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Concentración, puntería e historia

El Club Uruguayo de Tiro cumple 80 años: una institución con enfoque deportivo, preocupada por la seguridad interna y que fue cuna de algunos de los mejores tiradores uruguayos.

Una buena concentración es esencial para el tirador (Foto: Ariel Colmegna)
Una buena concentración es esencial para el tirador (Foto: Ariel Colmegna)
La preparación de las armas se realiza solo en la pedana de tiro (Foto: Ariel Colmegna)
La preparación de las armas se realiza solo en la pedana de tiro (Foto: Ariel Colmegna)
La preparación para el disparo con un arma más poderosa (Foto: Ariel Colmegna)
La preparación para el disparo con un arma más poderosa (Foto: Ariel Colmegna)
Observando el resultado de una sesión de tiro (Foto: Ariel Colmegna)
Observando el resultado de una sesión de tiro (Foto: Ariel Colmegna)

LUIS PRATS

"Cuando me preparaba para tirar lograba una calma y una concentración tan profundas que hacían que me convirtiera en espectador de mi propia actuación: me veía pararme, preparar el tiro, apuntar y disparar. Eso es algo maravilloso". La confesión de José Alejandro Mautone, uno de los mejores tiradores que dio el país, con actuaciones en torneos sudamericanos, panamericanos y mundiales, la comparten muchos de sus colegas, aunque el entorno no parezca el más adecuado para alcanzar el sosiego que se necesita para acertarle a un blanco lejano. Sobre todo por el estampido que sigue a cada pistoletazo.

Cuando hay competencias o los sábados, el día de mayor concurrencia, así es el ambiente en el Club Uruguayo de Tiro, que cumple este año ocho décadas de actuación en el campo del tiro deportivo. Los socios se instalan en las diferentes pedanas, cierran la puerta de su mente al mundo, ponen el ojo sobre blancos que se encuentran a 15, 25 o 50 metros de distancia, y allí intentan poner la bala.

"La concentración que requiere el tiro distrae de los problemas personales. Tenemos como socios a muchos profesionales de diferentes áreas que vienen a abstraerse de sus cosas, y lo hacen tirando", explica Juan Storm, presidente de la institución que nuclea a 800 socios.

Se habla de pistolas y balas, lo que remite a defensa personal y patrimonial en estos tiempos de inseguridades. Pero en el club insisten en remarcar su definición: se practica tiro deportivo, una disciplina olímpica desde los comienzos de los Juegos modernos. Los aros olímpicos, precisamente, forman parte del emblema de la institución. Eso no quita que se brinden clases sobre manejo de armas y se otorgue un espacio al Ministerio del Interior para sus prácticas. No se trata de un ámbito para fanáticos de las balaceras y, de hecho, en sus instalaciones está prohibido circular armado, por lo cual pistolas y carabinas solo se manipulan frente a las pedanas.

Seguridad.

El Club Uruguayo de Tiro fue fundado el 22 de mayo de 1936. Originalmente utilizó un polígono de la Marina en Punta Carretas y los asociados disparaban, simplemente, hacia el mar. El 11 de marzo de 1942 la Intendencia le concedió, en forma precaria, la utilización de un predio de casi 3.000 metros cuadrados en el parque Batlle, a espaldas de la tribuna Amsterdam del Estadio Centenario y junto al Estadio Palermo de Central Español. Allí existía una pequeña construcción, que se complementó con obras realizadas por la institución. Se instalaron cuatro pedanas de tiro deportivo para armas cortas, carabinas calibre 22 y armas neumáticas, más un salón social.

"Nos exigen muchas condiciones de seguridad interna y externa para habilitarlo. También se trata de reducir el ruido, por los vecinos", explica el vicepresidente, Jorge Aramendía.

Las zonas de tiro abiertas tienen terraplenes y "parabalas", vigas cubiertas de madera para atrapar los proyectiles desviados. Pero, por sobre todo, existen normas estrictas de seguridad para todos los deportistas, porque "la conducta de las personas es más importante que los agregados físicos", enfatiza el dirigente.

La primera regla es actuar como si las armas siempre estuvieran cargadas. Solo pueden sacarse de su estuche en la pedana de tiro y apuntando hacia donde se tirará. Nadie puede portar armas dentro del club, aunque tenga la autorización legal. Esto impide que haya accidentes desde hace años. La segunda regla: no se le apunta a nada a lo que no se quiera tirar. "Nadie se queja de las normas, más bien las agradece", dice Aramendía.

