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Danza para todos: cómo bailar a partir de las diferencias

La danza integradora existe en Uruguay desde hace casi 30 años. Con diferentes métodos, tiene una premisa: todos pueden bailar. 

Taller de Danza para todos
Taller de Danza para todos. Foto: Darwin Borrelli

Todo empezó y terminó en un círculo, que en el medio se desarmó, se llenó de energía propia, se olvidó del afuera y se volvió a formar. En el salón eran más de veinte personas y al comienzo, en una ronda imperfecta, ninguna sabía muy bien qué era lo que iban a hacer, qué era eso de bailar entre todos, eso de respetar su propio cuerpo y el de los demás que al comienzo de la clase les decían Chabela y Juan, los docentes; eso de que se cuidaran, a ellos mismos y a sus compañeros; eso de que el movimiento iba a ser libre y de que cada uno se podía mover como quisiera dentro de las pautas de los docentes.

Hacía frío el jueves a la tarde en Montevideo, pero en uno de los salones de María Riccetto Studio (MRS) eso no importaba. Alumnos y alumnas de la Fundación Nuestro Camino -un centro de capacitación integral para niños y jóvenes con discapacidad intelectual- se habían sacado los zapatos, los gorros, las camperas y las bufandas solo para bailar. Porque eso era lo único que iba a importar esa tarde: que todos pudieran bailar, sin que importara la forma del cuerpo, utilizando las diferencias entre ellos solo para enriquecer el trabajo, para buscar un lenguaje común a todos a través del movimiento.

Los alumnos de Nuestro Camino en María Riccetto Studio
Los alumnos de Nuestro Camino en María Riccetto Studio. Foto: Darwin Borrelli

Chabela Pommerenck y Juan Noblia están a cargo de las clases de danza para todos que cada viernes se dictan en MRS, aunque ese jueves, por tratarse de una modalidad de taller, el trabajo que desarrollaron fue de iniciación, ejercicios básicos, propuestas sencillas. El círculo empezó a desarmarse cuando María Noel Riccetto, que participó del taller, comenzó a mover los brazos. De a poco todos empezaron a seguirla. La ronda empezó a tener un movimiento propio. Primero los brazos, después el cruce de miradas y el intercambio de lugares. Hasta que el círculo se desarmó y empezaron a formarse otras figuras en todo el salón.

La danza integradora en Uruguay funciona desde 1991, cuando Lila Nudelman, bailarina, empezó a incursionar en cómo podía hacer una clase de baile para que cualquier persona, sin importar si era grande, chica, alta, baja, gorda, flaca, si tenía una discapacidad motriz, una intelectual, si era una profesional del baile o solo quería moverse por un rato, pudiera hacerla. En 2007 llegó por primera vez a Uruguay Alito Alessi, coreógrafo estadounidense creador del método DanceAbility y desde 2010 en todo el país hay más de 30 docentes certificados por el americano.

Chabela y Juan fueron parte esa primera capacitación que dio Alessi en 2010. “Para esta clase (en MRS) nosotros nos basamos en DanceAbility, un método de danza que tiene como premisa que todas las personas pueden bailar”, dice Juan. “No es una clase de danza para gente con discapacidad, sino que es para cualquier persona que tenga ganas de hacerla”, agrega Chabela.

Y ese jueves fueron muchos los que se animaron a bailar. Lo hicieron solos, de a dos, de a tres y de a todos; formaron un círculo cerrado que desarmaron, bailaron sentados, parados, en el suelo, rodando, en la silla de ruedas, con los brazos, con la mirada; bailaron con las madres que los acompañaban, con Chabela, con Juan y con María Noel. Bailaron, porque casi siempre hace bien. Porque bailar transforma. Y porque lo que había sucedido en aquel salón de zapatos desparramados y vidrios empañados después de una hora de clase había sido algo muy parecido al amor, en ese postulado que dice que todas las personas son iguales, que de la diferencia siempre se crece y que, mientras estén bailando, no va a haber nada indecible, incomunicable, ni indescifrable. Porque bailando se aprende y en el aprendizaje surge un lenguaje común que borra todos los límites.

