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Las cartas que sí llegaron son facturas y recibos

En 2015 en Uruguay se registraron 131 millones de envíos postales. El 39% del mercado corresponde a la Administración Nacional de Correos. Y lo comercial vapuleó a la correspondencia tradicional.

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Pasar seis días a la semana por las mismas calles fomenta las relaciones. (Foto: Francisco Flores)

LEONEL GARCÍA

Fresca pero tolerable, la mañana muestra una buena cara en la Plaza Cagancha. Es lunes, son las 9.47. Un paseador de perros lleva una docena de clientes por 18 de Julio. "En los barrios nos corren y acá en el Centro los pasean", se ríe Martín Batista (39), cartero desde hace 20 años, a punto de iniciar su recorrido. En su zona, unas doce manzanas entre 18 de Julio, Rondeau, Libertador y Cerro Largo, las mismas de los últimos seis años, hoy hay poco para entregar. Eso equivale a varios otros "pocos": poco peso para cargar, poco tiempo de caminar y poco dinero para cobrar después.

Zafar de la hostilidad canina no es la única diferencia entre los barrios y la zona céntrica para los 800 carteros de la Administración Nacional de Correos (ANC). La mayor concentración de gente en el Centro hará innecesario andar en bicicleta o moto, pertenecientes al funcionario pero a disposición (paga, obvio) del servicio, que a su vez exige a sus propietarios que las aseguren. Y en vez de interactuar con dueños de casa, lo harán con porteros y recepcionistas.

"Las cartas te llevan", dice Martín y comienza su periplo: 18, Río Negro, Colonia, Uruguay... son seis años tratando con las mismas caras, seis veces a la semana. Empiezan los saludos con nombres de pila: Enrique, José, Juan, Ruben, Rodolfo, Leti... Cada uno significa un beso, un comentario de fútbol, un chisme de barrio, una pasada a un baño, un vaso de agua o todas esas cosas juntas. Se ha sabido formar una relación más allá de lo epistolar: hay carteros que han ido a despedidas de porteros que se jubilan, hay vecinos que le piden a los carteros hacerles un mandado "si andan en la vuelta". La experiencia hace que lo dejen pasar sin inconvenientes a las oficinas más inaccesibles de los bancos o del Centro Militar. A no todos les interesa hacer sociales. En un hotel-pensión por Colonia, de esos cuyos inquilinos rotan con alta frecuencia, la dueña recibe su sobre en la puerta con cara de póker. "Vos dejás la correspondencia y te vas. Somos carteros de cartas, no de personas". La discreción es fundamental. "Bueno, en realidad somos más reciberos que carteros. Capaz que, a fin de año, alguien manda una postal", reflexiona Martín.

Recibos.

"Una carta, ahora, no es como antes. No es lo mismo. (...) Acá uno comprende lo que era una carta antes: papel, lapicera, el sobre, tiempo para escribir trabajosamente. Todo. En una carta iba todo. Desde los huevos de la colorada hasta el embarazo de Miriam y no sabés cómo ha llovido, todo", escribió Mauricio Rosencof en su libro Las cartas que no llegaron. Ese proceso de plasmar sobre papel fragmentos de una vida que llegarán a destino luego de días está en severo peligro de extinción, teléfono, Internet, email y WhatsApp mediante. Según el director de la ANC, Fernando Saralegui, el 70% de la correspondencia en el país corresponde a facturas de servicios públicos. Un 30% es correo de empresas, publicaciones y comunicados oficiales. Solo un 1% sería de particulares.

Más temprano, sentado en su escritorio en el sector de Distribución del edificio central del Correo, en Buenos Aires y Misiones, Martín no recuerda siquiera si él escribió alguna vez una carta. Cerca suyo, su compañero Mauro González, con cuatro décadas en el oficio, nombra a una rara avis: "Yo tengo una clienta en un edificio del Centro, una mujer que tendrá 70 años, que se sigue carteando con una amiga del Interior. Y ella le responde. Me dice que quieren seguir con la costumbre pese a que se llaman casi todos los días".

Los carteros comienzan su tarea a las 8.00 recogiendo la correspondencia de su subzona. Unos 20 preparan el día en el edificio central, inaugurado en 1925. Luces de tubo, ventiladores de pie (apagados, claro), puertas y mostradores de madera y escritorios de chapa con banquito plegable forman un mobiliario acorde al mes de la nostalgia. En la radio sueña Do ya think Im sexy de Rod Stewart y otros oldies, para estar más a tono. Al lado de Martín y a diferencia de él, su compañera Ángela Ferrari, que recorre la Plaza Independencia y alrededores, irá cargada y tendrá que usar bolso y carrito. Un día de mucho trabajo significan para ellos hasta 30 kilos de peso. El grueso hoy, como siempre, son recibos: UTE, Ajupe, Tarjeta D, Integración AFAP, BBVA... Hace mucho que los carteros casi no ven cartas.