Cuando un funcionario o un juez de competencia ingresa a la zona de tiro para observar el blanco o despejar el lugar, suena una alarma y se encienden luces rojas. En ese momento, los tiradores deben dejar sus armas y pararse detrás de una línea amarilla, lejos de la pedana. Y los carteles que recuerdan las normas están colocados por todos lados. Para disminuir el ruido cuando se usan armas más poderosas se utilizan cabinas o cilindros de metal, desde donde se dispara.

Un amplio salón en el subsuelo del local alberga el polígono de tiro con aire comprimido. Los riesgos allí son menores, ya que solo se practica con chumbos, que prácticamente se deshacen al dar en el blanco o contra la pared.

Funcionamiento.

El club funciona todos los días salvo los domingos de tarde y los lunes. Cuando hay partidos importantes o espectáculos en el Centenario, a menudo desde la Intendencia le piden que cierre, aunque por lo general el propio club lo decide antes.

Actualmente se negocia la ampliación de la concesión municipal. Cada tanto surge una versión sobre que tendrían que dejar su actual ubicación. "Si nos obligan, no tenemos idea sobre adónde podríamos ir. Este es un lugar céntrico. Incluso hay socios que concurren en ómnibus. Si nos tenemos que ir a un lugar alejado pasaría a ser un club más elitista", comenta Storm.

La cuota es de unos 600 pesos por mes, menor a la de la mayoría de los clubes, según apuntan sus directivos. El costo del equipamiento (armas y balas) depende del nivel de exigencia. "Es accesible, aunque si se lo lleva a un nivel superior o de alta competencia costará mucho más", asegura Storm.

Una buena pistola de aire comprimido puede costar 3.000 dólares, en tanto una carabina con el mismo sistema se eleva de 5.000 a 6.000. Claro que para empezar se puede encontrar una simple chumbera por 300 dólares. "Algunas armas son tan sofisticadas que parecen de juguete. Hay que importarlas con un procedimiento detallado que debe tener el respaldo de la Federación Uruguaya de Tiro", puntualiza Aramendía.

La mayoría de los socios son hombres adultos. Siempre hubo mujeres en el club, aunque pocas, pero ahora está aumentando el interés de ellas por la práctica del tiro. Pueden participar menores, pero tienen que estar acompañados por un adulto responsable o su instructor. Y utilizan armas de aire comprimido. Solo si su instructor lo autoriza, puede pasar a usar otra arma, si bien es una situación inusual.

"El primer consejo que le doy como instructor a quien empieza es que tengan la mente abierta y que crean sin ver. Estamos enseñados a ver para creer, pero en este caso, el novato tiene que creer en lo que le dice el instructor aunque al comienzo no lo vea. Si hace caso, obtendrá buenos resultados", asegura Eduardo Gre Junca, instructor del club y entrenador de la Federación Uruguaya.

Alta competencia.

El Club Uruguayo de Tiro tiene sus torneos internos y también participa en las que organiza la Federación Uruguaya (en el interior existen numerosos clubes, varios de ellos vinculados a la práctica militar).

"Es un deporte difícil, que exige mucha práctica. Y para eso se requiere tener mucho tiempo, mucha calma personal y dinero para comprar municiones y armas de calidad", indica Storm.

Esa dedicación, por ejemplo, fue el techo que encontró Mautone para seguir compitiendo a nivel internacional. Lo que empezó como un hobby para este armero (se encarga de su reparación) hace unos 35 años, se convirtió pronto en una pasión. "Cuando me inicié, mis amigos vieron que tiraba bien y me empezaron a dar manija para que compitiera. Empecé ganando campeonatos locales y luego internacionales", recuerda. Fue campeón sudamericano, medalla de bronce por equipos en los Panamericanos de Indianápolis y 12° en un Mundial, entre otras actuaciones.

Su objetivo siempre fue superarse a sí mismo. "Como en el golf, uno competía contra sus resultados personales. No me interesaba cómo les iba a mis rivales, yo me preocupaba por mis actuaciones. Ganar o perder era cuestión de suerte. Podía pasar que a veces ganaba y no me iba satisfecho porque no había rendido de acuerdo con lo que podía", explica.

Siempre compitió como aficionado, por lo cual llegó un momento en que necesitaba mucho tiempo para entrenar, mucho dinero para viajar e implementos caros para participar. "Me hacía profesional o dejaba. Y como hacerme profesional era imposible, dejé el tiro", dice.

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