace cinco años. “Todos me dicen Raj”, aclara en inglés y por teléfono.

Rajendra Rathod
Rajendra Rathod, estrella de la selección uruguaya de cricket. 

A diferencia de los inmigrantes caribeños consultados, para quienes el béisbol o softbol son pasatiempos, Raj se toma el cricket muy en serio. De ahí, también, que algunos problemas para él sean mayores. Hay que mantener un nivel y para eso se necesita constancia, algo complicado cuando los inmigrantes indios llegan a Uruguay a trabajar, se instalan, empiezan con el cricket pero se van poco tiempo después, por razones laborales u otras. Además, no hay una gran cantera de la cual elegir: en 2018, se estimaba que los ciudadanos indios eran menos que 500.

A él, que hace unos dos años empezó a comprometerse seriamente con el deporte, esas cosas le preocupan. “Cuando llegué, no tenía amigos, no tenía nada. Y extrañaba mi país. Pero en el cricket encontré un propósito y hoy el deporte es todo para mí. Se puede decir que ese deporte me salvó”, confiesa.

Su esposa uruguaya Dioris, a quien Raj conoció por internet, confirma la importancia del deporte para su esposo. Y ella también juega el cricket: “Los fines de semana nos juntamos para jugar. Yo en el equipo femenino y él con sus amigos indios y algún que otro uruguayo”.

Dioris juega, también, casi siempre con otras mujeres indias. “He tratado de llevar a conocidas uruguayas a los partidos, pero es muy difícil. Van un par de veces, y luego no van más. Mi meta era poder armar un equipo de cricket completamente femenino, pero todavía no lo he logrado. Quería conseguirlo para poder competir a nivel sudamericano, porque Uruguay es el único país de Sudamérica que no tiene un equipo femenino de cricket. Todos los demás países sí”, dice con un dejo de resignación.

jugadoras de cricket
Ellas también juegan. 

El ir y venir de indios a Uruguay por trabajo es lo que a la vez impulsa y desestimula el desarrollo del deporte en Uruguay. Dioris señala que “la mayoría de mis compañeras de equipo de hace un par de años ya no están en el país. Es necesario que el cricket eche raíces entre uruguayas. Si no, será imposible armar un equipo”.

Tanto Raj como Dioris dicen que el cricket puede ser algo difícil de aprender. Raj lo compara con aprender un nuevo idioma. “Es un poquito hard”. Pero su esposa sostiene que lo que más se necesita para aprenderlo es tener ganas.

Por lo demás, los desafíos para los fanáticos (o aficionados) al cricket son muy similares a los que enfrentan cubanos, dominicanos y otros cultores del béisbol: la falta de lugares apropiados para jugar y la escasez de indumentaria y accesorios necesarios para su práctica. Raj sueña con “hacer un buen dinero” para poder construir una cancha apta para su deporte favorito.

Pero no solo. Raj es consciente que podrá haber muchas canchas de cricket en Montevideo o que las tiendas de artículos deportivos empiecen a ofrecer ítems relacionados al deporte. Pero si el cricket no se cultiva desde temprano, no habrá grandes chances de armar futuras selecciones sin expatriados de la India. “Hay que enseñar el cricket desde temprano”, agrega. Sin una cultura que lo sustente, el cricket seguirá dependiendo de la llegada de nuevos profesionales indios. Y se marchitará un poco más cuando esos profesionales partan hacia nuevos destinos o vuelvan a India.

Hay otro factor que pocos mencionan pero que es decisivo en el avance de un deporte en las preferencias populares: la televisión. La transmisión de partidos de la NBA hizo mucho por la popularidad del básquetbol incluso en países sin una tradición desarrollada en torno al deporte.

De la misma manera, la espectacularidad del show que se realiza en el entretiempo de la final del campeonato del fútbol americano ha llevado a que algunos empiecen a indagar sobre mariscales de campo, linebackers y otras características de ese deporte. Otros tantos tal vez se acerquen estimulados por películas como "Un domingo cualquiera", con Al Pacino como entrenador de un equipo de fútbol americano, título recurrente en la programación de la televisión por cable.

Pero nada sustituye el estímulo por un deporte como el contacto directo con quien lo conoce y lo cultiva desde hace años. Así como nos gustan cada vez más las arepas, puede que en un futuro no muy distante también empecemos a apreciar los vericuetos y las sutilezas de aquellos deportes que hasta ahora siguen a la sombra de los omnipresentes fútbol y básquetbol.

American football

Jugadores de fútbol americano
El american football se juega con una pelota ovalada.

Walter Hernández (42) acaba de llegar de Brasil cuando recibe la llamada de Revista Domingo. Está cansado, dice, pero contento. El equipo uruguayo volvió de Brasil con un victoria sobre el anfitrión. La selección nacional —integrada por jugadores de equipos de la Liga Uruguaya de American Football como Emperadores, Spartans y Troyanos— fue invitada a un training camp, y para Hernández fue una oportunidad para seguir creciendo. “Brasil tiene un muy buen nivel en este deporte y está un par de escalones por encima de cualquier equipo latinoamericano”, dice Walter. Lo que, por supuesto, hace que la victoria de la selección uruguaya sea aún más disfrutada. “Es más: nosotros empezamos a jugar antes que ellos. Incluso, algunos exjugadores brasileños recuerdan que uno de los primeros partidos que ellos tuvieron con equipamiento fue acá en Montevideo, en 2007. Pero luego de eso avanzaron muchísimo, y hoy son los mejores. Se despegaron”.

selecciones uruguay brasil fútbol americano
Las selecciones de Uruguay y Brasil antes del enfrentamiento en el training camp. 

Esos momentos de intercambios con jugadores de otros países, y máxime en un país como Brasil donde ese deporte está mucho más desarrollado que en Uruguay, son atesorados por gente como Hernández y otros cultores del american football. En Uruguay, dice el jugador, el deporte que él practica es muy resistido y las burlas están a la orden del día. “Hay un rechazo que tiene que ver con que es un deporte muy asociado a Estados Unidos. Eso existe”. Pero lo principal es, como siempre, el desconocimiento. Son muchas reglas, y como dice el propio Hernández, cuesta entenderlo. “Es un deporte muy difícil de entender. Cada posición tiene cosas diferentes que hay que aprender. El mariscal de campo tiene que tener ciertas características, otro jugador otras”. Por otra parte, añade, este deporte tiene facetas que pueden ser complicadas de entender para alguien con gusto no solo por los deportes, sino por el fútbol en particular, donde el contacto con la pelota es primordial. “Por ejemplo yo —que juego en la ‘línea’ de defensa y me enfrento a otros jugadores corpulentos y grandes—, nunca toco la pelota”. Todo eso genera incomprensión en quien ve el american football desde afuera. Además, reclutar nuevos jugadores es un proceso arduo: “Hay que enseñarle las reglas generales, luego las específicas de la posición en la que puede llegar a jugar...”. Ese proceso de aprendizaje puede desalentar a muchos. Aún así, Hernández avisa que el 15 de febrero, él y otros estarán recibiendo a curiosos e interesados en Rambla Gandhi y García Cortinas a partir de las 16 horas.

Por otra parte, hay pocos deportes que generen tanto espíritu de equipo como este. “Nada funciona si cada uno de los jugadores no hace lo que tiene que hacer. En un cuadro de fútbol, un jugador desnivelante puede hasta definir un partido. Acá eso no ocurre. Todos tienen que cumplir con sus funciones”. En otras palabras, en el american football se da aquello de “uno para todos y todos para uno”.

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