Pionera

Lila Nudelman es pionera en la danza integradora en Uruguay
Lila Nudelman es pionera en la danza integradora en Uruguay

Cuando en 1991 Lila Nudelman entró a trabajar como docente de expresión corporal al Colegio CENI (Centro de Educación Natural e Integral), donde iban sus hijos, Claudia de Melo, la directora del colegio le dijo que quería que diera una clase para que todos los alumnos pudieran bailar. El CENI fue el primer colegio en Uruguay en integrar en un mismo grupo a niños con y sin discapacidades. Y, aunque Lila hubiese bailado durante toda su vida, aunque supiera cómo enseñar danza y cómo manejar a un grupo, eso que le pedían era un desafío. “Empecé solita, con la ayuda de las maestras para ver cómo podía hacer para integrarlos a todos a la clase. Dos años después, en 1993, conocí a Susana González Gonz, de Argentina, que dirigía la primera cátedra de danza integradora en la universidad en Buenos Aires. Hice un taller con ella, que me dijo que el único consejo que me podía dar era que me guiara por la intuición y el corazón, que dos minutos de felicidad de las personas me tenían que dejar satisfecha, que me tenía que ir de las clases de danza siendo feliz”, cuenta. “Ella enseñaba la danza desde la óptica de tratar de igualar las discapacidades, es decir, tratar de que todos pudieran participar en la clase, tuviesen la capacidad que tuviesen”.

Desde entonces, el trabajo de Lila se basó en la investigación del método de danza integradora a través de las clases en el colegio, pero también en otras instituciones como la Escuela Roosevelt o Taita. Porque, como dice Lila, a bailar se aprende bailando y la investigación se da siempre en el encuentro, en observar cómo se movían los distintos cuerpos, cómo interactuaban, cómo reaccionaban.

“Después conocí a Mariana, una muchacha cuadripléjica que quería bailar conmigo, así que empezó a venir a mi casa. Yo le pedí a mi hija Victoria, que ya había tomado clases de danza conmigo, que me ayudara, se sumó Fabiana, una chica de Brasil que también estaba en una silla de ruedas, invitamos a dos bailarinas más y ahí se formó Pata De Cabra, el primer grupo de danza integradora en Uruguay”. Con ese grupo se presentaron en festivales, en teatros, en el país y en el exterior, e incluso hicieron un espectáculo en la Sala Zitarrosa que fue declarado “de interés presidencial”.

En 2007 Lila se fue a vivir a Maldonado, como coordinadora general de la Escuela Municipal de Danza de ese departamento, en donde empezó un trabajo de integración que continúa hasta hoy (ver recuadro aparte). Mientras, en Montevideo y en todo el país, la danza desde la diversidad estaba creciendo, con nuevos nombres, con más docentes, pero con métodos que tienen los mismos objetivos.

DanceAbility

DanceAbility es un método de danza creado por Alito Alessi
DanceAbility es un método de danza creado por Alito Alessi. Foto: Virginia Pérez

En 1987, después de la revolución de los años 60 en Estados Unidos con la que se habían derribado un montón de estereotipos respecto a los cuerpos, Alito Alessi, bailarín y coreógrafo de ese país, creó un método de danza que tiene como bandera que todas las personas pueden bailar. Desde entonces, DanceAbility ha generado un movimiento a nivel mundial: hay más de 600 docentes certificados en más de 45 países.

“La metodología apunta a que en un grupo diverso todas las personas puedan bailar y compartir el espacio y el tiempo. Eso quiere decir que es un método de danza para personas de diferentes edades, de diferentes tamaños, personas con discapacidad, sin discapacidad, bailarines profesionales, personas que no tienen experiencia, bailen y se reúnan y lo hagan todas juntas. Lo que nos enseña DanceAbility es a buscar un denominador común del grupo para trabajar con aquello en lo que todos puedan hacer”, cuenta Lucía Bidegain, bailarina, coreógrafa, docente y gestora del Centro Latinoamericano de DanceAbility desde 2011, junto a Martín Recto.

