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Benjamines de Momo: nuevas generaciones se abren camino en Carnaval

Unos debutantes, otros herederos; unos novatos, otros más experientes, pero todos enamorados de la fiesta popular más larga del mundo. Cuatro testimonios de jóvenes carnavaleros.

Facundo Balta es el arreglador de Zíngaros con solo 21 años. Foto: Enrique Rodríguez.
Facundo Balta es arreglador de parodistas Zíngaros con solo 21 años. Foto: Enrique Rodríguez.

La mamá de Lucas Bueno (20) se sentaba frente al televisor, daba play a un VHS con la actuación completa de Diablos Verdes 2003, y esperaba a que en el minuto 5:45 apareciera Charly Álvarez diciendo “Ay, ¿qué será, qué será?” para poder avisarle a su hijo, de 3 años, que ya podía salir del cuarto y mirar el resto del espectáculo que tanto le fascinaba. A él le daba mucho miedo ver a esos 17 tipos maquillados y disfrazados simulando ser diablos: “Eran diablos en serio”, recuerda. La escena se repetía en loop tarde tras tarde sin que se aburriera.

Ese niño que imitaba voces y gestos de los murguistas frente a una pantalla hoy dirige a Diablos Verdes, un título de peso y con una trayectoria de 83 años: “Son cuatro veces mi edad”, dice aún atónito por el lugar que ocupa.

No fue el único que en el Carnaval 2022 quedó maravillado por las sorpresas que da la vida. Christian Izquierdo (35) soñaba con salir en parodistas, pero no pensó que se le haría realidad. Ni siquiera hizo movimientos para conseguirlo. Fue Raúl “Rulo” Sánchez, dueño de parodistas Caballeros, que lo contactó de la nada por Instagram para invitarlo a sumarse al conjunto.

Facundo Balta tampoco imaginó que a los 21 años se le daría la oportunidad de ser arreglador de Zíngaros, y que esos que veía como súper héroes en el tablado de barrio, pasarían a ser sus compañeros.

Jonathan Suárez Gularte (18), en cambio, no tenía otra alternativa. El sobrino nieto de Martha Gularte respira candombe desde que estaba en la panza de su mamá, Florencia Gularte. Le regalaron su primer tambor al año y salir en Integración, la comparsa de su familia, era el único plan posible. “No tenía escapatoria, era Carnaval o Carnaval”, asegura a Revista Domingo.

Herederos, debutantes y enamorados de Momo. Cuatro jóvenes carnavaleros repasan su corta historia y su presente en la fiesta popular más larga del mundo, y sueñan con seguir construyendo el futuro Carnaval.

Solo se vive una vez

Christian Izquierdo debutó en Carnaval con Caballeros a los 35 años. Foto: Marcos Ferreira.
Christian Izquierdo debutó en Carnaval con Caballeros a los 35 años. Foto: Marcos Ferreira.

Christian Izquierdo no olvidará jamás la madrugada del 20 de mayo de 2020. Se levantó a tomar un vaso de leche a las cuatro de la mañana, agarró el celular para ver la hora y se encontró con un mensaje de Instagram del “Rulo” Sánchez. El dueño de Caballeros lo había visto cantar ¿Quién te dijo eso?, de Luis Fonzi, en un video. Y quería sumarlo a su plantel de parodistas.

No reaccionaba. Se pellizcó creyendo que era un sueño. En fracción de segundos experimentó emoción, nervios, adrenalina e imaginó la alegría que hubiera sentido su padre, gran amante del Carnaval. Al fin se me dio, pensó. Y le contestó tan rápido como pudo. Tecleó una respuesta, archivó la charla que guarda hasta ahora, y a la mañana siguiente estaba en la casa de Rulo: “No quise esperar por si elegían a otro. Nos pusimos de acuerdo y empezó todo esto”.

Está en el ambiente tropical hace ocho años. No estudió música ni canto. Todo lo que sabe lo aprendió de mirar y preguntar. No tenía contactos en Carnaval y nunca llegó a hacer ni siquiera un casting. Pero todo cuadró y no podía dejar pasar semejante oportunidad. El que no arriesga no gana y Christian apostó todas sus fichas a Dios Momo. Dejó su trabajo como operador telefónico de ventas porque era incompatible con el horario de los ensayos. “Fue difícil tomar la decisión pero era lo que había que hacer”, dice convencido.

Cantó cinco canciones en Caballeros y hasta le dieron un personaje en la parodia El enfermo imaginario. Qué pasará en su vida después de esta fiesta es una incógnita. “Me aferré mucho al Carnaval y a los ensayos. No sé qué voy a hacer cuando termine”, confiesa. Pero, ¿quién le quita lo bailado?

Desde la cuna

Jonathan Gularte tiene 18 años y es jefe de cuerdas de Integración. Foto: Yessica Segade.
Jonathan Gularte tiene 18 años y es jefe de cuerdas de Integración. Foto: Yessica Segade.

Héctor Suárez daba clases de percusión en su casa y su hijo Jonathan lo espiaba con fascinación. Nunca necesitó sentarse a aprender. El tambor era una continuación del cuerpo en la familia Suárez-Gularte. Jonathan aprendió de oído, escuchando pero sobre todo sintiendo ese legado candombero.

