COLUMNA — CABEZA DE TURCO

Cero estrés

Washington Abdala

Me pudrieron los diagnósticos futuristas de cuanto tipo pseudo-inteligente anda por allí. Lo voy a decir de una: es todo puro verso de pe a pa. Aquí va la prueba señor lector.

Nadie sabe cómo será el futuro, todos los que predicen lo que viene solo están haciendo prospectiva burda basada en la nada. Cuando vi Blade Runner creí que ese futuro sería mi presente. No fue así. Minga. Nada de eso se masificó, sin embargo el teléfono móvil terminó más potente que la computadora que estuvo por detrás de la llegada del hombre a la Luna. Esa tampoco la vio nadie.

Todos hablan de inteligencia artificial y del cambio dramático que se está produciendo en la humanidad. Puede ser, pero a no alarmarse, la revolución industrial fue igual, ya Joseph Shumpeter nos enseñaba -hace décadas- el asunto de la “destrucción creativa”. El ser humano vive inventando cosas, eso, su imaginación es lo que nos distingue del resto de los bichos del planeta, por eso dominamos al resto de las especies (y nos comemos a muchas de ellas), y por eso muchos humanos con su inteligencia y sus historias nos dominan a nosotros mismos. Cuando votamos, en algún sentido estamos siendo dominados por el que nos convenció de hacerlo, lo propio sucede cuando una marca nos “engancha” con sus atributos: le creímos lo que nos dijo.

En realidad se puede ser un optimista como Steven Pinker y habrá pruebas sobradas para ello, pero también cabe pensar en lo peor a partir de Stephen Hawking porque el ser humano es capaz de cualquier idiotez en cualquier momento (la cita no es textual, es mi interpretación de lo de Hawking).

¿Qué le aconsejo al lector? Tranquilo, no hacerse mala sangre, disfrutar la vida minuto a minuto, no creer que se acaba el mundo, pero tampoco soñar en que Ancap nos seguirá succionando toda la vida. Se fundió la Onda, el diario El Día desapareció y casi nadie quiere ser tanguero y vivir pobre. Todo cambia. ¿Habrá Marie Julie para siempre? No, de seguro vendrán otros y otras, y así es la vida, corsi e ricorsi. (Es verdad que Marie Julie es too much, no da ni para citarla). Este, además, es el mundo que nos tocó: los Braian, los Kevin y los Jonatan no son niños británicos, nacieron y están aquí. Las Mili-Pili ya no son un modelo estético sino cultural aspiracional. Las tribus urbanas andan por todos lados. Los guetos delincuenciales los conocemos todos pero no los saben enfrentar. Las adicciones no son pecado sino que se festejan desde la publicidad. El sexo está replanteado como temática y llegamos a un punto en que se confunde lo básico. El Género ganó la partida y es bueno como “libertad” aunque no es claro como “relato” cotidiano. Ser de derecha o izquierda no es un gran asunto. Bah, no es un asunto, en realidad, es una imbecilidad. Por suerte ser ladrón empezó a ser mala cosa en todos lados, y empezaron a sacarle la roja a mucho personaje que nunca imaginábamos que tendría esa sanción. Ladrón de guante blanco digo, porque al ladrón chico siempre lo usaron las sociedades para mostrar su peor costado (Foucault).

Francamente, creo que lo que cambió es el uso del tiempo, hoy la velocidad de los cambios hace que ese sea el gran factor a tomar en cuenta. Quizás, si alguien me pidiera un consejo -ni mis hijos, ni mis estudiantes, nadie me lo pide, igual yo lo doy porque se me da la gana- creo que una clave es salirse de la “mirada del otro” y volver a ser libres.

No hay que oír lo que te hace mal (mucha cosa de lo contemporáneo es tóxica) y hay que volver a lo básico: la familia, el asado, los amigos y pequeñas cosas (Serrat) que nos permiten construir un mejor momento de fraternidad. El resto andá que te cure Lola, que se la morfe Mandinga y que banquen los que se la creen. Yo me bajo de la chotez congénita. Cero estrés barra, cero estrés.

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