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El largo camino de "Dibu" Martínez hacia la cima deportiva

El arquero argentino Emiliano “Dibu” Martínez se fue a Inglaterra siendo un adolescente y tuvo que cultivar la paciencia durante más de una década para alcanzar sus metas. Hoy, parece un indiscutido.

Emiliano "Dibu" Martínez
Foto: GDA.

Hace menos de un año, Emiliano “Dibu” Martínez seguía siendo relativamente ignoto para parte de la hinchada argentina y —sobre todo— para el periodismo supuestamente especializado. En septiembre de 2020, el programa deportivo 90 Minutos entrevistó a Martínez. La primera pregunta del conductor, Sebastián “Pollo” Vignolo, fue: “Felicitaciones, atajaste un penal. ¿Es una característica tuya o no sos de atajar penales?” Esa pregunta, hoy, provocaría risas. Martínez se consagró hace poco como, justamente, “atajador de penales”: en la semifinal contra Colombia en la última Copa América contuvo nada menos que tres, lo cual habilitó el pase a la final y la primera copa para Argentina en 28 años (en otras palabras: Martínez nació el mismo año en el cual Argentina había salido campeón la vez pasada).

Ahora, la llegada de Martínez al arco de la selección de su país puede simbolizar que, finalmente, emergió el auténtico heredero de Sergio Goycochea, aquel que con sus dos atajadas en la semi de la Copa del Mundo en 1990 empujó a Argentina a la final contra Alemania. Además, ahora ya todos creen que Martínez tiene que ser el arquero de la selección para lograr la clasificación a Qatar 2022.

De desconocido a titular indiscutido en menos de un año. Nada mal. En particular si también se tiene en cuenta que el deportista entra en la categoría de “late bloomer”, o sea, la de aquellos que empiezan a brillar en la segunda y última etapa de su trayectoria profesional.

Martínez nació en Mar del Plata en un hogar que no era precisamente adinerado. Ambos padres eran de esa clase trabajadora y sacrificada que tiene que hacer malabares para llegar a fin de mes. Jugó de niño en varios equipos amateur de Mar del Plata y ya se le veían las condiciones. Con 10 años, lo llevaron tanto a Boca Juniors como a River Plate, para que los evaluadores de esos equipos decidieran si lo querían o no. No lo quisieron. Tres años después, Independiente sí lo incorporó a sus filas.

En Independiente no solo adquirió su sobrenombre, sino también la chance de destacarse en las selecciones nacionales juveniles Sub 15 y Sub 17. Gracias a sus partidos con esas selecciones, empezó el largo y sacrificado camino del golero hacia la cima.

Llegó a Inglaterra, al club Arsenal F.C., con 17 años, sin haber pasado por la Primera División argentina y sin haber jugado ni en Boca ni en River, algo que hasta hace poco era un argumento que lo descalificaba entre varios periodistas deportivos de su país. Como era muy joven, Arsenal —uno de los clubes llamados Big Six (“Los seis grandes”) en la liga inglesa— decidió “cultivarlo” como un proyecto a largo plazo.

Durante sus 11 años en Arsenal, Martínez nunca fue respaldado de manera inequívoca por el club como dueño del arco. Primero, fue prestado a varios clubes (tanto ingleses como de otros países) para que se fogueara y creciera. Cuando hizo una gran temporada en el modesto club Reading, los patrones lo incorporaron al primer plantel, aunque como número 2, tras el titular Bernd Leno.

Probablemente mascó bronca, pero siguió entrenando como siempre, callado la boca y abocado a estar listo si se le presentaba la oportunidad.

Una lesión de Leno fue la puerta de entrada al arco de Arsenal, y una vez que tuvo el puesto asegurado, empezó a brillar. La temporada de la Premier League que concluyó el año pasado fue la consagratoria para Martínez, con dos títulos obtenidos: la Copa FA y la Community Shield, en las que Arsenal con el argentino en el arco superó a Chelsea y Liverpool respectivamente.

Tras esos logros, consideró que había hecho lo que tenía que hacer para un club que nunca lo había respaldado como titular hasta ese momento y firmó para Aston Villa, en una operación financiera de 25 millones de euros. Ese fue el primer llamado de atención para buena parte de los medios de comunicación especializados en Argentina: es la cantidad más grande de dinero que alguien ha pagado por un arquero de ese país.

