NOMBRES DE DOMINGO

La defensora de una economía más humana

La economista Deirdre McCloskey renegó del marxismo y se convirtió en una defensora a ultranza del libre mercado, el feminismo y las artes. Es una mujer transgénero que se hizo escuchar en todos los foros.

Deirdre McCloskey, una pensadora original y provocadora.
Deirdre McCloskey, una pensadora original y provocadora.

Cuando obtuvo el doctorado en Economía de Harvard, se llamaba Donald N. McCloskey. Estuvo casado por más de tres décadas, tuvo dos hijos y en 1995 tomó una decisión drástica: luego de divorciarse, se convirtió en Deirdre y terminó de revisar sus ideas sobre la economía, la política y la filosofía. Actualmente Deirdre McCloskey (76) es una de las economistas y pensadoras contemporáneas más originales y respetadas en el ámbito académico.

“Soy economista, pero también enseño y escribo sobre historia, inglés, comunicación, filosofía, arte y estudios culturales. Como diría May West: ‘Yo era Blancanieves... ¡pero me desvié!’”, se presenta con humor.

“Hasta 1995 me llamaba —y era— ‘Donald’. Criada en Boston, trabajé siempre en el Medio Oeste (de Estados Unidos). Casado durante 30 años felices, con dos hijos mayores (que no me hablan desde 1995), vivo en Printer’s Row, Chicago, con mi Norwich Terrier llamado Will Shakespeare y mi iglesia episcopal al otro lado de la calle, razón por la cual siempre llego tarde a misa”, acota.

Más allá de la ironía, McCloskey hace gala de su poder de síntesis para hablar de su propia vida y resumirla en unas pocas líneas. Brevedad que se contradice con la carrera de esta economista e historiadora, autora de 17 libros, más de 400 artículos académicos de referencia y una extensa trayectoria como docente en las universidades de Harvard, Iowa y Chicago.

McCloskey pasó de posiciones cercanas al socialismo a la defensa del libre mercado y a las ideas conservadoras en materia política. Contundente y pragmática en sus argumentaciones, también ha sido implacable con Donald Trump, al que trata lisa y llanamente de fascista.

“El capitalismo ha sido un éxito tan incuestionable como fracaso ha sido el socialismo”, asevera. Y a renglón seguido cita como ejemplos el derrumbe de la Unión Soviética, los actos totalitarios de la China de Mao, el fracaso de la revolución en Cuba, o la actual situación en Venezuela.

En acuerdo o en discrepancia para cualquiera que la escuche, nadie puede permanecer indiferente ante Deirdre McCloskey.

Orígenes

Esta polémica pensadora nació como Donald N. McCloskey el 11 de septiembre de 1942 en Ann Arbor, Michigan, Estados Unidos. Provenía de una familia de clase media del Medio Oeste. Donald comenzó a descollar ya de estudiante: en 1964 obtuvo el pregrado y en 1970 el doctorado en Economía de Harvard.

Su disertación sobre la producción de hierro y acero británicos entre 1870 y 1913 obtuvo el Premio David A. Wells de Economía, uno de los más prestigiosos en la materia. Esta temprana contribución marcó su carrera, ya que McCloskey pronto se especializó en la Historia Económica de Gran Bretaña y de allí derivó a la investigación histórica y a la profundización en la teoría que pronto lo llevó a cuestionar la metodología tradicional. McCloskey presentó una crítica al positivismo lógico que había caracterizado a la economía desde 1940 en Occidente.

Su obra es extensa y abarca la economía, la historia, la filosofía, teoría de la comunicación, ética, Derecho, feminismo. El pensamiento de McCloskey, dinámico y de ribetes libertarios, la llevó primero a abrazar las ideas del socialismo y más tarde a cuestionarlas desde sus mismas raíces.

Pero sus inquietudes fueron mucho más allá de los límites de su disciplina. En 1983, dio un vuelco a sus preocupaciones académicas al publicar un artículo sobre una rama del conocimiento poco explorada por sus colegas: la retórica. En el artículo publicado por la Journal of Economic Literature, una revista de referencia en el medio, sostenía por ejemplo que los economistas eran, aún sin saberlo, poetas y novelistas, ya que buena parte de su trabajo consiste en persuadir a través de su mensaje utilizando para ello el lenguaje formal y matemático. Y con ello colocó la primera piedra en su camino crítico a la ortodoxia económica dominante.

