columna cabeza de turco

Caro, I love you

Washington Abdala

En la mitología griega Palas Atenea era la diosa de la guerra, de la civilización, de la sabiduría, en fin, era Gardel. Acá nos tocó Carolina Cosse.

En Uruguay, Carolina Cosse cree que nos viene a salvar, alguien le vendió el chuco de que su luminosidad nos hará bien a los simples mortales y que seremos redimidos con su talento. Ella, cual “Mujer Maravilla” (son las revistas que leíste Caro, algo de eso está en tu inconsciente) tiene por objetivo venir a hacer justicia a esta pequeña tierra de gente inmisericorde que no merece su nobleza. ¡Gracias! ¡Oh Diosa eterna! (Muy Marvel el arranque, ya lo sé).

Observarla hablando ante un micrófono en los medios de comunicación, con esa mirada ausente de empatía, nos hace sentir que somos poco menos que “libertos”. Oírla defender a Venezuela y a Cuba, sin que se le mueva una ceja y con cara de “otra vez con ese sonsonete de la derecha”, causa pavor o penita. Más bien penita (lea a Nicanor Parra mija, vaya, mire cómo gente de izquierda inteligente entendió que el capitalismo y el socialismo real -en sus cosmogonías extremas- son tan inmundos y vejatorios con la libertad como poco en la existencia humana. Lea mija, lea que los libros no muerden).

¡Y no me vaya a saltar nadie diciendo que este libelo es contra las mujeres! Mónica Xavier es mil veces más centrada que Caro solo que tiene que bancar a Daniel Martínez que ahora se cree Robert De Niro y por eso nunca juega en el Barcelona (la injusticia es normal en política, ya lo sabemos).

No entiendo cómo el diputado Sánchez no advirtió que él con una peluca rubia (la misma que usa el tío Aldo pero rubia) era mejor que Caro Cosse. ¡No te dio la nafta troesma! Muy meta y meta, pero en los cien finales te mordieron la orejita y a la cucha. Algo me dice a mí que la Vice Lucil Lagarde no se fuma too much a Caro. Pura intuición (tengo algo de Ana Clara, la del tarot.)

Volvamos, no me puedo distraer. Cuando Caro habla, siento que debo estar en un momento de sumisión, por alguna razón me hace sentir una oruga infecta en un templo egipcio, intuyo que mis derechos ciudadanos son nada y que ella es Cleopatra negociando con César para ver cómo nos carnean. No me va a ir bien con ella. Si gana, emigro a la isla Martin García a hacer pan dulce (¿siguen haciendo eso allí?).

Algún empresario salió por allí (estaba en Whatsapp) a criticarla diciendo que la conoce. Lo vi. Me dicen que desapareció el texto. ¡Humm!

De cualquier manera recuerdo cuando Caro hizo consultorías en Venezuela. Repito: Venezuela, no en Australia o Barcelona. En Venezuela. Bue, se ve que mucho talento no desplegó porque no ayudó al resultado final de ese país. ¡Mirá en lo que quedó la tierra de Bolívar!

Sepan, la vieja bronca “bolches-tupas” ha muerto. Oscarcito Andrade lo sabe y por eso sale a recorrer la cancha a ver cómo pesca adhesiones “tupex” (guiñada peperil). Y sabe que con Caro tiene asegurada una perforación en el voto empipí. Es más, aseguro que Oscarcito va a votar mejor de lo que mucha gilada cree. Y andá sabiendo -querido Daniel Castro- que el año que viene no va al programa porque va a estar en las grandes ligas del Frente Amplio (Fernando Pereira, vos también andá poniendo atención que este nene viene por todo, ojo esa sillita...).

Un día de estos voy a ir a un acto político de Caro, le voy a llevar flores y voy a aplaudir foquerilmente desde la primera fila gritando: “Evita, Evita llename la panzita”. Digo, para ver si la conmuevo, por si mueve una ceja, para ver si es humana. Uno no sabe nunca la verdad en estos tiempos de inteligencia artificial. Y lo más genial de todo es que ella debe creer que los uruguayos nos merecemos su presidencia. La terrajez paranoica yorugua es hermosa. ¿No me digan que este país no es así? ¡Y se quejan de Juancito Sartori! ¡No jodan!

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