NOMBRES DEL DOMINGO 

Blanca Li, entre crear para Beyoncé y hacer bailar a robots

Es una de las coreógrafas contemporáneas con mayor proyección internacional. Ahora está al frente de los Teatros del Canal, de Madrid.

Blanca Li, bailarina y coreógrafa
Blanca Li, bailarina y coreógrafa

Tiene en la cara una expresión permanente de seguridad, de firmeza, de convicción. Los ojos verdes oscuros miran casi siempre desafiantes, penetrantes. El rostro severo pero suave, los pómulos marcados, los labios finos y la sonrisa amplia, el cuello largo, el pecho llano con los huesos que sobresalen del cuerpo como si estuvieran en tensión constante con la piel. Tiene los brazos fibrosos, los bíceps bien marcados, las piernas de una atleta, musculosas, duras. La voz con un acento español marcado, hiperbólico, es gruesa, áspera.

Blanca Li es un cuerpo musculoso pero equilibrado. Ningún músculo está demasiado marcado, ninguno es tan prominente como para deshacerlo todo. Blanca Li es un cuerpo armonioso que baila todos los días de su vida desde hace casi 40 años. Un cuerpo que se formó con la gimnasia artística pero que necesitó, siempre, una veta creativa. Blanca Li es un cuerpo creador. Un cuerpo en libertad. Un cuerpo sin límites.

Es también, desde octubre de este año, la directora de los Teatros del Canal, de los más grandes de Madrid. “Me gustaría que este teatro fuera un espacio muy festivo. Que no solo viva de noche, sino también de día. Y que su actividad no transcurra solo dentro de sus instalaciones, sino también en la calle. Que los espacios públicos sirvan también de escenario”, dijo al respecto en una entrevista con El País de Madrid.

Blanca Li se llama en realidad Blanca María Gutiérrez Ortiz. Lleva el apellido de su esposo (Étienne Li) porque Gutiérrez era difícil de pronunciar en algunos idiomas. En inglés, por ejemplo. O en francés.

Nació en Granada, España, el 21 de enero de 1964. No creció en una familia de artistas, pero en su casa les gustaba pasarla bien. En las fiestas, reuniones, cumpleaños y encuentros todos los miembros de la familia tenían alguna pasión: algunos recitaban poemas, otros bailaban, otros cantaban. Solo porque sí. O por el placer de hacerlo.

De niña quería bailar. Le pidió a su madre que la llevara a danza pero las clases duraron solo un mes: sus hermanas también querían hacerlo y para la familia resultaba imposible organizativa y económicamente que las tres chicas bailaran. Así que se conformó con integrar el equipo de gimnasia artística de su colegio a los 12 años que le empezó a moldear el cuerpo de una atleta, un cuerpo esculpido que no se parece demasiado al esqueleto hegemónico de una bailarina.

Entre los saltos, las barras y los estiramientos sintió la necesidad de hacer algo más, de poder crear algo propio, de utilizar al cuerpo para poder decir cosas, para poder transmitir emociones, historias, belleza. Empezó a estudiar danza clásica pero había una obsesión con la técnica que no le permitía la libertad que ella estaba buscando. Blanca quería crear para ser libre. Escuchó, un día, que existía algo que se llamaba danza moderna y aunque no supiese demasiado de qué se trataba y por qué motivo no existía en Madrid, se obsesionó. Cruzó el Atlántico y se instaló en Nueva York. Tenía 17 años. Iba a estudiar coreografía en la escuela de Martha Graham, una de las mejores del mundo.

Sin límites 

Blanca Li afirma que "Cada estreno es una aventura divertida". Foto: Gentileza Blanca Li
Blanca Li.  Gentileza Blanca Li

Se mueve de un lugar a otro con tranquilidad, sin mostrar ni un poco de cansancio, sin la más mínima señal de agobio. Al menos así se muestra públicamente. Siempre entusiasta, siempre apasionada, siempre leve. De Nueva York a París y de ahí a Madrid, de Madrid a Japón y una vuelta por Uruguay. De vuelta a Madrid y de Madrid al mundo.

Blanca Li es una de las coreógrafas españolas con más proyección internacional. Sus creaciones han sido buscadas por figuras como Beyoncé, Daft Punk, Paul McCartney, Kanye West, Pedro Almodóvar o Jean-Jacques Annaud. También ha trabajado con ballets como la Ópera de París, el Metropolitan de Nueva York o el Ballet Nacional del Sodre (ver recuadro), ha hecho obras musicales (Enamorados anónimos), películas (Le défi o Elektromatematrix), campañas publicitarias y hasta ha creado para desfiles de moda.

Cuando volvió a Madrid después de estudiar en Nueva York, se encontró con las trabas de un sistema que no le permitían desarrollar un proyecto de danza a largo plazo y que chocaba hasta el hartazgo con sus ideas y sus ideales. Porque, dirá muchos años en una entrevista con El País de Madrid, “lo que te ayuda a enfrentar todas las dificultades que vas a encontrar y los momentos duros es la pasión. Si tienes una gran pasión todo es un placer, incluso los momentos de dolor”.

Fundó un bar (Calentito) en plena movida madrileña de los años ochenta y en 1992 se instaló en París, donde tuvo el apoyo que buscaba. Allí creó su propia compañía de danza (Blanca Li) y con ella ha recorrido los escenarios del mundo.

Sus coreografías siempre dan que hablar. Su estilo mezcla la danza moderna con la técnica contemporánea, el flamenco, las danzas urbanas y con una necesidad insaciable de trascender los límites, de transmitir mensajes, de cuestionar desde el cuerpo. En sus espectáculos ha probado todo: desde bailar con otra mujer como pareja en Diosas y Demonias hasta hacer interactuar a sus bailarines con robots y transformarlos en máquinas en Robot.

Blanca baila todos los días desde que tiene doce años. Lo hace como un ritual, como una ceremonia, como un acto religioso, como un remanso en un mundo que nunca deja de girar y en el que ella nunca se detiene. Solo cuando se mueve.

Un Quijote para el Ballet Nacional del Sodre 
Imagen de El Quijote del Plata, la nueva producción creada por Blanca Li para el Ballet Nacional del Sodre. Foto: Twitter Ballet Nacinoal del Sodre

Entre octubre y noviembre del año pasado el Ballet Nacional del Sodre presentó El Quijote del Plata, una creación de Blanca Li especialmente para la compañía. Después de agotar entradas en Montevideo, el ballet dirigido por Igor Yebra llevó su espectáculo a una gira por España. En esta creación la coreógrafa planteó un diálogo contante entre el hidalgo Don Quijote de la Mancha y el coleccionista uruguayo Arturo E. Xalambrí.

“Este no es un Quijote cualquiera, es un Quijote soñado en Uruguay, creado en Uruguay y pensado para esta compañía”, dijo en su momento la coreógrafa, que trabajó durante un mes con la compañía.

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