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¿Cómo cuidamos nuestro patrimonio arquitectónico?

La puesta a la venta del Palacio Sudamérica, clásico edificio de la ciudad, volvió a llamar la atención sobre el estado y el mantenimiento de los edificios con más historia en la ciudad.

Palacio Sudamérica
Foto: Darwin Borrelli.

"Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos”, escribió hace ya unos cuantos años el ya fallecido intelectual estadounidense Marshall Berman en su libro Todo lo sólido se desvanece en el aire (1982).

Berman entendía la experiencia de la modernidad como algo íntimamente ligado a la ciudad, a la vida urbana. En ese devenir vital, la ciudad promete todo eso que Berman describe, tanto lo positivo como lo negativo, tanto la alegría y el crecimiento como la destrucción y el derrumbe.

Oriundo del barrio Bronx en Nueva York, Berman había observado los numerosos cambios que se habían dado en esa zona, donde lo viejo desaparecía para dar lugar a lo nuevo. En ese proceso de transformaciones urbanas a veces se perdían valiosos testimonios arquitectónicos de tiempos pretéritos, cortando así con una línea histórica que unía a los que habían vivido, trabajado y construido parte de ese barrio y los contemporáneos del pensador.

Eso ocurre en todas las ciudades del mundo, pero no en todas las transformaciones ocurren de la misma manera. Cada una tiene sus criterios (o ausencia de ellos) y particularidades. En Montevideo, existe desde hace 26 años un fin de semana —el "Día del Patrimonio"— especialmente dedicado a resaltar la importancia de aquellas obras o bienes que configuran parte de nuestra identidad como ciudad y comunidad. Pero existe una constante tensión entre los intereses del presente -económicos, políticos, sociales- y el velar por lo que pasado y la historia nos legó.

Día del Patrimonio 2020

Este año el Día del Patrimonio fue anunciado el jueves pasado en el edificio de Presidencia por el ministro de Educación y Cultura Pablo Da Silveira. el presidente de la Comisión del Patrimonio, el arquitecto William Rey, y la presidenta de la Academia Nacional de Medicina, Graciela Lago. A celebrarse el 3 y 4 de octubre, la edición de este año estará dedicada a la memoria del médico Manuel Quintela (1865-1928), que entre muchas otras cosas fue uno de los impulsores para la construcción del Hospital de Clíncias, que lleva su nombre. 

Esa tensión volvió a aparecer cuando, el pasado 25 de mayo el artista Alfredo Ghierra tuiteó a través de su alter ego -el candidato a intendente de Montevideo- que el Palacio Sudamérica está a la venta. Se trata de un edificio con una larga historia de relevancia social. Ahí se hicieron fiestas, bailes, reuniones, eventos de todo tipo desde que se inauguró como una cervecería, a principios del siglo pasado. “Puse eso en Twitter para adelantarme, para que no pase eso de que uno se entera de que se venden edificios así cuando ya lo están demoliendo, cuando es demasiado tarde. Era una forma de curarse en salud”, dice Ghierra.

El Sudamérica tuvo muchas vidas, pero en los últimos años fue principalmente conocido como uno de los lugares más importantes para ir a bailar música tropical. Gerardo Nieto, ex Karibe Con K, aún recuerda que actuar ahí era uno de los acontecimientos más importantes para un conjunto musical. “Era un lugar realmente potente, llegar a presentarte ahí, en el Palacio Salvo y en el Rowing Club era la confirmación de que estabas en un lugar privilegiado”. Nieto también se acuerda que tanto el Sudamérica como el Salvo lo fascinaban por su esplendor interior, los diseños y ornamentos que embellecían a esos lugares.

Luis “Chato” Arismendi, ex cantante de Conjunto Latino, también tiene en su memoria un lugar de afecto respecto a esas noches de música y danza. Ahora que ya han pasado varios años de aquellos bailes, Arismendi mira hacia atrás con cierto dejo de nostalgia, lamentando que ya no haya lugares así para tocar y que el ambiente de los bailes es muy distinto ahora.

El Palacio Sudamérica está a la venta a través de la inmobiliaria Marfil Inversiones, que en colaboración con sus actuales propietarios, elaboró una somera descripción de sus características y algo de su historia: “En sus comienzos fue propiedad de la Fábrica Nacional de Cervezas y funcionaba también como un lujoso salón de fiestas con luminarias traídas desde Alemania. Sigue siendo uno de los pocos lugares art decó de su época y fue fundado casi conjuntamente con el Palacio Legislativo. Con el paso del tiempo, el predio se vendió a la Institución Atlética Sudamérica y así comenzó una de las mejores historias de la música tropical y de otros géneros, donde artistas de la época venían a cautivar al público en cada presentación, como Pedro Ferreira, Ruben Rada, Donato Racciati, Olga Del Grossi, Sonora Borinquen, Palito Ortega, Raphael, Joan Manuel Serrat y Juan D’arienzo, entre muchos otros. También se utilizó para hacer grandes asambleas de todos los gremios y partidos políticos, salón para rendir exámenes finales de la Universidad de la República y concursos para poder ingresar a la administración pública”.

