CATERINA NOTARGIOVANNI
En pareja, las turbulencias son inevitables. Frases como: no te banco más, estar contigo es insoportable o así no podemos seguir, tienen cabida en cualquier relación amorosa. Por momentos la tormenta cede, las partes se reencuentran y aparece en escena la dulce reconciliación. En otros, el conflicto permanece y se instala en la cotidianidad, produciendo un aumento progresivo en el tenor de las discusiones. Reproche va, portazo viene: hay veces en las que la relación de pareja se convierte en un infierno donde ya nadie recuerda qué los mantiene unidos.
Graciela y Carlos, casados en 1998, con un hijo, vivieron tres años de su vida en común en ese escenario. Se peleaban sin tregua -"y a los gritos"- por asuntos que hasta entonces se resolvían en una charla. "Llegó un momento que nos decíamos cualquiera. Un día me encontré gritándole cosas nunca pensé que podían llegar a salir de mi boca", cuenta Graciela entre risas, como si hablara de otra persona. Como la pareja acababa de tener un hijo, la separación no estaba en sus planes. Acorralados, Graciela y Carlos decidieron darse una segunda oportunidad. La terapia de pareja fue la puerta que decidieron tocar.
Dadas sus continuas peleas, Marianela y Javier, que por entonces tenía veintipoco, también decidieron ir a terapia. Los enfrentamientos frente a la psicóloga eran cada vez mayores, como si en ese espacio se sacaran todos los rencores de la semana. Luego de un año de diván, la psicoanalista les dijo de no continuar. "¿Nos da el alta?" preguntaron contentos. "No, no vamos ni para atrás ni para adelante", contestó la experta. Tiempo después, Marianela se la volvió a encontrar en un remate de muebles, y la saludó. La terapeuta no pudo reprimir su cara de asombro al ver la panza de 7 meses de Marianela. "Se le cayó la mandíbula, no nos daba ni dos meses de matrimonio. Pero, duramos unos cuantos años más y ahora, más allá que estamos divorciados, tenemos un adolescente increíble. Qué más se puede pedir".
LA CAMA POR EL DIVÁN. La terapia de pareja es una realidad que no tiene más de 20 años en Uruguay y al igual que la instancia individual, el abordaje terapéutico varía según la corriente teórica.
Desde el psicoanálisis, el vínculo de pareja se establece por pactos y acuerdos que son inconscientes, explicaron Alicia Martínez y Juan José Gómez, terapeutas de pareja y docentes de la Asociación Uruguaya de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares. Según Gómez: "la gente manifiesta que la unión nació por una cuestión de piel -o química- como motivos inexplicables que están presente. La tarea del terapeuta es tratar de interpretar esas ligaduras inconscientes". Para Martínez, "la terapia apunta a trabajar ese vínculo que está integrado por dos, donde no es él ni ella, sino las cuestiones que ambos producen".
El abordaje desde el punto de vista de la Guestált apunta al vínculo, a discernir de qué manera funciona y cuáles son los patrones repetitivos que la pareja despliega inconscientemente, explica el psicólogo Nelson Pérez, con 10 años de experiencia y docente del Centro Guestáltico de Montevideo.
"El vínculo es la estructura que sostiene a la relación y está compuesto de normas, valores, roles que son propios del sistema íntimo llamado pareja. Si las normas de la pareja indican que hay que hablar de los sentimientos, de las diferencias, de las crisis personales, el vínculo será más sano. Cuando esas normas no están, el trabajo en la consulta se dirige a instalarlas, de manera de posibilitar una mejor comunicación", afirmó.
La terapia Sistémica considera que los problemas que presentan las parejas -al igual que los de la familia- se construyen por todos los integrantes del sistema y que, no hay "alguien" que tiene un problema, sino todos. El primer paso de trabajo es definir con exactitud el motivo de consulta, los objetivos y expectativas de la pareja. "Trabajamos mucho con lo concreto. Es una terapia donde el psicólogo está muy cerca de los códigos del paciente", asegura la psicoterapeuta y docente de Udelar, Laura Romero.
EFECTIVIDAD. Días atrás, el periódico New York Times publicó un artículo en el cual se cuestionaba la efectividad de la terapia de pareja. Según la fuente, a dos años de realizado el tratamiento, el 25% de las parejas está peor, y a los cuatro años el 38% se había divorciado. Consultados al respecto, los terapeutas uruguayos esbozaron algunas precisiones. "Que la terapia sea exitosa no desemboca únicamente en que la pareja siga junta. Nuestra tarea no es ni casar ni divorciar. Lo exitoso sería servir para esclarecer el modo de funcionamiento de la pareja y que ellos puedan hacer algo con eso. En ese marco, diría que es difícil que salgan peor de lo que estaban porque no hacemos nada activamente que puedan hacer movimientos que empeoren", explica Gómez.
