HISTORIAS

Cecilia Sánchez o cómo convertir el dolor en una comedia

Es actriz y escribió su primera obra de teatro después de la muerte de su hijo: "La pérdida. Un plan franco". 

Cecilia Sánchez, actriz
Cecilia Sánchez, actriz. Foto: Leonardo Mainé.

Hay una verdad: Cecilia Sánchez y Pablo Nogueira tuvieron un hijo a las 18.48 horas de la tarde del 24 de octubre de 2017. Franco falleció con menos de un mes por una enfermedad. No era habitual que un bebé que había nacido a término tuviera ese problema, así que les explicaron que las causas para tenerlo eran muchas. Que era multicausal, les dijeron. Y nada más. No hubo una autopsia ni más elementos que explicaran la muerte.

Hay, también, un hecho: Cecilia, actriz, escribió y dirigió su primera obra de teatro, La pérdida. Un plan franco, que estrenó en La Gringa el fin de semana pasado con un elenco en el que están Leonor Svarcas, Gustavo Saffores, Fernando Amaral, Carlos Rompani, Gastón Torello y Julieta Zidán.

La pérdida es una comedia casi delirante sobre el secuestro de un médico como venganza por la muerte de una bebé. Habla sobre la amistad, sobre el amor, sobre las pérdidas, sobre el desconsuelo total, sobre el dolor más profundo, sobre el dolor que nadie más entiende, sobre el sistema de salud, sobre los protocolos, sobre una sociedad que nunca está preparada para la muerte. Habla, La pérdida, sobre lo casi no se dice, sobre lo que nadie habla.

Todo lo que ocurre allí (todo lo demás), es ficción.

Un plan franco 

La casa de Cecilia y Pablo es un sexto piso de un edificio en el Centro de Montevideo. El living, que es la habitación inmediata a la puerta de entrada, tiene una pared roja. Contra la pared roja hay un sillón de tres cuerpos con almohadones multicolores que dicen dream (sueño) y tienen una mariposa. En frente, una mesa ratona apoyada en una alfombra también roja y a los costados dos sillones más, de un solo cuerpo. Libros, muchos, una radio, discos, un premio Florencio, el programa de La pérdida, fotos, un mate, galletitas, torta de fiambre, refrescos, colores —la casa de Cecilia tiene muchos colores— y Tony, un perrito, el de la foto, que la acompañará durante toda la charla.

En una de las paredes, la que está al lado de la única ventana de la habitación, amplia, suficiente para iluminar todo el ambiente, a la derecha de la puerta, hay una foto enmarcada en un vidrio con la cara de Franco. Arriba, una caricatura del rostro de Cecilia. Es un lunes a la tarde. Cecilia se sienta sobre la alfombra roja, ceba el mate. Y sonríe.

En esa casa, a fines del 2018, Cecilia decidió escribir una historia que terminó mientras ya estaba trabajando con los actores y actrices en lo que acabaría siendo una obra de teatro. Su primera dramaturgia. Una comedia.

La pérdida. Un plan franco.
La pérdida. Un plan franco. Foto: Gonzalo Techera

“Cuando empecé a escribir esta obra era obvio que la iba a dirigir yo, aunque no sé muy bien por qué. Hubiera sido muy difícil entregarla. Ahora ya puedo entregar el texto a quien sea porque ya está, pero yo la empecé a dirigir al mismo tiempo que la estaba terminando de escribir, no cabía otra cosa. Empecé a escribirla y me salieron los fondos de incentivo (por el Programa de Fortalecimiento de las Artes) y entonces dije ‘bueno, yo me largo a hacerlo’, aunque fuera un riesgo por ser mi primera dirección”.

La escritura surgió, dice Cecilia, después de atravesar la etapa más profunda del duelo por la muerte de su hijo, “cuando podés empezar a respirar y mirar Netflix”. Pablo le insistió en que tenía que hacer algo con el dolor.

“Descubrí eso que te dicen de que cuando los artistas están mal pueden hacer algo al respecto. Eso como actriz es una mentira. Yo no sé si viviendo un duelo muy profundo uno puede actuar. Capaz que podés hacer algo, pero estás todo tomado por un solo sentimiento. Así que por primera vez descubrí el ejercicio de escribir, esa cosa de la soledad donde abrís un mundo en el que todo es posible”.

La historia que escribió Cecilia no fue la suya. Se sirvió de lo que le pasó para imaginar una trama delirante en la que todo era absolutamente posible, una historia que a veces tiene puntos de contacto con lo que le ocurrió a ella, pero que es absoluta y completamente de ficción.

La primera escena que escribió, la que le dio el impulso para seguir, fue la del secuestro de un médico.

“Yo quedé un poco rara con el sistema mutual (después de la muerte de su hijo). Fue todo muy raro, hubo muchas preguntas que quedaron sin responder”, cuenta.

