NOMBRES

David Hockney, el pintor británico más importante

Con una técnica impecable, uno de los artistas más influyentes del siglo XX, de opiniones sin medias tintas, se maneja igual de bien con las aplicaciones pictóricas del iPad que con los pinceles y el óleo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
En los últimos años ha utilizado el iPad como herramienta.

Le importa si fumo?". La pregunta resulta crucial en casa de David Hockney. La formula nada más conocerte. Y hay que contestarla sabiendo que es un tema capital en su vida. "Por supuesto, está en su casa". Pero fuera de estas paredes, no estaría tan claro. Inmediatamente echa mano de la caja roja de Davidoff Magnum Classic. Al lado hay otra, de Blue Wides de Camel. Fumará indistintamente de los dos durante dos horas y media.

Es una mañana fresca y luminosa de otoño de esas que hacen que Los Ángeles se parezca a Los Ángeles. La casa en la que Hockney vive desde hace 35 años está escondida junto a Mulholland Drive, en una zona de mansiones antiguas en las colinas de Hollywood.

Hockney (Bradford, Inglaterra, 1937) — considerado uno de los artistas más influyentes del siglo XX y galardonado por la reina de Inglaterra Isabel II con la Orden de Mérito— se levanta de un sillón desvencijado en el centro del estudio. Junto a las cajetillas de tabaco hay un batido de proteínas que toma como desayuno. Lo primero que hace este hombre, que consiguió una gran reputación a partir de la exposición Jóvenes contemporáneos, que supuso el nacimiento del arte pop británico en los años 60, es enseñar los trabajos de su próxima exposición. Son pinturas hechas en iPad, una herramienta cuyas posibilidades ha exprimido en los últimos años. En una pantalla, Hockney proyecta la evolución de las pinturas desde que solo son un fondo hasta que están terminadas. El soporte digital, dice Hockney, "es un papel infinito". "Es interesante de mirar, ¿verdad?". Un cuadro de 20 o 30 horas de trabajo, explica, queda reducido a 9 minutos de proyección. "Esta es la primera vez que me veo a mí mismo dibujar, es la primera vez que me lo puedo enseñar a mí mismo".

Poco a poco, uno se va dando cuenta de que todo el suelo de linóleo del estudio, que tiene la extensión de un apartamento grande, está lleno de manchas ocres de cigarrillos apagados. Hockney los tira al suelo. "La vida mata", dirá en un momento dado. "Si buscas la longevidad estás negando la vida. Porque ¿cómo estás viviendo? Yo siento que tengo que vivir cada momento. Y lo hago. Sé que fumar puede que mate, pero si es así es como la vida, es un lento asesino. En el paquete de cigarrillos dice: Los fumadores mueren más jóvenes. ¿Como Churchill? ¿Como Roosevelt? Fumó 10 cigarrillos al día durante 70 años. Hitler nunca fumó. No dejaba que nadie fumara en su presencia. Este es el triunfo de Adolf Hitler. Lo es, y no me gusta".

A los 79 años, las drogas de Hockney son el tabaco y la marihuana. Tiene una tarjeta de comprador de hierba medicinal, legal en California, y fuma por las noches porque le ayuda a dormir. "Siempre he pensado que la única razón para que la marihuana fuera ilegal era por el lobby del alcohol. El negocio suele estar detrás de todo. Ahora el comercio es de Prozac y esas cosas, y eso es lo que está ocupando el lugar del tabaco. Yo prefiero el tabaco al Prozac". En 2012 tuvo un pequeño accidente cerebrovascular del que se ha recuperado. Rechaza que tuviera nada que ver con el tabaco.

"Cuando estoy pintando me siento como si tuviera 30 años, como Picasso. Cuando no estoy pintando me siento como si tuviera 60 o así", dice sobre su salud. No bebe. Nada media hora todos los días en su piscina, la misma que se ve en muchos de sus cuadros. Está muy sordo, reconoce, como toda su familia ("creo que mi padre no oyó ni una palabra de lo que dijo mi madre durante los últimos 10 años de su vida"). Pronostica que va a haber cada vez más sordos por culpa de los auriculares ("me he dado cuenta de que en Kensington High Street hay dos clínicas de audición, antes no había ninguna"). Oye a través de unos audífonos que también están conectados a su teléfono móvil. Esa es una de las razones por las que no sale de casa. Le confunden los ruidos de fondo en lugares con mucha gente. Se acuesta a las nueve y lee dos o tres horas diarias. En estos días, una biografía de Martin Luther King y un libro de secretos de la CIA.