Ghierra llegó a ir a alguno de esos bailes y los rememora como una de sus mejores experiencias juveniles. “Alucinante”, dice y agrega a propósito de la conexión temporal del Sudamérica con el Palacio Legislativo que los vitrales de ambos lugares fueron diseñados y realizados por el mismo artista, el italiano Arturo Marchetti.

El lugar no está en la lista de Monumentos Históricos Nacionales que elabora la Comisión de Patrimonio, dependencia del MEC y actualmente presidida por William Rey. Sí tiene una declaración de interés departamental en cuanto a su fachada y al hall de acceso, según comunicaron desde la empresa inmobiliaria (la IMM no respondió a las consultas de Revista Domingo para esta nota). La inclusión en la lista de Monumentos Históricos Nacionales y la declaración de interés departamental son las dos herramientas que existen para proteger (o intentarlo) a algunos lugares emblemáticos de la ciudad. Pero Ghierra, por ejemplo, dice que no siempre alcanza. “Se desafecta y listo. Se puede demoler”.

¿Cómo es? ¿Nos preocupa nuestro patrimonio arquitectónico? ¿O somos una nación que vive según la expresión “Al pasado, pisado”? “Creo que existe una mayor sensibilidad respecto a estas cuestiones”, comenta Ghierra y agrega: “Luego de tuitear eso, tuvimos muchísimas reacciones, gente que nos escribía desde el lugar de sus recuerdos y también muchos que apreciaban el arte y el diseño que allí había”.

Para él, la movida del Día del Patrimonio tuvo mucho que ver en la creciente conciencia sobre la importancia de preservar ciertas construcciones. Pero esa sensibilidad no siempre es compatible con los tiempos de la política. “Un partido asume el poder y gobierna durante cinco años. En cinco años no se ven los resultados de una política patrimonial en el sentido de pensarla como una industria cultural, lamentablemente. Sin embargo, el Frente Amplio lleva 35 años en el gobierno municipal y se podría haber puesto eso como mira. Pero siempre es más atractivo que al terminar el quinquenio de gobierno la administración pueda mostrar los metros cuadrados construidos, los puestos de trabajo que se crearon, la cantidad de nuevas contribuciones inmobiliarias... Es muy difícil para el sistema político tener una visión que supere esos cinco años, y para que el patrimonio sea rentable hay que darle un aliento. Ni siquiera hay que irse a otro país para constatar que lo patrimonial puede ser una inversión rentable. Basta con ir a Colonia del Sacramento. Ahí hubo un alineamiento entre el interés público y el privado en donde se dieron cuenta que eso era una mina de oro. Claro, no va a ser una mina de oro en cinco años, o en diez. Pero ya ves lo que es ahora”, ilustra Ghierra.

Es que a veces, las urgencias del presente se imponen sobre las reliquias del pasado, que se demuelen y se olvidan. Laura Aleman, arquitecta, docente de la Facultad de Arquitectura y escritora, dice que hay una “permanente tensión entre cuidar lo que tenemos y generar trabajo, atraer inversiones y demás”. Como Ghierra, dice que cuidar el patrimonio es una mirada de largo plazo. “Por eso muchas veces cuesta. Uno no ve el resultado inmediato. Pero hay que tener cuidado con los argumentos de corto plazo, porque así se puede hipotecar el futuro no tuyo, sino el de tus descendientes. Voy a poner un ejemplo y perdón que voy a meter un tema en el cual estoy involucrada: el caso del predio Mauá y el proyecto de López Mena para ahí. Es cierto que va a generar puestos de trabajo durante un tiempo, pero se está hipotecando una rambla que es pública para el futuro. Hay una frase que la he repetido mucho y lo voy a hacer de nuevo. Es de una historiadora argentina, Graciela Silvestri, que elogiando Montevideo hablaba de la “distribución social de la belleza”. No se trata solamente de distribuir la riqueza económica. También la belleza tiene que ser distribuida. Si vos estropeás el patrimonio, también le estás quitando algo a la población: la posibilidad de apreciar esa belleza, de aprender con eso, de sentirse parte...”