Lucía Bidegain, gestora de DanceAbility Montevideo
Lucía Bidegain, gestora de DanceAbility Montevideo. Foto: L. Mainé

“Creo que este método viene un poco a romper muchas barreras. Es una actividad de inclusión social, donde aprendemos a relacionarnos con el diferente. En eso DanceAbility es bastante revolucionario, porque a veces en nuestro contexto estamos bastante separados de las personas con discapacidad: van a otra escuela, no tienen acceso a los lugares públicos, o no está la ciudad preparada. Entonces DanceAbility es un gran espacio para conocer sobre la diversidad, sobre la potencia de la diversidad, para conocer que de lo diferente aprendemos, y en general es un espacio de mucho bienestar, de mucho aprendizaje sobre la comunicación, sobre cómo comunicarse con alguien diferente, pero no desde un lugar compasivo y de ayuda, sino desde un lugar de igualdad”. Porque en eso también se basa el método: lo que se hace es una creación artística, con un valor en sí mismo, que se crea con el aporte de todas las personas de un grupo y sus diferencias.

Lucía, como Chabela y Juan, también hizo la formación en el método de danza con Alessi en 2010. Después de esa instancia, hubo dos ocasiones más de formación docente con el coreógrafo: en 2013 y en 2018. Además, Alessi ha venido en varias ocasiones a Uruguay para dar talleres que brindan herramientas del método para pueden ser utilizadas en diferentes áreas de trabajo con personas con discapacidad. Uno de los proyectos que más se ha extendido de DanceAbility a nivel del país es el que se lleva a cabo en la Escuela Roosevelt. “Es una escuela para niños con discapacidad. Van niños hasta los 12 o 14 años más o menos y después egresan. Una vez por semana, los lunes, tienen una clase de danza entre los diferentes talleres que hay en la escuela. Ahora estamos más o menos con 30 alumnos y hay tres docentes certificados por DanceAbility que enseñan allí”, cuenta Lucía.

Además de las clases en MRS, en Montevideo hay un grupo de investigación de danza integradora que se realiza todos los miércoles en la Facultad de Arte. Por lo demás, hay que estar atentos a los talleres y a las diferentes instancias que se organizan a lo largo del año para probar una clase y animarse a bailar. Porque ese jueves en el taller de Chabela y Juan, algo quedó en evidencia. Bailar no es una terapia pero sí nos puede ayudar a estar mucho más contentos.

Un lugar especial 
Chabela y Juan, docentes de DanceAbility

Chabela Pommerenck y Juan Noblia son los dos docentes encargados de las clases de Danza para todos, que todos los viernes se dictan en María Riccetto Studio (MRS). Para ellos, que exista la posibilidad de tener un espacio donde trabajar con un grupo regularmente es una gran oportunidad. “Bailar genera libertad”, dice Chabela. “La libertad de poder comunicarte con todos de la misma manera, no importa si entendemos todos lo mismo, importa que en un proceso de aprendizaje se genera un lenguaje en común a todos”. Juan cree que “para una persona con discapacidad, que tiene eso que viene del afuera de que su cuerpo es limitado, tener un espacio donde pueda empezar a descubrir otras posibilidades de movimiento y ver que con su cuerpo tal como es puede bailar, genera muchas cosas positivas”. Para María Noel Riccetto, al frente de MRS, esto es una oportunidad para que todas las personas tengan un espacio para bailar. “Me llena el alma cada vez que entro a ver o a hacer una clase de estas. Me parece que estoy contribuyendo a una sociedad más linda y más inclusiva”.

