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Claes Bang es la nueva cara del Señor del Terror en la pantalla

El actor danés encarna la última versión de Drácula en la serie que exhibe Netflix bajo la dirección de los británicos Mark Gatiss y Steven Moffat que relanzan el mito.

El danés dota a su personaje de un grado de sofisticación y crueldad inquietantes.
El danés dota a su personaje de un grado de sofisticación y crueldad inquietantes.

Parecía imposible, pero lo hizo. Encarnar a uno de los personajes de ficción más versionados en el cine, con interpretaciones que pasaron a la historia es un desafío en el que, seguramente, la mayoría sucumbiría sin mayores chances. De hecho, algunas de esas versiones también quedaron en los anales del cine como rotundos fracasos. Pero este danés de 53 años consiguió superar expectativas e incluso imprimirle un nuevo sesgo a ese personaje tan temido como admirado.

Claes Kasper Bang, nacido en la ciudad de Odense (Dinamarca) el 28 de abril de 1967 no solo posee un nombre de curiosa musicalidad. Su notable talento para la actuación lo hizo, primero, brillar en el teatro antes de dar el salto a las pantallas. Su primera vocación fue la música, de hecho mientras cursaba secundaria formó parte de una banda y terminó actuando en un musical estudiantil que reconoce como su primera incursión en el mundo del espectáculo. Claro que por entonces ni soñaba con lo que vendría.

Aunque no abandonó su pasión por la música, se graduó en la escuela de arte dramático y pronto adquirió sólidas credenciales como actor. En 1997 Claes Bang hizo su debut en una serie danesa, Taxa, y el año siguiente pasó a la gran pantalla con una película (On Our Own) donde le tocó interpretar a un policía.

Su carrera continuó a paso firme entre fines de la década de 1990 y principios de los 2000, con protagónicos en algunas películas y una creciente participación en series televisivas.

Entre 2006 y 2008 tuvo un importante papel en una serie que alcanzó altos niveles de popualridad en la televisión escandinava, en la ficción Anna Pihl, un drama policial que tenía como protagonista a la actriz Charlotte Munck. Desde entonces Claes Bang tendría una participación cada vez mayor en la pantalla chica.

Un ejemplo de ello es su actuación en la celebrada serie Bron/Broen (de 2013) un drama policial que alcanzó millones de seguidores en el mundo y en el que Bang interpretó a uno de sus personajes. En el mismo período tuvo varias apariciones en la serie Borgen, otra ficción que alcanzó importantes cotas de popularidad en un público más allá de fronteras.

En esos años Claes Bang alcanzaría una enorme reputación actoral tanto en cine como en teatro, un aspecto de su carrera que nunca descuidó.

Gary Oldman en una inolvidable interpretación del conde en la versión de Ford Coppola.
Gary Oldman en una inolvidable interpretación del conde en la versión de Ford Coppola.

Pero su consagración internacional llegaría en 2017 con la película The Square una pieza dramática del director Ruben Östlund donde Bang interpreta a Christian, un curador de arte que atraviesa una intensa crisis personal mientras le toca abrir una controvertida exposición. En este film Bang compartía créditos con la actriz estadounidense Elizabeth Moss -protagonista de El cuento de la criada y figura en la excelente Mad Men- y por su interpretación obtuvo el premio al Mejor Actor del European Film Awards, y con él obtuvo otro récord personal: fue el primer actor danés en obtener este galardón.

Puede decirse que para entonces la proyección internacional de Claes Bang parecía asegurada. Al año siguiente tuvo un importante papel en Lo que no te mata te hace más fuerte (The Girl in the Spider Web), una adaptación de las novelas de la saga Millenium del sueco Stieg Larson que dirigió el cineasta uruguayo Fede Álvarez, que lleva una exitosa carrera en Hollywood.

En 2019 el dané tuvo otras tres actuaciones importantes -The Glass Room, Lyrebird, y un papel en The Affair- que lo mantendrían en cartel.

Había razones suficientes como para que los británicos Mark Gatiss y Steven Moffat, los creadores de la magistral serie Sherlock, con Benedict Cumberbacht en la piel del detective inmortal, pusieran sus ojos en él para su proyecto más ambicioso. La recreación de Drácula, uno de los mayores mitos de la cultura popular de los siglos XIX y XX que regresó con fuerza en este nuevo milenio.