"Por ahí si pudiéramos pensar en términos de auto conocimiento, de que la pareja se vaya con herramientas para pensarse en una situación así, ya ganaron. Cuando uno conoce su modo de funcionar con otra persona está adquiriendo una herramienta que trasciende", acota Martínez.
Similar es la visión de terapeuta guestáltico Nelson Pérez: "considero que es efectiva en la medida de que el propósito es que la pareja tome contacto con la relación que tienen. Si llega a un punto en el que se dan cuenta que lo mejor es seguir cada uno por su lado, la terapia también es exitosa. Porque en ese caso: ¿qué sentido tiene seguir juntos? A veces la terapia permite hacer un buen cierre. Una pareja saludable no es la que más dura, sino la que encuentra satisfacción y la posibilidad de desarrollarse dentro del vínculo".
Para Laura Romero, psicoterapeuta sistémica, "el éxito es más claro cuando la pareja sigue junta y se va contenta. Pero han pasado casos que se separan. Por tanto el éxito en ese caso está en el cómo lo hicieron. En la terapia hay algo de madurar la situación, pensarla desde cierta distancia, relativizar, entender lo que le pasa al otro, y eso es bueno, más allá de si siguen juntos o no".
MOTIVOS DE CONSULTA. La intolerancia a las diferentes formas de ser, la infidelidad (consumada y develada), las dificultades para desprenderse de la familia de origen y las discusiones permanentes son el motivo de consulta más frecuente en la clínica de Laura Romero.
La llegada de los hijos (que provoca a veces el descuido de la pareja), o la partida de los mismos cuando crecen (síndrome de nido vacío), son etapas claves que también motivan la consulta. "Trabajamos en cómo se conocieron y nació la relación porque muchas veces sucede que aquello que los juntó, los separa", explica Romero.
Un ejemplo sería la mujer que se enamoró de un hombre seductor, apuesto y conquistador, pero que después se encuentra agobiada por los celos y la intolerancia cuando esa seducción se destina a otros.
A los consultorios de los psicoanalistas Martínez y Gómez las parejas llegan luego de episodios violentos, por ausencia de reconocimiento y valoración; por enfriamiento de las relaciones sexuales y/o por infidelidades. La injerencia de la familia en las parejas recién formadas también es causa de consulta. "Nos encontramos con parejas que no tienen sexo. Y hablo de jóvenes y con poco tiempo de vida en común", agrega Martínez.
En la consulta de Nelson Pérez, las parejas se acercan en medio de una crisis, aunque también concurren cuando desean prevenir dificultades. "Una vez vino una pareja, ambos hijos de padres separados, que no querían repetir esa experiencia", cuenta Pérez. "En general llegan porque están sufriendo, o consultan para hablar de cosas que no discuten entre ellos".
RESULTADOS. La historia de Graciela y Carlos tiene final feliz. La pareja pudo encausarse y descubrir las causas de las peleas. "Vimos cuánto había afectado el nacimiento de nuestro hijo. Perdimos intimidad, estábamos todo el día corriendo, y casi no teníamos encuentros sexuales. El psicólogo nos educó en procurar espacios. Volvimos a salir como si fuéramos novios, aprendimos a compartir las aspiraciones de cada uno y a bajar los decibeles cuando la discusión se pone brava. Parece obvio, pero esas eran cosas que habíamos perdido", cuenta Graciela.
Pormenores de la pareja en consulta
La terapia de pareja tiene una duración menor que la individual. Para la Guestalt puede prolongarse de 6 meses a dos años, y para la Sistémica no más de un año. Desde el psicoanálisis no se precisó tiempo. En todos los casos aclararon que la duración varía según el caso. Las sesiones son de 50 minutos con excepción de la Guestalt, donde se trabaja una hora y cuarto.
El acercamiento y la primer consulta la hacen indistintamente hombres y mujeres. A veces sucede que uno de los miembros es arrastrado por el otro a concurrir so pena de separarse. También hay quienes quieren que su pareja haga terapia y lo invitan a la instancia como único modo de conseguirlo. Estos tipo de pacientes hacen más ardua la tarea del psicólogo.
La consulta de la terapeuta sistémica Laura Romero suele desbordarse cuando se aproximan las fiestas de fin de año. Algunos, porque se sienten movilizados por la fecha, y otros porque no están conformes con las calificaciones de sus hijos al cierre del año. La especialista comentó que durante la crisis de 2002 se observó un pico de consultas tanto de las de pareja como de familia.
Las parejas consultantes pertenecen a los niveles socioeconómico medio y alto, en su mayoría con estudios terciarios realizados.
La dinámica de esta terapia lleva a que muchas veces se produzcan situaciones de violencia dentro del consultorio. Si las agresiones verbales pasan a la acción física, la sesión se suspende porque los psicólogos no deben tolerar esos episodios.