El viraje radical no se manifestó sólo en sus ideas. McCloskey abrazó el feminismo, pero sintió además comprometida su identidad al punto que luego de divorciarse de la mujer con la que había tenido dos hijos resolvió el cambio de sexo, una revolución en el plano personal que alteró para siempre su vida familiar. Desde 1995, luego de la operación de reasignación de sexo, a los 53 años Deirdre McCloskey continuó su prédica y fue escuchada con enorme respeto por sus colegas en el mundo académico.

“La gente piensa que el cambio de sexo precisa de un enorme valor porque ellos no lo quieren hacer. ¡Como saltar de un avión sin paracaídas!”, decía Deirdre en una reciente entrevista publicada por BBC Mundo. “Mi consejo es aprovechar las ventajas de una sociedad libre en la que puedes tomar una decisión así -no recomiendo lo del paracaídas- y luego seguir adelante con tu vida”, añade.

Ideas

Deirdre McClosky se define a sí misma como “feminista, aristotélica episcopal, pro libre mercado y posmoderna”. Pero nada en McCloskey es sencillo. Sus dardos teóricos se han disparado contra las nuevas estrellas intelectuales como el economista Thomas Picketty o Steven Pinker. Convertida en una acérrima defensora del liberalismo, sostiene que la burguesía continúa siendo la “clase revolucionaria” y todo el progreso es el resultado de sus virtudes, que resume en: libertad, dignidad, prudencia, justicia, templanza.

Sus cuestionamientos han sido constantes, pero a partir de la crisis global de 2008 puso en tela de juicio la forma en que se estaba enseñando economía y señaló que tal vez los economistas no estaban, después de todo, preparados para resolver problemas económicos como el que estaba aconteciendo en ese momento.

“Tenemos que dejar de enseñar los manuales tradicionales de microeconomía. Si no enseñamos con novelas, películas y experimentos en clase, los estudiantes van a aprender que lo positivo y lo normativo están separados y que sólo hay que aprender lo positivo”, sostuvo en una entrevista concedida durante el estallido de la crisis.

Una muestra de su pensamiento caleidoscópico es la forma en que abrazó la religión casi al mismo tiempo en que se convertía en una mujer transgénero. “Yo creo que es un error decir que el mundo es cada vez menos religioso”, sostiene y pone como ejemplo la “explosión” de iglesias evangélicas en América Latina y en África.

Feminista a ultranza, McCloskey asegura haberse sentido discriminada como mujer a secas, en cambio no como mujer transgénero. “Alrededor de un mes después de mi transición de género, estaba hablando con un puñado de economistas hombres sobre economía. Hice una observación. Los hombres la ignoraron”, cuenta McCloskey durante la entrevista hecha por BBC. “Y unos minutos después un hombre hizo la misma e idéntica observación, y todos los otros lo elogiaron. Me dije a mí misma: ‘Sí, me están tratando como a una mujer’”, remata con su habitual humor.

Lo cierto es que Deirdre McCloskey se sigue haciendo escuchar.

“El miedo al desempleo es infantil”, sentencia

“El período de gran enriquecimiento de los siglos XIX y XX ha sido bastante ‘profundo’”, asegura Deirdre McCloskey al argumentar en favor del capitalismo. “Permitió a nuestros antepasados salir del campo y de la cocina, un cambio impactante hecho posible por ‘robots’ que hicieron ferrocarriles, cosechadoras mecánicas y maíz híbrido”, continúa. “El miedo al desempleo es infantil y olvida la historia”, sentencia la académica. “Cualquier dispositivo humano, desde una pala hasta una computadora, es un ‘robot’, y aunque desde 1800 el ‘innovismo’ (término que prefiere a capitalismo) ha traído millones de esos dispositivos -mecánicos, biológicos y organizativos- eso no ha resultado en un desempleo permanente”, sostiene. “Nuestros antepasados eran prácticamente todos campesinos (los míos desde luego lo eran). Ahora en Estados Unidos sólo el 2% de la mano de obra está en granjas. ¡Y el 98% de la restante mano de obra no está desempleada!”.

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