Lo siguiente que quiere enseñar David Hockney es una recopilación monumental de su obra que la editorial Taschen publica este año. A Bigger Book tiene más de 600 páginas de imágenes creadas por Hockney, en sentido cronológico, desde 1954 hasta la actualidad. Es una historia visual de su vida en un formato gigante, de la que saldrán 10.000 copias. Hockney es el primer impresionado por la calidad de la reproducción del libro. Tiene una copia en su estudio y lo comenta mientras va pasando las páginas que cuentan una vida. Son enormes láminas, sin palabras. Las primeras pinturas de adolescente en Bradford, rincones oscuros de la Inglaterra de posguerra. Una tienda de comestibles, un camino brumoso. Después, la escuela de arte y Londres a principios de los años sesenta.

En 1964 empiezan las escenas de vida californiana, lo que Hockney se encontró al llegar aquí. Se instaló con 30 años en uno de esos apartamentos con piscina. Coches, colores, hombres desnudos en piscinas, amas de casa de Beverly Hills. Pintó Los Ángeles incluso antes de venir. Acabaría por ser el último paisaje de su vida. "Vine porque en Los Ángeles hacía sol y había muchos fotógrafos. Sabía que aquí estaba Hollywood. Era sexy, soleado, la gente no llevaba mucha ropa. Pensé, esto va a estar bien. Y me encanta desde entonces. La gente me preguntaba: ¿Por qué has venido a este rincón remoto del mundo del arte?. Algunas de las mayores obras de arte del siglo XX se habían hecho aquí: Luces de la ciudad, Tiempos modernos, El gran dictador". Esta vivienda cerca de Mulholland Drive, la casa del árbol, está pintada desde todos los ángulos.

El viaje por las imágenes de Hockney es también un periplo por la tecnología de la imagen durante los últimos 60 años. Collages hechos con polaroid, impresoras, fax, paletas gráficas digitales y por último el iPad. Utiliza un programa llamado Brushes y se ha quejado a Apple de que la segunda versión no mejoraba en nada la primera. "Es un medio nuevo, uno más". Es un recurso, además, al alcance de todo el mundo. Antes, para ser pintor hacía falta material, un estudio, mancharse las manos. ¿Eso abre la puerta a que todo el mundo se considere pintor? "Es como decir que si tienes un violín lo puedes tocar. El iPad es una herramienta que permite usarla de forma muy experta y la mayoría de la gente no lo consigue. Yo no sé tocar el violín, pero me puedo comprar uno".

La fotografía digital es otro de los fenómenos que interesan a Hockney en estos tiempos en que "todo el mundo es actor, todo el mundo es fotógrafo". "La fotografía está cambiando mucho. Simplemente porque todos tienen una cámara y ya no puedes sacar una mala foto. Siempre tienen la exposición correcta, están enfocadas. La fotografía química duró 160 años. Ese período ha terminado. Ahora estamos en los dígitos. Puedes alterar cualquier cosa con rapidez. Así que ya no te puedes creer una fotografía nunca más. Tampoco era posible antes, pero ahora es de verdad. Ahora me puedes poner a mí dándole la mano a cualquiera. La fotografía ha perdido su veracidad, si es que alguna vez la tuvo".

Damos por acabada la conversación cuando las dos asistentas que trabajan en la casa avisan de que está listo el almuerzo. Pescado al horno con verduras, ensalada y risotto. En una esquina de la habitación hay varias láminas en la pared con un estudio de dibujo de una mujer sujetando a un niño pequeño por las manos para ayudarle a caminar. Es Doris, la asistenta. "Le dije que si iba a hacerlo me avisara para dibujarlo", explica Hockney. A los 79 años, Hockney no lo ha pintado todo. Tiene a medias una perspectiva de la piscina que aún no había intentado. "El tiempo es elástico, es relativo. Si muero mañana, no estaría tan mal. Dejo tras de mí ese libro, dejo huella. No estaría tan mal si muero mañana". Y suelta otra carcajada. *EL PAÍS de Madrid (con información de otras fuentes).

Con teorías que son revolucionarias.

David Hockney es uno de los pintores británicos más importantes del siglo XX. A pesar de sus múltiples declaraciones en sentido contrario, se le considera generalmente un artista pop, por la extrema legibilidad de sus cuadros en los que se plasma el mundo cotidiano.

Hockney vive en Los Ángeles desde el año 1963 y ha sido profesor en varias universidades.

Además de ser un pintor prolífico, ha sido considerado por la crítica como un dibujante extraordinario.

El estilo de vida de la costa Oeste le cautivó y se dejó sentir en los temas de sus obras, que en muchas ocasiones retrataban escenas de piscina con hombres mojados y bronceados por el constante sol de la región. El óleo dio paso a la pintura acrílica para conseguir superficies planas, anónimas y brillantes, y ya en este momento, la fotografía comenzó a tomar importancia, en principio como método de trabajo.

Sus investigaciones fotográficas de finales de los setenta se hicieron famosas; allí usaba imágenes captadas con cámara polaroid para crear escenas combinando diferentes puntos de vista. En su libro (luego llevado a documental) El conocimiento secreto plantea una tesis revolucionaria: adelanta en varios siglos las fechas aceptadas para la utilización de instrumentos ópticos en la ejecución de cuadros.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)