TENDENCIAS

En camino a abandonar la mentalidad "úsela y tírela"

Cada vez se usan menos bolsas descartables por sus efectos nocivos para el medio ambiente, y se vislumbra el regreso masivo de la “chismosa”, característica de los mandados del Uruguay de antaño.

bolsas descartables

¿Bolsa?", pregunta la cajera que atiende en uno de esos minimercados que han surgido al impulso del boom del consumo en los últimos años en Uruguay. Donde antes era común que quien atendiera en un comercio le diera gratis una bolsa de papel para los bizcochos, que luego iba en una de nylon (que a su vez, podría ir adentro de otra aún más grande), ahora la proliferación de bolsas descartables empezó a generar cierto rechazo entre consumidores, que a menudo expresan que no la quieren o necesitan para llevarse apenas un par de artículos.

Los supermercados, en tanto, realizan desde hace años acciones para desestimular la costumbre de consumir tantas bolsas. Tienda Inglesa, por ejemplo, puso en circulación la "chismosa ecológica" hace ya casi una década, para abordar esta problemática. 

En el grupo Disco-Devoto-Geant, por su lado, se lanzó el programa ECOS, "con el objetivo de disminuir la cantidad de bolsas de salida entregadas a los clientes y promocionar e incentivar el consumo de bolsas reutilizables", dice la portavoz Rosario Díaz, quien añade que desde el inicio del programa se ha logrado reducir en un 20% el uso de bolsas descartables.

Parecería que somos cada vez más conscientes que es un exceso utilizar más de 1.000 millones de bolsas descartables por año, como lo hacemos. El año pasado, el director nacional de Medio Ambiente Alejandro Nario dijo que la cantidad de bolsas descartables usadas anualmente en Uruguay —según los datos más recientes, 1.200 millones— era "un disparate a nivel global".

Para bajar la frecuencia con la que se emplean, se aprobó el año pasado en el Senado un proyecto de ley que frena la importación y producción de las bolsas que se usan en los supermercados, y pretende estimular el uso de bolsas hechas de materiales biodegradables. La iniciativa, por otra parte, obliga a los supermercados a cobrar una tarifa si el cliente quisiera llevarse las compras a su casa en una o más bolsas descartables.

La idea, dice el docente en Educación Ambiental de la Universidad de la Empresa Carlos Surraco, es buena. Pero del dicho al hecho hay generalmente un buen trecho. Surraco integró durante más de 20 años la ONG Redes Amigos de la Tierra, y señala que este —y otros temas vinculados— se discuten desde hace años, sin que eso haya llevado a resultados concretos y de mayor contundencia.

Surraco recuerda la iniciativa de las bolsas naranjas impulsada por la Intendencia de Montevideo hace unos años, que fracasó y se abandonó. También trae a colación la ley de envases, que apunta a aliviar el impacto que tienen los recipientes de plástico que se usan una vez y luego nunca más.

De acuerdo a su visión, la ley por sí sola no es suficiente, por más que sea un paso en la dirección correcta. "La ley de envases fue una buena iniciativa, pero siguen habiendo envases de todo tipo por todos lados, y la gran mayoría no son retornables. La excepción son algunos envases de refrescos y cervezas. Entonces el impacto se sigue acumulando", comenta Surraco que aún así resalta lo positivo en cuanto a la conciencia ciudadana.

Actualmente residente de la Ciudad de la Costa, el experto afirma que la campaña "Tu envase nos sirve" llevada a cabo por la comuna canaria ha conseguido, en su visión, una adhesión importante por parte de los clientes de los negocios y los supermercados. "Pero uno ve que la gente, por no tener conocimiento, va y deja los bidones de agua de cinco litros así como los compró, solo que vacíos. Entonces, esos desechos ocupan un espacio mucho mayor que si se los bidones se aplastaran", dice.

Con el ejemplo de los envases, Surraco pretende ilustrar la importancia de hacerle llegar la información relevante al consumidor y ciudadano. Pero también es necesario una acción de mayor contundencia por parte del sistema político. "Así como ocurrió con el cigarrillo, y como está pasando con el Sistema Nacional de Cuidados. En esos casos hubo una apuesta informativa importante para que la población sepa de qué se trata, y que eso resulte en un cambio de comportamiento masivo".

Del lado del comercio, el CEO de la cadena de supermercados Ta-Ta Christopher Jones afirma que la empresa ya está preparada para, por un lado, entregarle a sus clientes "Plus" 600.000 bolsas no descartables.

Jones destaca además que en el departamento de Salto, los locales de la empresa ya dejaron de entregar bolsas descartables de forma gratuita. "Estamos tratando de que los clientes tomen conciencia de lo malo que son las bolsas de plástico para el medio ambiente, y estimular el uso de la bolsa reciclable", afirma.

Más allá de lo que pueda hacer el sistema político y el empresarial, parece claro que también es necesario un cambio de actitud entre consumidores. Gonzalo volvió hace unos meses a Uruguay luego de varios años en España, donde fue a realizar un posgrado académico. En conversación con Domingo, recuerda cuando lo iban a visitar amigos uruguayos, y se reían de que clasificara la basura antes de descartarla. "Le sacaban fotos a los distintos tarros de basura y se las mandaban a otros amigos en Uruguay por WhatsApp. La actitud era algo así como 'Miren estos boludos'. A mí me parecía raro y triste a la vez que algo así fuera motivo de burlas".

La actitud de mofarse de quien clasifica su basura o levanta las heces de sus perros, sigue presente en muchos estratos de la sociedad montevideana, en particular aquellos que despotrican contra el "buenismo", o se indignan porque el servicio de limpieza capitalino no pasa a vaciar los contenedores de basura todas las veces que ellos consideran necesario.

Pero como señala Surraco, también hay una parte importante que quiere contribuir a que no se sigan generando montañas de bolsas descartables de plástico o nylon. Entonces, ¿hay que volver a la "chismosa"? "Sí", dice Surraco que a sus casi 60 años recuerda que ese tipo de bolsa era lo que se usaba cotidianamente. "La mentalidad 'Úselo y tírelo' vino en los 80 y los 90", recuerda el experto, quien cita el título del libro de 1994 de Eduardo Galeano para ilustrar la actitud que aún persiste en muchas partes y que en aras de la comodidad y la despreocupación afecta al medio ambiente que todos compartimos, y del cual dependemos.

Para Jones, las bolsas descartables deberían tener los días contados. "Creo que no hay ningún contexto en donde no se pueda sustituir una b olsa de plástico. En otros países se ha visto que se puede reemplazarla en casi todas las circunstancias". Además, el CEO de Ta-Ta añade que utilizar bolsas de materiales biodegradables tampoco es una solución. "No son agradables para el sistema: se transforman en basura que vuela".

Bienvenidas chismosas, entonces. De nuevo.

De alto impacto para el ambiente

Se calcula que en Uruguay se usan unos 1.200 millones de bolsas descartables por año. En el comercio local hay acciones de varios actores (supermercados, minimercados, almacenes y tiendas de ropa y electrodomésticos) para sustituirlas por bolsas reutilizables. También un proyecto de ley para prohibir la producción e importación.

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