"Bomberos siempre llega tarde"

| Los luchadores contra el fuego se defienden de las críticas de muchos; aducen falta de recursos y dicen que además los mismos afectados demoran en llamar.

Incendio en Pinar Norte, en La Floresta, en el kilómetro 26 de la ruta 1. Estos primeros días de febrero, los bomberos volvieron a tener el protagonismo de cada verano y con él, siempre aparecen las críticas: que llegan tarde, que son pocos, que utilizan una manguera muy fina.

El comisario inspector Yamandú Molina, de Bomberos, admite algunas limitaciones, pero a la vez considera que hay responsabilidades compartidas con la población. "Muchas veces los bomberos son criticados sin fundamentos. Hay que tener claro que los bomberos siempre van a llegar tarde. Nuestra respuesta es la consecuencia de una alerta que se da cuando sucede algo y cuando alguien toma consciencia de que hay que llamarnos", dice el jerarca.

Según Molina, en la mayoría de los casos se registra una demora en la comunicación que redunda en la respuesta del cuerpo de bomberos: "Recordemos que luchamos contra el ser uruguayos y eso implica que la mayoría de la población desconoce que el número de emergencias de bomberos es el 104", ejemplifica.

A ello se le suman las carencias de Bomberos, tanto de recursos humanos, materiales como de tecnología. Además, el éxito del trabajo de los efectivos dependerá después de otros varios factores como el material en combustión, los vientos y el lugar del siniestro.

En Uruguay hay un bombero cada 140 kilómetros cuadrados y uno cada 2.600 habitantes. En Estados Unidos, por ejemplo, se estima que cada 3.000 habitantes, uno es bombero. El promedio de intervenciones anuales de la Dirección alcanza las 15.000 salidas, que los funcionarios deben ejecutar en un tiempo máximo de minuto y medio. Bomberos cuenta además con 130 vehículos acondicionados, desde coches autobomba de altura hasta camionetas todo terreno.

En diciembre pasado, el fuego destruyó en cuestión de minutos una vivienda del balneario José Ignacio. Los vecinos, desolados por la rapidez con la que se consumió el bien, apuntaron sus dardos contra los bomberos: llegaron tarde y con una manguera que tiraba un chorrito de agua, comentaban. La situación reflotó una vieja demanda de los lugareños que solicitan la instalación de un destacamento en la zona que brinde respuesta rápida a los balnearios de La Barra y José Ignacio.

Sin embargo, los altos costes de mantenimiento de un cuartelillo y los estudios históricos de intervenciones en la zona, tiran por tierra los reclamos de los vecinos. "No es prioritario", responde Molina.

Es más: el jerarca añade que la repartición no está hoy en condiciones de agregar un cuartelillo en ninguna parte del país porque trabaja al límite: "Si no, vamos a tener bomberos viviendo en el cuartelillo sin un solo día franco".

MANGUERA FINITA. La desesperación lógica de alguien que está viendo cómo se quema su casa lleva, según Molina, a sacar conclusiones apresuradas.

"Uno de los grandes errores conceptuales es que las personas creen que bomberos llega a una finca y apaga el incendio inmediatamente. Eso no es así: la primera función de bomberos no es apagar el incendio, es evitar la propagación, porque el bien afectado ya está afectado. Así sucede con los incendios de estructura y con los forestales. Por tanto siempre vamos a empezar por realizar una operación que no involucre el aumento del área quemada", cuenta Molina.

El desconocimiento de los procedimientos es otro de los motivos que lleva a la crítica.

"La gente no entiende, quieren que lleguemos y apaguemos lo que se está quemando, pero hay veces en los que es necesario evaluar la situación. No es llegar y tirar agua. En un incendio de campo, por ejemplo, tenemos que buscar un lugar ideal para apagar el incendio y a veces ese sitio no es ni a 100 ni 200 metros de distancia, pueden llegar a ser dos kilómetros", afirma el vocero.

Otra crítica común es la que cuestiona a bomberos por usar mangueras finas que tiran agua como de lluvia. "Pulverizamos porque los estudios físicos determinan que cuando el agua está mejor diseminada elimina mayor cantidad de calor. Esa agua pulverizada toma contacto con el fuego, rápidamente llega a los 100°, se evapora y elimina calor. Hoy en día utilizamos punteros más finos y líneas más finas que son de alta presión que permiten generar una lluvia con menor caudal de agua, no tirando chorros como se veía antes. De este modo no sólo se consume menos agua sino que se provocan mucho menos daños en la finca", explica.

