EL PERSONAJE

Conrado Hughes: "La política es para gente joven"

Es contador pero se volvió uno de los polemistas más conocidos, su capacidad para los números, la memoria notable, su locuacidad y humor lo volvieron temible.

Conrado Hughes
Conrado Hughes

Conrado Hughes es un polemista nato. Recuerda el valor del dólar en casi cualquier momento de los últimos 60 años. Y también los números de teléfono de sus amigos del colegio. Aunque es un hombre eminentemente político, se niega a volver a la práctica de la política. Tiene 24.000 seguidores en Twitter y sigue sumando. Dice que las caras de los billetes son, casi sin excepción, parientes suyos. Se precia de conocer su árbol genealógico al detalle y puede hablar del remoto inglés que llegó a Montevideo en 1829 como si lo hubiera visto el domingo pasado.

Conrado Hughes (72), Connie para sus amigos y para casi todo el mundo desde que es una estrella televisiva, es un hombre de gran sentido del humor. “Un señor, viejo, que estaba comprando al lado mío en la farmacia, me dice: ‘No tiene usted una idea de las calenturas que me agarro con las cosas que usted dice, soy un frenteamplista de ley y usted me enoja mucho, pero debo reconocer que tiene sentido del humor’”, cuenta a las risas.

Connie es el mayor de seis hermanos de una familia cuya tradición se hunde en las raíces mismas de la patria vieja. Asegura que sus primeros antepasados llegaron a estas tierras en 1740. Está casado y tiene tres hijos que le han dado seis nietos. Las reuniones familiares, que son frecuentes, resultan multitudinarias. Y cada vez que puede, cuenta cómo llegó el primer Hughes, apenas un adolescente de 16 años que había vivido previamente en Río de Janeiro. Ahí había hecho una fuerte amistad con don Irineu Evangelista de Sousa, más conocido como el Barón de Mauá, el poderoso banquero del imperio que gracias a ese vínculo llegó a hacer grandes inversiones en la Banda Oriental.

La memoria de Connie es, por momentos, una suerte de arma letal cuando se ve inmerso en un debate. Esto y su capacidad retórica fueron, de hecho, las armas que perfeccionó en las agitadas asambleas estudiantiles del 68.

Cuando llegó a la universidad en 1966 todavía estaba vinculado al Partido Demócrata Cristiano, debido a sus fuertes lazos con la iglesia católica. Comenzó en Ingeniería por su afinidad con los números, pero pronto se dio cuenta de que ese no era su lugar. Recursó el bachillerato y un año después ingresó a Ciencias Económicas. “Soy un producto de esa época”, confiesa.

Los estudiantes de Económicas tenían clases en el Paraninfo de la Universidad, el corazón de la casa de estudios que por aquellas épocas latía desbocado. “Yo participaba en todas las asambleas, era mucho más loco en algunos sentidos”, recuerda. Por entonces se había desvinculado de la Democracia Cristiana y era un independiente que no se quedaba callado. No pasó inadvertido y pronto fue elegido como delegado estudiantil. La mayoría de los otros delegados eran simpatizantes de los tupamaros, comunistas o militantes del viejo GAU. Eran tiempos convulsos, el espectacular asalto a la Financiera Monty puso a los tupamaros en el candelero y los convirtió rápidamente en los “héroes” de los estudiantes afines a la izquierda.

Connie seguía religiosamente por radio las audiciones de Wilson Ferreira Aldunate, el caudillo blanco por el que sentía creciente simpatía. Para las elecciones de 1971 estas simpatías se convirtieron en decidida militancia y allí empezó su historia como nacionalista. “Wilson era brillante, tenía una ironía que a mí me parecía fascinante y me lo sigue pareciendo, un sentido del humor, un sentido del sarcasmo, y entonces me hice aficionado”, recuerda ahora.

Empezó a militar en lo que se terminó por llamar Movimiento Universitario Nacionalista (MUN) que tuvo lista propia en las elecciones, aunque no llegó a obtener un escaño por escasos votos. Sin embargo, el sector consiguió un lugar en el Honorable Directorio del partido, una institución cargada de viejas glorias a un punto que Connie iba a descubrir pronto.

“Entramos al Directorio en el lugar quince. Yo era suplente, pero como el titular se casó ese año, el primer suplente tenía exámenes, con lo cual me senté en el Directorio del Partido Nacional en el año 1972, con 24 años. El primer día que fui me quise sentar en la silla de (Luis Alberto) Herrera, me dijeron ‘no, joven’ esa silla está atornillada, yo ni sabía”, cuenta con humor.

