NOMBRES

Camilleri, el rey siciliano

Sus novelas del comisario Salvo Montalbano son un éxito en todo el mundo. También es un éxito la serie que las adaptó para la pantalla chica.

Andrea Camilleri

Hace doce años escribió el final de su personaje más célebre. De todas formas el longevo autor sospecha que lo sobrevivirá por muchos años más. No llega a ser del todo un consuelo, ya que mantiene una relación de amor-odio con ese comisario siciliano, amante de la comida y el vino que nació en 1994 con su primer caso, La forma del agua. Para sus seguidores —que se cuentan por millones si se tiene en cuenta la serie televisiva que se hizo a partir de sus novelas— la figura de Salvo Montalbano comienza a afirmarse y a lucir con todos sus rasgos a partir de El ladrón de meriendas. Una aventura inolvidable donde Montalbano pone en juego tanto su sagacidad como sus buenos sentimientos.

Con 92 años, casi ciego, fumador empedernido y lúcido observador de la realidad europea, Andrea Camilleri continúa activo. Ya no puede escribir, tiene que dictarle a su asistente, "la pobre Valentina", con lo cual el proceso creativo de cada nueva obra se vuelve más complejo. Pero no se rinde.

Aunque todos lo miran como al indiscutido maestro europeo de la novela negra, Camilleri ve esta calificación con desdén. Sabe que es un escritor que trasciende los géneros, lo testimonia toda la obra que no tiene que ver con la saga de Montalbano. El año pasado publicó su libro número 100, la saga representa apenas un tercio de esa abultada obra.

Camilleri era un hombre maduro cuando empezó a escribir estas novelas policiales ambientadas en el inexistente pueblo siciliano de Vigatá. Por entonces ignoraba que pronto caería sobre él la maldición de Arthur Conan Doyle, cuyo odio por Sherlock Holmes lo llevó a arrojarlo por las cataratas de Reichenbach, pero no fue lo suficientemente fuerte como para soportar los reclamos y tuvo que resucitarlo. Pero este viejo siciliano no caerá tan fácil en la trampa.

Amada Sicilia.

Andrea Camilleri nació el 6 de septiembre de 1925 en Porto Empedocle, Sicilia. Eran años complicados en la isla, la sombra del fascismo comenzaba a alargarse y el castigado sur italiano sufría las consecuencias.

Pero en las tierras del olivo y el vino reinaban males propios que Camilleri conoció de joven. La mafia, la innombrable organización que desde las sombras dominaba todos los estamentos de la vida, era una amenza que todo siciliano conocía y callaba. Un joven Camilleri, que ensayaba sus primeras armas en el periodismo, entrevistó a un célebre capo mafioso de la época, Nicola Gentile.

"Su discurso era el de los viejos mafiosos. No es que la vieja Mafia fuese menos sanguinaria que la de Totò Riina, pero tenía sus normas. Reglas terroríficas, pero reglas que observaban. Es un discurso interesante. Gentile decía: si yo le disparo es porque usted no me ha obedecido, y por tanto usted muere, pero la derrota es mía, porque no he logrado convencerlo. Para la vieja Mafia, el asesinato era la consecuencia de un rechazo. La nueva, en cambio, disparaba para lograr que ninguno la rechazara. Se trataba casi del disparo preventivo. Pero no es por eso por lo que yo no volví a escribir de la Mafia", contó Camilleri en una entrevista.

Y no volvió a escribir sobre la Mafia. En sus historias de Montalbano tan solo aparece como un vago y amenazante ruido de fondo. Un mal que nunca llega a materializarse del todo.

Muy pronto sintió su inclinación por la literatura. En 1944 se inscribió en la Facultad de Letras, y casi al mismo tiempo ingresó al Partido Comunista.

Dejará los estudios a medio camino y se dedicará a estudiar dirección en la Academia de Arte Dramático Silvio dAmico. Y así comenzará su larga relación con el teatro primero y con la televisión más tarde. En 1954 se presenta a un concurso para funcionario de la RAI, lo salvó pero no fue aceptado por su condición de comunista. De todos modos, unos años más tarde se haría justicia y por fin sería aceptado en la televisión pública italiana.

Esa época es fermental para Camilleri, puede decirse que allí aprendió todos los trucos del oficio. Como director de teatro le tocó montar obras de Luigi Pirandello, el genial dramaturgo siciliano, Eugene Ionesco, T.S. Eliot y Samuel Beckett. Y en televisión adaptó las novelas de George Simenon de la serie del comisario Maigret, a quien tanto debe su saga policíaca.

En 1957 se casa con la mujer de su vida, Rosetta Dello Siesto, con quien tiene tres hijos y que le acompaña hasta hoy. Mientras continúa desarrollando su carrera como director teatral y guionista de televisión, imparte clases en el Centro Experimental de Cinematografía de Roma, ciudad en la que pasa a vivir hasta la actualidad. Las visitas a su amada Sicilia serán cada vez más espaciadas.

