COLUMNA - CABEZA DE TURCO

Diez uruguayeces innecesarias

Washington Abdala

postal Uruguay
Foto: Fernando Figueredo

1. Cuando te choreás el ketchup de algunos lugares de comida rápida, lo hacés de ratón que sos. No lo vas a usar jamás. Quedará eternamente en la heladera y morirá allí. Ya deberías saber que no vale la pena semejante terrajeada. Te puede el mincho. Lo propio sucede cuando vas a un restaurante y pedís el restito de la cena envuelto para el perro, todos saben que es para vos.

2. Oír a Bonomi creyendo que dirá un milagro. No tiene sentido tener esa expectativa. El hombre ha sido concluyente en su entrevero dialéctico y sus sonidos onomatopéyicos. Cero seguridad. Puede venir De Saussure y no lo decodificará. Abandonen el barco y cambien de canal.

3. Tener esperanzas profundas con Peñarol o Nacional de verlos sin problemas en las tribunas. No lo hagamos, no estamos en condiciones. Seguirá habiendo pulmones mientras muchos primates no sean expulsados del fútbol. ¡Uruguay esh ashí!

4. Soñar con agua transparentes en las playas de Uruguay. No tenemos derecho ninguno, ahora menos con los bichos que se instalan por allí y nos recuerdan que somos gente poco previsora (tengo otitis por estas basuras y quince días de antibióticos. Tenías razón Eleuterio, no te dieron bola).

5. Ir al teatro de verano y creer que sos “progre-modernoso-popular” por eso. Mentira, te gusta alguna piba o pibe, estás al santo botón y te pintó eso, pero no me digas que estás recopado con todas las murgas. Alguna te emociona (casualmente, la de tu parecer político ¡uuups!) pero muchas son un bodrio y nadie lo dice por el esfuerzo, la entrega y todas esas boludeces que terminamos evitando en este país para que nadie putee a nadie.

6. El choripán, propongo desterrarlo de Uruguay, prohibirlo o algo así (si lo prohiben lo compro igual de contrabando). Hace mal, es todo grasa pero prohibimos la sal mientras al choripán lo veneramos. Coherencia muchachos: ¡Exprópiese! (Cuando me acuerdo del Comandante Chávez delirando por las calles gritando eso, me viene cierto nerviosismo y no estoy seguro si eso fue cierto o fue una peli berreta de Netflix).

7. Es innecesario ver algunos programas de TNU. Yo lo hago porque me recetaron una dosis de depresión semanal y me hace bien para salir de la euforia con programas que me nivelen hacia abajo. No debo soñar con ser un país en serio. No debo soñar con ser un país en serio. No debo soñar con ser un país en serio.

8. Entrar a la página web de Presidencia y encontrar alguna foto natural de Taba. No es posible, todas son “gardelianas”, winner y estupendas. Es Robert de Niro o Robert Redford en sus mejores épocas. Sus nietitos deben admirarlo. Tabaré debió ser actor en la época del Hombre de Marlboro. El no lo querría por lo del cigarro, ya lo sé, pero todo es conversable.

9. Piriápolis: perdonen, alguien tiene que decirlo, no va más, no es Punta del Este que tiene ese toque pretencioso porteño-miamiesco, ni es Atlántida que quedó parada en 1950. No, Pi-riá-po-lis es una mezcla rara de Cannes con Juan Lacaze. O le metemos algún mango y la sacamos adelante, o la cerramos y filmamos Whisky 2 y logramos el gran bajón nacional de una y hasta podríamos hacer un seminario internacional al respecto. Decidirse (sigan dejando afanar en La Pedrera y La Paloma, no conozco a quien no hayan choreado allí).

10. Enojarse con trámites burocráticos con el Estado es de tontuelos. Solo entregarse cuando uno va allí, hacer yoga mental, pensar que es una experiencia religiosa (Enrique Iglesias) y dejarse ir. Cuando sorteás el tema sentís que sos Siddartha. O el hombre nuevo (que nunca existió) de Milován Djilas.

¡Ah! El nuevo uruguayo tiene que pensar en semejantes asuntos para ser mejor humano, vivir feliz y estabilizado. Tienen que meditar mirando el horizonte. ¡Gum! ¡Gum! Los amo.

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