VIAJES

La ciudad que se mira a través de sus cuadros

Reinventada desde la inauguración del Museo Picasso, Málaga se convirtió orgullosamente en una ciudad de turismo cultural, con un circuito de pinacotecas que atraviesa tiempos y fronteras.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El público concurre masivamente a ver las obras de Picasso (Foto: Museo Picasso de Málaga)

Dos niñas corren alrededor del banco y se cuelgan de la cabeza del señor que está sentado allí, le tapan los ojos y creo que si pudieran, le pellizcarían las mejillas. Es un hombre de bronce de mediana edad y rostro un poco serio, que desde un rincón mira a la Plaza de la Merced y le da la espalda a la que alguna vez, hace más de 100 años, fue la casa de su infancia.

Aunque todavía hay quienes lo creen francés y acentúan su apellido en la letra o, Pablo Picasso, el hombre de la estatua de la que cuelgan esas dos niñas risueñas, es español y específicamente malagueño. Es, de hecho, el malagueño más famoso (junto con Antonio Banderas, por gracioso que suene) y el que más visibilidad le ha dado a esta ciudad en la que siempre hay buen tiempo, buena comida y vino y, por lo tanto, siempre hay buen humor.

Pablo Picasso es la marca de esta ciudad y particularmente del centro histórico de calles peatonales, arquitectura mixta y una vista a la bahía que deslumbra. Es el que aparece en imanes, postales y afiches que se venden a partir de tres euros en cualquier tienda de souvenirs, y es el que en 2003 revitalizó un destino que los turistas parecían haber dejado de lado, seducidos por los encantos de Marbella, de la imponente Ronda o de Antequera.

El Museo Picasso de Málaga le cambió la cara a esa urbe, que desde entonces se convirtió en un centro de turismo cultural que permite que ahora se hable de "la Málaga de los museos". Y es que además de la colección de uno de los artistas más relevantes de todos los tiempos, recorriendo el lugar cualquiera puede toparse con obras de Andy Warhol, Tony Oursler y Marc Chagall, o con pilares fundamentales de la pintura clásica española.

Vuelta a casa.

Picasso nació en 1881 y a los 10 años su familia se radicó en La Coruña, por lo que por un tiempo su único contacto con su Málaga natal fueron visitas breves para las vacaciones. Evocando siempre los buenos tiempos en la soleada ciudad, este muchacho que ya había dado muestras de sus condiciones artísticas volvió allí paratratar de salvar de la depresión a un amigo suyo, Carlos Casagemas. El suicidio de éste mancharía las memorias malagueñas de Picasso, quien no volvería nunca más.

Por eso, cuando la Junta de Andalucía donó más de 70 millones de dólares para adquirir el precioso Palacio de Buenavista y convertirlo desde 2003 en el Museo Picasso, la historia del pintor español y su ciudad natal tuvo un final feliz. A esa suerte de pacto espiritual contribuyeron la nuera de Picasso, Christine Ruiz-Picasso, y su hijo Bernard, quienes donaron más de 285 obras, de las que hay expuestas 233.

Después de todo lo que se sabe sobre la importancia de Picasso, quien empezó pintando las patas de las palomas que realizaba su padre cuando apenas era un niño inquieto, enfrentarse a semejante colección suya quita el aliento. Las incontables facetas del creador de Las señoritas de Aviñon o Guernica pueden verse a través de una serie de obras privadas, que no habían sido mostradas al público y que en muchos casos no llevan firma.

A través de 12 salas presentadas por ejes temáticos, la genialidad de Picasso se va desplegando ante nuestros ojos y nos guía a sus diferentes modos de crear, tomando los cuadros como imágenes y ya no como ventanas para mirar el mundo. Lo que hay allí son nuevos conceptos, nuevas formas de hacer arte.

Picasso pinta por ejemplo a una madre con su niño en brazos, pero al final la madre parece ser padre a la vez, con un costado más definido y femenino y otro más rudo y grotesco. O compone un clásico bodegón a partir de un jarrón con flores, a partir de materiales reciclados, desechos que eleva a otro nivel. O retrata a una de sus tantas mujeres descomponiendo el cuerpo, y rehaciéndolo a través de su trazo firme, sus colores vibrantes y sus ritmos vertiginosos. Todo eso y tanto más, incluyendo una imponente obra sobre mosqueteros que hizo con 91 años, fue visto solo el año pasadopor medio millón de turistas.

