NOMBRES DEL DOMINGO

Daniela Vega, la primera artista trans en entregar un Oscar

La actriz chilena se hizo famosa con su papel en la película "Un mundo fantástico", por el que además está nominada.

Daniela Vega
Daniela Vega era figura en chile y ahora conquistó éxito  en Europa y Estados Unidos. 

Dos días le pidieron para pensar algo que, casi seguro, ya tenían en el imaginario. Su hijo, de 14 años, se los había dicho bien claro: quería iniciar su transformación y ser mujer. Se fueron de Santiago y cuando regresaron lo hicieron con un regalo que dejaba claro su respuesta. Era una caja de maquillaje. De ese momento ya pasaron 16 años. Hoy ese chico es Daniela Vega, la chilena que cosecha elogios por su actuación en Una mujer fantástica, film nominado al Óscar como mejor película extranjera, quien además será la primera transexual en presentar un premio de la Academia en la ceremonia del próximo 4 de marzo.

Para Daniela transformarse era vital. Sentía que lo hacía o se moría. Mucho se ha escrito sobre cómo el apoyo familiar determina la trayectoria vital de las personas trans. Ese "sostén" que encontró en sus padres la ayudó también a transitar el ser, muchas veces, la primera o la única. Fue la única chica transexual en su colegio, en su barrio, en su edificio, la primera chica trans para muchos novios, contó a BBC. Tuvo, como es —tristemente— frecuente que enfrentar bullying en el colegio. Se sobrepuso con una determinación a prueba de discriminación: "Voy a ser una niña si yo quiero, voy a ser actriz si yo quiero. Ser rebelde significa primero ser digno. La rebeldía no es otra cosa que dignidad", dijo al diario argentino La Nación.

En un principio no se concebía como hacedora del arte, solo como consumidora. La puerta de entrada llegó con el maquillaje. En eso trabajó durante siete años, mientras a través de varios amigos comenzó a ir cada vez más al teatro y a interesarse por estar en el escenario. Cinéfila —lo primero que descubrió fue Almodóvar— y amante de la ópera —a la que llegó a través de su abuela ciega—, fue en el arte escénico donde encontró en 2011 su primera oportunidad profesional. Demostró su talento en la obra La mujer mariposa, que estuvo cinco años en cartel en diversos teatros chilenos. En esa pieza tuvo la oportunidad de cantar, otra de sus pasiones.

Por esos mismos años, su participación en el videoclip María del cantante y compositor chileno Manuel García y su debut cinematrográfico con La visita le brindaron más proyección. De todos modos, fue este último año con Una mujer fantástica —que se vio esta semana en el Festival de Cine de Punta del Este—, donde encarna a Marina, una mujer transgénero que enfrenta discriminación y rechazo tras la muerte de su pareja, que se volvió una estrella del cine de su país y comenzó a tener vuelo internacional.

Eso fue evidente al protagonizar varias tapas de revistas, participar en un corto para NY Times Magazine, ser parte de la campaña en contra de los abusos sexuales Ill win not be silent, y terminó de quedar bien claro la semana pasada cuando la Academia de Hollywood anunció el primer listado de artistas que entregarán estatuillas en la gala y la incluyó.

Daniela Vega en "Una mujer fantástica"
Daniela Vega en "Una mujer fantástica"

"Tenés que ser una gran intérprete para tomar el papel en una película llamada Una mujer fantástica y convencer al mundo de que sí, tu personaje es realmente una mujer fantástica y tú también. Y si eres un actor en gran medida desconocido y es tu segunda película, se requiere una seguridad bastante notable. Pero, a una década de su transición como mujer y un año después de que su papel deslumbrara en el Festival de Cine de Berlín, está plenamente disfrutando de las recompensas de ser fantástica", escribió el británico The Guardian.

Sueños.

Varios críticos han dicho que Daniela está forjando un estilo, sin embargo a la hora de definirse ella se cataloga como una mujer clásica, que se ubica en la moda entre los años 20 y los 60 porque allí está el pico de la femeneidad.

Ya con un Goya a cuestas, Daniela reconoce que estos han sido unos meses increíbles, aunque también las constantes entrevistas y viajes por su película la tienen bastante cansada. Pero es de ese cansancio lindo. Además, a los fanáticos que suelen rodear a las estrellas, en su caso se suman personas que empatizan con su historia y se acercan a contarle sus propias vivencias, en general bien duras.

De hecho, ella es embajadora de la Fundación Transitar, una institución que acompaña a los niños trans y sus familias. Y lejos de que le moleste la "etiqueta" de transexual con que la suelen presentar, la entiende, y de por sí ya representa parte de su lucha. "Me causa placer físico molestar a los conservadores. No necesito ser violenta, no tengo que insultar a nadie. Mi mera existencia perturba a esa gente", dijo en la entrevista con The Guardian.

El éxito le ha dado seguridad, aunque de todos modos no le angustia ver cómo seguirá su carrera. Por lo pronto, en poco tiempo se estrenará Un domingo de julio en Santiago, cinta en la que tres historias se unen y Daniela interpretará su primer papel en el que no encarna a una transexual en la pantalla grande. A su vez, se presentará en la obra de teatro Stella de Chile, mientras estudia qué otros proyectos hará en el futuro.

Uno de su sueños es poder filmar con Almodóvar, de quien admira el movimiento de la cámara, la fotografía, las mujeres, en especial a Rossy de Palma y Carmen Maura. "Aprendí en la vida a no comer ansias, tengo sueños y voy a por ellos, pero uno a la vez, y camino hasta donde la película me lleve. De repente te despiertas y dices: Uy, qué lindo estuvo la tarde de ayer, pero la tarde de ayer ya se fue y reconstruir eso es imposible. Va a ser mejor que uno pueda pasarlo bien cuanto más pueda. Creo que la ansiedad es un grave problema posmoderno".

Un papel que llegó por correo.

Sebastián Leilo, director de Una mujer fantástica, se contactó con Daniela Vega para que fuera su "consultora cultural" en cuestiones transgénero. Quería que lo orientara, que le contara cómo veía el mundo, cuáles eran sus gustos, qué hacía los fines de semana. Un año más tarde, le dijo que le mandaba "algo" a su casa, contó a La Nación. Ese "algo" era el guion y Leilo quería que fuera la protagonista.

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