CABEZA DE TURCO

¿Decadencia?

No es la primera vez que siento que no encajo en el Uruguay. El domingo pasado los incomodé con lo de subdesarrollo mental.

Lamento que mis miradas sean distintas a las de muchos de algunos que nos rodean. En realidad me importa un pito. No lo lamento nada y cada uno es libre de ladrar en su arbolito. Yo, ladro.
Me tiene agotado lo "políticamente correcto" del discurso de buena parte de los actores que andan por aquí, pululando, repitiendo sandeces predecibles y cuidando sus poltronas. Se creen Demóstenes. Gobernantes, opositores, personajes de Pirandello, no jodamos. Nada me cansa tanto como el uruguayo garronero y sabandija que tiene perfil cínico pero lo esconde. Se me ocurre que semejante patología es casi de rango cultural y está expandida más de lo necesario.

Es jodido, además, venir históricamente del batllismo —corriente humanista que creía en el Estado de bienestar del ayer, algo así como una socialdemocracia— y un día advertir que el Estado quema recursos en frivolidades guasas y delirantes. Un Estado que gasta dinero en imbecilidades pierde respetabilidad. No hay otra forma de expresarlo aunque suene ofensivo. Lo ofensivo es la realidad, no la fonética de la misma. La vida me ha hecho desconfiar del Estado. Ahora, incluso, le tengo miedo al poder etático y tengo reproches para con él, porque las evidencias demuestran que esa institución se desmadra más de lo previsible. ¿Ancap? ¿Pluna? ¿Antel? ¿Asse? No hay ni que explicar los casos, ¿verdad? Es tan obvio que se entienden solo con referirlos.

No comprendo cómo los vehículos de la Policía no son blindados y armados en serio para imponerse ante las balas del malandraje pesado. No logro entender cómo se gasta el dinero así. Miro el despliegue comunicacional del Banco República (¡el banco país!) y no me cierra cómo hay calles que son el vietcong, agujereadas e imposible transitar por ellas sin dejar un vehículo hecho añicos. (¿bicisendas sin calles adecuadas?) ¿Se entiende? Es una sociedad donde lo lógico no existe. Y eso, además de ser un bochorno recalienta al más manso.

El tema es más grave aún. Algo me dice que la matriz cultural de este país no es la que imaginan los gobernantes, los liberales de otrora, los educadores del pasado y los varelianos nostálgicos que aún andan por allí creyendo que llega Merlí en cualquier momento (el Merlí de Netflix).

Algo hizo añicos la "forma de ser nacional", la convivencia pacífica, la tranquilidad oriental, el clima de respeto y tolerancia que nos debíamos unos a otros, y todo eso fue suplantado por una tensión creciente y generalizada, y una violencia extrema como no conocíamos. Acá, los chorros afanan y matan por todos lados y no pasa nada. ¿Se capta la gravedad?

No sé bien lo que pasó, pero algo sucede que la política no es una referencia de valores para nadie; menos la vida sindical y sus mensajeros corporativos; no se le cree a casi ningún comunicador como referente social masivo y son muy pocos los actores de la sociedad civil que pueden afirmar algo y ser tenidos en cuenta. ¿Religiosos respetados por todos? Muy pocos, no nos engañemos. Pregunten a los pibes si creen en algunos de los que andan por la vuelta. La respuesta mete miedo.

¿Cuándo comenzamos a dividirnos así? ¿Cómo fue que alienamos y nos aporteñamos tanto? ¿Cómo se coló una "grieta" de semejante entidad y nadie la reconoce? ¿O no me van a decir que el Uruguay de veras se cree que es la "tacita del Plata" que alguna vez alguien consignó como referencia creyendo que éramos la Suiza de América? ¡Juaaaa!

Acá hay un problema gigante dentro de una sociedad que se fragmentó, que tiene niveles de anomia nunca reconocidos y donde la pelea por la vida está "enguetizada" de forma extrema. Ricos y pobres, clases medias y aspirantes, todos encerrados. O lo vemos y hacemos algo, o sencillo: ingresamos de lleno a la decadencia regional y no saldremos nunca más.

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