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Los beneficios de poner los pies en la tierra

Tras el auge de la meditación y el mindfulness , ahora el grounding, que consiste en colocar los pies desnudos sobre el suelo, está en el foco de los estudios científicos.

Arena, tierra o pasto, todo vale. Foto: Shutterstock
Arena, tierra o pasto, todo vale. Foto: Shutterstock

Acostumbrada a viajar mucho por trabajo, la psicóloga estadounidense Marcia Reynolds, expresidenta y actual directora de la Federación Internacional de Coaching, solía recurrir a la acupuntura para tratar los molestos síntomas del jet lag . No siempre iba a ver al mismo especialista. Pero algo comenzó a llamarle la atención: varios de ellos le aconsejaron que pusiera los pies en la tierra. No en sentido figurado, sino literal. Y que se quedara así al menos 10 minutos, concentrada en el presente. No muy convencida —nunca le había interesado nada que se parezca a la meditación— decidió hacerles caso.

Encontró una pequeña zona con pasto bajo un árbol, cerca de su gimnasio. Se sacó los zapatos y medias, se sentó, y esperó a que algo ocurriera. Pero nada. Durante varios días, nada. Para entretenerse, no hacía otra cosa bajo ese árbol que revisar su siempre atiborrado mail. Hasta que una mañana dejó su teléfono a un lado, miró hacia el cielo y se concentró en el movimiento de las hojas con la brisa, en las diferentes intensidades de luz que dejaban pasar las hojas, en el canto de un pájaro. Sintió que un ánimo positivo crecía dentro de ella. Fue una experiencia simple y a la vez profunda, muy disfrutable, que marcó un antes y después en su vida: hoy, Marcia deja siempre algún tiempo al día para esta actividad que, asegura, le da "fuerza interior y paz mental".

"Cuando me detengo a mirar cómo pasa la luz del sol a través de las hojas, escuchar a los pájaros y sentir el pasto verde entre los dedos de mis pies siento un gozo que, luego de unos minutos, se estabiliza en una sensación de paz que fluye por todo mi cuerpo, liberando una tensión que no me había dado cuenta que tenía", dice desde Phoenix, donde es directora del Coaching for the Healthcare Coaching Institute.

Y luego explica: "Tenía algo de temor porque donde yo vivo, en Arizona, gran parte del suelo está lleno de rocas pequeñas, lo que hace que poner los pies ahí pueda causar irritación y ser para nada disfrutable. Pero muchos terapeutas de medicina alternativa me han aclarado que no importa si ponés los pies en el barro, o sobre suciedad: la clave está en que los conectes con la tierra".

La psicóloga cuenta que, cuando comenzó esta práctica de manera regular, no sabía que tenía un nombre: grounding. El término proviene de la idea de "hacer tierra", razón por la cual también se usa, aunque con menos frecuencia, la palabra earthing. Tampoco sabía que había bastante evidencia científica sobre sus beneficios. Porque, si bien se trata de una técnica milenaria, particularmente en las culturas orientales, los estudios científicos son recientes. En el departamento para el estudio de la biología celular de la Universidad de California, Gaetan Chevalier —con un doctorado en ingeniería física— y James L. Oschman, doctorado en biofísica y autor de varios libros sobre medicina y energía, llevan años estudiando el efecto del grounding en el cuerpo humano. Según apunta Chevalier en un estudio publicado en 2015 en la revista especializada Psychological Reports: Mental & Physical Health, "el contacto con la tierra mejora el ánimo más que lo esperado únicamente por la relajación" y además se asocia con "beneficios que incluyen mejorías en la calidad de sueño, reducción de dolores, regulación del cortisol, control del estrés, mejoras en la fluidez de la sangre y en la regulación de la glucosa".

Según los especialistas, la clave tras los beneficios de "poner los pies en la tierra" está en que el organismo es un conductor de electricidad. Para entender esto fácilmente, hay que saber que, en términos simples, el cuerpo está cargado positivamente y la tierra, negativamente. Cuando la piel desnuda toca tierra, el cuerpo descarga la energía electroestática que se acumula y absorbe los iones cargados negativamente que están en el suelo, equilibrando así el exceso de iones positivos.

Durante años, los seres humanos han tenido esta sanadora comunicación eléctrica con el suelo, pero la vida urbana y el aumento de zapatos plásticos o con suela de goma han reducido este contacto natural. Al mismo tiempo, la energía electroestática se acumula cada vez más dentro del cuerpo, debido a que estamos constantemente vinculados con aparatos electrónicos que generan campos electromagnéticos. Según los estudios de Chevalier y Oschman, el análisis microscópico de la sangre demuestra que, cuando el cuerpo está demasiado cargado positivamente —es decir, cuando no "hace tierra" lo suficiente—, las células tienden a atraerse entre sí y agruparse. En el cuerpo, esto se traduce en tensión. Y es la explicación de por qué, cuando Marcia practica grounding, siente que la presión se le aliviana. 

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