Urbanismo

La casa más angosta del mundo

En Varsovia, en el estrecho espacio entre dos edificios, se alza un apartamento que tiene entre 92 centímetros y 1,5 metros de ancho. Hay lista de espera para ocuparlo.

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Mil personas han pedido ocupar la llamada Casa Keret; solo 15 lo han conseguido

La casa probablemente más estrecha del mundo está en Varsovia, Polonia, y tiene una anchura en torno al metro y medio, con 14 metros cuadrados distribuidos en un baño, cocina y dormitorio que se ofrecen como refugio para artistas y escritores que busquen un espacio creativo en la capital polaca.

La "Casa Keret", que es el nombre que recibe esta minúscula construcción de aluminio y plástico, es obra del arquitecto polaco Jakub Szczesny, quien aprovechó con precisión de orfebre un espacio entre dos edificios, una de esas "bolsas de aire" entre edificaciones que puede encontrarse con cierta frecuencia en una ciudad como Varsovia, reconstruida precipitadamente tras la guerra. Szczesny, quien estudió arquitectura en Barcelona, España, explica que los lugares como ese en el que levantó su original edificio son "espacios vacíos a modo de Frankenstein, zonas mal construidas, mal ensambladas que acaban siendo vertederos o lugares oscuros en la ciudad".

Fue mientras caminaba por las calles de la capital polaca, divisando ambientes angostos y desaprovechados, que se le ocurrió la idea de una construcción de este estilo. "En vez de mirar recto al bar miré a la izquierda, y vi este pequeño espacio entre dos edificios de períodos diferentes que no se tocaban", detalla.

Así es como esta estructura de aluminio de casi 10 metros de altura se levanta desde hace dos años en un espacio que oscila entre los 1,50 metros y los 92 centímetros de anchura, al que el visitante accede a través de una escalera de metal y una puerta a modo de trampilla que conduce directamente al corazón de la vivienda.

La planta baja contiene un baño con inodoro y ducha, una cocina con un fregadero y encimera, una mesa para dos, un sofá para reflexionar y la escalera metálica que conduce hasta el dormitorio de la segunda planta, con una cama y un pequeño escritorio.

"Cuando vi este espacio pensé en una manera de revitalizar la ciudad, de meter una forma de vida en un espacio desaprovechado; y si es para una persona, ¿entonces quién?, me preguntaba. Pensé en los escritores, porque son personas que necesitan soledad, pero también estar cerca de la vida cotidiana y poder aislarse para trabajar", recuerda Szczesny, en referencia a los potenciales inquilinos de la construcción, única en el mundo.

La "Casa Keret" llena el espacio entre un edificio de antes de la Segunda Guerra Mundial y un bloque de apartamentos construido durante el comunismo, en el centro de Varsovia, lo que para su arquitecto no deja de ser un puente simbólico entre dos períodos separados por un acontecimiento traumático.

La Fundación de Arte Moderno de Polonia y el ayuntamiento de Varsovia ayudaron a financiar el proyecto, considerado como una instalación artística. "Esta construcción no podía definirse como un edificio normal y corriente porque no va con los códigos de construcción, así que en teoría es una instalación artística temporal con la posibilidad de poder pasar hasta cuatro horas seguidas dentro, que fue la fórmula que nos dieron los abogados de la ciudad", admite el arquitecto polaco sobre su obra. Y ríe al recordar que cuando aún estaba en la etapa de proyecto, muchos alegaron que el edificio sería inhabitable. "Pero aquí estamos", bromea.

En la concepción de este edificio fue fundamental la colaboración del escritor y director de cine Etgar Keret, un israelí de origen polaco que fue el primer inquilino del lugar. Por su influencia, la casa recibe su nombre.

En los últimos dos años se han recibido cerca de mil solicitudes para pasar temporadas en la casa, aunque menos de 15 huéspedes han tenido el privilegio de alojarse en la vivienda más estrecha del mundo en los últimos meses.

También es posible visitar la casa como si se tratara de la recorrida por un museo, en jornadas especiales de puertas abiertas. El año pasado se hizo en dos períodos, a un costo de cinco dólares. Efe

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