El Museo Picasso de Málaga, que además recibe hasta febrero la exposición Un moderno en la Arcadia sobre Joaquín Torres García, es el más visitado de la comunidad de Andalucía. Finalmente, Picasso también fue profeta en su tierra.

Ciudad de los museos.

En el corazón del casco histórico hay otra pinacoteca importante, el Museo Carmen Thyssen, donde se expone la colección privada de Carmen Servera que resulta abrumadora. Se dice que la quinta esposa del barón (y coleccionista de arte) Hans Heinrich von Thyssen-Bornemisza eligió Málaga para mostrar una cantidad de pintura española gracias a la buena relación que tiene con Antonio Banderas, una figura fundamental, a decir de cualquier lugareño, para la promoción de la provincia.

El paisaje romántico y costumbrista con su evolución, el preciosismo y la pintura naturalista con abundancia de detalles, y luego el final del siglo XIX que marca cómo el arte español fue entrando tardíamente en la vanguardia, son los ejes en los que se enfocan cada una de las salas del Thyssen. La España de José García Ramos o Carlos de Haes, está claro, era bien distinta a la de Picasso.

A pocos kilómetros del casco histórico de calles peatonales repletas de bares, donde los idiomas y los países se cruzan constantemente y donde no es raro encontrarse con algún uruguayo o argentino trabajando (Málaga fue un destino convocante para los sudamericanos en la crisis que comenzó en el 2000), hay en una vieja tabacalera. Es otrocentro que forma parte de este circuito cultural: el Museo Ruso de San Petersburgo, con colecciones anuales.

Las cuatro, estaciones es la que está hasta enero, y que recorre con colores fríos y ritmos pesados los cambios que muestra el paisaje ruso. Esa exposición resulta un tanto agobiante, pero hay una preciosa que es la de Marc Chagall y sus contemporáneos, donde los colores furiosos, las escenas de la vida cotidiana y cierta influencia picassiana conviven para jugar con la fantasía pero también con emociones intensas. Lo más interesante del Ruso es, sin embargo, su arte contemporáneo y pop que muestra una original perspectiva de la resistencia. Allí están las mujeres obreras y rudas en afiches de Sex and the City o en portadas de la revista Vogue, enviando un mensaje claro.

A 20 minutos de caminata desde el centro, también se llega al Soho. Se lo recorre siguiendo los murales que le dan dinámica a la ciudad y, claro, el paisaje no tiene nada que ver con el del entorno Thyssen o con el frío de la pintura rusa. Antes de que se abriera el Centro de Arte Contemporáneo, donde hoy convive David Salle con Andy Warhol o Kimsooja, toda la zona estaba en decadencia. La perspectiva ha cambiado tanto que este lugar se conoce como Barrio de las Artes, y es un concepto que atraviesa estructuras abandonadas y fachadas de comercios, donde artistas internacionales han ido a dar su propio aporte para contribuir a la causa. Es una suerte de Ciudad Vieja uruguaya maquillada de graffitis, stencils y diversas expresiones urbanas.

La del Soho es una visita interesante, pero para arte contemporáneo y conceptual el Centre Pompidou ofrece toda una experiencia sensorial y emocional. Ver un muñeco parlante de David Bowie que en la oscuridad nos habla y nos da órdenes, creación de Tony Oursler; enfrentarse a la israelí Sigalit Landau haciendo hula con un aro de alambre de púas que se va incrustando en su piel, o recorrer una serie de vitrinas repleta de pájaros embalsamados que representan el ciclo vital de la mujer, es algo bastante removedor

El Centre Pompidou involucra al espectador con la obra y lo hace partícipe, obligándolo a sumergirse en un mundo que puede no ser del todo lindo, pero que vale la pena. Picasso también tiene su protagonismo aquí —cuándo no— con su Sombrero de flores, que determina su omnipresencia en lo clásico y lo moderno, y en una ciudad que lo abraza y lo luce orgullosamente como bandera.

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