Y luego sobrevino el golpe de Estado. Tiempos oscuros para todos a los que, por supuesto, Conrado Hughes no estuvo ajeno. En 1974 recibió el título de contador y continuó trabajando en la actividad privada. La vida política en dictadura era prácticamente inexistente, pero cuando al inicio de la década siguiente el régimen intentó modificar la Constitución los viejos partidos comenzaron a revivir.

Connie se convirtió en un activo miembro del movimiento opositor a la reforma que desembocaría en el plebiscito de 1980. Junto a Horacio Terra Gallinal y José María Esperanza estuvo en la organización del gran acto por el No a la reforma constitucional y luego en el equipo de cómputos de votos. Su actividad no pasó inadvertida para el régimen y le valió cuatro días de calabozo en la Jefatura de Policía. La Justicia Militar no halló méritos para su procesamiento y quedó libre.

Con inusitada contundencia, la mayoría silenciosa se impuso en las urnas, ganó el No y las horas finales del régimen comenzaron a contarse desde entonces.

Una década más tarde, Connie estaría por primera vez “del otro lado del mostrador”. Había trabado una fuerte amistad y relación militante con Luis Alberto Lacalle (padre) y así llegó a un momento que nunca había imaginado. El 1° de marzo de 1990 le tocó estar con los flamantes miembros del gabinete y junto a algunos de los invitados al acto de asunción, como los presidentes Carlos Saúl Menem y José Sarney.

Le tocó dirigir la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), cargo que ocupó durante un año y medio. Algunas diferencias con Lacalle terminaron por alejarlo del cargo. Ya sobre el fin del mandato del presidente blanco las diferencias se ensancharon y desembocaron en una enemistad que duró años.

“Yo me peleé con el presidente y estuvimos quince años sin hablarnos, fue en el año 1995 cuando terminó su gobierno y salieron los episodios de Cambón y Grenno”, recuerda.

La pelea duró hasta 2009, cuando un amigo en común propició el acercamiento y, finalmente, en una conversación franca e íntima el asunto quedó zanjado.

Hoy, aunque su nombre figura en la lista del senador nacionalista Javier García, no está dispuesto a participar activamente de la política. “A mí me parece que la actividad política es para gente joven”, confiesa y luego agrega: “me parece un horror la gerontocracia, lo confieso”.

Pero Conrado Hughes es, en definitiva, un observador privilegiado de la política uruguaya, por eso la pregunta final parece inevitable.

—¿Se anima a hacer pronósticos?

—No sabemos nada de la semana que viene, qué vamos a saber de lo que va a ocurrir a fin de octubre del año 2019. Aún en un país con instituciones estables, partidos políticos y una tradición extraordinaria desde el punto de vista político, aún así no sabemos. Lo único que me animo es a hacer algún pronóstico y el que hice fue: no va a surgir nadie enteramente nuevo. Erré rigurosamente, apareció (Juan) Sartori por el firmamento y se extinguirá en fecha próxima, y apareció (Guido) Manini y resulta que Manini sacó diez veces lo que yo nunca hubiera imaginado que pudiera sacar. Y bueno, para eso está la política. Creer que en Uruguay no hay nadie dispuesto a votar a un milico es no saber nada, porque los pocos memoriosos olvidan lo que pasó en Uruguay. Cuando vino el plebiscito del 80 y yo me jugué la ropa y fui en cana, ese evento lo ganamos nosotros con el 57 (por ciento), pero los otros sacaron el 43. En la frontera con Brasil ganó en todos los departamentos el Sí de los milicos. Entonces, ¿yo voy a creer que 40 años después un señor con el grado de general no va a poder sacar votos?

Sus cosas

genealogía
La genealogía
“Soy depositario de la memoria genealógica, conozco a toda mi familia en seis generaciones para arriba y a los costados”, dice con orgullo Conrado Hughes. Y recita con precisión el árbol familiar que llega a los primeros migrantes que fueron sus antepasados y llegaron a la ciudad de San Felipe y Santiago.
Hipódromo
Los caballos
“Adoro los caballos y me gusta ir a las carreras, aunque voy poco igualmente veo las transmisiones”, dice. Y de inmediato aclara: “No apuesto, jamás”. Sin embargo, parafraseando a Jorge Luis Borges, su idea del paraíso sería una biblioteca “pero que estuviera cerca de un hipódromo”.
tapa libro Arturo Pérez-Reverte
Los libros
Su biblioteca es abundante, la Historia tiene un lugar privilegiado en ella. Actualmente está leyendo “no más de un capítulo por vez” para disfrutarlo Una historia de España, del escritor y académico español Arturo Pérez-Reverte. Connie siente por el autor una especial predilección y ha seguido prácticamente toda su obra.
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