COMPORTAMIENTO 

Déficit de atención e hiperactividad, un trastorno poco conocido en adultos

Los adultos con trastorno por déficit de atención e hiperactividad sin tratar tienen más riesgo de adicciones y conductas impulsivas; ¿por qué es difícil su diagnóstico?

Déficit de atención, un raro trastorno en los adultos
Déficit de atención, un raro trastorno en los adultos.

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El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno que se hace más complejo con la edad del paciente, especialmente si este no es diagnosticado y tratado adecuadamente de forma precoz. Así lo advierte el responsable del servicio de Psiquiatría del Hospital Infanta Leonor de Madrid y coordinador del programa Título de Experto Universitario en TDAH a lo largo de la vida de la Universidad de Alcalá, Javier Quintero, quien recalca que al principio solo se muestra a través de desatención, hiperactividad e impulsividad, pero afecta el aprendizaje y el comportamiento.

En diálogo con el sitio insalus.com, Quintero indicó que la llegada a la adolescencia suele ser una etapa crítica, puesto que el riesgo de fracaso escolar está multiplicado en estos pacientes. En concreto, la prevalencia de TDAH en la edad adulta se calcula que está alrededor del 3% de la población.

“Son cifras menores a las que vemos en los niños y adolescentes, donde estaríamos hablando de cifras en torno al 6% o 7% del total. Lo más relevante es que actualmente en España se calcula que más del 90% de los adultos estarían sin diagnosticar”, agregó.

¿Qué causa el TDAH? Los científicos no están seguros qué provoca este trastorno, aunque muchos estudios indican que la genética desempeña una función importante. Al igual que con muchas otras enfermedades, probablemente es el resultado de un conjunto de factores. Además de la genética, los investigadores han explorado posibles factores ambientales y estudian la forma en que las lesiones cerebrales, la nutrición y el ambiente social podrían contribuir a su desarrollo.

Aunque se conoce desde 1968, la Organización Mundial de la Salud (OMS) no lo reconoció como trastorno psiquiátrico hasta 1992, por lo que actualmente muchas personas mayores de 45 lo han sufrido (y lo sufren) sin un diagnóstico.

Ha sido en 2018 cuando el TDAH en adultos se incorporó como alteración psiquiátrica a la clasificación internacional de enfermedades.

En una entrevista previa, Quintero había sido categórico: “Los adultos con TDAH están abandonados a su suerte”.

Los síntomas 

Los síntomas nucleares son los mismos que en las etapas anteriores de la vida, es decir, dificultades atencionales, hiperactividad e impulsividad.

En este sentido, la Fundación Cantabria Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (CADAH) señala que son personas que hablan excesivamente, interrumpen para responder antes de que hayan terminado de formularles la pregunta y suelen entrometerse en conversaciones ajenas.

“Lo que suele pasar es que la expresión de esos síntomas es diferente. Por ejemplo, la hiperactividad muchas veces es referida como una sensación de inquietud interna, más que la hipercinesia que vemos en los niños. Son muy relevantes las dificultades atencionales, que ahora afectan a su funcionamiento laboral, en forma de errores recurrentes o de despistes, así como la impulsividad, que en la edad adulta es más verbal que física”, explicó el psiquiatra.

La hiperactividad se puede transformar en: una actividad constante, horarios sobrecargados. elegir trabajos que les requiera una mayor ocupación, adicción al trabajo. El déficit de atención, más marcado en esta etapa de la vida, se manifiesta en: problemas de atención y concentración, desorganización e incapacidad para organizar trabajos o tareas, dificultad para iniciar y finalizar proyectos, problemas de gestión del tiempo, facilidad para olvidarse de las cosas.

“A la hora de gestionar las emociones es recomendable ayudarles a identificarlas, tratar de comprender en sus reacciones y no prejuzgar sus respuestas cuando se sabe que la impulsividad es uno de los síntomas cardinales de este trastorno”, comentó el médico.

Pero mas allá de estos síntomas, Quintero mencionó que hay que fijarse en la repercusión de los mismos en forma de otros problemas como ansiedad, depresión o consumos de alcohol o drogas, que suelen ser los principales problemas asociados a un TDAH no tratado adecuadamente. “Y habitualmente con una sensación crónica de ‘no llegar’ o de no poder ofrecer la mejor versión de uno mismo, con el consecuente menoscabo de la autoestima”, puntualizó.

Con todo, el TDAH se podría visualizar como una mochila muy pesada con la que la persona trata de crecer de manera lo más armónica posible, pero que siempre esta ahí. “Como toda carga, antes o después, se hará difícil de sobrellevar y tendrá como consecuencia impactos personales y sociales negativos que marcarán el presente, pero sobretodo las expectativas del futuro”, advirtió.

Los subtipos de TDAH en los que más se presentan estos trastornos de la conducta son el combinado y el impulsivo, mientras que el subtipo inatento tiene mayor afectación en las áreas relacionadas con el aprendizaje y la planificación de tareas y con problemas como depresión o ansiedad.

También el fracaso escolar, o un menor rendimiento académico, problemas sociales y de pareja, consumos de alcohol y drogas, más accidentes de tráfico, le dan a este paciente un riesgo de mortalidad por accidente aumentada.

Las personas con TDAH tienen, al menos, el doble de riesgo de empezar a consumir sustancias y desarrollar un trastorno adictivo y, por lo tanto, una patología dual. La patología dual se da en personas que presentan una adicción y un trastorno mental al mismo tiempo.

El consultorio 

El paciente muchas veces consulta por su trastorno añadido o comorbilidad y recibe el tratamiento para ese diagnóstico y no para la raíz del problema, su TDAH.

En muchas ocasiones necesita comprenderse mejor y con el mero diagnóstico ya toma conciencia de su problema, comienza a ordenar sus síntomas y a dar sentido a lo que le ocurre.

“Solo con eso ya da un primer paso muy importante. A partir de ahí, el tratamiento debe ser individualizado. Tenemos recursos farmacológicos y psicoterapéuticos muy útiles, pero siempre bajo las siguientes premisas: acompañar el paciente en su transformación, hacerlo a su ritmo, según su necesidad y no arreglar aquello que funciona. Digo esto último, porque muchas veces el paciente ha generado algunos recursos que le han permitido adaptarse a su realidad, y le son válidos y adaptativos”, consideró.

El experto hizo mención de un estudio científico que publicó hace un año sobre la calidad de vida en adultos con TDAH en el que encontró que el retraso en el diagnóstico empeoraba la calidad de vida de los pacientes.

“¿Qué cree que se puede hacer para mejorar el diagnóstico?”, se le preguntó en una entrevista en 2019 en redaccionmedica.com. Javier Quintero respondió de esta manera: “Pues como en casi todos los problemas en salud en general, hay que formar y capacitar a los profesionales en el diagnóstico y tratamiento de estos pacientes. Nadie diagnostica lo que no conoce. Pero si sabes lo que es, entonces eres capaz de detectarlo en tus pacientes y ver qué el síntoma podría ser a raíz de un TDAH. Entonces eres capaz de explorarlo adecuadamente e, incluso, de pedir ayuda externa. A veces uno no tiene por qué tener todas las herramientas, pero tiene que sospechas. Si no es capaz de manejarlo, que sea capaz de derivarlo a alguien que sea capaz de evaluarlo”. 

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