Pero mientras llevaba esa vida intensa entre las tablas y las cámaras, en secreto iba madurando el escritor que deslumbraría al público y a la crítica.

En 1978 debuta por fin con su primera novela, El curso de las cosas (Il corso delle cose), que había escrito diez años antes pero permanecía en un cajón.

Y en 1980 nace la ciudad imaginaria de Vigatá, ese pequeño y mitológico pueblo siciliano que será escenario de su futura obra mucho antes de que naciera la figura del comisario Montalbano.

Nace una estrella.

Cuenta el propio Camilleri que en 1993 le surgió la idea de narrar una historia basada en un hecho que había ocurrido años atrás. Y la posibilidad de hacerlo en clave de novela negra lo sedujo como proyecto literario.

Así que empezó a pensar en cómo sería el protagonista de esa historia. "Tengo que confesar que vi claros sus rasgos desde el principio: debía ser un hombre inteligente, fiel a su palabra, reacio a los heroísmos inútiles, culto, buen lector, que razonara con sosiego y que careciera de prejuicios. Un hombre al que se pudiera invitar tranquilamente a una cena familiar. Un hombre que cuando quería entender una cosa, la entendía, como escribí ya en el primer libro", escribió el autor.

Y así nació Salvo Montalbano, un personaje que aparece por primera vez en La forma del agua, pero que demora varias páginas en aparecer ante el lector en el desarrollo de la historia. No conforme con ese resultado al año siguiente escribió El perro de terracota, para entonces el personaje ya había cosechado un gran éxito editorial. "Empecé a recibir decenas, centenares de cartas que me invitaban, más o menos perentoriamente, a seguir escribiendo sobre Salvo Montalbano", contó Camilleri.

Y de esa manera salió la tercera novela de la saga, El ladrón de meriendas. En esta historia Camilleri termina de contornear la personalidad del comisario, un retrato sentimental que hará imborrable esta aventura.

Ya no pudo parar más. Hasta la fecha lleva 32 títulos con el temperamental investigador siciliano. Y para el año que viene ya se anuncia la nueva novela que llevará el título de Riccardino.

Mientras tanto, en un cofre de seguridad de la editorial donde suele publicar sus relatos duerme el caso final del comisario Montalbano, que será conocido una vez que Camilleri ya no esté.

IL COMISSARIO MONTALBANO.

El detective gourmet más célebre de Italia.

Para muchos el comisario Salvo Montalbano tiene la cara de Luca Zingaretti,el actor que protagoniza la serie de la RAI desde 1999. Cada capítulo que se estrena de la longeva serie televisiva paraliza todo el país. Las audiencias se cuentan por millones, tanto dentro como fuera de Italia. En el papel el pasional investigador siciliano amante de la comida, culto y lector sistemático de novelas policiales ha tenido un desarrollo casi tan largo y complejo como en la pantalla. Andrea Camilleri lo creó en 1993 para su primera novela de la saga, La forma del agua, cuando aún no tenía idea de que se convertiría en una serie con el mismo personaje. Nació con unos 45 años, buen porte físico y una curiosidad inveterada por su entorno. Su nombre es un homenaje al escritor barcelonés Manuel Vázquez Montalbán, creador del detective privado Pepe Carvalho, cuyo éxito ha sobrevivido al propio autor. Desde el principio de la saga cada libro vende —solo en Italia— unas 60.000 copias, en el mundo ha vendido más de 10 millones. Los guiones de la serie televisiva han sido supervisados por el propio Camilleri, y en Italia su audiencia ha llegado a superar la de los programas top de la televisión, como el Gran Hermano italiano. Pero la popularidad del personaje excede tanto a su versión literaria original, como a la adaptación televisiva. En Sicilia son un éxito las decenas de tours que se ofrecen por Ragusa, donde se hallan las locaciones donde se filma la serie y que representan la ficticia ciudad de Vigatá donde transcurren las aventuras. Una variedad de estos tours son los gastronómicos, un capítulo aparte tratándose de Montalbano que a mitad de un caso suele tomarse su tiempo para proporcionarse un banquete con algún plato típico siciliano. Capítulo que, obviamente, ha tenido su correlato editorial con varios libros dedicados a las recetas de Montalbano. El plato que ha adquirido una fama legendaria es una variante de la lasaña de berenjenas con una salsa de tomate y vino tinto: "Maestro, maestro, vorrete una pasta ncasciata", le ofrecen al comisario. Los altibajos del personaje hacen las delicias de sus seguidores. Todo su coraje desaparece a la hora de ir al dentista. En las últimas aventuras Montalbano se va acercando a la jubilación, lo cual no quiere decir que su incansable curiosidad lo aparte de las investigaciones. Pero ya ha cumplido 67 años y se acerca la despedida.

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