Los avances tecnológicos hicieron además que cada vez se necesiten menos efectivos. "Antes iban 8 bomberos por vehículo y la manguera más chica era de 45 milímetros, que sólo para moverla se necesitaban dos o tres hombres. Todo ha evolucionado de tal manera que cualquiera podría ser bombero. Antes, yo mismo no habría podido dedicarme a esto porque la altura mínima requerida era de 1,85 metros", dice Molina.

Claro que esa tecnología también tiene su costo: un camión de última generación con depósito de agua y con un sistema de ingeniería que también permite darle presión al torrente cuesta U$S 250.000. En tanto que el equipo que lucen los efectivos (casco, saco, pantalón y botas), alcanza los U$S 2.500 por unidad. Por eso no todos tienen uno y deben compartirlo.

DESTACAMENTO SÍ O NO. La decisión de habilitar un nuevo cuartelillo se toma en base estudios históricos de la cantidad de intervenciones. Entonces se evalúa qué tipo de destacamento se instalará, el número de personal, los vehículos necesarios y el tipo de respuesta que va a brindar. Un estudio de estas características determinó que para el verano se contratasen 150 bomberos extra para la franja costera.

Uruguay tiene 75 destacamentos en todo el país. "De acuerdo a la disponibilidad de medios se van instalando los destacamentos en las zonas que tienen mayor necesidad", explica Molina.

"No vamos a decir que en La Barra, por ejemplo, no se necesita un destacamento permanente. Pero la realidad indica que en este momento no se puede instalar uno en ningún lugar y que en esa zona no es prioritario".

La cifra

250.000 Dólares es lo que cuesta un camión de bomberos de última generación. El traje clásico de los efectivos asciende a U$S 2.500.

Cada día más conscientes

Este año, y luego de dos años de veda, la comuna de Maldonado autorizó el uso de fuegos artificiales en las costas del departamento. Dicha decisión estuvo motivada en la necesidad de prevenir incendios, pero levantó polvareda entre los comerciantes del ramo.

El fin de la prohibición no incidió en la generación de incendios, y aunque el número de intervenciones continúa constante (promedio 50 a 60 por día), la magnitud sí ha disminuido considerablemente.

"Como que la gente entendió, está más atenta y comunica más rápido. También se han mejorado los sistemas de detección y las herramientas. Creo que ha aumentado el nivel de conciencia a todos los niveles", explica Molina.

En este sentido, el bombero resalta que cuando hay un incendio las responsabilidades son compartidas: "Siempre se pensó que el único organismo responsable del tema fuego es bomberos. No, acá hay niveles de responsabilidad de todos. El propietario que tiene la obligación de cuidar sus bienes. Ejemplo, si tengo una finca en una zona balnearia debo prever la limpieza de malezas durante todo el año. Que no pase que llegue el verano, voy, corto mi pasto y lo tiro al terreno baldío de al lado y me lavo las manos. Para colmo muchas veces va y lo prende fuego para eliminarlo. Si tengo una casa debo tener las instalaciones eléctricas acordes al consumo, porque parte de los incendios se deben a eso, a que utilizo elementos con mayor consumo para las instalaciones previstas.

Prevenir es curar

Colocar los electrodomésticos de forma que se facilite la ventilación de los motores.

Revisar frecuentemente los artefactos eléctricos y cableado de la casa (la mayor parte de los incendios por causas eléctricas resulta de problemas con el "cableado fijo", como enchufes defectuosos o cables viejos).

Usar con cuidado los cables de extensión y no sobrecargarlos.

Mantener los artefactos eléctricos lejos de pisos mojados.

Explicar a su niño que el fuego es una herramienta, no un juego. (En EE.UU. los niños provocan más de 100.000 incendios al año). Tampoco los deje jugar con fósforos o encendedores.

No cubrir lámparas y bombillas con paños o papeles.

No almacenar ni manipular líquidos inflamables en la cocina.

Límites al seguro

No existen limitaciones para asegurar una vivienda de material (destinada a habitación), sin importar la zona donde esté emplazada. Ahora, contratar un seguro para una casa construida con materiales livianos (madera, quinchos) puede resultar imposible.

Otros factores que pueden limitar la asegurabilidad del bien es el estado de la instalación eléctrica. En ese caso la empresa puede recomendarle al cliente su reparación para poder asegurar. Las condiciones varían según la compañía, pero en líneas generales se manejan dentro de esos parámetros, según una consulta realizada en Mapfre, L´ Unión de París y AIG Uruguay. A modo de ejemplo: asegurar una casa de material valorada en U$S 100.000 tiene un costo promedio de U$S 71 anuales. Por un quincho de ese mismo valor la cuotas ascienden a U$S 1.030 al año.

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