Al año de vida le regalaron el primer tambor y a medida que crecía le traían uno acorde a su tamaño. La comparsa Integración ensaya en su casa desde que su padre y su madre la fundaron, en 2011. Desde entonces, no hace otra cosa que ver meter cabeza en el conjunto todo el año. Por contagio, por tradición, por amor, o por todo eso junto y mezclado es que el único año que faltó fue 2016, después que el INAU prohibiera a los menores salir en el Carnaval mayor.

“No salí en 2016 y mi madre estuvo peleando todo ese año para que me dieran un permiso especial. Logró que me lo dieran dos semanas antes de subir. Al ser hijo de directores de comparsa se pudo hacer un contrato especial. Ensayábamos en mi casa y no podía no salir”, cuenta el actual jefe de cuerdas de Integración en su primer Carnaval como mayor de edad.

Herencia

Ariel “Pinocho” Sosa llegó a Facundo Balta gracias al boca a boca. Buscaba un arreglador joven para Zíngaros, pidió una recomendación, le pasaron su contacto y le mandó un mensaje. No aguantó la ansiedad y le lanzó la propuesta por WhatsApp. Fue un sí rotundo. Facundo recuerda que el director de Zíngaros lo recibió en su casa con “un abrazo gigantote de esos que te dicen que te van a cuidar un montón”. Y así fue hasta el último día de vida de Pinocho. “Siempre me cuidó, me dio para adelante, te hacía creer que eras el mejor del universo”, dice Facundo, con la voz entrecortada y la piel erizada.

Por sus venas también corre Momo: su padre (Gustavo Balta) fue comparsero y director de murga, y su madre (“Charo” Martínez) salió en Yambo Kenia. “Uno aprende a amar de la manera que aman los papás”, asegura.

Así fue que desembarcó en Sarabanda a los 9, a los 11 fue figura en Serenata Africana, pasó por Carnaval de las Promesas, más tarde llegó a parodistas Los Antiguos y hoy está en la gloria con Zíngaros.

Este joven que empezó a estudiar piano a los 5 años, arrancó trompeta a los 8, y ahora cursa licenciatura en composición, dice que se reencontró con el amor gitano, ese que sentía cuando iba al tablado de su barrio y quería ser un Zíngaro: “Estoy cumpliendo un sueño”.

Refresh

Lucas Bueno, actual director de Diablos Verdes con 20 años.
Lucas Bueno, actual director de Diablos Verdes con 20 años. Foto: Alicia Teibo.

Mauro Pereira tiró el nombre de Lucas Bueno cuando se bajó el director de La Consecuente, título con el que salieron los Diablos Verdes en 2019 y 2020, y a Ricardo Ribero, director responsable de la murga de La Teja, no le resultó ajeno. Lo tenía “junado” de su etapa como director de La Zafada, murga referente del Carnaval de las Promesas, donde Lucas hizo carrera desde los 5 hasta los 18 años.

Y así, con 20 años, no titubeó e ingresó al Carnaval mayor por la puerta grande y con la enorme responsabilidad de dirigir un conjunto de renombre y multipremiado, como Diablos Verdes. El coro de esta murga tiene fama de que te despeina y el público espera que eso pase cada vez que se abre el telón. Este febrero la expectativa era inmensa porque volvían después de 5 años y lo hacían rejuvenecidos: el promedio de edad era de 25 años. El más veterano tenía 40 y en la batería había gente de 19, 20 y 21.

Lucas armó un equipo “joven y murguero” a tono con el compromiso que tenían por delante. Se rodeó de talentosos amigos con los que se sentía cómodo para trabajar. Y todo fue más simple. “Quedé conforme con el sonido de la murga. Es un sonido recontra renovado con timbres muy distintos a los de antes. Es una nueva generación y el encare al cantar es distinto porque nacimos escuchando y cantando otras cosas y porque el género mutó”, opina. Y agrega: “Se encaró con todo el respeto a la murga y al barrio, porque es La Teja entera detrás que está esperando y se recontra nota”.

ANTIGÜEDAD

El peso de un título con historia se hizo sentir

La vuelta de Diablos Verdes al Carnaval estuvo teñida por la renovación. Cuando en las redes se anunció el tan esperado retorno hubo resistencia. Volvieron los Diablos y son todos pibes, ¿qué es esto?, pensaban los hinchas cuando veían que el promedio de edad del plantel era de 25 años. Estaba lleno de gente talentosa pero no había una sola figura y eso hacía ruido. Un ruido que se sintió en redes sociales. “Nos llegaban mensajes que decían, ‘Pobre Antonio (Iglesias), si se despertara’”, cuenta Lucas Bueno, director de Diablos, en alusión al fundador de la murga que falleció en 2008. Lucas reconoce que hubo que lidiar con esa indignación y que dio de baja su cuenta de Twitter para evitar leer comentarios y “ensañarse con cosas sin sentido”. Fue difícil pero la ovación en la primera rueda los hizo sentir aliviados: “El Teatro de Verano respondió hermoso con risas y aplausos y ahí dije, ‘ya está, la gente está con nosotros’”, cuenta feliz.

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