La nueva adaptación que se proponían Gatiss y Moffat pretendía seguir las mismas pautas que habían aplicado para su exitosa saga del maestro de detectives. Para ello habían colocado al personaje de Arthur Conan Doyle en pleno siglo XXI, en una Londres de estos días, con gadgets tecnológicos y parches de nicotina para sustituir a la inefable pipa curva entre los dientes de Holmes.

Y algo parecido hicieron con la novela original de Bram Stoker, publicada en Londres en 1897 y componente genético principal de todas las adaptaciones posteriores a teatro, radiofonía, cómic y cine. El punto cúlmine de estas reversiones de Drácula parecía estar en aquella pieza notable de Francis Ford Coppola estrenada en 1992, con Gary Oldman bajo la capa del conde inmortal. El maestro norteamericano se había propuesto volver al original de Stoker e incluir una introducción histórica, para traer a colación la figura del mítico Vlad Tepes, el sangriento príncipe rumano en el que aparentemente se habría inspirado el escritor irlandés para crear su personaje. ¿Qué más podría añadirse a la obra después de esa versión?

Para hacerlo los creadores de la serie se lanzaron a una profunda investigación que Gatiss, que además actúa en la serie, cuenta en un documental. “La creación del irlandés Bram Stoker es un cuento icónico sobre un vampiro medieval acechando en las calles de Londres, y ha asustado e inspirado a millones de personas alrededor del mundo desde hace 125 años”, dice Gatiss allí.

“He viajado a través del mundo en busca de los orígenes del vampiro, hablando con algunas de las personas que, a lo largo de los años, le han dado a Drácula sangre fresca”, explica Mark Gatiss. Porque no es “sólo un icono del horror, sino también una cultura”, y parece de lo más adecuado que “no quiera permanecer muerto”. Pero, “¿qué pasa con el personaje que está tan impregnado en la imaginación popular?”, prosigue. “¿Qué sigue levantando a Drácula de la tumba?”, se pregunta el actor y showrunner.

Y el producto más sofisticado de esa larga investigación previa fue el hallazgo de Claes Bang para encarnar, una vez más, al mito. Investigación que el actor también hizo propia al obligarse a ver todas las adaptaciones cinematográficas que se hicieron, desde la legendaria Nosferatu hecha por Murnau en 1922 en adelante. Y el resultado está a la vista.

Según Gatiss y Moffat el danés puso su sello en la interpretación por ejemplo en su manera de plantarse frente a la cámara: “nunca es más aterrador que cuando elige sonreír y hacer un gesto despreocupado y un comentario simplista”, dicen. En el estudio sobre el personaje los creadores apuntaron que el mismo se presenta como una persona en la que “hay algo profundamente aterrador en ello, en alguien inconmovible ante su propia maldad. Sofisticado, irónico, bisexual, extremadamente cruel. Así es el nuevo Drácula de Claes Bang.

Christopher Lee logró desplazar a un mítico Bela Lugosi del papel en el que llevaba décadas.
Christopher Lee logró desplazar a un mítico Bela Lugosi del papel en el que llevaba décadas.

Los otros rostros del conde Drácula

Entre los antecesores de Claes Bang para vestir la capa del conde Drácula, el oscuro y sangriento noble de Transilvania, hubo algunas notable piezas cinematográficas. La primera de todas corresponde al cineasta alemán Friedrich Murnau, con Nosferatu, una joya del cine mudo estrenada en 1922 donde el papel fue encarnado por Max Schreck. En 1931 el director Todd Browning reelabora el mito y le da una estampa inolvidable con el actor húngaro Bela Lugosi, una interpretación que llegaría a enajernalo hasta el final de sus días. Pero en 1958 el británico Christopher Lee consigue destronar a Lugosi con su interpretación notable en una nueva versión a cargo del director Terence Fisher, en la que el conde vuelve a adoptar sus aires de sofisticación y elegancia, además del más puro terror. Durante los años siguientes el rostro del noble rumano parecía pertenecerle por completo. En 1979 el actor Frank Langella procura darle un aire más humanizado al conde, apostando más a la sensualidad. Un costado que también explota Gary Oldman en la magistral versión de la historia que ensaya Francis Ford Coppola en 1992. En 2014 y con muchos efectos especiales el director Gary Shore pone a Luke Evans en la piel de Vlad Tepes, con esccaso lucimiento.

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