Comunicación

Consejos de escritura para personas que no escriben

Tres docentes, críticas y correctoras profesionales elaboraron una guía práctica de escritura dirigida a todos aquellos que se sientan tentados a poner sus pensamientos por escrito

Escribir puede tener un alto valor terapéutico, además de ser un ejercicio para la memoria.
Escribir puede tener un alto valor terapéutico, además de ser un ejercicio para la memoria.

Escribir puede ser una experiencia maravillosa o terrible. En estas horas de encierro obligado tal vez muchos se hayan sentido tentados a probar suerte. Un diario de confinamiento, una carta a un amigo distante, unas impresiones en la página de Facebook. Las posibilidades son muchas en páginas virtuales o de papel. Para algunos será la ocasión de volver a una actividad que habían dejado hace tiempo, para otros será probar con algo totalmente nuevo. Escribir, sin pretensiones literarias ni de ningún tipo, solo la de poner en palabras ideas, recuerdos, momentos, cosas que decir.

Porque escribir “no es asunto solo de escritores”, dicen las autoras del libro Palabras más, palabras menos (Debolsillo y Universidad Católica del Uruguay), de María Cristina Dutto, Silvia Soler y Silvana Tanzi. Las tres son docentes pero además correctoras, editoras y redactoras de artículos periodísticos por lo que cada día se ven obligadas a lidiar con palabras propias y ajenas. Y con la idea de ofrecer herramientas prácticas para la comunicación escrita elaboraron ese manual dirigido a un público amplio.

“Cuando en una entrevista le preguntaron a Adolfo Bioy Casares sobre el significado de su oficio, lo primero que dijo fue: ‘Escribir es un intento de pensar con precisión’. Sus palabras acuden ahora como una síntesis de la orientación que quisimos darles a las páginas que aquí presentamos”, dicen las autoras en el prólogo a la edición.

Pero ese intento de “pensar con precisión” puede naufragar cuando llega esa hora de la verdad frente a la página. La solemnidad, los lugares comunes, las frases hechas pueden conspirar. Julio Cortázar ironizaba sobre el paisano que, puesto a escribir una carta, comenzaba con “tomo la pluma...”, para enredarse en una retahila de clichés.

Lo cierto es que en la escritura, como en casi todo lo demás, lo que vale es la práctica. Y, por supuesto, apoyarse en mucha lectura. Mucha.

ATRAPAR UN CONEJO. “García Márquez daba un consejo que a mí me gusta mucho: ‘Es más fácil atrapar un conejo que a un lector’”, dice Silvana Tanzi, docente, crítica y redactora del semanario Búsqueda, una de las autoras del libro.

Tanzi aplaude a todo aquel que se lance a la escritura. “La escritura puede ser una buena forma de descargar emociones, frustraciones o angustias. Incluso es una herramienta que aconsejan terapeutas profesionales para ordenar los pensamientos o para entender algunos sentimientos”, sostiene.

En cuanto a la metáfora del conejo que mencionaba el Nobel de Literatura dice que es por demás acertada “porque implica a quien escribe y a quien lee, además de la necesidad de elaborar la escritura de una forma atractiva y original para que quien empieza a leer no salga corriendo”, señala.

¿Y qué consejo le puede dar a quien se decide? “Lo primero que se me ocurre aconsejar es que hay que pensar para quién estamos escribiendo, porque de ahí van a derivar otros aspectos como el tono o el vocabulario. Si nos imaginamos una audiencia, vamos a tratar de que el texto de alguna forma la cautive. Los comienzos son fundamentales para el enganche o para la huida”, dice Tanzi.

El propio García Márquez puede servir como ejemplo de comienzos inolvidables: “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo”. Es la primera oración de Crónica de una muerte anunciada, una de las novelas más celebradas del genial autor colombiano.

“Si yo empiezo a leer un artículo que dice en su primera frase ‘En este mundo globalizado...’ es seguro que lo voy a abandonar porque nada que empiece así me puede interesar. A veces son recursos muy simples los que hay que usar. Pensar en una cita, en una imagen o en una pregunta”, sugiere Tanzi.

Y para ilustrar lo que dice la autora menciona otro ejemplo relacionado con otra gloria de las letras modernas. Recuerda que a Raymond Carver, el maestro norteamericano del cuento, se le ocurrió uno de sus relatos a partir de una frase muy sencilla: “Él pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono”.