Nuestro camino, los invitados 

Nuestro Camino es un Centro de Capacitación Integral creado por un grupo de padres en 1985, cuenta Rosario Rubio, una de las fundadoras. El objetivo de la fundación es acoger a niños y jóvenes con discapacidad intelectual moderada. Acompañan a los niños desde que nacen con “una estimulación oportuna que empieza a entrenarlos para la vida”, agrega Rosario. Los chicos de Nuestro Camino fueron los invitados al taller de Chabela y Juan en MRS. El taller, dice Rosario, le pareció un éxito: “Al principio cuando veía la clase pensé que no iban a responder a las propuestas y de a poco empecé a ver cómo fueron involucrándose y quedé impactada. Todo en lo que se los pueda estimular a ellos es fantástico y creo que es una incitativa de María Noel de una sensibilidad increíble, que puede ser muy beneficioso para los chicos: es un lugar donde ellos se expresaron libremente, con comodidad, no fue algo rígido, fueron armando todas esas figuras por sí solos. Todas esas cosas los ayudan mucho”.

Retoños de lucha y sueño 
Raquel Jonathan en una de sus presentaciones

En el año 2000 la ciudad de Bella Unión tenía un índice de mortalidad infantil muy grande y en Artigas el problema duplicaba a los índices de todo el país, cuenta María Elena Curbelo, una de las fundadoras de la ONG Retoños de Lucha y Sueño, que nació para luchar contra esa situación y la desnutrición en los niños. “Cuando superamos el problema de la mortalidad, empezamos a preocuparnos por que los niños se mantuvieran bien alimentados y después empezamos a trabajar con niños con discapacidades”. La ONG entonces, tiene un centro de rehabilitación en Bella Unión con talleres diferentes para niños y jóvenes, dentro de los que se encuentra el de danza para todos. “Descubrimos que los niños con discapacidad tienen un área que si la estimulamos y la apoyamos, la pueden desarrollar al punto de lograr cosas muy buenas. Para eso descubrimos a la danza como un método”.

Todo comenzó mientras María Elena y su hija Raquel, que está en silla de ruedas, miraron la película Mundo Alas, que consiste en un concierto del músico argentino León Gieco con artistas con discapacidades. “Ella vio que había un bailarín que bailaba en silla de ruedas y me dijo que quería bailar como él”. Un día, después de la clase de zumba que daba Jonathan a los niños de la ONG, empezó a sonar un tango y Raquel empezó a bailar con él. Comenzaron como un juego. Pero cuando Raquel conoció a Gieco en un evento en el Hospital Vilardebó le dijo que gracias a su película ella ahora podía bailar. El músico fue a dar un concierto a Bella Unión y Raquel y Jonathan fueron invitados especiales para bailar en el espectáculo. Y, lo que había empezado como un juego, los terminó llevando a presentar su número de danza en el escenario principal del Teatro Solís, entre otros.

En la ONG hay más o menos quince niños que toman las clases de danza de Jonathan, que se formó en danza integradora. “Cumple un rol muy importante la danza para ellos, porque son niños que están acostumbrados a estar en un rinconcito, y cuando logran ver que son capaces de hacer algo lindo, que los aplauden y los reconocen, la rehabilitación cambia rotundamente. No es por quitarle mérito a la fisioterapeuta o a la fonoaudióloga, pero a ellos les sube mucho el autoestima bailar, los cambia”.

Maldonado y una escuela municipal para todos 

Desde que Lila Nudelman, pionera en la danza integradora en Uruguay, se fue a Maldonado a trabajar como coordinadora de la Escuela de Danza del departamento, ha hecho un trabajo de integración de personas con y discapacidades que continúa hasta hoy.

“A diferencia de otras escuelas de danza, en Maldonado no hay ninguna audición. Tiene distintas disciplinas, como ballet, danza moderna o contemporánea, danzas tradicionales y flamenco”, cuenta Lila. En la escuela han tenido varios casos de chicos y chicas con discapacidades que se integran a los grupos de danza. Una persona con discapacidad pasa primero por mis ojos y vemos dónde se puede integrar. No todos los docentes están preparados para tener en sus clases a una persona con discapacidad, pero es una cuestión de costumbre, nada más. Solo hay que abrir la cabeza y tener empatía. Esto necesita de mucha empatía, sino no funciona”.
Actualmente hay jóvenes y adolescentes con alguna discapacidad que forman parte de los grupos de danzas tradicionales y también de la formación integral de danza.

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