En la escritura, en el acto mismo de pensar una historia que la involucra sin involucrarla Cecilia pasó por diferentes circunstancias. “Hubo momentos muy duros, de mucho llanto, dolor y angustia porque te sumergís en lugares que te llevan a eso, pero también tuvo momentos más tranquilizadores, porque la obra tenía necesidades escénicas, entonces dejaba de ser dolor para empezar a ser obra. Y ahí la escena tiene otros requerimientos, capaz que hay algo que a mí me dolió mucho y lo puse en el texto pero la escena me pedía otra cosa, entonces lo sacaba. Y no me costaba sacarlo”.

Hubo un momento en el que todo se transformó en algo más, en algo independiente a cualquier semejanza. A partir de entonces toda la escritura ocurrió en función de la obra, en base a las necesidades que iban surgiendo en los ensayos con el elenco.

La obra de Cecilia tiene, sobre todo, humor. Dice que ella es así, que es el modo en el que le sale hacer las cosas siempre. Y que además le pareció la mejor manera de contar esta historia, que por momentos es delirante y que además tiene a un elenco que la sostiene entera, de principio a fin.

Primero empezó a ensayar con algunos de los actores, después los fue juntando de poco. A algunos personajes los escribió pensando directamente en los actores y actrices que iban a representarlos.

“Tuve suerte porque ellos confiaron en mí. Porque hay que confiar en una primera dirección. Yo los conocía a todos pero era actriz junto a ellos, he trabajado con todos y tengo mucha amistad, pero ellos confiaron mucho. Por eso tampoco podía fallarles, no podía darles personajes que fueran un huesito, tenía que darles personajes que estuvieran buenos. Yo siempre pensaba: ‘¿Esto está bueno? ¿Yo le diría que sí a este personaje?’ Ellos, todos, son brutos actores, no te van a decir que sí a cualquier cosa. Igual confiaron, muchos dijeron que sí sin saber qué hacía el personaje. Al de Leonor (Svarcas) por ejemplo, que es la última en entrar a escena, fue la última que escribí. Y era la que más me costaba escribir, obviamente, el personaje de la madre”.

En los ensayos hubo algunas premisas que Cecilia le propuso al elenco para trabajar. “Yo tenía que ayudarlos a que pudieran hacer una obra donde estaban teniendo a una directora que además era la dramaturga, que ya es pesado, y encima una madre a la que también le había pasado que se le había muerto un hijo. Entonces lo primero que les dije fue ‘chiquilines hay que faltarle el respeto a esto’. Esa fue mi premisa, hablar mucho de por qué cada cosa, entender lo absurdo de la vida, entender eso de que siempre que te está pasando algo tremendo puede ser gracioso visto de afuera. Entonces les planteé que ellos pudieran realmente construir, actuar, hablar, crear y reírse. Hablamos mucho de mi caso para que lo tuvieran como sustento y al mismo tiempo para crear, porque ninguno de los personajes existe en la vida real. No existe la doctora Pedro, ni raptar médicos, nada es real. Es teatro, nada más”. O nada menos.

Interpretar a la madre
Leonor Svarcas en La pérdida.

Leonor Svarcas es actriz e interpreta al personaje de la madre en la obra, un personaje que, según Cecilia, fue el que más le costó escribir. 
"Desde que Cecilia me invitó a hacer (este proyecto) pensé que el desafío más grande iba a ser no interferir con su texto y con lo que ella quisiera contar. Me enfoqué en potenciarlo sin perjudicarlo. La empatía fue la guía y un gran respeto por hacer un rol que habla de algo que fue vivido por gente real y merece la mayor consideración. Siempre lo concebí como un proyecto diferente por la historia que impulsa su obra" dice Leonor sobre el proceso de la obra. 

"Ya había leído otro texto suyo que casi hacemos juntas para Teatro Breve y me había fascinado su escritura. Pienso que tiene un sello propio como dramaturga y con La Pérdida eso se confirma; pero fundamentalmente acepté porque sabía que ella tenía algo muy importante para contarnos. Me conmovió que me eligiera para cumplir ese rol, me pareció que iba a ser un desafío artístico enorme para mí, lo fue y lo sigue siendo en cada función cuando pienso que puede haber en la platea una mamá o un papá que se vea a sí mismo a través del texto de Cecilia interpretado por mí. Es un juego muy serio, difícil, hermoso, doloroso y amoroso", agrega. 

Además, cree que ser madre la ayudó a lograr una profundidad especial en el personaje. "Pienso que la obra igualmente habla de algo universal, de las grandes pérdidas y todos podemos conectar con eso. También habla de la deshumanización en el sistema de salud y pienso cuánto habría que hablar de eso en relación con la maternidad. Te vaya bien o te vaya mal, el sistema parece no tener en cuenta que tener un hijo es el momento más trascendente de la vida de una mujer y de un hombre y que no hay cabida para el mínimo atropello en una instancia así. Todos queremos quedarnos con lo lindo, pero cuando vas a parir pasan cosas que no están buenas y sobre las que hay que educar. Creo en el arte como medio para evidenciar y transformar realidades y La Pérdida es un gran ejemplo de ese potencial".

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