EJERCICIOS. Tanzi está convencida de que llevar un diario puede ser muy beneficioso. Aunque en él nos limitemos a anotar los sueños que tuvimos la noche anterior. Y también asume que no es necesario pensar que la escritura deba tener algún valor artístico. “Es una escritura espontánea, que no repara mucho en reglas o en la búsqueda de la forma. Por supuesto que como producto de esa expresividad puede salir algo literariamente valioso para seguir trabajando en otro momento”, apunta.

Tal vez no exista mejor ejemplo de escritura espontánea que la que se realiza en las redes sociales. Difícilmente alguien se pare a pensar en cuestiones de estilo cuando escribe un tuit para decir lo que piensa de alguna cosa.

En opinión de Tanzi, este tipo de escritura “se acerca mucho a la oralidad, por lo tanto, tienen la rapidez y también la incorrección de los discursos orales. La diferencia es que lo que escribimos queda y es muy fácil sacarlo de contexto o malinterpretarlo”, opina.

De algún modo, redes sociales como Twitter se convirtieron en una suerte de maestros involuntarios, ya que enseñaron uno de los principios fundamentales de la escritura: la economía de recursos. Los mensajes al principio no podían tener más de 140 caracteres, luego esta cantidad se duplicó pero aún los mensajes se ven constreñidos por la brevedad. “Me parece que Twitter enseña que se puede ser conciso y escribir mensajes geniales, y a veces con mucho humor”.

“Creo que quien escribe en las redes lo que quiere es comunicarse, a veces con fines políticos, otras con fines sociales, comerciales o creativos. El único consejo que se me ocurre es que hay que contar hasta 10 antes de apretar enter, y mientras se cuenta, sería conveniente revisar lo que se escribió”, señala Tanzi.

GUÍA INDISPENSABLE. Palabras más, palabras menos. Herramientas para una escritura eficaz se puede convertir en un manual más que necesario para quien quiera acometer la tarea.

El libro de apenas 163 páginas está dividido en tres secciones: Herramientas, Convenciones y Tropiezos.

En el primero se dan fundamentos a propósito de cómo dotar de coherencia a un texto, cómo organizarlo, las técnicas narrativas para contar algo, sugerencias para su revisión y un apéndice final magistral con consejos de algunos de los más célebres escritores.

La segunda parte puede ser más técnica pero no por ello árida. El uso de los signos de puntuación, cuándo usar mayúsculas o minúsculas, el uso de cursivas y comillas, abreviaciones, nociones de tipografía y diagramación, todo ilustrado con abundantes ejemplos, lo cual no solo hace más ágil su lectura sino también más entretenida y llena de humor.

La tercera parte es igualmente disfrutable ya que está dedicada a los tropiezos que solemos cometer con el mal uso de gerundios, anglicismos innecesarios, confusiones ortográficas y diversos tipos de errores lingüísticos.

Terapia, ejercicio de la memoria, necesidad de comunicar ideas o emociones, la escritura puede ser todo eso a la vez y difícilmente deje indiferente a quien se interna en sus senderos. Una aventura ideal para quedarse en casa.

Eduardo Galeano junto a Juan Carlos Onetti, un encuentro que dejó huella.
Eduardo Galeano junto a Juan Carlos Onetti, un encuentro que dejó huella.

Campeones de la pluma dan consejos

El capítulo dedicado a los “Consejos de escritores” depara algunos pasajes memorables. Entre los citados pone a Stephen King con una cita de su memorable ensayo Mientras escribo: “Poner al vocabulario de tiros largos, buscando palabras complicadas por vergüenza de usar las normales es de lo peor que se puede hacer al estilo. (...) Propongo desde ya una promesa solemne: no usar ‘retribución’ en vez de ‘sueldo’”, dice el maestro norteamericano.

“Una de las cosas que han demorado mi trabajo ha sido la preocupación de corregir el vicio más acentuado de la ficción latinoamericana: la frondosidad retórica. Escribir ampulosamente es bastante fácil; además, tramposo: casi siempre se hace para disimular con palabrerías las deficiencias del relato. Lo que en realidad tiene mérito, aunque por lo mismo cuesta trabajo, es contar de una manera directa, clara y concisa. Así no hay modo ni tiempo de hacer trampas”, sostiene en otro pasaje Gabriel García Márquez.

También una cita de Eduardo Galeano recordando a Juan Carlos Onetti cuando le dijo: “Las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio”. Una enseñanza del maestro uruguayo que Galeano nunca olvidó.

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