La Solana del Mar

La Solana del Mar, del arquitecto catalán Antonio Bonet, era la pieza central de un proyecto arquitectónico que diseñó para Punta Ballena. Laura Aleman cuenta que alrededor de 2006 empezó a hablarse de modificarla de una forma bastante radical. “Como no estaba protegida como Monumento Histórico Nacional, no se pudo frenar, aún cuando hubo presiones internacionales. No la demolieron y aún quedan algunas construcciones originales, pero es como si la hubiesen demolido. Más que reformarla, la deformaron. La nueva construcción no tiene nada que ver con la obra original. Fue una de las más grandes pérdidas patrimoniales que tuvimos”, lamenta la arquitecta. Por otro parte, señala los casos del Ventorrillo de la Buena Vista y el Mesón de las Cañas, del arquitecto Julio Vilamajó como ejemplo de buena gestión del patrimonio nacional. “Fueron excelentemente restauradas y hoy se pueden visitar y disfrutar. Esas fueron buenas experiencias que muestran que las cosas se pueden hacer bien”.

Solana del Mar original
Solana del Mar antes de ser reformada. Foto: Archivo El País. 

—¿Por qué es importante preservar lo antiguo, que capaz que ya no se usa como se usó en su momento?

—Porque es parte de la memoria colectiva, como la música, la pintura, la ciencia. La arquitectura no tiene el mismo status que tienen esas disciplinas. No forma parte de la cultura, está fuera de ella. Hoy está demodé la idea de que la cultura no empezó ayer, que tenemos una historia, una tradición que fuimos consolidando. Así como todos cargamos con una historia personal (queremos saber quiénes fueron nuestros padres, de dónde vinieron), así también es importante a nivel colectivo. Me parece una injusticia que seamos indiferentes a eso, que vayamos a pasear al Parque Rodó y no sepamos ni cuándo se hizo, quién tuvo la iniciativa, por qué se hizo entonces, sus características. Esa indiferencia ¿qué genera? Que hagamos cualquier cosa. Por otro lado, hay otro problema importante que afecta a la arquitectura y es que preservar y protegerla muchas veces no resulta rentable. Nadie gana nada rompiendo una pintura de Pedro Figari, al contrario. Con la arquitectura a veces se da la situación opuesta: demoler una casa de principios de siglo es muy rentable porque permite construir un edificio alto que genera muchos más dividendos.

Así, la ciudad es no únicamente un lugar en donde mucha gente se aglomera para llevar adelante sus vidas. Es también un espacio en disputa permanente: una construcción artificial en la que se dirime el conflicto que existe entre el respeto a la historia y el impulso a seguir vinculados a nuestra propia historia e identidad, y darle lugar a lo nuevo.

Palacio Salvo
Foto: Commons.
William rey

Estado, academia y población

El arquitecto William Rey tiene una larga trayectoria en cuestiones patrimoniales. Consultado respecto al Palacio Sudamérica, aclara que no figura en la lista de Monumentos Históricos Nacionales y que la ausencia de esa certificación le da muchas más libertades a los propietarios. “Incluso para demolerlo”, afirma. Rey estuvo en la Comisión de Patrimonio en los años 2006 y 2007, pero luego se fue durante más de una década de esa institución. Recientemente fue designado director y presidente de esa comisión. Según lo que informa, hay 1.600 monumentos históricos en la lista de la comisión que tiene como finalidad cuidarlos y preservarlos, y añade que nuestro patrimonio (no solo el estrictamente arquitectónico), “nos une de manera intergeneracional, nos vincula con generaciones pasadas. No solo importan por el momento en que se hicieron, sino por todo el devenir histórico y el valor que va adquiriendo a medida que pasa el tiempo. Yo podría decir que el Palacio Legislativo fue muy importante en 1925, cuando se inauguró, pero también fue importante durante las décadas siguientes, por la cantidad de leyes que ahí se aprobaron”, acota. Para él, el patrimonio debe cuidarse entre todos, no es tarea únicamente de la comisión que ahora preside, y tampoco es una tarea de la que debe encargarse la academia. “Para que exista patrimonio, la comunidad debe respaldarlo. La mejor manera para eso es que haya interacciones permanentes entre academia, instituciones y población. Es de ida y vuelta. La academia y la institución difunden y divulgan. Y la gente puede aportar muchísimo cuando manifiesta qué es lo que valora en esos bienes y por qué siente que sus bienes forman parte de sus vidas, de su cultura. Los que saben mucho, tienen que saber traducir los valores de esos bienes a la población, pero la población tiene que expresar lo que considera de valor. Y puede no coincidir. Le voy a dar un ejemplo: el Palacio Salvo. Durante muchos años fue muy denigrado desde la academia. Sin embargo hoy, a nadie se le ocurriría decir que el Palacio Salvo no es patrimonio, que no importa. ¿Por qué? Porque a la población sí le importa. Nadie se imaginaría hoy la Plaza Independencia sin el Salvo”.

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