Antes de empezar como guardameta en el Aston Villa, dio una entrevista oficial y de despedida al club que hasta ahora lo ha identificado como parte del fútbol jugado en Gran Bretaña.

En un inglés prácticamente indistinguible del de un nativo, Martínez demuestra una habilidad singular para las declaraciones: por un lado, expresa una profunda gratitud hacia Arsenal: “Agradezco al club por ser el jugador y la persona que soy, porque llegué como un jovencito de Argentina, soltero, de un país pobre y una familia pobre. Y me voy casado, con un hijo y como un hombre”.

Por el otro, no oculta que se va por la falta de confianza de Arsenal para proclamarlo como titular en el arco. “Quiero decirle gracias a la hinchada. Ellos también me hicieron el arquero que soy. No fueron solo mis entrenadores. Los hinchas me apoyaron y me dieron confianza”.

Tras esa temporada y esos dos títulos, el entrenador de la selección argentina Lionel Scaloni lo agendó como posible arquero para la Copa América, lo cual generó más de una crítica en los medios: que cómo iba a ser titular si nunca había jugado ni en River ni en Boca Juniors, que cómo se iba a desplazar a Franco Armani, que no se lo había visto atajar más que “20 minutos” y que era más inglés que argentino, porque se había ido al Reino Unido con apenas 17 años.

Este último argumento desconoce algo frecuente en aquellas personas que, por distintas razones, tienen que abandonar su país para radicarse en otro: la distancia puede alejar a una persona de sus sentimientos más chovinistas, pero también opera a la inversa. Quien se halla lejos del día a día de su familia y su cultura, se empieza a sentir cada vez más consustanciado con su identidad de origen.

Tras salir campeón de América con Argentina, el propio Martínez respondió a quienes lo cuestionaban por haber vivido más de una década en Inglaterra: “No hay más argentino que yo”. No dejaba de ser gracioso escuchar esas palabras de un deportista que ni siquiera tiene el típico acento porteño. Martínez habla en un castellano sin fisuras, pero también sin los modismos que desde este lado del río identificamos de manera instantánea como “argentino”.

El polémico gesto 

Luego de haber atajado el segundo penal en la semifinal de la Copa América contra Colombia (tirado por el jugador Yerry Mina), Martínez hizo el famoso (¿o infame?) gesto de penetración sexual al adversario. No fueron pocos (ni pocas) que lo registraron. En el frenesí de la victoria, muchos eligieron ya sea pasar por alto ese gesto o hasta elogiarlo. Si uno pone “gesto Dibu Martínez” en Twitter, podrá ver que muchos lo celebran. Pero también podrá ver que sobre todo muchas lo rechazan. Al respecto, el estudioso del fútbol Pablo Alabarcés, sociólogo argentino, respondió esto cuando le preguntaron por ese gesto: “Es machismo puro llevado a una potencia mayor por un ambiente cerrado estructural y acríticamente machista. Entiendo por qué lo puede hacer: sencillamente porque está formado en una cultura en la cual ese gesto es un gesto correcto que se espera cuando uno obtiene la victoria sobre el otro: la humillación homosexual. Pero alguien debería acercarse y decirle ‘nene, somos grandes para esas cosas, estamos en el siglo XXI’. Es un arquerazo. Argentina encontró su arquero para los próximos tres mundiales; también es un pelotudo. Lo podés tratar de entender, justificar, pero no disculpar: es un pelotudo”.

Ahora parece inamovible como arquero de la selección argentina, aunque ni él mismo lo debe dar por sentado. No se le debe escapar que llegó a ser titular en Arsenal por la lesión de Leno.

Más allá de factores azarosos como una lesión o una enfermedad (uno de los problemas con los que lidió el DT argentino Scaloni fue que Franco Armani tuvo COVID-19), Martínez parece reunir alguna que otra característica a su favor a la hora de reclamar el puesto de golero de una selección nacional.

Como “late bloomer”, conoce de primera mano el extenso camino que hay que trillar para llegar a las metas que ansía todo jugador. Esa experiencia puede ser uno de los elementos más valorados por los que ahora lo descubrieron y que depositan en él un peso que es demasiado grande, para cualquiera.


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