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Un bebé puede complicar amistades

La falta de tiempo e ideas erradas sobre la situación del que está en la otra vereda son las principales causas de distanciamiento. Ceder y adaptarse es la fórmula.

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La falta de tiempo es uno de los principales problemas: hay que planificar para generar espacios.

Juan Carlos Lazo dice por teléfono que ahora no puede hablar porque está en el supermercado comprando para "la previa" de un partido de fútbol que verá por televisión. Más tarde contará que su carrito no estaba lleno de cerveza y carne para el asado, sino que de bebidas y golosinas. En su casa lo esperaba con la camiseta puesta Martín (5 años).

Los tiempos en que un partido importante era la excusa para juntarse con los amigos y hacer un asado que duraba hasta la madrugada quedaron atrás con la llegada de su hijo.

Juan Carlos disfruta su paternidad, pero reconoce que "ya casi no hay espacio para los amigos. Con los que han ido teniendo hijos es imposible coincidir en un día, y los que no los tienen se juntan en horarios en que yo no estoy disponible".

Beatriz Carrasco está en la otra vereda. Desde el baby shower de una de sus mejores amigas de la universidad hasta que volvió a verla pasó un año. "Cuando la llamaba no contestaba, y no salió más, porque le preocupaba dejar a la beba con alguien más. Pero en su Facebook veía que tenía amigas nuevas, también mamás. Espero que ahora que su hijo está más grande retomemos la amistad".

"La maternidad y la paternidad implican reestructurar tu mundo interno y armar una nueva identidad, en la que hay nuevas cosas que toman más relevancia", dice la psicóloga Javiera Navarro. Si bien al inicio el hijo demandará atención casi completa, lo importante es que los amigos toleren el desencuentro de los primeros meses y que "a medida que el bebé crece, los padres vayan paulatinamente abriendo pequeños espacios de separación con él, dejando que el mundo empiece a entrar en esta simbiosis", agrega.

Esto permitirá, por un lado, el crecimiento del niño y, por otro, que los padres, y en especial la madre, "comiencen a recuperar otros aspectos de su identidad, como el ser pareja, profesional y amiga".

Generar espacios.

Para no perder a las viejas amistades hay que derribar algunos mitos y planificarse, dicen quienes han vivido la experiencia. Uno de los hechos que más distancian a amigos con hijos y sin ellos son ciertas ideas erradas que ambos tienen sobre la vida que está llevando el otro. "Yo de repente veía en Facebook que mis tres amigas con bebés se habían juntado en una plaza con sus hijos. Y yo hubiera ido feliz a pasar un rato con ellas, pero no me avisaban, pensando que para mí habría sido una molestia ir a escucharlas a hablar de niños", dice Beatriz.

Juan Carlos, por su parte, imagina que sus amigos solteros todavía prefieren salir hasta la madrugada hasta que amanezca o que en sus asados va a haber más alcohol que carne. "Así que prefiero no ir". Sin embargo, no considera que los ciclos vitales e intereses de todas las personas van modificándose, haya hijos o no.

Aldo Merino no tiene niños ni pareja, como sí ocurre con sus tres mejores amigos del colegio. "Desde que noviaban seguíamos juntándonos entre nosotros, y también con sus parejas. Así que cuando nació el hijo de mi mejor amigo fue natural que me siguieran integrando a sus actividades familiares", cuenta.

En esto él también ha tomado un rol activo. "Los llamo para saber cómo están, me adapto a sus horarios, entiendo si cancelan a última hora porque se enfermó el niño y me gusta ver las fotos de sus hijos o escucharlos hablar de su nueva paternidad".

"Es cierto que uno comienza a conocer y juntarse más con otros padres que con amigos sin hijos", reconoce Roxane Castelein. Sin embargo, no significa que solo hablen de bebés. "La gracia es que así los niños se entretienen entre ellos y los adultos podemos conversar de otras cosas". Pero añade: "Con mi marido, nuestras ganas de volver a salir han ido creciendo junto con Nina", su hija de 1 año y 7 meses. Así que se organizan para salir una vez a la semana a juntarse con amigos dejando a la niña con una babysitter. En Bélgica, su país de origen, es algo habitual pero en latinoamérica a los padres les cuesta confiar en alguien ajeno a la familia para dejar a sus hijos, opina.

Si no hay con quién dejar a los niños, turnarse es una buena alternativa. En el caso de Juan Carlos, cuando Martín era más chico acordaron con Paula, su mujer, que los jueves eran el día para que ella saliera al cine con sus amigas.

"Ese espacio era parte de mi agenda propia, de retomar lo que hacía antes con mis amigas. Y cuando volvía llegaba feliz, con mejor actitud y más relajada. Era bueno para todos", concluye Paula. 

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