"El email no ha matado a las cartas. En todos lados sigue habiendo carteros. Es como la prensa papel: dicen que Internet se los come y acá estás vos", dice Martín con toda la intención. "Ya no estará la carta de Doña María, pero vos vas a seguir peleando por las facturas de lo público y lo privado", agrega quien también es delegado sindical. No es difícil darse cuenta por qué la distribución de facturas de los organismos públicos y privados es una lucha histórica de AFPU. Y por qué la idea de la facturación electrónica y entidades con sistemas propios de distribución no les hace ninguna gracia.

Juan González, presidente de la Asociación de Funcionales Postales del Uruguay (AFPU), explica que los carteros tienen una parte del sueldo fija (unos 14.000 pesos) y otra variable, según las entregas realizadas: una carta (factura), dos pesos; una certificada, cuatro; un paquete, cinco. En promedio, calcula Martín, un cartero repartirá entre 5.000 y 5.500 cartas por mes. Mira su paquete del día, resignado: su jornada apenas cubrirá el boleto ida y vuelta desde su casa, en Solymar.

Riesgos.

El día en la calle terminará junto a las cartas aun si pasan las 14.00, final del turno. "Nunca queda correspondencia para atrás", subraya Martín. Hoy no será el caso: a las 10.47 está todo entregado. Martín volverá a la oficina a planillar y dedicarse a otras tareas.

Ahí lo esperará, entre otros, su compañero Ruben Acosta, hoy en el Centro, antes en barrios tan distintos como Punta de Rieles, La Chancha y Piedras Blancas. Quien dice que ser cartero no es riesgoso, nunca fue sorprendido por un perro iracundo. O peor: "Cuatro veces me afanaron la moto, a pie no se llama la atención. No te vienen a robar, ¡vos vas hacia ellos! Entramos donde la Policía no. Una vez que la gente te conoce es distinto, te dejan pasar, te dicen dónde dejar la moto". Caminar y caminar también permite, en los asentamientos, no equivocar el destino: "Allá por (Bulevar) Aparicio Saravia hay calles y números que se repiten dos o tres veces". En el último robo a su moto, el ladrón le llegó a amartillar el arma. "No me olvido más". Pidió traslado.

A Martín, que supo recorrer la Unión, Paso Carrasco y la Curva de Maroñas, le gustan los barrios. Su queja mayor eran las casas que no tenían nada parecido a un buzón ("aunque sea una botella de plástico abierta al medio") donde dejar la correspondencia. Ahora el mayor riesgo es que una dirección esté tan abandonada que sea difícil pasar el sobre por debajo de la puerta, tal la mugre acumulada. En el Centro también fue testigo de cambios urbanos: los comercios que abren y cierran en las galerías de 18, empresas que se vuelven pensiones e inauguraciones como el edificio en Rondeau y Cerro Largo bautizado como Imilce Viñas, actriz fallecida cuando él comenzaba a recorrer esa esquina, última parada de hoy.

LA MAYORÍA SON ENVÍOS DESDE DENTRO DEL PAÍS

En 2015, en Uruguay se movieron 124 millones de cartas, según el informe estadístico sobre el Sector Postal de Uruguay de ese año elaborado por la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones (Ursec). Esto fue una baja respecto al pico de 2014 de 1,6%.

De ese total, las cartas nacionales fueron 121 millones, las cartas internacionales que ingresaron fueron 2,82 millones y las que salieron del país fueron 745 mil.

Los paquetes, a su vez, fueron 6,4 millones a nivel nacional, 48.000 rumbo al exterior y 264 mil que ingresaron.

En total, los envíos postales durante 2015 fueron 131 millones, 1,5% menos que en 2014.

El mayor actor del Sector Postal de Uruguay es la Administración Nacional de Correos con el 39% del total, según Ursec. Le siguen UTE (10%), UES (8%), Antel (8%), OSE (7%) y Tiempost (5%).

Fernando Saralegui, director de la ANC, dice que ante la baja de la carta tradicional la empresa busca alternativas de negocios como la distribución de paquetes y el comercio electrónico.

Juan González, presidente de AFPU, afirma que el gremio busca una "mayor salarización", y no depender tanto del volumen entregado.

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