VIAJES

Choquequirao, la joya desconocida de Perú

Tres veces más grande que Machu Picchu, dicen que esta ciudad es su hermana sagrada. Está a 3.000 metros sobre el nivel del mar y apenas ha sido investigado 30 por ciento del lugar.

Caminata en Choquequirao, Perú
Caminata en Choquequirao, Perú

En Cusco siempre se abren muchos caminos y aventuras. No se acaban nunca los planes para viajar y conocer. Ahora, mi compañera y yo estamos instalados en un humilde hostel en el hermoso y artístico barrio de San Blas. Tiene un patio central donde la gente se aglutina y confluyen muchas historias y proyectos. Así es que conocemos a unos amigos catalanes: Laia y Albert. Ellos nos convidan con su idea de visitar Choquequirao. Rápidamente aceptamos su invitación y comenzamos a averiguar de qué se trata.

Esta ciudad perdida es conocida como la hermana sagrada de Machu Picchu, pero con mucha menos gente y con un mayor contacto con el ambiente y la naturaleza. Es tres veces más grande que Machu Picchu y encierra más misterios.

Choquequirao es una palabra quechua que significa “cuna de oro” y se encuentra a un poco más de 3.000 metros sobre el nivel del mar. Debido a su situación se sostiene que era un puesto de control inca sobre los asentamientos de Machu Picchu, Pisac y Cusco. Leyendo sobre el sitio quedamos fascinados con el dato de que solo se estudió un 30% del lugar. Todo nos adelanta que se trata de un lugar único, especial y mágico.

El objetivo es hacer Choquequirao por cuenta propia y escapar de cualquier agencia de turismo. No queremos guía, ni porteadores; queremos llegar al lugar por nuestros medios y con la mayor libertad posible.

Esta aventura de marchar a Choquequirao implica un mínimo de preparación. Sabemos que hay que trepar la ciudadela incaica perdida. Sabemos que no es Machu Picchu, la cual es mucho más accesible y sencilla su llegada, en donde uno puede arribar en tren o bus. Sabemos que estamos hablando de una verdadera experiencia de aventura que es prolongada y de emociones fuertes, donde el cuerpo y la mente quedan agotados.

El cansancio se va a convertir en satisfacción y orgullo. Se trata de un lugar donde no llegan los turistas en cómodos trenes, sino valientes e intrépidos viajeros y aventureros. Mientras que a Machu Picchu pueden llegar unos 2.500 turistas por día, en Choquequirao llegan unos 30. Esto la convierte en la auténtica “ciudad perdida de los Incas”. Por los próximos días vamos a estar rodeados de la más pura naturaleza.

Caminata por las montañas

La ciudad de Choquequirao, en Perú
La ciudad de Choquequirao, en Perú

Vamos a una terminal de carros en Cusco y salimos con dirección a Abancay, aunque tomamos el desvío a Cachora. Este pequeño pueblo es el punto de arranque para los viajeros que se meten en Choquequirao. Nuestra caminata comienza en Capuliyoc. Aquí están los últimos locales comerciales y comodidades antes de meternos en la montaña.

Comenzamos la caminata con una gran euforia. Capuliyoc es un espectacular mirador natural desde donde uno puede apreciar el cañón del río Apurimac (palabra quechua que significa gran hablador). La felicidad nos invade y nos detenemos con cada paso ante las increíbles y majestuosas imágenes de montañas que se aparecen ante nuestros ojos. La amplitud de libertad que sentimos nos deslumbra. El cansancio queda imperceptible en estos primeros momentos. Se abre una cornisa sobre la montaña y nos invita a entrar.

Esta primera parte es fácil. Es todo descenso y la hacemos a los saltos; igualmente ya estamos pensando en la vuelta y nos lamentamos.

Seguimos con el objetivo de llegar hasta el río Apurimac. Los caballos dejan a su paso una gran tormenta de polvo. El sol está cayendo y se está ocultando tras los gigantes guardianes y nos queda un trayecto aún para llegar a un camping en el río. Apuramos el paso, prendemos las linternas y las luces y sombras comienzan moverse ante nosotros. Sentimos la fuerza del río.

Llegamos finalmente a Playa Rosalina tras ocho horas de caminata y un descenso de 1.600 metros. Armamos las carpas. Cocinamos en nuestras ollas y garrafas portátiles para luego ir a dormir y recargar energías.

Al otro día nos levantamos bien temprano y continuamos el viaje que ahora empieza a complicarse, dado que comienza la subida. Es la parte más difícil y agotadora. Cruzamos el puente colgante sobre el Apurimac y el escenario se pone difícil y nos obliga a tener que descansar cada determinado tiempo. Llegamos al campamento de Santa Rosa y paramos.

Tras seis horas de caminata llegamos al caserío remoto de Marampata, el pueblo que custodia la puerta de Choquequirao. Estamos a unos 2.900 metros de altura y actualmente viven aquí cerca de 15 familias. Choquequirao está a la vista.

En Marampata vemos una cantidad gigantesca de diferentes colores de maíz. Y entonces pensamos en el proyecto de poner un teleférico en esta zona para poder hacer más accesible Choquequirao y que ingresen miles y miles de turistas. Estamos todos de acuerdo en que es un horror, que rompería la mística del lugar y que destrozaría mucho el ambiente; hay que tener en cuenta, además, lo poco que se ha investigado esta zona. Poner un teleférico sería un gran error ambiental, cultural y arqueológico.

No existen aquí los flashes ni el ruido del turista; se disfrutan el sonido del viento y el vuelo de los cóndores. Contemplamos el cañón y las montañas mientras aprontamos un mate (Albert, nuestro amigo catalán es un gran fanático) y también tomamos té de coca para afrontar mejor la altura.

Durante el día el calor te abraza y sentimos la fuerza del dios Inti. En la noche, sin embargo, el frío es gigantesco y hace que dormir sea algo complejo.

Llegamos y recorremos todo Choquequirao. Visitamos su plaza principal, los andenes destinados anteriormente a los cultivos, las viviendas y las llamadas kallankas, que son los edificios rectangulares que cumplían diversas funciones de centro administrativo y talleres. Recorremos, también, todas las construcciones y las nubes parecen tocarnos.

Toda la ciudadela cuenta con un completo sistema de acueductos y canales para el traslado del agua dentro del recinto. El sonido del viento monopoliza el paisaje y las palabras no salen de nuestras bocas, solo nos miramos. Choquequirao es el lugar de la resistencia de los Incas sobre los conquistadores españoles. Es todo un icono de lucha y resistencia. Este lugar fue un gran centro administrativo y ceremonial que servía de nexo y puente entre Cusco y el Amazonas.

Choquequirao descansa en lo alto de las montañas y es eternamente acariciada por los vientos andinos que siguen merodeando y contándonos las historias que aquí se suceden.

Caminamos aproximadamente unos 50 kilómetros. Son 50 kilómetros donde uno siente que se va purificando en el camino. El cuerpo y la mente trabajan y se enriquecen. El paso es lento pero firme y esto nos asegura la llegada. Caminamos por las venas y arterias del Perú. Pisando Choquequirao tenemos la certeza de que es mucho más que un impresionante complejo arqueológico; es un lugar sumamente mágico y poderoso colgado de las montañas. Es un lugar ideal para dejar de ser turista y convertirse en viajero.

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